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bién debió ser la de las sillas ó sillones que hacían oficio de tronos en las casas señoriales. En los mismos códices se ven también sillas de tijera, que á diferencia de las de la antigiiedad tiene el asiento pequeño y las patas cruzadas en forma de X de trazos rectos. Las sillas que ocupan el escritor y el lector, representados en el códice Vigilano que se conserva en la Biblioteca del monasterio del Escorial, y que data del siglo X, difieren algo del tipo primeramente citado, sin duda porque aquí no se trata de sillas de metal, sino de madera, evidentemente tapizadas; la que ocupa el escritor ofrece la parte visible de su armadura pintada de verde con adornos blancos

que quizás simulan incrustaciones de marfil, y todo el costado, el asiento y el mullido respaldo están tapizados de tela color de rosa con círculos bordados; la del lector es de madera y la parte tapizada del asiento y del costado ofrece adornos de colores, en los que se reconoce sin esfuerzo la influencia árabe; ninguna de estas sillas tiene brazos, y la primera pudiera responder quizá á un tipo oriental, pues es patente la analogía que guarda con los tronos egipcios en la vuelta que forma la parte tapizada en la terminación del respaldo. En el códice de los Feudos, que data de fines del siglo XII y se conserva en Barcelona en el Archivo de la Corona de Aragón, aparece un amanuense sentado en una silla de respaldo recto como las anteriores, que figura ser de madera, cuya caja aparece adornada con dos arquerías caladas, y sobre cuyo asiento hay un almohadón para prestar más comodidad a la persona sentada; y es de notar que el rey D. Allon

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so I de Aragón y otro personaje que aparecen en la misma viñeta ocupan unos asientos que carecen de respaldos y consisten en una especie de caja, la del rey decorada también con arquerías y con un almohadón sobre el asiento.

En Francia, por los tiempos de que nos venimos ocupando, se usaron sillones cuyo respaldo no tenía más altura que la de los brazos. A este tipo responde el trono de una estatuita de cobre esmaltado, fabricado en Limoges á principios del siglo XIII, que perteneció á la colección Soltykoff: es un asiento en forma de arca con un vástago en cada extremo que sobrepuja la altura del respaldo y termina en un boliche que en los originales solía ser de marfil, cristal de roca ó cobre esmaltado, y excusamos decir que los costados están llenos de adornos; el friso que forma el respaldo y los brazos figura una arquería calada. Parece que desde el siglo XII se empleó en Francia la madera torneada para la fabricación

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Sillón y sillas que usó Felipe 11, y que se conservan en su cámara del Escorial

pa

de sillas, y se empleó, no solamente para las tas, sino para los balaustres que prestaban apoyo á los brazos; en las esculturas de una de las portadas de la iglesia de San Lázaro, en Avallón, se ve una de estas sillas, sobre cuyo asiento hay un almohadón y en el respaldo lleva una tela bordada extendida.

El conocido Libro de las Cantigas de D. Al

fonso el Sabio, códice de la Biblioteca del Escorial, se ven diversidad de asientos que en general responden al tipo del arcón, por cierto con adornos de taracea, y cuando la persona sentada es personaje distinguido lo está sobre un almohadon; pero hay también sillones cuyos brazos están cortados en sentido oblicuo y cuyos respaldos están adornados con boliches. En Es

paña debieron ser todavía más frecuentes que en el resto de Europa durante los siglos medios los asientos arcones y los divanes, sobre todo estos últimos, pues es frecuente ver en las viñetas de manuscritos personajes sentados á la manera arábiga, con las piernas cruzadas sobre esa clase de asientos; en el Libro de las Tablas, códice mandado escribir por D. Alfonso el Sabio, que se

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Libro se ven niños jugadores sentados en tabu. retes sencillos, y también personajes de ambos sexos que en presencia del rey están sentados en el suelo con las piernas cruzadas á la manera oriental (Véase la lámina que acompaña al artículo DADO).

También se usaron por el siglo XIII en España, en las casas modestas, bancos de madera compuestos simplemente de la tabla del asiento y cuatro pies con travesaño; así pueden verse en el Romance de la Rosa, códice de dicha época, que se conserva en la Biblioteca de Valencia, y en el mismo libro se ven sitiales ó sillones muy sencillos, de respaldo cuadrado y brazos cortados en diagonal. En bancos se acostumbró por aquel tiempo, y hasta en el siglo XVI, á sentarse á la mesa para comer.

También en España, menos que en el resto de Europa, se usaron verdaderas sillas en los siglos medios, pues de las viñetas de los manuscritos se despende que el empleo de bancos ó divanes fué muy frecuente, y que por lo demás los asientos aislados, verdaderos asientos de honor, eran los sitiales ó sillones; de éstos suelen verse algu. nos en las viñetas, ocupados cómodamente por dos personas. Viene á ser este mueble por el estilo del moderno sofá, y á la misma familia pertenecen los bancos con respaldo tallado y á veces prolijamente historiado, como sucede en cierto banco que perteneció á la catedral de Cuenca y que hoy es propiedad del coleccionista de Madrid Sr. Lázaro: es un banco de roble, verdadera obra de arte del siglo XIII ó XIV, y cuyo autor, hábil tallista cuyo nombre ignoramos, debió estar educado en el gusto flamenco.

También vemos en algún documento español sillones de patas torneadas, que sin duda eran los usuales en las casas burguesas. En los palacios de los reyes ó de los señores se usaban, además de los sitiales en que, según algunas miniaturas y tapices, se sentaban los reyes para comer, unos sillones más pequeños, en la misma disposición que el sitial, pero con el respaldo de poca altura. De este género es un sitial ó sillón, con respaldo semicircular, cuyos extremos hacen de brazos (V. el grabado que le reproduce), que posee el conde de Valencia de Don Juan.

Llegó á tal extremo en Francia el lujo de estos muebles por los siglos XIV y XV, que no solamente se esculpían con arte, sino que se doraban y se decoraban con pinturas cuyo precio excedía del de la silla. En las cuentas de un la Fontaine, platero del rey Juan (1352), se mencionan los pagos hechos á maistre Girart d'Orliéns por las pinturas que hizo en una silla para el rey, y en otras para el delfín, el duque de Orleáns, el conde de Anjou, el duque de Borbón, etc.

Como éste pudieran citarse otros ejemplos que acreditan la persistencia de ese género de decorado costoso. Y no se crea que se trataba de tronos ó sillas de ceremonia, pues por el Inventario de Carlos V de Francia (1380) sabemos que este monarca gustaba de sentarse en una silla cuyo asiento estaba tapizado de terciopelo azul con flores de lis, y en el respaldo tenía una cabeza de león y águilas, y en otra silla alta con flores de lis pintadas y el respaldo también tapizado de terciopelo azul con flores de lis bordadas, cuyas sillas, á pesar de estar tan adornadas, eran cu

biertas de rico tisú de oro en los días de ceremonia.

Fué costumbre en aquellos tiempos tener tan ricas sillas junto á la cama; y esto no sólo en los palacios, sino en las casas burguesas, donde eran más modestas. Por lo demás, la costumbre indicada de poner en las habitaciones varios bancos, algún taburete y sólo una silla (á veces otra más pequeña) para el dueño de la casa, se conservó hasta en el siglo XVI, y en todas las habitaciones de la casa, hasta en la cocina, porque allí también era la insignia del señor de su casa, según Oliverio de la Marche.

En la Edad Media participaron las sillas, como otros muebles, de una cualidad distintiva, que fué la de servir también de cofre ó arca (V. ARCA y ARCÓN); el espacio que quedaba entre sus cuatro pies se convertía en armario pequeño, que debió ser de inmediata utilidad en las sillas que se colocaban junto á la cama, ó bien, si en vez de tener trampillas por el frente se levantaba el asiento, dicho espacio quedaba convertido en arca. Arcas eran sin duda esos asientos de caja al parecer maciza que vemos en las viñetas de códices españoles, y que muchas veces no tienen respaldo, y sobre el asiento, que es la tapa de aquéllas, hay un mullido almohadón. Arcas son también las cajas de no pocos sillones ó sitiales del siglo xv, en cuyo frente aparece la cerradura, que suele ser de primorosa labor. Estos sitiales, tan frecuentes en los últimos tiempos del estilo ojival, que los embelleció con primorosas labores de caprichoso trazado, y al principio del Renacimiento, que prodigó en ellos sus galas decorativas, son de brazos macizos y rectos que mueren á escuadra sobre el respaldo, el cual, también recto, suele ser muy alto. Un sitial harto sencillo, pero sin arca bajo el asiento y de respaldo bajo, apaisado, es el llamado sillón de doña Urraca, que se conserva en Burgos.

Los primeros sillones importantes sin cajón ó arca bajo el asiento son en España una especie de asiento de tijera formado por dos semicirculos tangentes, de los cuales uno corresponde á las patas, y, por consiguiente, toca con sus extremos al suelo, y otro al asiento; dos armaduras dispuestas de esta manera y unidas por dos pies ó durmientes por un palo ó eje en los puntos tangentes y por los brazos, forman la armadura del sillón, cuyo asiento y respaldo son dos trozos de

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SILL

SILL

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Jueces de Castilla. En el Museo Arqueológico | adornos tallados y con asiento y respaldo tapi- brazos, sino el respaldo, el asiento y toda la ar

Nacional se conserva un ejemplar de esta clase. En el siglo XVI se usaron en España unos si

figura un sillón del tiempo de Luis XIV en zados con tela bordada; en la colección de Barre decorativa

llones que también son muy originales y típicos: cuyo respaldo bordado se ve una composición sino también dos cómodos apoyos que ponen en

sus patas son rectas; ligeramente inclinado hacia atrás el respaldo, que afecta forma cuadrada: rectos y prolongados los brazos; el asiento y el respaldo son de cuero labrado, generalmente negro y sujeto con gruesos clavos á la armadura; esta es sencilla, sin más adorno que dos especies de ménsulas invertidas que forman los boliches del respaldo, y ligeros adornos calados en el travesaño que por el frente une las patas delanteras. También hubo sillones lujosos de este género, cuyo asiento y respaldo están enguatados y cubiertos con gamuza negra, como el sillón que hay en la litera de Carlos V que se conserva en la Real Armería. De los sillones sencillos, con cuero, acabados de describir, abundan ejemplares, y entre ellos son de citar los que todavía se ven en las habitaciones de Felipe II en el monasterio del Escorial, que se conservan con los mismos muebles que usó aquel monarca; y también se ven allí dos sillas que el mismo em pleaba, una en verano y otra en invierno, paraapoyar la pierna cuando en sus últimos años sufrió de gota; dichas sillas son de tijera, de armadura harto sencilla y humilde y con asiento de tela.

En España se fabricaron también en los siglos XVI y XVII sillas de graciosas formas, bien talladas, con palos torneados, guarnecidos con cueros labrados ó guadamaciles (V. el grabado correspondiente).

Durante todo el siglo XVII y parte del XVIII siguieron usándose en España sillones del tipo descrito, pero con sensible modificación, que consiste en que el respaldo es más bajo, más apaisado, todo el mueble es más ancho, más anchos también los brazos, la armadura carece por lo general de adornos, y los cueros del asiento y del respaldo están sujetos con clavos grandes dorados.

En los conventos y antiguas casas se conservan todavía de estos sillones, á veces tan modestos que el asiento y el respaldo son de madera. Verdaderamente estos sillones son los asientos propios de la época del ascetismo en España, asientos que no ofrecían comodidad regalona, sino que, por el contrario, eran propios para el trabajo intelectual en que se ejercitaron nuestros escritores místicos. En los palacios de aquellos tiempos se usaron sillones y sillas de ese tipo, pero tapizadas con terciopelo carmesí y adornadas con flecos de pasamanería y lindos clavos. Algunos ejemplares, aunque raros, se conservan también de esta clase de muebles, que suelen verse representados en los cuadros de Velázquez y sus contemporáneos.

En el extranjero no eran tan austeros en el mueblaje.

En Francia, por ejemplo, la escuela de los tallistas de Borgoña produjo en el siglo XVI si

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llones de patas torneadas, de respaldo con ador. nos de relieve y brazos sostenidos por preciosos balaustres. En el siglo XVII aparecen allí también las sillas y sillones de rejilla, con respaldos altos, de forma rectangular, con las patas dispuestas en forma de pilastras. Un sillón se conserva del tiempo de Luis XIV, con las armas de éste, esculpido y dorado. En Francia, como en España, se amueblaban las habitaciones con sillones y sillas, y en los palacios había un nú mero reducido de sillones y taburetes para las personas de poca categoría. En tiempo de Luis XIV empiezan los sillones y sillas de gusto barroco con patas y brazos curvos, con graciosos TOMO XIX

madura del mueble; está éste tapizado con bordados que, no solamente cubren asiento y respaldo, tación dea con niños y flores y con la reprez la picerías historiadas, de las cuales algunas dorcigiena. La fabula de La Fontaine La zorra y lubricaron en Beauvais, lo que sirvió para cones se los brazos. A veces en vez de bordados son tano de dichos muebles; este tipo de sillones

te afectan graciosas líneas curvas las patas y los

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generalizó en España cuando la Casa de Borbón trajo las modas y el gusto francés, como asimismo durante todo el siglo XVIII. Por lo demás, sillas, sillones y sofás siguieron ya sujetos á las modificaciones del gusto artístico ó de la moda, pero con las formas generales con que hoy los conocemos.

Silla curul. - Este es un mueble esencialmente romano: en un principio era de marfil, y más tarde de metal; carecía de respaldo, y su asiento recto estaba sostenido por dos pies recurvados y dispuestos en X. La silla curul debe datar del período de lcs reyes, pues éstos administraban justicia en una de estas sillas, que iba fija en un carro, de donde vino el nombre de sella curulis. A la caída de los reyes esta silla se convirtió en asiento de ciertos magistrados. Como era de fácil transporte, la silla curul era la que se ponía en la tribuna, desde la cual los funcionarios curules ejercían el poder judicial. Los magistrados que tenían derecho á ocupar la silla curul eran los cónsules, procónsules, pretores, propretores, ediles curules, el dictador, el magister equitum, los decenviros, y en tiempos posteriores el cuestor. En el orden sacerdotal solamente tenía tal derecho el flamen dialis. Para honrar la memoria de los muertos fué costumbre colocar sus sillas curules en el teatro. También aparece ésta representada como recuerdo de los cargos curules en varias monedas, como las de las gentes Cæcilia, Cestia, Cornelia, Furia, Julia, Livineja, Plætoria, Pompeya y Valeria; en estas monedas acompaña á la representación de la silla el haz

de varas de los lictores, el lictuus, guirnaldas y ramas, además del nombre del personaje. Los emperadores reivindicaron el honor de la silla curul; se conserva alguna estatua de mármol, como la de Claudio de la villa de Albani, en que el personaje está sentado en silla curul. Se sospecha que deben haber pertenecido á sillas curules varios pies de bronce en forma de cuello de animal, graciosamente arqueado, que se conservan en el Museo de Nápoles.

Silla gestatoria, fertoria y portoria. - Fué entre los romanos una silla de manos que, á diferencia de la léctica, permitía al que la ocupaba ir sentado en vez de echado, como en la última. Suetonio hace referencia de ella al hablar de Claudio, de Nerón y de Vitelio. Por Tácito y por Juvenal sabemos que ordinariamente era una silla de manos cubierta y cerrada. Sirvićronse de ella especialmente las mujeres, de donde le vino el nombre de sella mulicbris, según dice el mismo Suetonio. En los monumentos figurados no aparece su representación.

Desde los primeros tiempos de la antigüedad cristiana hasta el día la silla gestatoria aparece como una silla de manos privativa del Papa. La más antigua que se conserva es la que se conoce con el nombre de cátedra de San Pedro, porque se supone que en ella se sentaba el prín cipe de los Apóstoles para enseñar en casa del senador Pudente. Es un asiento macizo de fornia cúbica, de madera de encina, adornada en su frente con placas rectangulares de marfil esculpidas, que representan los trabajos de Hércules;

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su respaldo está adornado con una arquería calada y coronado con un friso esculpido, en el que se ven figuras de animales, hombres y centauros, con un frontón, todo ello chapeado de madera de acacia; faltan los brazos, y á los lados tiene fijas unas anillas de hierro que servían para pasar las varas necesarias para su transporte á hombros. Hállase expuesta á la veneración pública esta silla al fondo del ábside de San Pedro en el Vaticano, encima del trono del Soberano Pontífice, que sustentan las estatuas de les cuatro grandes Doctores de la Iglesia, obra de Bermini. En 1867 fué expuesta la cátedra de

Cátedra de San Pedro

San Pedro en sitio que permitía examinarla más de cerca, y uno de los que la examinaron, que fué el arqueólogo italiano De Rossi, escribió una monografía de ella, en la que consideran dichos adornos como posteriores al alma de la silla.

El friso figurativo, groseramente esculpido, le parece anterior al siglo v, y las placas de marfil con asuntos mitológicos, aunque más antiguos, le parecen posteriores al siglo de Augusto. Fog: gini y Cortesii han creído, sin embargo, que si aquello no fué un sillón gestatorio que usara Pudente antes de ofrecérselo al príncipe de los Apóstoles, dichas representaciones de los trabajos de Hércules pudieron colocarse allí con un sentido simbólico, aludiendo á los trabajos de San Pedro y á sus numerosas victorias sobre las divinidades paganas. Pero en estos últimos tiempos se ha modificado algo la opinión sobre este interesante trono. Champeaux dice que es evidente que semejante mueble no puede haber pertenecido á San Pedro, que fué martirizado bajo el emperador Nerón, y que es obra de alguno de los Papas que le sucedieron hacia fines del siglo III ó principios del Iv; que además el monumento ha sufrido numerosas transformaciones, por lo cual es difícil separar la parte primitiva de las adiciones posteriores; que lo que actualmente se ve recuerda por sus adornos el carácter de los edificios italianos conocidos con el nombre de lombardos.

De todos modos, esta es una silla gestatoria prinitiva que debieron usar muchos Papas.

Estos han usado siempre la silla gestatoria para ciertas ceremonias, por ejemplo para dar la solemne bendición Urbi et Orbi en las fiestas de Jueves Santo, de Pascua, de la Ascensión y de la Asunción. La silla va sobre unas andas, lo cual permite al Papa ponerse de pie cuando tiene que bendecir. La silla gestatoria es hoy, por lo tanto, un trono portátil del Soberano Pontífice, en el cual es conducido á través de las naves de la basílica y de las estancias del Vaticano en

ocasiones solemnes.

II Toda silla se compone de tres partes dife

rentes: la armadura ó apoyo, el asiento y el res
paldo. La armadura la componen cuatro pies ó
patas iguales dos á dos, las delanteras de unos
43 centímetros de altura y de 85 las posteriores,
pudiendo ser mucho más cortas y bastante más
largas, según la altura que haya de darse á la
silla; pueden ir torneadas ó labradas y ser rectas
ó curvas, abriéndose hacia el exterior; para au-
mentar su estabilidad se unen por traveseros en
la cabeza de los pies delanteros, rectos ó curvos
aquéllos, enlazados á los pies á caja y espiga,
formando un trapecio curvilíneo cuya base nienor
corresponde al respaldo y acostumbra tener unos

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Fig. 2

b

32 centímetros; la base mayor
suele ser de la misma longi-
tud que altura tienen los pies planta de la familia de las Tifáceas muy seme-
cortos, ó término medio 43 jante á la espadaña, de hojas semicilíndricas;
centímetros; los otros lados esta anea se cubre con paja de centeno abier-
del trapecio permiten dar al ta por una de sus generatrices y teñida de co-
asiento una profundidad de
lores ó blanqueada, que va arrollándose en es-
38 centímetros, y se hallan piral sobre la anea; se va arrollando á los forma-
igualmente inclinados respec-
letes que forman un mismo ángulo, pasando una
to del plano axial de la silla, vuelta por cada uno y de abajo á arriba, forman-
que es completamente simé- do como un trenzado en sentido de las diagona-
trica con relación al mismo; les del asiento, hasta llegar á su centro, en que
en las sillas llamadas de sille- el ramal de cada lado pasa á enlazarse con los
ro se colocan, para enlazar los correspondientes de los inmediatos, continuando
pies, una serie de traveseros así hasta cerrar el asiento, que se rellena, entre
ilamados chambranas, que es-
las vueltas superior é inferior de la anea, con
tán destinados á dar seguri hojas de espadaña ó de la anea misma; termina-
dad á la armadura, impidiendo el asiento, se pone en el delantero, recubrien-
do su deformación. El asiento do la paja, una tabla delgada I que, muy fle-
se apoya en los traveseros ó xible, puede penetrar en las cajas que tiene pre-
chambranas superiores; tiene paradas en los pies delanteros, y que se afirma al
la forma curva hacia el exte- formalete más próximo con tres ó cuatro peque-
rior por sus cuatro lados, para
ñas puntas de París; antes de armar la silla se
aumentar la superficie, y no tiñen todos los palos que la han de formar, su-
es completamente horizontal, mergiéndolos en una tina con una disolución de
sino con inclinación hacia el palo Campeche ó del tinte que haya de sustituir-
respaldo, aunque apenas sen-
le, y después de terminada se barnizan.
sible, pues se ha demostrado
que son más cómodas las que
resultan algo más bajas por
esta parte, pero la diferencia
de altura no debe llegar á un
centímetro; de aquí resulta
que los pies posteriores tienen

el asiento hacia su mitad. El
respaldo le forma la mitad
superior de los pies posterio-
res, que se unen por dos ó
más traveseros horizontales rectos ó curvos ha-
cia el exterior, pudiendo llevar de tres á cinco
tabletas verticales que unan los traveseros, ó en
lugar de esto balaustrillos torneados. Con fre-
cuencia se colocan brazos á las sillas, pero en
este caso toman mayor importancia y cambian
de nombre, pues se llaman sillones (V. SILLÓN):
en ocasiones el asiento para el mismo ancho es
mucho más largo y constituye los sofás ó estra-
dos, marquesitas, dormilonas, etc. (V. SOFÁ). El
respaldo á veces se termina por una tabla, cons-
tituyendo la silla reclinatorio, la fumadora, et-
cétera. Hecha esta ligera reseña, vamos á ocu-
parnos, con la concisión posible, de la construc-
ción de las que pudiéramos llamar familias más
principales de sillas.

Sillas de paja 6 anea. - Constituyen la prin-
cipal fabricación de los silleros, que las constru
yen de formas algo dife-
rentes, pudiendo decirse
que la silla tipo se com-
pone de dos pies delan-

teros torneados A, A
(fig. 1), otros dos de
respaldo BB, BB tornea-
dos también, unidos los
primeros por una cham-
brana torneada Ch, y
aquéllos á los de respal-
do, así como éstos entre
sí, por seis chambranas

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Las llamadas sillas de Victoria, con asiento de paja fina, tienen los pies de respaldo de la forma curva A (fig. 3), y los traveseros son tablas de desigual anchura By C, curvas y unidas por balaustrillos; suelen ser de nogal, y dan una silla algo más fina que la antes descrita.

A

Fig. 3

B

Fig. 4

Las sillas de Viena (fig. 4) son de madera curvada y enteriza, es decir, que se buscan ramas largas de castaño de igual espesor en su tallo, que debe tener el grueso con que haya de quedar, y que se cortan verdes, dándolas la curvatura en máquinas especiales y dejándolas secar perfecta. mente sujetas y bajo la acción del vapor; una vez secas se cortan á las dimensiones que han de tener y se unen con espigas de madera las del respaldo y con tornillos de tuerca interior las del asiento, que es circular; la chambrana A también es un círculo perfectamente cerrado que se une con tornillos embutidos á los pies; el asiento suele ser de rejilla formada con cañas de centeno partidas y trenzadas en cuatro sentidos, formando cuadrados de lados dobles cruzados por otros de pajas sencillas; las pajas entran en taladros practicados en el aro del asiento. Otras veces éste se reduce á un tablero circular formado por dos tablas de chapa con las fibras de una en sentido normal á las de la otra, perfectamente encoladas, que se clavan al aro del asiento; generalmente llevan entonces dibujos calados hechos con taladros circulares. También los respaldos se cubren algunas veces con rejillas como las del asiento, ó con tablas de la misma clase y dibujos que éste.

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Sillas de tapicería. - Son las que ya el asiento, ó éste y el respaldo, están cubiertos de telas ó paño, y su construcción difiere esencialmente de las hasta aquí explicadas: pueden ser de sillero ó de tapicero.

Las sillas de sillero se llaman de tapicería cuando asiento y respaldo están vestidos, y cuando sólo el asiento se conocen con el nombre de media tapicería; son sillas económicas en que pocas veces se emplean maderas finas, pero se las imita con buenos tintes y barniz de puño ó de muñeca; tampoco se suelen usar las telas ricas, por más que algunas veces se empleen, destinándose á este uso, buenos percales é indianas, cretonas, y las más de las veces reps ó damascos de lana; la armadura de la silla y respaldo presentan formas curvas, haciéndose con maderas cortadas y unidas con cola á juntas planas ó con caja y espiga; pies abiertos para mayor seguridad y dar elegancia al mueble; no llevan asiento alguno; cuando están en blanco ó preparadas para forrarlas llevan una sola chambrana de listón en cada costado, pudiendo faltar la del frente. Para vestirlas se comienza por hacer el asiento, clavando con tachuelas, primero por el frente, después atirantando todo lo posible por la parte de atrás, y luego por los costados, una tela de jerga de sacos o de lona, vestida inferiormente de percalina lisa de color; después se coloca una capa de pelote bien mullido ó de crin vegetal, de unos 3 á 4 centímetros de espesor en el centro, disminuyendo hacia las orillas de modo que forme bombeo hacia arriba, y se sujeta clavando, en igual forma que antes se ha hecho, la llamada tela cruda, de poco cuerpo y resistencia escasa, de algodón de tejido claro, y después se clava del mismo modo la tela ó vestido exterior; si ha de forrarse el respaldo se procede en igual forma, empezando por clavar la parte recta o curva que está más cerca del asiento, atirantando después hacia el copete ó parte superior, y por último alternativamente a uno y otro costado; se termina después poniendo un agremán de lana, ó seda, llamado espiguilla, empleando para ello alfileres de cabeza dorada esféricos ó cónicos, ó bien los llamados clavos de tapicero, que son pequeños alfileres negros de cabeza muy pequeña en forma de gota de sebo.

Las sillas de tapicero son ya sillas de lujo y comodidad, en què entran las maderas finas y las ricas telas de seda, como damascos, rasos fuertes, brocateles, terciopelos (el llamado de Utrech es el más á propósito), tapices y paños. La silla se hace con gran solidez para que no necesite chambranas, que quitan valor al mueble, cuya parte vista lleva con frecuencia ricos tallados; son de tapicería completa; el asiento se forma primero con lona vestida de seda de poco valor por la parte inferior; después se fijan con gran fuerza las barras de resistencia, que son tiras estrechas de lona en tres ó cuatro dobleces, bien aseguradas á la caja que ha formado la primera tela con los barrotes que limitan el asiento, y que tienen regular altura, y hecho esto se colocan tres, cuatro, cinco ó siete muelles de alambre en espiral, de modo que cada uno forma un cuerpo de revolución ancho arriba y abajo y estrecho en el medio, cosiéndolos por la espira inferior con bramante de cáñamo á las tiras de resistencia, de modo que formen un triángulo equilátero si son tres, un cuadrado si cuatro, éste con un mue. lle central si hay cinco, y si hay siete un hexágono con muelle central; después se clavan fuertes cordeles por la parte interior de las maderas del asiento, los que con gran fuerza se van cosiendo á las cabezas de los muelles, haciéndoles bajar todo lo posible hasta clavarse de nuevo los cordeles en las barras opuestas; este cosido tiene por objeto unir los muelles de modo que no se separen ni se inclinen; se rellenan ligeramente con pelote los espacios comprendidos en la caja que ocupan los muelles y se cubre todo con una lona bien atirantada; encima de ésta se coloca una espesa capa de pelote bien mullido y más gruesa en el centro que en las orillas, cubriendola con la tela cruda; encima se van cubriendo con pequeñas vedijas de pelote las desigualdades que se observan en la forma general redondeada del asiento, poniendo la tela en blanco, tela de algodón bastante tupida, que se atiranta bien; por último el vestido de tela exterior y el agremán, y á veces en lugar de éste un fleco todo alrededor del asiento. En cuanto al respaldo, si no va vestida más que la cara exterior dejando la madera al descubierto, como se usa en los sa

lones, se hace el respaldo como dijimos le llevan las sillas de sillero, sin más diferencia que los mejores materiales; si ha de llevar botones se cuida antes de atirantar la tela, hacer los cosidos y dobleces poniendo en el encuentro el botón formado con una hormilla de madera · estida de la misma tela que lleva la silla, cuyo botón se cose con bramante de cáñamo, rellenando los espacios entre botón y botón con estopa para hacer el almohadillado. Si el respaldo va vestido por completo, después de clavar la tela de frente à la parte posterior de aquél se cubre, bien con la misma tela, bien con otra lisa, cubriendo las tachuelas con la espiguilla en la forma que hemos indicado. A esta clase de muebles corresponden las banquetas para piano, en que va montado el asiento sobre un eje de tornillo para que pueda elevarse, y que no tienen respaldo.

También es digno de hacerse notar aquí otro mueble ó silla que construyen los tapiceros, llamado puf, bastante moderno, que se coloca en el centro de un salón debajo de la araña si la hay, y que consiste en un asiento á modo de diván, circular ú ovalado, con respaldo de forma cónica y revestido todo él con terciopelo ú otras telas de lujo, y con buenos muelles y relleno en el asiento, que es de poca altura; es mueble más propio para casinos, salas de espera para consultas particulares, comercios y dondequiera que hayan de reunirse varias personas desconocidas y sea forzoso aprovechar el terreno; también se colocan en los vestíbulos de las estaciones unas especies de puf cuya forma es la misma, pero de madera barnizada y sin vestir: en la estación del ferrocarril del Norte de Madrid hay uno rodeando una columna, cuyo asiento es de listones y de forma poligonal; muchas veces el puf no tiene respaldo y se asemeja á una banqueta, pero de mayores dimensiones. El puf termina de ordinario en su parte superior, á metro y medio sobre el suelo, en un plano, sobre el que se suelen colocar macetas, ó un jarrón, una estatua ó una lámpara, según sea la decoración y el objeto de la habitación en que se encuentra.

Al tapicero corresponden también las sillas de tijera formadas por dos bastidores que se cruzan hacia su mitad o un poco más arriba, uniéndose por un balaustre que los cruza y sirve de eje de giro de los bastidores, los que van unidos por el asiento de tela fuerte ó alfombra, consistente en una tira con orillas que se clavan á los traveseros de los bastidores; también hay sillas de tijera de rejilla, en que el asiento es un bastidor con la rejilla que gira alrededor de uno de los traveseros, y tienen en el otro lado unas muescas los largueros, para que en ellos ajusten las cabezas de los bastidores de la tijera.

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Sillas de ebanistería. Muy poco tenemos que decir de ellas, sino que son de asiento de madera, que llevan grandes tallados, etc.; son más bien sillas de coro, muebles de iglesia. Hoy se hacen para despacho sillas imitando las antiguas, que son de nogal ó roble, de respaldo corto y recto, y que tanto éste como el asiento van vestidos con cueros labrados por presión y suje tos con clavos historiados de cabeza dorada, plateada ó niquelada, por más que los niquelados hacen perder su aspecto antiguo al mueble. Las sillas escaleras de biblioteca son sillas de roble ó nogal, cuyo asiento lleva en su respaldo, en que se halla partida, un eje formado por bisagras; la armadura de la silla la forman dos prismas triangulares, que al girar aquélla sobre su asiento y volverla para que el extremo del respaldo se apoye sobre el suelo presenta la forma de una escalera, que permite alcanzar las tablas superiores de los estantes; es un mueble muy cómodo para uso de los despachos.

Sillas de blanco ó de carpintero. V. TABURETE. Sillas de hierro. - Se emplean en los jardines y en los paseos públicos sillas de hierro, que generalmente están armadas con canutillo de hierro, formando la armadura de pies y respaldo, y éste y el asiento son, bien de hierros planos, bien de tejido de red de alambre, bien de rejilla formada por platinas, ó bien, y es mejor, el asiento le forman una serie de palastros que, partiendo de los límites del asiento, que es circular, se vuelven en arco hacia el centro, en que se reunen en un botón soldado, formando los radios de la circunferencia, pero que, bastante mayores que aquéllos, forman una superficie curva convexa y flexible, produciendo un sistema de muelles sumamente cómodo. Pueden las sillas recogerse y resultan de fácil transporte, y

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de esta clase son las que se usan en los paseos públicos generalmente, siendo fácil acomodar los brazos, de hierro también y giratorios.

Sillas de mimbres. - Muy usadas en Portugal, se importaron primero á Extremadura y después al resto de España, y están formadas por un tejido de mimbres que, encerrado en una especie de salchichones, las dan fuerza; tienen la forma de butacas, y parece que en nuestro país han conservado el nombre portugués de cadeiras que las sillas tienen en aquél; si se visten de terciopelo con rellenos de estopa los salchichones de brazos y respaldo y se les pone un almohadón resultan muy cómodas, y se hacen elegantes pintándolas con metal líquido ó purpurina.

-SILLA DE MANOS: Arqueol. Juzgando en general los muebles inventados para el transporte de las personas por dos ó más servidores, re

sulta que el palanquín es el medio de transporte de los orientales, la litera el de los romanos y de los nobles europeos de la Edad Media y del Renacimiento, y la silla de manos el empleado en los siglos XVII y XVIII. Pero si hemos de dar á estas distintas voces ó términos aplicación exacta, esto es, que palanquín ha de ser sinónimo de andas, litera de camilla ó cama portátil, y silla de manos la caja de coche con

Silla de manos egipcia asiento y cristales, resulta

rá que ésta es de uso antiquísimo y universal. Veamos la variedad que de ellas pueden registrarse.

Las pinturas egipcias, tan detalladas siempre, nos autorizan para asegurar que los faraones empleaban sillas de manos, pues no son otra cosa más que cajas de vehículos sin techo, con un sillón que ocupa la persona real y un abanico sujeto á una caña encorvada que parte del respaldo, y con sus dos varas laterales y bajas para el transporte. Como todos los muebles egipcios, estas sillas de manos están profusamente decoradas con emblemas y adornos pintados.

En Asia no encontramos representada silla de manos ni palanquín en los antiguos monumentos, pero encontramos hoy en el Japón dos clases de palanquines: el norimon ó norimono (literalmente máquina de transporte) y el cango. Este no es más que un cesto abierto por los lados, en el cual hay que sentarse sobre los talones, á la manera japonesa, y que va suspendido de un bambú que los portadores (los cuales son dos y se colocan uno delante y otro detrás) apoyan sobre sus hombros; lo usa la gente modesta y para viajar suele usarlo hasta la gente adinerada, por lo poco que pesa. El norimon es más bien una silla de manos, cuya caja, como la de un coche, es de madera y está laqueada y decorada; su asiento, que permite ir recostado, está tapizado de terciopelo; tiene dos ventanillas laterales que pueden cerrarse con cortinillas, y delante del asiento una tablilla con recado de escribir. Este vehículo va suspendido de un balancín de madera arqueado, que llevan al hombro los portadores. Estos, en los norimonos un poco importantes, son cuatro, y suelen emplear

se más.

En China los negociantes, enemigos de la locomoción, se hacen transportar de un punto á otro de las ciudades en sillas de manos de un tipo harto sencillo, pues consiste en una silla de bambú con brazos, quitasol sujeto al respaldo, tabla para apoyar los pies y dos largos bambúes horizontales y paralelos que permiten el transporte à hombros de dos criados. El doli, palanquín de que usan las mujeres ricas en la India, es una litera, pues permite á la persona ir echada. Ya se comprende que todos estos tipos y varie dades del palanquín oriental no son invenciones modernas, y por lo tanto su origen debe esconderse en los tiempos remotos de las grandes civilizaciones asiáticas.

El palanquín de Oriente fué introducido en Grecia y en Italia, donde encontramos la lectica de los romanos, que propiamente es un lecho transportable con su caja de madera, techo sobre cuatro columnillas como en las camas colgadas, cortinas que podían correrse ó descorrerse, que según Suetonio y Séneca permitían ocultarse á

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