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rias columnas. La portada actual ocupa el sitio del antiguo pronaos.

Del castillo de Ortigia sólo quedan las enormes murallas; sin embargo, hay allí un salón subterráneo revestido de mármoles, del mayor interés, el bano della regina. Preténdese que en otro tiempo comunicaba con los antiguos acueductos de la ciudad. Existen además en Siracusa otros salones subterráneos, por ejemplo en las iglesias de San Felipe y San Juan. A esta última se baja por una escalera de 52 peldaños. El teatro griego era, según Diódoro, el más bello de Sicilia. Debió ser construído en tiempo de Hierón I por el arquitecto Demodoco Myrilla. Este monumento, en el barrio Neápolis, construído en parte en la roca y cuya grandeza pondera Cicerón, podía contener 24 000 espectadores. La magnificencia de los teatros antiguos era extraordinaria, y no debe extrañar la grande importancia que se daba á estos monumentos sabiendo que estos teatros tuvieron un origen sagrado y que en ellos había altares y se cantaban himnos. Según la costumbre de los antiguos griegos, toda la República de los siracusanos se reunía en él para tratar de los negocios públicos. Aún se conservan algunas gradas. En el siglo XVI Carlos V lo hizo demoler y empleó sus materiales en construcciones militares. Todavía se distingue muy bien el podium y los vomitorios, y sobre el plinto, por encima del primer precinction, se leen inscripciones griegas que contienen los nombres de dos reinas: Neréis, que se supone hija de Pirra y mujer de Gelón, y Filistis, mujer de Hierón II. Sobre otro plinto parece leerse el nombre de Herácleos medio borrado. Estas huellas no bastan evidentemente á determinar la época precisa de la fundación del teatro, aunque se dice que fué construído en los primeros tiempos de la República siracusana. La situación del teatro había sido admirablemente elegida. Estaba colocada, en efecto, en el centro de los grandes barrios y sobre una altura. Los espectadores contemplaban de una mirada el mar, la isla de Ortigia, el gran puerto, la llanura en que se elevaba el templo de Júpiter Olímpico, la Acradina y Neapolis. Los restos de este teatro se agrandan con los recuerdos históricos. En él reunió al pueblo Gelón, y fué solo y desarmado á dar cuenta de su administración. En él convocó Agatocles á los siracusanos después del asesinato de los hombres más notables de la c. Un recuerdo más interesante nos ha transmitido Plutarco. Cuando los siracusanos tenían negocios importantes que consultar, rogaban á Timoleón de parte de la asamblea que asistiese al teatro. Llegaba, en efecto, llevado en su litera, pues en las postrimerías de su reinado era ya de edad muy avanzada y además estaba ciego. A su entrada saludábale el pueblo con vitores y aplausos. Timoleón saludaba á la asamblea, y calmada aquella tempestad de aclamaciones y alabanzas daba su opinión sobre el asunto propuesto, opinión que el pueblo confirmaba siempre con su sufragio.

El castillo de Euriale, en la parte más elevada del Epipole, fué la verdadera plaza fuerte de la antigua Siracusa. Flanqueábanla cuatro grandes torres macizas, pero en el interior era una red de galerías y de salones subterráneos, toda una obra colosal abierta en la misma roca. Aún se ven en medio de las ruinas los anchos corredores, las vastas avenidas, las caballerizas con los anillos enclavados aún en las murallas, y los pesebres. Entre los monumentos que quedan de la Edad Media pueden citarse el palacio Montalto, con elegantes ventanas de estilo góticonormando, y el palacio Padronaggio (La Sicile, por Castón Wuillier).

Pero lo que más llama la atención son las famosas latomias, vastas excavaciones á cielo abierto que fueror. primeramente canteras y más tarde sirvieron de prisión. La llamada del Paraíso tiene unos 30 m. de profundidad y llega á una cavidad abierta siguiendo una hendedura natural, cuya prolongación se ve en su parte superior y es célebre con el nombre de Oreja de Dionisio. Supónese que Dionisio, oculto en la parte superior, iba allí á escuchar las quejas de las víctimas encerradas en la caverna. En estas latomias estuvieron aprisionados durante ocho meses, después de la derrota de Nicias, los atenienses, entregados al hambre, á la sed, á un calor sofocante y sufriendo las consecuencias de la falta de aseo. Las catacumbas forman bajo los barrios de Tiche y de la Acradina una especie

de ciudad subterránea. La fuente Aretusa mana constantemente, y en la actualidad caen las aguas en una pequeña cuenca semicircular rodeada por una verja moderna. Esta fuente es de las más curiosas para los geólogos, porque siendo una isla la roca de Ortigia (la Siracusa actual) el agua de las montañas del Hibla debe correr por debajo del mar á través de un sifón natural para venir á brotar en la cuenca de la fuente Aretusa y en los pozos de la c. Su caudal es, por término medio, de un metro cúbico por segundo; se ha secado varias veces: en el siglo XVI, en 1793, y desde el 9 de agosto hasta el 4 de septiembre de 1870. En los alrededores de Siracusa, á orillas del Anapo, arroyo de 3 m. de ancho, y á orillas del brazo principal del Pisna ó Cian (Cyané de los antiguos), crecen magníficos papiros, cuyos tallos se elevan á más de 4 m. Remontando el Cian se llega á una pequeña cuenca llena de agua cristalina: es la fuente Cyané, así Hamada del nombre de la ninfa que quiso opo. nerse al rapto de Proserpina por Plutón y fué convertida en fuente.

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Hist. Fundó á Siracusa el corintio Arquias, hacia el año 735 a. de J. C., en la isla Ortigia. En tiempo de Gelón (V. SICILIA), Siracusa, limitada hasta entonces á la isla citada, se extendió por las costas que frente á ella se encontraban. La isla Ortigia fué convertida en ciudadela; y así como Siracusa por ser la ciudad central representaba la unidad del Imperio oriental siciliota, Ortigia venía á ser el centro de la fuerza que Gelón había creado. En Ortigia se habían emplazado los almacenes, el arsenal y los astilleros; en ella se encontraba el puerto de guerra para una marina que podía disponer de 200 buques de línea, y en ella mantenía el príncipe 4 000 infantes y 4 000 soldados de caballería, á los cuales podía agregarse un contingente de 20 ó 30 000 hoplites. La soberanía sobre los primitivos habitantes sicelios proporcionó á Gelón, no sólo el dinero suficiente para pagar á los soldados sin tener que recurrir á las contribuciones de los griegos, sino tropas formadas por disciplinados sicelios.

Después de Gelón reinaron: Hierón I, de 478 á 467 a. de J. C., y Trasíbulo, de 467 á 464. Gobernóse luego la c. democráticamente hasta 405, y en este período rechazó los ataques de los atenienses y comenzó su larga lucha contra Cartago, de la que triunfó también, aunque cayendo de nuevo bajo el yugo de sus tiranos; Dionisio el Antiguo (405-368), Dionisio el Joven (368-57), Dión (367-54), Calipo (354-53), Hipparino (35351), Nipsio (351-47), y Dionisio el Joven vuelto del destierro (347-43). Timoleón (343-37) resta. bleció la República; Sosistrato la destruyó (32017) y fué reemplazado por Agatocles (317-289), á la muerte del cual la democracia, victoriosa de nuevo, se sostuvo durante veinte años. Bajo el reinado de estos diversos príncipes, cuyo poder sólo duraba merced á los peligros de la rra extranjera, la anarquía desoló más de una vez à Siracusa, poderosa sin embargo, pero obligada á luchar constantemente contra los cartagineses. En 269 se dió un nuevo rey, Hierón II, en cuya época fué sitiada por los romanos, á causa de la alianza que acababa de estipular con Cartago, y que tuvo que romper para aliarse con Roma.

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En 215 murió Hierón II, y le sucedió su nieto Hierónimo, niño de quince años asesinado al año siguiente por los partidarios del régimen republicano, los cuales promovieron una sublevación en la capital del pequeño estado, á consecuencia de la cual Siracusa se vió asolada por crueles luchas intestinas. En un principio esta joven República, y con ella el partido adicto á Roma, pareció que conservaría el poder; pero cuando un yerno de Hierón se propuso tramar planes mortales contra el nueve gobierno, y éste, con crueldad siracusana, hubo asesinado à toda la familia de aquel rey, dando muerte, entre otras, á muchas jóvenes, el ejército y las masas se levantaron contra la sangrienta República, consiguiendo el partido cartaginés que fuesen elegidos estrategos Hipócrates y Epícides. A esto siguió luego un período durante el cual los siracusanos estuvieron indecisos entre declararse por Cartago ó por Roma. Mas cuando Hipócrates comenzó desde Leontini, y al frente de 4000 hombres, la guerra contra Roma, y el general Marcelo, á quien el Senado había enviado á Sicilia, se apoderó de Leontini, y con la crueldad que hasta los tiempos de Teodosio usaron los ro

manos para con los desertores mandó decapitar á 2000 prisioneros reconocidos por tales, apoderóse del demos y del ejército de Siracusa, en el cual militaban mucho tránsfugas, un furor tal, que después de proclamar jefes á Hipócrates y Epícides se entregaron á toda clase de horrores y se declararon abiertamente contra Roma. Esto obligó á Marcelo á destinar una parte de sus tropas á la reconquista, tanto más difícil cuanto que entretanto un ejército cartaginés, compuesto de 25 000 infantes, 3000 caballos y 12 elefantes, había desembarcado en las costas meridionales de la isla, y apoderándose de Agrigento había alentado por doquier á los descon

tentos.

Famoso fué el sitio de Siracusa. Marcelo, con 50 penterremes, atacó por mar la extensa ciudad, dotada por Hierón de todos los recursos de guerra imaginables, en tanto que el pretor Apio Claudio preparaba el ataque por tierra; pero vió fracasar todas sus tentativas á causa de la inagotable inventiva del gran Arquímedes. A pesar de la energía y del valor de sus soldados los romanos nada adelantaban en sus ataques, viendose Marcelo obligado, después de ocho meses de lucha, á convertir el sitio en un bloqueo, con el cual se propuso impedir la llegada de víveres á la populosa ciudad, y conseguir por medio de rudos ataques algunas ventajas militares. No obstante, era en extremo difícil ponerse al abrigo de los cartagineses, que, mandados por Himilcón, se apoderaron de Agrigento, sublevaron toda la isla y condujeron al puerto de Siracusa una fuerte escuadra, fortificándose con algunas tropas junto al río Anapo. La terrible dureza con que el general Marcelo destruyó durante esta guerra, que puso por algunos años término al bienestar de Sicilia, algunas poblaciones de la isla, en castigo de su defección, no fué bastante á sofocar el levantamiento. El capitán romano L. Pinario, jefe de la guarnición de Enna, ante la desconfianza de los habitantes, convocó á éstos en el teatro para tratar de las condiciones bajo las cuales le serían entregadas las llaves de la c. y del Acrópolis, y viendo que la asamblea comenzaba á agitarse mandó acuchillar á las indefensas masas, sin que Marcelo condenara esta carnicería, antes al contrario dejó que sus soldados saquearan la ciudad. Entonces la sublevación tomó un carácter general, á pesar de que los romanos enviaron una tercera legión á Sicilia. Por último, durante la primavera del año 212, Marcelo, después de haber fracasado las tentativas hechas para apoderarse de Siracu sa sin largas luchas y con el auxilio del partido romano que en la c. existía, aprovechándose de las orgías á que dieron lugar las fiestas de Diana consiguió apoderarse de los baluartes del barrio de Epipole, á excepción del fuerte Euryalos y de los barrios de Tiche y Neápolis, que fueron saqueados por su ejército. El fuerte Euryalos, el formidable barrio de Acradina y la ciudadela Ortigia opusieron á los romanos una resistencia tanto más desesperada, cuanto que los desertores romanos se oponían tenazmente á que la guarnición se entregara. Cuando cayó, por medio de una traición, en poder de los romanos el Euryalos, la habilidad de Marcelo supo hacer fracasar todas las sublevaciones de Epíci des y las tentativas de los generales Himilcón é Hipócrates, á pesar de lo cual Siracusa se defendió todavía hasta el otoño; pero diezmado por la peste el ejército cartaginés, cuyos dos jefes habían perecido, y fracasado el proyecto de aprisionar por mar á la c. sitiada, Epícides abandonó á Siracusa y huyó á Agrigento. El partido romano de la cap. de Sicilia consiguió de Marcelo, á cambio de una rendición voluntaria, la promesa de libertad é independencia de su ciudad; pero la guarnición extranjera no quiso avenirse a la capitulación, y en un sangriento motín persiguió de muerte y saqueó á los partidarios de Roma. Por fin los romanos consiguieron entablar negociaciones secretas con los soldados españoles, lo cual les facilitó la posesión de la ciudadela Ortigia. Los transfugas huyeron al interior de la isla, y Acradina abrió sus puertas al vencedor. Marcelo, siguiendo los impulsos de su cruel dureza, no se curó de las circunstancias que una vez evadidos los principales culpables, es decir, los desertores, debían inducirle á tratar con cierta conmiseración á los habitantes de Siracusa. Usando de un proceder in fame aban donó la ciudad á sus tropas, que, ansiosas de botín después de tan larga lucha, se entregaron

al saqueo y á la matanza, olvidando que se había ofrecido respetar las vidas de los pacíficos é indefensos habitantes. Arquímedes fue asesinado y la ciudad convertida en un montón de ruinas, siendo llevadas à Roma como botín de guerra las más preciosas obras de arte (Herberg, Hist. de Grecia y Roma).

Desde entonces Siracusa siguió la suerte de Sicilia y de Italia, y del poder de Roma pasó al del Imperio de Bizancio, al que fué anexionada en 535, año en que la tomó Belisario. Continuó en poder de los emperadores bizantinos hasta el siglo IX, en que los sarracenos invadieron la isla. Fué de las últimas localidades que se rin. dieron á estos conquistadores, que no la tomaron hasta 878, cincuenta años después de su desembarco y á costa de un sitio que duró diez meses. Los habits. fueron pasados á cuchillo, las fortificaciones destruídas y la c. reducida á cenizas. Desde entonces no ha vuelto nunca a ser lo que fué. Pasó sucesivamente á poder de los normandos, de los alemanes, de los franceses y de los españoles. Carlos V agrandó considerablemente las fortificaciones con materiales del teatro y de otros monumentos. Siracusa era todavía en 1837 una de las siete intendencias de Sicilia; pero habiendo acaecido grandes desórdenes con motivo de la invasión del cólera, el gobierno napolitano trasladó la intendencia á Noto. Hoy ha vuelto á ser cap. de la prov. de su nombre y sede episcopal. Cítanse, entre los grandes hombres que han nacido en Siracusa, á Arquímedes y los poetas Teócrito y Mosco. SIRACUSANO, NA (del lat. syracusānus): adj.

Natural de Siracusa. U. t. c. s.

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SIRAKAMI-SAKI: Geog. Cabo en la extremidad meridional de la isla Yeso, Japón, sit. en la costa N. de la entrada O. del Estrecho de Isugar.

Tiene un faro á 22 m. de alt.

SIRA-MUREN: Geog. Río de la Mongolia y de la Manchuria. Nace cerca del Dolon-Nor, en los confines de la Mongolia con la prov. china de Pe-chi-lí; corre hacia el N., E. y E.S. E., y luego al S.O., y desemboca en el Golfo de Liao-Tung, Mar Amarillo. Sira-Muren significa en mongol

río amarillo.

SIRAN: Geog. Río del Penyab, India. Nace al N. del dist. de Hazara, en el desfiladero de Bogarmang, al O. del valle de Kagan ó de Kunhar, surca de N. á S. dicha garganta, tuerce al S.O.; recorre el valle de Pakli, cubierto de arrozales, recibe por la izq. el Paharkot ó Montfort, pasa junto a las colinas bajas y escarpadas del Tanaval, y después de recibir varios torrentes, entre otros el Dor, que se le une por la izq., vierte sus aguas en el Indo; curso 130 kms. SIRANE-SAN; Geog. Volcán del Japón, sit. en la región media de Hondo, al O.N.O. de Nikko, entre las provs. de Kodzuke y Simodzuke; elévase á una alt. de 2600 m. Fué notable la erupción de 1872.

SIRANI (ISABEL): Biog. Pintora italiana. N. en Bolonia en 1638. M. en la misma ciudad en 1665. Como su padre, de quien fué discípula, se apropió de tal manera las formas de Guido Reni, que se han confundido muchas veces sus obras con las del maestro. No solamente sobresalió en

asuntos de piedad, sino que ejecutó con primor algunos asuntos históricos y grandes composiciones religiosas. Su obra principal es el cuadro del Bautismo de Jesucristo, de 30 pies de alto, que pintó en la Cartuja de Bolonia; además se deben á esta artista los siguientes trabajos: Marta y Magdalena, existente en el Museo de Viena; una Magdalena y una Madona, en el Louvre, etc.

SIRBÓN: Geog. Laguna en la costa medite rránea del Egipto, al S. E. de Port-Said; comienza en la bahía de Pelusa y se extiende al E. N. E. y al E. unos 80 kms., con anchura varia de 3 á 10 kms. Se suele secar algunos años.

SIRCA: Geog. Dist. de la prov. de Abancay, dep. de Apurimac, Perú; 1 400 habits. El pueblo tiene 300.

SIRCE 6 SIRTS!: Geog. Pantano del gobierno lago Peipus y el f.c. de San Petersburgo á Balde Estonia, Rusia, sit. entre la orilla N.O. del tuskii-Port; su anchura varía de 25 á 30 kms. y tiene unos 40 de largo.

SIR-DARIA: Geog. Río del Turquestán ruso, tributario del Mar de Aral y el más importante de la depresión aralo-caspiana y del Turquestán occidental. El río Sir-Daria, llamado también Sihun, Tihun, y antiguamente laxartes, nace al S. E. del lago Isik-Kul, en el macizo de Ak-Xiircat, de la cordillera de Terskei-Alatu; tiene su origen en dos arroyos: el Barskun, que sale de los pequeños lagos del collado de su nombre; y el Iaak-Tax, procedente del glaciar de Petrof: reunidos los dos arroyos forman el Taragai, el cual, engrosado con el Kara-Sai y convertido en un importante curso de agua, penetra en un desfiladero en donde se le une el Karakol; un poco más abajo, en la doble confl. de los arroyos Kurmenti y Ulan, el río toma el nombre de Gran Narin y entra en el desfiladero de Kaptxagai, y forma las cataratas que aún no ha visto ningún viajero; reunido al pequeño Narin sale el río del desfiladero y cruza muchos fondos lacustres, que tan numerosos son en el Tian-xan occidental; al O. del fuerte Narinskoié se divide en varios brazos después de recibir las aguas de Ottuk, del Iereguetal, el Kai-lerti, emisario del lago Son-Kul, el At-Bax y el NarinTau. En Kurtka se encuentra la doble confl. del río de este nombre y del Baibitaxé, y más abajo la del Aiabugo ó Arpa, uno de los principales tributarios del Narin, que nace en el collado de Suiok. A unos 30 kms. después el río penetra en una estrecha garganta de los montes AkXuriak y Kabak-Tau, cruza el bosque de TogusTarau y el valle de Ketmen-Tubé, pasa por otros dos desfiladeros y sale al valle de Perganu, uniéndosele en este trayecto el Kil-Duo, el lammgal ó Sussamir y el Usun-Ajmat. Cerca de la ciudad de Namangan se junta el Narin con su afluente principal el Kara-Daria, y reunidos los dos ríos toman el nombre de Sir-Daria. En la

planicie de Fergana, aunque alimentado el río disminuye notablemente por los numerosos capor varios tributarios, el volumen de sus aguas nales de riego que de él se derivan; por la misma causa todos los ríos que descienden de la cordillera del Alai ó de los glaciares del Serafxan, el Ak-Bura, el Isfairam, el Soj, etc., se pierden antes de llegar á la orilla izq. de aquél; sin embargo, la corriente es bastante rápida y el agua tiene suficiente profundidad para permitir el transporte de maderas. Antes de Joyent, el Sir-Daria, esquivando el antiguo lago de Fergana, rodea los montes de Xotkal, y como el Amu sigue la dirección de N.O., más al N. que la que parece seguía antes, pues el pantano de TusKané tiene el aspecto de un lecho fluvial y éste pudiera ser el del antiguo laxartes, que se unía al Amu-Daria cerca del monte Xeij-leili. Cerca de Joyent obstruyen el lecho del río las rocas que forman los raudales de Begovat; pasado el fuerte de Xinas las orillas del río son escarpadas, pero más abajo, hasta el fuerte de Perovsk, en unos 650 kms., son tan bajas y llanas que se producen frecuentes inundaciones y la zona pan

tanosa alcanza de 5 à 7 de anchura. Hasta su desembocadura el Sir-Daria no recibe ya ningún afl. por la izq.; en cambio por la dra, se le juntan cuatro muy importantes: el Angren, el Xirtxik, el Keles y el Aris y numerosos arroyos. Pasada la v. de Iulek, los afls. desaparecen lo mismo por un lado que por otro; el suelo arenoso absorbe las aguas de Xu y forma el primero de los pantanos cuya serie se prolonga al O. y llega

hasta 75 kms. del Sir-Daria. Este se divide en dos brazos más abajo del fuerte de Perovsk: el Iaman-Daria y el Kara-Usiak; el primero tiene su curso muy tortuoso y muchos bancos de arena en su lecho; el segundo, á los 40 kms. de su origen, se esparce en numerosos pantanos y no vuelven á encauzarse las aguas hasta el lago Kok-Arik. Cerca del fuerte número 2, ó Karmatxii, los dos brazos se reunen y el Sir-Daria presenta hasta la desembocadura un fondo bastante para que puedan surcarle los buques de mayor calado; desagua en el Mar de Aral frente á la isla Kos-Aral, por tres brazos que obstruyen numerosos bancos de arena; sólo el canal del centro es practicable para la navegación. No solamente en los tiempos prehistóricos, sino también en la Edad Moderna, el Sir-Daria ha va riado frecuentemente de cauce en todo su curso inferior, y estos cambios naturales de lecho y los trabajos de canalización que hacen los kirguis han ocasionado en diferentes épocas la desapari ción total del río. La congelación del agua persiste por término medio durante ciento veintitrés días del año en la parte baja y ciento en Perovsk. Aunque los rusos tienen en el curso interior del Sir-Daria una escuadrilla, la navegación por el río es difícil y peligrosa; todos los trabajos que en las condiciones actuales se intenten para cam. biar el régimen del río y salvar los obstáculos que se oponen á la navegación resultarán infructuosos, y el Sir-Daria, á pesar de su caudalosa corriente, no será nunca una vía comercial de importancia, tan necesaria á las comarcas que atraviesa. Prov. del Turquestán ruso, en el Asia central, limitada al N. por las provs. de Turgai y de Akmolinsk, al E. por las de Semiriechensk y de Fergana ó Iokand, al S. por la de Samarkanda y el janato de Bujara, y al O.. por el janato de Jiva y el Mar de Aral. La superficie es de 504 658 kms.2, poblado por 1143000 habits. Tiene la prov la forma de un cuadrilátero de más de 1100 kms. de longitud de N.O. á S. E. y de 500 de anchura media, atravesada en toda su extensión por el río Sir- Daria, que la divide en dos partes: al O el desierto de Kisil. Kum y al E. la región montañosa y de las estepas. Las montañas son las últimas ramificaciones occidentales del Thian-xan; á esta gran protuberancia pertenece la cordillera de Alejandro, que viene a morir cerca de la población de AulieAta, y la de Kara-Jan, que comienza más al S. y se aproxima á la gran cordillera de Talas-Tau, continuación también del Thian-xan; un estrecho desfiladero, por cuyo fondo se desliza el Arys, separa los montes Kulan, extremidad S. E. de los Kara-Jan, de los primeros contrafuertes del Talas-Jan; este desfiladero, por el cual pasa el camino de Aulié-Ata á Ximkent, está flanqueado por elevados picos del Talas, entre los cuales se halla el collado de Axu-bel. Más al E. se alza el vértice culminante de la cordillera, el Manas, cubierto de glaciares y de nieve. El paso de Kara-Bura, al E. de esta montaña, está sit. á 3000 m de alt., y á la misma altura se halla el de Kara Kulga, muy cerca de la frontera oriental de la prov No lejos de este paso se destaca del Talas. hacia el O., la cordillera de Xotkal, formando el límite sudoriental de la prov. y la base del triángulo que ocupa la región montañosa; los montes Xotkal, que en su origen se elevan á 3000 ó 4 000 m. de alt., descienden á medida que se aproximan al valle del Sir y terminan en los montes de Kurama, de los cuales son prolongación las colinas de Mogol-Tau, que se alzan al N de Joyent, á través de las que se ha abierto paso el Sir-Daria. Al N, y paralelas al Xotkal é igualmente ligadas al Talas, se elevan otras cordilleras entre los valles del Angren, del Xirtxik, del Keles y del Aris. Al E. de esta región, cubierta de montañas, se encuentra la estepa de Muyum-Kum ó Ak-Kum, prolongación hacia el S. del gran desierto del Hambre o Bekpak-Dala, que ocupa gran parte de la prov. de Akmolinsk, pero transformado en estepa dentro de la de Sir-Daria por la humedad de los numerosos cursos de agua que le circuyen; se encuentran en ella muchos lagos salados y pozos, pero lo que le caracteriza principalmente es la movilidad de las arenas y los montículos ó barjanes que forman, de 10 á 12 m. de alt. ; las orillas de los lagos y arroyos están cubiertos de cañaverales. El Muyum-Kum se une por el O. á otra estepa llamada Kara- Kum, parte meridional de la del mismo nombre que se extiende en la provincia de Turgai; ocupa la parte septentrional de los

dists. de Kasalinsk y de Perovst, entre el SirDaria y los primeros contrafuertes del KaraTau. El suelo, ondulado á causa de los muchos barjanes que lo cubren, es menos árido que el de la estepa de Turgai, debido esto á la proximidad de las montañas y del río, y á la nieve que, aunque en pequeña cantidad, cae sobre esta comarca; la vegetación es relativamente abundan te, y numerosos los pozos de agua potable en los espacios cubiertos de arena, y de agua salobre los que están en terreno salino-arcilloso. Tanto el Kara-Kum como el Muyum-Kum son los parajes que los kirguis prefieren para invernar. La tercera de las tres principales regiones planas de la prov. es el desierto de Kisil-Kum, al O. del Sir-Daria, que ocupa una extensión enorme, casi la mitad del territorio de aquélla, y se prolonga luego en el janato de Bujara con el nombre de Arenas de Sundukli. En este desierto son más numerosos los lagos salados que en las dos este pas, y los pozos de agua dulce, salobre é impregnada de hidrógeno sulfurado se cuentan por centenares. La parte N.O. es completamente plana, encontrándose solamente algunas dunas, en tanto que al S. E. hay muchas colinas cuyo esqueleto está formado de rocas duras, areniscas, calizas, esquistos, etc., y en el centro del desierto se alza un macizo montañoso, el Bukan-Tau, cuya estructura granítica está recubierta de terrenos primarios y secundarios; este macizo se une por una serie de montículos aislados á la cordillera de Sultan-Uis al O. y á la de NuraTau al S., montañas cuya altura no pasa de 300 m., sirven para contener las arenas, impidiendo que los barjanes cubran por completo el KisilKum y ofrecen algunos recursos á los 15000 kurguis nómadas que le recorren. La parte septentrional del desierto ofrece un aspecto com. pletamente distinto; el suelo, unido, llano y cubierto de arena movediza que indica su origen (el fondo del Mar Aralocaspiano recientemente emergido), presenta una monotonía desesperante, y allí reina el silencio de la muerte. Cuando sopla el viento la arena se agita como las olas del mar, se eleva como una bruma y cubre todos los objetos con una espesa capa; el cielo se obscurece, y el Sol, apareciendo como una esfera de fuego a través de las nubes de polvo, contribuye en gran manera á hacer más lugubre la escena. Los dos grandes ríos que desaguan en el Mar de Aral, el Sir-Daria y el Amu-Daria, pertenecen á la prov.; el primero penetra en ella un poco más arriba de Joyent y en la misma frontera recibe numerosos afluentes que descienden de la región montañosa, desde el Xotkal hasta el KaraTan, aunque muchos se pierden antes de llegar al Sir-Daria, agotados por las sangrías que les hacen para regar los terrenos ribereños. El primer afluente que llega al Sir-Daria dentro de la prov. es el Angren, cuyo valle inferior forma uno solo con el del Xirtxik, que desagua á unos 10 kms. más abajo de aquél, y á igual distancia próximamente del Xirtxik está la confluencia del Keles, que con 160 kms. de curso viene de los montes de su nombre. En muchos kilómetros después el Sir-Daria no recibe ningún tributario hasta el Aris, que riega un país sumamente fértil; el Bugum se pierde entre la arena antes de llegar al Sir-Daria; más al N. el Kara-Tau envía éste muchos tributarios poco importantes, y muchos de ellos, como el Suandik-Su y el Saitan-Sai, se filtran a través de las arenas del suelo. El Amu-Daria sólo pertenece a la prov. por la orilla dra. en una longitud de 300 kms., y por su delta; frente á la fortaleza de Nukus el Amu se divide en tres brazos principales: Taldik al O., Kuvanx-Daria ó Kovanx-Jarma al E. y Ulkun-Daria en el centro. Los depósitos aluviales del delta, cuya cantidad es verdaderamente prodigiosa y se calcula que cada año aumentan en 80 millones de toneladas, contienen todos los elementos beneficiosos para la agricultura, y su fertilidad es tanta como la del limo del Nilo. En la estepa del Kara-Kum no hay corrientes de agua; en la de Mugum-Kum se encuentran, además del río fronterizo Xu, muchos arroyos que se pierden en la arena ó en los pantanos; el más importante es el Talas, que nace en la cordillera de Alejandro y termina en el pantano Xekai-Kul. Las orillas E. y S. del lago ó Mar de Aral pertenecen á la prov. de Sir-Daria, así como las pequeñas islas Yali, Kakut, Kaska-Gulan, etcétera. Las costas, bajas, arenosas y recortadas por muchas bahías, se prolongan en forma de bajos fondos ó de alargadas penínsulas de arena. En

el interior de la prov. los lagos salados y de agua dulce son numerosos. Los mayores se encuentran en las estepas de Kara-Kum y Muyum-Kum; en el desierto de Kisil-Kum no hay más que algunos pantanos de agua salobre, aparte de los del Tus Kané. En el delta del Amu-Daria hay muchos lagos salados. La estructura geológica del suelo es muy variada. Las montañas de Kara-Tau están formadas de terrenos jurásico, carbonífero y devoniano; los montes del Talas contienen rocas cristalinas, revestidas por capas del devoniano, calizo carbonífero, areniscas cretáceas y conglomerados terciarios. La cordillera de Xotkal y su prolongación la de Kurama están formadas por rocas variadas: granito, sienita, dioritas, pórfidos, etcétera, que atraviesan las capas calizas, y más abajo, en la llanura, estas calizas están recubier. tas de terreno cretáceo y areniscas rojas. El desierto de Kisel-Kum está constituído por capas horizontales de calizas ó areniscas del cretáceo, sobre las que se extienden las formaciones recien tes; en la parte meridional aquellas capas están levantadas por rocas antiguas, dioritas, granito, pórfido, etc., ó esquistos y calizas. El suelo de las estepas de Kara-Kum y Magum-Kum está formado por arena ó arcillas arenosas descamando sobre capas horizontales de terrenos terciarios y cretáceos. En la cordillera de Kara-Tau se encuentran minerales de plomo y hierro; los montes de Kurama encierran grandes riquezas minerales: galena argentífera, turquesas, diabasa, natrolita, pennina, etc.; los criaderos de turquesas han sido explotados en la antigüedad y se llamaban minas de Jokand. La última ramificación sudoriental de dichos montes contiene en los filones de cuarzo minerales de cobre y de plomo en pequeña cantidad. En toda la región montañosa, y especialmente en los valles del Jemehké, afl. del Keles, y del Lenguer, tributario del Tongus, abunda la hulla, no siempre de buena calidad. El clima es tan riguroso en verano como en invierno: las temperaturas máxima y mínima en Nukus son +40°,6 y 25°; la media anual en el mismo punto es de 110,5; en la parte septentrional se reduce á 7°,5 y en la meridional se eleva á 14°,6. La cantidad de lluvia es insignificante, sobre todo en el N., en donde no pasa de 7 centímetros; casi toda esta cantidad corresponde al invierno y primavera. Los vientos dominantes, que soplan con notable frecuencia, son los del N. y N. E.; los del O. y S.O. son menos frecuentes y los del S. muy raramente se dejan sentir. La vegetación de la prov. de Sir-Daria pertenece á la flora aralocaspiana, excepto la de las altas montañas del S. E., que es la misma que la del resto del Tian-Xan. Las especies de plantas varían con la naturaleza del suelo; en la primavera brotan como por encanto el follaje y las flores, pero desaparecen pronto por el rigor del clima, que quema las plantas y sólo muy contado número de ellas soporta la extremada temperatura estival. Durante algunos días de otoño la lluvia reanima la vegetación, pero vuelve á extinguirse pronto y el país recobra su aspecto monótono y triste. En las altas montañas hay algunos bosques de nogales, olmos, álamos y abedules; el único árbol de las estepas y del desierto es el saksaul (Haloxilon Ammodendris), cuya madera, muy pesada, se utiliza para la calefacción y carboneo. Tanto la población nómada como la sedentaria cultiva principalmente cereales, legumbres y algunas frutas. El algodonero (gusa de los indígenas) prospera en los distritos de Kurama y del Turquestán; las plantaciones hechas en la parte septentrional de la prov. no han tenido éxito. En el distrito de Kurama se crían también moreras, varias plantas oleaginosas y el Artemisia Santónica, cuya simiente es empleada como vermífugo. De la superficie total de la provincia sólo el 1 por 100 ocupan las tierras cultivadas, el 33 por 100 las praderas, y el resto permanece estéril. Las condiciones climatológicas del país y la poca fertilidad del suelo explican que los habitantes de Sir-Daria prefieran dedicarse á la cría de ganados mejor que á la agricultura, tan escasamente reproductiva; según las estadísticas anteriores á 1880, existían, comprendiendo los distritos de Amu-Daria y Joyent, 3513 000 carne. ros, 444 000 caballos, 332 000 cornúpetos y 253 000 camellos, que en aquel país son de grandísima utilidad, no sólo por ser irreemplazables para los transportes á través de las regiones desiertas sino también por la lana que suministran. En las orillas de los lagos y en los cañave.

rales que bordean las márgenes de los arroyos se guarecen multitud de animales, especialmente aves zancudas, jabalíes y tigres, si bien éstos se han extinguido casi por completo. En el desierto habitan los zorros, lobos, gatos salvajes, linces, chacales, y el suslik ó marmota de las arenas. En los bosques se encuentran osos, y en las montañas abundan las gamuzas. Entre los pájaros pue den citarse el águila, el buitre, el faisán, la perdiz y el Podoces Pamleri, precioso pájaro propio del Turquestán ruso. Los reptiles son muy numerosos. Los mosquitos constituyen una plaga verdaderamente insoportable, y los escorpiones, tarántulas y arañas negras son muy venenosos. Los ríos contienen abundante cantidad de pescados, especialmente carpas, sollos y gubios. El mayor número de establecimientos indus

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triales lo componen los telares indígenas, en los que se fabrican tejidos de lana y de algodón; siguen á éstos las tenerías, y como importancia de la producción varias destilerías y fábricas de cervezas; existen otras industrias, pero limitadas á producir lo que exige el consumo local y el comercio con las prov. limítrofes. Este es bastante activo y se concentra principalmente en Karalinsh, centro del tráfico del Turquestán con Rusia. La exportación consiste en objetos manufacturados, tejidos, frutas, te, añil, etc., y se exportan pieles, lana, cueros y algodón en rama y tejido. Todos los principales caminos conver gen á Taxkent; al N.O. parte el gran camino postal de Oremburgo y al S.O. el de Samarkanda. La población de Sir-Daria está compuesta de rusos, tártaros, sartas, tayiks, kara-kalpak, turcomanos, kirguises, kuramas, judíos, dunyanas, etc. Los rusos componen un total de 35000, de los cuales 12 000 forman el contingente militar; los colonos se han establecido principalmente á orillas del Sir-Daria, en las c. y aldeas entre Turquestán y Karalinsk, en Taxkent y sus cer canías y á lo largo del camino de esta población á Viernii; fuera de esta zona no hay más rusos que los funcionarios públicos y los soldados. Varios pueblos nómadas é independientes recorrían el territorio que hoy es provincia de SirDaria antes de la llegada de los rusos; el pri mer establecimiento que éstos fundaron fué, en 1846, la fortaleza de Raimskoie, y á éste siguieron otros varios en 1853. Entonces quiso el jan de Jokand oponerse á los rusos; castigaronle éstos apoderándose de algunos de sus fuertes, pero la dominación moscovita no se estableció realmente hasta 1865, después de una campaña sostenida en regla contra el janato y terminada por el general Cherniaief, primer gobernador militar del Turquestán, cuya circunscripción se había creado dos años antes. En 1867 se orga nizó una circunscripción con todas las posesiones rusas, la que en 1875, después de la anexión de la prov. de Serafxan y del janato de Jokand, se transformó en prov. de Sir-Daria. A los dos años se agregó á ésta la circunscripción del AmuDaria como simple dist., y el de Joyent, que formaba parte de aquélla, fué incluído en la nueva prov. de Samarkanda.

SIREDÓN: m. Zool. Género de anfibios del orden de los urodelos, familia de los salamán. dridos, que se caracterizan por tener el cuerpo redondeado, grueso y recogido; el tronco corto, voluminoso y algo comprimido; la cabeza también deprimida, con el hocico obtuso; los

dientes del paladar, pequeños y numerosos, están dispuestos en sentido oblicuo sobre los huesos palatinos y terigoideos; la lengua poco aparente; la cola, comprimida, se confunde en el tronco con la base, que es casi del mismo grueso que el cuerpo. Las cuatro extremidades tienen gran desarrollo; las anteriores con cuatro dedos libres, prolongados y puntiagudos, y las posteriores con cinco; las branquias también puntiagudas y largas, en número de tres cada lado, están cubiertas en la base por una piel flotante, libre debajo de la garganta, y cuyos pliegues forman una especie de collar que representa un opérculo libre, como en los peces, pero con aberturas separadas por tabiques cartilaginosos, sobre los cuales están adheridas las branquias.

Dos son las especies más conocidas de este género: el Siredon Humboldtii y el S. Harlanii, que antes se reducía á una sola, estudiada par. ticularmente por G Cuvier, y á quien se debe el mayor número de datos acerca de este reptil, que solo fué indicado por otros naturalistas.

El Siredon Humboldtii se distingue esencialmente por tener el cuerpo de color pardo ó gris obscuro, con manchas negras irregulares que se prolongan en sus bordes por líneas radiadas, lo mismo que en la parte inferior del vientre y en la cola, cuya nadadera membranosa dorsal se une á la subcaudal, que es más ancha y corva, mientras que la que se ve debajo de la cola es casi recta y no tiene mucho desarrollo.

Este reptil fué indicado por los primeros viajeros naturalistas que fueron á Méjico, y sus relatos, mal traducidos ó copiados, dieron origen á que algunos autores incurrieran en muchas inexactitudes; mientras unos decían que este animal tenía una matriz semejante á la de las mujeres, otros aseguraban que nadaba con las patas y que éstas se parecían á las de las ranas.

Cuvier describe este animal y dice: «El esqueleto ofrece las mayores analogías con los de las salamandras acuáticas ó tritones; pero el aparato branquial y los arcos hioidianos se asemejan más á los de la sirena; el corazón no parece tener sino una aurícula, acaso tabicada y precedida de un sinus ó depósito venoso parc. cido al de los peces. Los pulmones se reducen á dos sacos largos de mallas lacias y salientes en el interior, sin presentar verdaderas células. Los intestinos que yo examiné contenían restos de animales que viven en agua dulce, y eran aná logos á los de la salamandra; los órganos genitales tenían poco desarrollo. El tamaño de esta especie varía entre 16 y 20 centímetros de largo. >

Este reptil, bien conocido de los mejicanos, es muy común en el lago que rodea la capital de los Motezumas, así como en las aguas de los lagos y montañas afluentes. En algunos sitios es tan abundante que se hace una pesca muy lu crativa, porque su carne es delicada. También se le encuentra en las aguas frías de algunos lagos de las montañas á considerable altura sobre el nivel del mar.

El Siredon Harlanii es muy semejante á la especie anterior, y se encuentra en las mismas regiones.

Harlan le describe en los términos siguientes: El reptil que tengo á la vista mide 16 centímetros de largo por de diámetro; su cuerpo es blanco y como esponjoso; la piel presenta un gran número de poros y tiene en los costados tres series de manchas negras redondeadas; en la cola, comprimida y cortante y terminada en punta, hay otras del mismo tinte; la cabeza es ancha y plana; los ojos pequeños; las fosas nasales están en el borde anterior del labio superior; en ambas mandíbulas hay dientes cónicos y obtusos bastante largos; la lengua es ancha, entera y libre por delante; la abertura de la boca se extiende hasta la línea vertical de los ojos; los labios se asemejan á los de los peces; las cuatro patas se marcan bien: las anteriores tienen cuatro dedos y las posteriores cinco, todos sin uñas; la abertura de la cloaca es longitudinal; á cada lado del cuello hay tres branquias prolongadas, fijas en arcos cartilaginosos, cuyos bordes internos ó del lado de la garganta llevan tubérculos tambien cartilaginosos como en los peces. Sólo hay dos aberturas branquiales á cada lado; los dos arcos, superior é inferior, parecen estar fijos en la piel. Todo el cuerpo es de color gris ceniciento y en la parte inferior del vientre no existe ninguna mancha.>>

Acerca de las costumbres y modo de reprodu

cirse de estos reptiles no se tiene noticia alguna, tanto de los naturalistas como de los indígenas, que no han suministrado dato alguno. Los pescadores le tienen por un animal venenoso.

- SIREDON: Zool. Género de anfibios del orden

rodelos, familia salamandridos, que se caracte rizan por tener dientes palatinos en dos filas transversas, rectas ó poco curvas, con la convexidad dirigida hacia adelante; lengua grande, oval, muy adherida, sólo libre en sus bordes y parte anterior, parótidas por lo general, pero con frecuencia muy indistintas; cola gruesa, casi cilíndrica en la base, muy ó' ligeramente comprimida, agudorredondeada en la punta y nunca con margen; cuatro dedos en las manos y cinco en los pies; cuerpo prolongado; cola bien desarrollada; abertura de la cloaca longitudinal; huevos aislados en la postura.

La especie tipo de este género es el Siredon talpoideus Holbrooh., que vive en el Norte de América, existiendo además otra especie, el S. mexicanus Shaw., que como su nombre indica es propia de Méjico.

SIR EDWARD PELLEW: Geog. Islas adyacentes á la costa septentrional de Australia, sit. en la parte occidental del Golfo de Carpentaria. Son cinco: la principal y más oriental es Vanderlin, tierra montuosa de unos 25 kms. de long. por 10 ó 12 de anchura.

SIRENA (del lat. siren, sirēnis; del gr. σephy): f. Ninfa del mar, de medio cuerpo arriba mujer muy hermosa, y pez en lo restante, notable la dulzura de su canto.

por

Lo que se ve en la SIRENA es hermoso; etc. SAAVEDRA FAJARDO.

SIRENAS hermosas Blasonan verdad, La mitad mujeres, Peces la mitad.

TIRSO DE MOLINA,

- SIRENA: Mit. Las Sirenas, ninfas del mar en la Mitología griega, y que tenían el poder de encantar con su armoniosa voz á cuantos las

escuchaban, eran hijas de Aquelao, de donde les vino el nombre de Aqueloideas. Habitaban, se. gun Homero, la isla llamada de las Sirenas, que estaba entre Aeaea y la roca Scila, cerca de la costa S.O. de Italia; según los poetas romanos, dicha isla estaba cerca de la costa de la Campania. Tampoco están contestes los escritores en cuanto al número de las Sirenas, pues unos dicen que eran dos, Aglaofema y Telxiepia, y otros que tres, Pisinoe, Aglaopea y Telxiepia, ó Partenopea, Ligia y Leucosia. En cuanto a su origen no falta quien las tenga por hijas de Forco, de Terpsícore, de Melpomene, de Caliope ó de Gea.

Bien se echa de ver sin estas indicaciones que las Sirenas, cuya voz melodiosa creían escuchar los griegos en el rumor de las cascadas y de los torrentes, estaban en relación con las Musas. En Creta, en el cantón de Aptera, se decía que las Sirenas provocaron cierto día á las Musas á competir con ellas en habilidad musical, y que las Musas victoriosas arrancaron á las Sirenas (á quienes la poesía griega nos pinta en forma de aves marinas con cabeza de mujer) sus plumas, para con ellas hacerse coronas. Las Sirenas compartían con las Musas el don de producir cantos armoniosos, y además eran genios de las aguas. Dicha leyenda lo que significa es que, cuando el culto de las Musas fué llevado desde el continente á la isla de Creta, como allí existía el de las Sirenas, entablóse entre ambos una lucha cuyo resultado fué que la religión de las Musas reemplazó por fin á la de las Sirenas. Estas, dice Decharme, conservaron el don musical, pero al abandonar el continente para venir á ser las musas del mar se convierten en genios malignos que habitan las costas escarpadas y los escoПlos, desde donde atraen con sus encantos á las

naves.

Los marineros conocían esos sitios peligrosos, y por eso cuando Ulises se acerca á la isla de las Sirenas, y éstas tratan de seducirle con sus cantos, él tapa con cera los oídos de sus compañeros y se ata al palo mayor de su nave para hacer con toda seguridad la travesía, con lo que se ve bien claro que las Sirenas estaban consideradas como divinidades pérfidas, de encanto fatal é irresistible para quien no tuviese suficiente serenidad para desoirlas. Muchos navegantes se engañaban creyendo oir voces queridas, como las

de la mujer y los niños que aguardaban su regreso; y si corrían hacia el punto de donde salía la voz y no se detenían á tiempo, luego encontraban la muerte. En los floridos prados donde se sentaban las Sirenas hallábanse los huesos de numerosas víctimas humanas. Así nos pinta La Odisea á las Sirenas y sus peligros. El contraste que en ellas se advierte es, como dice Decharme, el que ofrece el mar mismo con sus engañosas pérfida y su superficie brillante y limpia como seducciones y sus ocultos peligros, con su calma

un espejo, que junto á las costas oculta los esco. llos donde suele encontrarse el naufragio y la

muerte.

Fácilmente se comprende que las Sirenas estuviesen en relación con las divinidades infernagando con las Sirenas á orillas del Aqueloo; y les. Cuando Proserpina fué robada hallábase ju

como las Sirenas fueran en busca de la doncella por tierra y por mar, acabaron por abatir su vuelo en las costas de Sicilia, donde fijaron su resi dencia. Helena en su desesperación, cuando quiere quitarse la vida, invoca á las Sirenas como divinidades chtonianas, suplicándolas que mezclen sus acentos armoniosos al de los gemidos que ella lanza y de las lágrimas que ella vierte, que acompañen con su música el treno fúnebre que ella canta en ofrenda á Proserpina, según dice Eurípides; y un personaje de Sófocles dice que las Sirenas son las que cantan el himno de Hades Plutón. Por la misma razón que vamos indicando, no era raro encontrar en las tumbas las imágenes de las Sirenas, pues lo mismo expresaban el atractivo de la belleza virginal marchita en flor que los muertos placeres del himeneo ó las gracias de la Poesía y de la Elocuencia, según lo atestiguaban cierto epitafio que Erinna compuso para su propia tumba y los que había en las sepulturas de Sófocles y de Isócrates; de suerte que la concepción de las Sirenas, como expresa acertadamente Decharme, responde á la doble idea de seducción irresistible y muerte cruel.

La muerte de las Sirenas va unida á la fábula de los Argonautas, pues cuando éstos pasaron en su nave por el sitio fatal aquéllas cantaron para atraerles; pero Orfeo las eclipsó con los acentos de su lira, y, como según tenía dispuesto el destino, la vida de las Sirenas debía cesar en el momento que alguien escuchara sus cantos sin sentir el hechizo que éstos producían, ellas se precipitaron al mar y quedaron convertidas en

rocas.

El arte griego representó á las Sirenas en la figura de ave, con cabeza, pecho y brazos de mujer, y les puso un instrumento músico en las manos. Sólo por excepción se las ve en figura completamente humana, de modo que pueden confundirse con las Musas en algunos bajos relieves que representan el paso de la nave de Ulises. Ya hemos indicado que su imagen suele ser frecuente en monumentos funerarios. Aparecen, por ejemplo, en un barro cocido del Musco del Louvre, que representa una especie de casa funeraria. El tipo arcaico de la Sirena es el que suele verse en estos barros y en pinturas de va sos: en él predomina el cuerpo, las alas y las patas de pajaro sobre las formas femeniles, que están reducidas á la cabeza y los brazos. El tipo clásico es el que vemos en algunas estelas funerarias, y se compone de un busto ó torso de mujer con el resto del cuerpo y las patas de ave; aparecen solas ó con otras figuras, sin que dejen duda de que son allí un símbolo de duelo. En alguna estela ática la figura de una Sirena tocando la lira entre dos plañideras sirve de coronación ó remate. En el Museo de Atenas se conserva una estatua de Sirena que tuvo dicho empleo decorativo. Es un hermoso mármol que nos muestra una doncella cuyos muslos están cubiertos con plumas de ave y que toca un címbalo.

- SIRENA: Blas. Pieza de los escudos de armujer y mitad pez. En algunos escudos de armas que representa un monstruo marino, mitad mas, como pieza de ellos ó como soporte, hay una sirena peinándose y mirándose al espejo.

- SIRENA: Fis. y Mor. Aparato productor de sonidos, en el que se pueden contar el número de vibraciones que producen éstos. Este ingenioso aparato fué inventado por Cagnard Latour en 1819, y las modificaciones que ha experimentado posteriormente son más de detalle que substanciales. Se compone de un tambor (figu

ra 1) al que se puede hacer llegar una corriente de aire por medio del tubo. La placa que cierra el tambor, por la parte superior lleva pequeños orificios equidistantes y dispuestos en series circulares. Sobre esta tapa superior agujereada del tambor y muy inmediata á ella, casi en contacto, hay otra placa ó disco circular, móvil alre dedor de un eje vertical. Este disco está también taladrado y contiene el mismo número de orificios que el anterior, é igualmente dispuestos,

100

Fig. 1

pero su inclinación es de sentido opuesto, de modo que cuando se corresponden dos orificios de las dos placas quedan como se indica en la fig. 2.

En la parte superior lleva este aparato un contador destinado á contar el número de vueltas que el disco movible efectúa en un tiempo dado. Redúcese este contador á un tornillo sin fin adaptado al eje del disco ó placa movible, y que engrana con una rueda dentada de manera que á cada vuelta del disco avanza un diente de

Fig. 2

mente la llave por donde entra el aire, durante un cierto tiempo, durante el cual se pone en marcha el contador; y procediendo como se ha dicho se verá el número de vibraciones por segundo que corresponde al sonido que da la sirena, y éste será también el número de vibraciones del sonido del mismo tono que se analiza. La sirena puede producir sonidos cuando se la sumerge en el agua y se hace pasar este líquido por los orificios: de aquí le viene el nombre que Îleva. El sonido producido es

el mismo, salvo el timbre, que cuando funciona por la acción del aire ó de otro gas cualquiera, lo que prueba que la altura del sonido no depende más que del número de vibraciones.

Algunas veces es preferible dar movimiento al disco agregado por medio de una correa sin fin, en cuyo caso se dispone el tubo por donde fluye el aire de manera que su boca de salida venga á dar en los orificios del disco. Tal es el principio de la sirena de Seebeck, con la que se hacen experiencias muy diver

sas.

Helmholtz ha modificado el aparato que nos ocupa combinando dos sirenas que pueden dar á un tiempo la misma ó diversas notas, para lo cual llevan sus discos respectivos varios círculos de orificios, y se puede, á voluntad del operador, dejar paso al aire por series de igual número de agujeros ó por aquellas en que guarden éstos la relación conveniente. Tal disposición permite compa

se otros fenómenos y leyes interesantes.

vegante, ó si éste es confiado hacerle creer que se halla á gran distancia de la costa, cuando, por las condiciones del aire ambiente, aun en estado de calma, hacen se amortigäen los sonidos á corta distancia del aparato que los produce; en ocasiones se encuentran diferencias muy notables en la distancia á que un mismo sonido deja de perci birse, en condiciones idénticas al parecer de la atmósfera, estando tan poco conformes los ingenieros y experimentadores que á estos trabajos

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Sirena

esta rueda. Las vueltas completas de esta primerar las notas de la escala musical, comprobándose dedican, y refiriéndonos sólo á las sirenas, que ra rueda son contadas por una segunda rueda. Una y otra llevan unas agujas al exterior, que sobre un cuadrante dividido indican las vueltas dadas por ellas. El contador funciona ó no, á voluntad, engranando en el momento que se quiera el tornillo sin fin con la primera rueda.

Si poniendo el tambor inferior en comunicació con un muelle se insufla aire en aquél, este aire se escapará por los orificios de la tapa superior, y al salir chocará con las paredes de los orificios de la placa que existe sobre ella y la hará girar. Al propio tiempo, la salida franca del aire al estar los agujeros uno enfrente de otro, y su interrupción inmediata al tapar el disco de arriba en su movimiento los orificios del de abajo, determinan una serie de choques periódicos, que cuando se suceden con cierta rapidez dan lugar á un sonido cuya altura depende de la velocidad de rotación comunicada al disco.

La altura del sonido que se produzca dependerá de la fuerza de la corriente de aire que llegue al tambor; y cuando graduando dicha corriente se haya conseguido que el aparato dé un sonido determinado, se podrá mantener este sonido al gún tiempo convenientemente regulando la liave que lleva el tubo por donde entra el aire en el tambor. Y en tal momento se hace funcionar el contador para ver el número de vibraciones que corresponde á aquel sonido.

De las indicaciones de las agujas del contador se deduce inmediatamente el número de vibraciones del sonido que se produce. Supongamos que los orificios de las placas sean 25, y que la aguja del primer cuadrante señale 15 divisiones y la del segundo 30. Si el primer cuadrante comprende 100 divisiones en totalidad el número de vueltas del disco giratorio habrá sido 30 × 100+15; y como se producen 25 pulsaciones, que representan otras tantas vibraciones completas por vuelta, el número total de vibraciones habrá sido (30 x 100+15) x 25, ó sean 75 375. Dividiendo este resultado por el número de segundos que ha funcionado el contador, se tendrá el número de vibraciones por segundo. Nada más fácil que determinar por medio de la sirena el número de vibraciones de un sonido cualquiera. Pues haciendo funcionar este apara. to, se hará que produzca un sonido igual al que se quiere estudiar; y llegado este momento se mantiene este sonido regulando conveniente

Preséntanse como defectos de la sirena el producir mal los sonidos graves y el ser muy intensos en ella los sonidos agudos, circunstancias que hacen difícil la comparación con el sonido cuyo número de vibraciones se quiere obtener; para esto necesitase un oído músico ejercitado. Además, el atender al cronómetro y el regular al propio tiempo el acceso de aire de manera que se mantenga durante un cierto tiempo un sonido unísono con el que se estudia requiere gran habilidad en el experimentador, si los resultados han de ser dignos de confianza. El citado profesor Helmholtz parece haber conseguido obviar en parte estos inconvenientes regularizando el movimiento de una sirena especial por medio de una máquina electromagnética cuya corriente se interrumpe cuando la velocidad excede el límite prefijado, haciendo así de regulador el aparato. La sirena, sin embargo, en manos expertas, da buenos resultados.

En el artículo correspondiente (V. SEÑALES MARÍTIMAS) hemos indicado la necesidad de emplear señales acústicas en la costa para los momentos en que el estado de niebla ó empañamiento de la atmósfera impide al navegante distinguir las luces de los faros durante la noche, ni otra clase de señales ópticas que de día le permitan conocer el punto en que se halla; allí hemos hablado de varios de los sistemas de señales acústicas empleados, excepto la sirena, que por su importancia y condiciones hemos reservado para el presente. La sirena es, entre todos los instrumentos ensayados y puestos en práctica para producir señales acústicas, el mejor, el primero por sus especiales condiciones, porque se deja oir á mayores distancias, sin que se pueda fijar el alcance de éstas, pues depende, como dijimos en el artículo citado, del estado de transparencia acústica de la atmósfera, así como de la dirección, velocidad é intensidad del viento; ya sabemos, hablando en general, cuán inseguro es un sistema de señales sonoras, cualquiera que sea el aparato que las produzca, no sólo porque, aun oyendo distintamente la señal, sólo indica de una manera más ó menos vaga, más ó menos cierta, el punto de donde parte, sino también porque, no pudiendo fijar la distancia á que la señal se oye, las variaciones de intensidad para una misma distancia pueden producir confusiones y dudas en el na

mientras Barbier da un alcance para las que él construye y del tipo de primer orden, hasta de 30 millas con viento favorable y 20 con la atmósfera en calma, omitiendo el alcance mínimo con viento contrario, Allard hace variar dicho alcance entre 1,3 y 15 millas, y Tyndall asegura que varía entre 2 y 16 con tiempo sereno, siendo lo único que puede asegurarse, conformes con la opinión de Sautter Lemonnier, que el sonido que se produzca debe ser el mayor posible sin fijar jamás la distancia á que puede percibirse; Faraday opinaba que más vale no prometer nada al navegante que darle la esperanza de una señal que no ha de oir siempre, lo que parece indicar que deben excluirse las señales acústicas dada su incertidumbre; y como en determinados casos tampoco se distinguen las ópticas, de seguir la opinión de este físico también deberían suprimirmirse las últimas; no es de extrañar esta manera de pensar tan abstracta teniendo en cuenta que el que la emitía no era ni ingeniero ni navegantes; cueste lo que cueste, un Estado debe valizar sus costas cubriéndolas con todo género de señales, pues por fortuna poquísimas veces deja el navegante de percibir algunas, según la práctica ha demostrado, y con las señales se han salvado y se están salvando diariamente multitud de capitales y vidas, más importantes éstas que aquéllos y que cuanto dinero puede gastar una nación en el establecimiento de aquéllas; por lo demás, ya sabe el marino que no estando el tiempo sereno y el cielo claro y despejado el no percibir una señal no le debe inspirar la menor confianza, aun cuando conozca el punto en que se encuentra, sino que debe marchar con cautela y atento á la menor indicación de peligro que pueda sospe char haber notado. Prescindiendo de las causas perturbadoras que podrán provenir del exterior, hay que tener en cuenta que un sonido cualquiera, que siempre se refuerza por una bocina, se distingue mejor y á mayor distancia en la dirección del eje de la bocina ó resonador que en otra dirección cualquiera, y por tanto que el sonido no se reparte con igualdad en todo el horizonte; según Henry, tres sirenas colocadas en el mismo centro ó torre, y á 120° los ejes de sus bocinas, repartirían el sonido de una manera sensiblemente uniforme en toda la circunferencia, solución teórica que no se puede acep tar por las causas perturbadoras del alcance ó

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