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y

El silbón no anida sino en las cavidades. Bo- En varias islas de la costa de Schleswig se dinus dice acerca de esta costumbre: «Cuando el construyen para estas aves viviendas artificiales, viajero recorre las costa no le sorprende poco practicando en los médanos cubiertos de hierba ver á más de media milla del mar á esta hermosa corta unas galerías que se cruzan en el centro ave con su hembra, y también varias parejas re- donde anidan. En cada espacio destinado para unidas en alguna colina descubierta ó en un claro un nido se adapta una cubierta de césped que se del bosque, las cuales desaparecen súbitamente. puede cerrar exactamente y levantarse cuando Al acercarse se ve que el silbón ha bajado á tie- se quiere examinar el nido: este espacio está curra, no, como pudiera creerse, para visitar una bierto de musgo y estiércol á fin de que los silmadriguera de zorro, de tejón ó de conejo, á fin bones puedan encontrar todos los materiales nede fijarse en ella si la encuentra abandonada, cesarios. Las aves suelen tomar posesión de estas sino para formar su nido al lado de estos cua- guaridas, por muy próximas que se hallen á las drúpedos. Observadores concienzudos dignos de viviendas humanas, y de tal modo se acostumfe han reconocido varias veces que el zorro y el bran al hombre que aunque cubran toleran su silbón habitan la misma madriguera, y que ja presencia. Si á la hembra no se la inquieta pone más fué acometido este último por el carnicero. de siete á 12 huevos voluminosos, blancos, lisos Según mis observaciones el hecho no parece tan de cáscara sólida, que cubre con afán; si se le exacto, pues he visto cerca de una madriguera van quitando unos después de otros puede poner de aquel cuadrupedo alas y plumas del ave, lo hasta 20 ó 30, como sucede en Sylt. Poco a poco cual no prueba, sin embargo, que el zorro fuese los rodea de plumón, cubriéndolos cuidadosael matador; era en un bosque habitado por nu mente cuando se levanta, y muestra tanto cariño merosos milanos, y pudo muy bien suceder que á su cría que no la deja sino en el momento en uno de ellos arrojase allí los restos de la palmí que la van á coger. Estos silbones se domestican peda. Pero, ¿por qué el zorro, que no respeta de tal modo que no se mueven cuando se levanta casi á ningún animal más débil que él, hará con precaución la cubierta del nido, y si se les toca una excepción en favor del silbón? Yo creo que no se alejan sino algunos pasos. Antes de visitarla esto se debe atribuir al gran valor que desplie.madriguera debe cerrarse la abertura para que ni ga el ave logrando imponerse á su enemigo. Este valor no es sólo propio de los adultos, sino también de los pequeños; yo he visto individuos de algunos días que enseñaban el pico á las aves mayores, á los perritos y á los conejos; en vez de volar deteníanse intrépidamente, tendían el cuello, miraban á su enemigo con ojos de cólera, y sólo retrocedían para evitar el golpe que se les dirigiera. Entre los silbones adultos que viven apareados el macho es principalmente el que se encarga de sostener la lucha: se pone en posición, lauza un silbido particular y acomete con intrepidez al que hace ademán de molestarle. Una vez puesto en fuga su enemigo vuelve á donde está su hembra, la cual comparte á menudo sus peligros y le auxilia con valor, aunque para el ataque no sea tan rápida. Al reunirse las dos aves se inclinan diferentes veces una delante de la otra, lanzan gritos y parecen felicitarse mutuamente por el éxito alcanzado.»

Esta ave se reproduce rara vez en España. En Alemania, véase lo que dice Brehm: «El guardabosque Groemblein ha observado la manera de reproducirse los silbones, comunicando á Naumann lo que pudo averiguar en este punto. A principios de mayo se hallaba ocupado en el bosque á cierta distancia de la costa, cuando vió una pareja que dió algunas vueltas alrededor de él y de sus trabajadores, acabando por posarse sobre un montecillo encima de las arenas. El macho se puso de centinela mientras la hembra se dirigía hacia una excavación de aquél, bajó á ella y estuvo allí como un cuarto de hora. Al reaparecer reunióse con ella el macho, y después de haber cacareado algún tiempo emprendieron el vuelo para posarse sucesivamente en diferen tes puntos, con la intención manifiesta de despistar al observador. El guarda corrió al montecillo, donde halló una madriguera de zorro, y observó en la entrada pisadas frescas y excrementos tanto del ave como del cuadrúpedo. Al cabo de algunos días se reconoció que la hembra no había penetrado en la madriguera sino para engañar á las personas de los alrededores, y que se hallaba domiciliada en otra más vasta, donde el invierno anterior se había cogido un tejón, si bien la habitaba entonces otro de estos animales y una zorra. Vióse que el tejón salía de su madriguera y entraba con regularidad sin cuidarse de sus cohabitantes; las pistas de todos eran recientes, y fué posible seguirlas hasta una profundidad de 2 metros. En las galerías por las que tenía costumbre de pasar la zorra se veían las anchas huellas de los silbones y otras más delicadas del cuadrúpedo. Puesto al acecho el observador detrás de un montón de arena, no pas mucho tiempo sin ver llegar á las aves, que después de posarse en su antiguo sitio volaron hacia su verdadero domicilio rasando la tierra; situá ronse sobre la madriguera mirando de un lado á otro; y como creyesen no ser observadas, comenzaron á recorrer las diversas galerías. Por últi mo desaparecieron en la que servía de paso á la zorra, permaneciendo en ella como media hora; una de las aves salió á poco, subió con ligereza al montecillo, en cuya base arrancaba la galería, miró por todas partes y voló hacia las prade

ras. »

se atropellen ni se asusten; las que habitan una
galería corta cerrada por detrás dejan coger fa-
cilmente sus huevos, pero en caso contrario los
defienden á picotazos, bufan como un gato fu-
rioso y lanzan gritos penetrantes, más bien de
rabia que de temor. Algunas veces hay necesidad
de ahuyentarlas á palos cuando están sobre sus
huevos, pues muerden los dedos infiriendo heri-

das bastante dolorosas.

La incubación dura veintiséis días, y en cuan-
to salen los hijuelos los conduce la madre hacia
el mar ó al estanque de agua dulce más próximo.
Naumann asegura que en los parajes donde el
silbón anida en agujeros á gran altura del suelo
coge la hembra á sus pequeños con el pico y los
va dejando en el suelo uno tras otro. Bodinus,
fundándose en sus observaciones personales, le
contradice, expresándose en los siguientes térmi-
nos: «Los silbones anidan en la excavacion de
una costa brava, escarpada é inaccesible, y yo
me apoderé de los pequeños rodeando con una
zanja bastante profunda el sitio donde debían
caer al abandonar su nido; las paredes eran de
masiado verticales para que pudieran escalarlas,
y por lo tanto, si los padres trasladasen á sus
hijuelos fuera de las cavidades donde nacen,
nunca hubiera podido cogerlos por este sistema. »

Los silbones pequeños son fáciles de domesti-
car si se les tiene con bastante agua. Cuando se
hallan en un estanque grande buscan su alimen-
to sin que sea necesario darles nada, pero bien
pronto no les bastan los insectos que cogen y es
preciso propinarles entonces lentejas de agua,
hortaliza picada, pan, pedacitos de carne y peces,
La harina de avena, según Bodinus, les deja cie
gos. El alimento animal en gran cantidad les
favorece bastante. En cautividad es muy raro
que se reproduzcan, pero se domestican bien y
no pierden su bonito plumaje. En los jardines
zoológicos se aparean y anidan, pero á del
pesar
cuidado que con ellos se tiene no ponen.
Para los habitantes de Sylt y demás islas del
Mar del Norte el silbón es de gran importancia.
Los huevos que se recogen en los nidos son apre-
ciados, aunque su sabor no agrade á todo el mun-
do, y el plumón que se encuentra en aquéllos
cuando la hembra acaba de cubrir constituye
una buena plumazón siempre limpia. La carne
de los silbones adultos tiene un olor desagrada-
ble y un sabor rancio ó aceitoso, por lo cual los
habitantes de aquellos países no les dan caza y
los protegen cuanto pueden.

SILBOSO, SA: adj. Que silba ó forma el rui
do de silbido.

Salamá, dep. de Olancho, Honduras; 500 ha-
SILCA: Geog. Pueblo y municip. del dist. de

bitantes.

SILCHAR: Geog. C. cap. del dist. de Kachar, Asara, India, sit en la orilla izq. del Barak, afl. izq. del Megna; 6 000 habits.

SILDUT: Geog. V. SKELLEFTEA-ELF.

SILE: Geog. Río del Veneto, Italia. Nace al O.S.O. de Treviso, recibe el Bottenigo ó Cagnano, baña á Treviso, dirígese al S. E., recibe por la izq. el Melma y el Musestre, y por la dra, el Serva; recoge luego por la izq. un brazo del

Piave Vecchia, otra derivación del Piave, y des. emboca por varios brazos en la laguna sit. al N.N.E. de Venecia, al E. de la desembocadura del Zero unido al Dese, después de un curso de 85 kms.

SILECTE Ó SYLLECTE: Geog. ant. C. de Afri ca, sit. en la costa N. de la Pequeña Sirte. No están de acuerdo los autores acerca de su verdadera situación.

SILENCIARIO, RIA (del lat. silentiarius): adj. Que guarda y observa continuo silencio.

porque al solo y SILENCIARIO habla Su Majestad. MARÍA DE JESÚS DE AGREDA.

- SILENCIARIO: m. Ministro destinado para cuidar del silencio ó la quietud de la casa ó del templo.

SILENCIERO, RA: adj. Que cuida de que se observe silencio. U. t. c. s.

SILENCIO (del lat. silentium): m. Abstención de hablar.

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- SILENCIO: fig. Efecto de no hablar por escrito.

Escribeme cuanto antes, porque tan largo SILENCIO me tiene con cuidado,

Diccionario de la Academia.

- PERPETUO SILENCIO: For. Fórmula con que se prohibe al actor que vuelva á deducir la acción, ó á instar sobre ella.

- ENTREGAR una cosa AL SILENCIO: fr. fig. Olvidarla, callarla, no hacer más mención de ella.

- IMPONER SILENCIO: fr. Tratándose de personas, hacerlas callar.

- IMPONER SILENCIO: fig. Tratándose de pasiones, reprimirlas.

- PASAR EN SILENCIO una cosa: fr. Omitirla, callarla, no hacer mención de ella hablando ó escribiendo.

Todo esto y los nombres destos reyes tales cuales ellos se sean, ni se debían pasar en SILENCIO como quien rodea algún foso ó pantano que no se atreve á pasar.., ni tampoco era justo aprobar lo que siempre hemos puesto en cuento de hablillas y consejas.

MARIANA.

...: esta reflexión no permite á la Sociedad pasar en SILENCIO otra desigualdad notable. JOVELLANOS.

- SILENCIO: Fil. El silencio es á su modo sig. no y expresión de un estado interior, estado de pensamiento y vida, que requiere perspicacia hábil para ser interpretado. La elocuencia del silencio no es una frase paradójica. Algunas veces, dice Montesquieu, es el silencio más elocuente, que todos los discursos. Lo más importante, afirma A. Karr, de la conversación suele ser el silencio. El silencio pitagórico, que prepa ra á una vida de claboración interior del pensamiento (V. PITAGORISMO), es obra más fecunda que los juegos malabares de tantas y tantas energías gastadas en discursos, que son un mar de palabras y un desierto de ideas. Tiene el silencio, cuando el pensamiento se refleja sobre sí mismo, un cierto sentido religioso. El que calla oye las voces que armónicamente hablan en su interior. Apaciguados los sentidos, extinguida momentáneamente la comunicación con el exte

rior, un murmullo penetrante y suave y una vista paradójicamente confusa y á la vez pers picaz, ponen en relación con el misterio de lo infinito. Pero hay silencios de silencios. Sin recurrir á estados que rayan en lo anormal, el de monio de Sócrates, los soliloquios de San Agustín, el éxtasis de todos los místicos, las voces interiores de V. Hugo y otras tantas manifestaciones, que son el eco de la antigua divinización del silencio, primero en el mito egipcio y después en el precepto clásico Sustine et Abstine, en cuanto acusa un estado de contracción y una especie de freno impuesto por la racionalidad á exaltaciones afectivas, puede el silencio llegar á ser una palabra interior, una conversación consigo mismo, ó cópula mental, que convierta al hombre de siervo de sus pasiones en dueño de sí. Pega, pero escucha,» decía el griego cuando veía exaltado á su adversario como medio para hacerle entrar en razón. «Son mudos los gran. des dolores» y á veces, como dice Musset, «guar: da silencio la boca para hablar al corazón.»> Si Platón llama al pensamiento «un diálogo interior y silencioso del alma consigo misma» (en el Sofista y el Tietetes), Mausdley considera requisito indispensable de una meditación honda y fructifera escuchar la silenciosa y armónica marcha de las esferas.>

Sin tocar en los linderos de lo indiscernible de Spencer, ni ahondar el clavo histérico de las crisis de nuestra constitución orgánica, como la aurora que anuncia la aparición del amor ó meditación del genio de la especie, según dice Schopenhauer, basta para excitar en nuestro interior un silencio fecundo la observación exterior que conduce à la concentración ó el Lege et labora de la sabiduría clásica. En efecto, cuando leemos y meditamos, traduciendo en palabras lo escrito ó haciendo redivivo un pensamiento ya muerto, surge la palabra interior, silenciosa y secreta, que oímos nosotros solos. Lo mismo acontece cuando la mano escribe (obedeciendo) lo el pensamiento dicta. En la conversación,

que

jarse del juicio nada favorable que sugiere á los demás cuando dicen de él que habla y habla sin saber lo que se dice. Si falta la tolerancia y no abunda la piedad en los que sufren al hablador sempiterno, que, efecto de la charla, se contradice á cada paso, y como el fiero sicambro «quema hoy lo que ayer adoró, para adorar mañana lo que antes quemara,» fácil es que aquéllos le clasifiquen entre los maniáticos que pululan en el reino de las sombras, en la insania y en la locura. Anula el charlatán su propio pensamiento plagándose de contradicciones, y degrada la palabra abusando de ella. Obliga á los demas le oigan como quien oye llover. A la inversa, el que y medita para aprender á hablar y para saber hablar á tiempo, tiene siempre el pensamiento despierto y usa de la palabra (sin caer en el abuso) como lo que es, como servidora y heraldo del pensamiento, en vez del papel usurpado que toma á veces con la charla, sustituyendo al pensamiento mismo ó disimulando la vacuidad del fondo con lo aparatoso de

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que

la forma.

calla

SILENCIOSAMENTE: adv, m. Con silencio, se

cretamente.

...

SILENCIOSAMENTE formó tres escuadrones de infantería, y con número grande de escalas á media noche los envió la vuelta de las murallas. VAREN DE Soro. Desdobláronse SILENCIOSAMENTE las servi lletas, nuevas á la verdad, etc.

LARRA. SILENCIOSO, SA (del lat, silentiōsus): adj. Que calla mucho ó tiene hábito de allar.

- SILENCIOSO: Aplícase al lugar ó sitio donde se guarda silencio ó hay quietud.

SILENE (de Sileno, n. pr.): f. Bot. Género de plantas (Silene) perteneciente á la familia de las Cariofíleas, tribu de las sileneas, cuyas especies habitan en casi todos los países templados, siendo muy abundantes en la región mediterránea, y son plantas herbáceas, anuales ó más generalmente perennes, rara vez sufruticosas, con las hojas caulinares opnestas ó alguna vez verticiladas, y las inflorescencias dispuestas en cimas dicótomas ó alguna vez racemiformes, unilatera

hablar por hablar, pasar el tiempo, se inventa poco y se repite lo que ya se ha dicho, aprendido ó pensado. Generalmente las palabras dan al vulgo pensamientos hechos y al sabio ocasión para pensar. Tomando el pensamiento como cris talización definitiva en las palabras que lo expresan, se cac en el vicio del Psitacismo, repiles, rara vez reducidas á una flor solitaria; cáliz tiendo frases hechas consagradas por el uso, porque carecen de sentido ó aquel que se les da no es el propio. Se olvida en tal caso que el pensamiento y aun la palabra, como todo lo vivo, son compuestos inestables, que si se condensan o fijan de modo inalterable (dogmático) degeneran en detritus ó productos ya elaborados y muertos. Por el contrario, la palabra interior es el lenguaje del pensamiento activo, personal, que in. daga y se enriquece mediante trabajo propio. Es la exacta medida de la energía y vivacidad del pensamiento. Si la sabiduría popular ha dicho: el que mucho habla mucho yerra,» es porque ha presentido que mientras la palabra es un pensamiento que se manifiesta (sujeto siempre á error, más sujeto cuanto menos se revisa), el pensamiento es una palabra interior y viva. Para revisar el pensamiento, para saber lo que decimos, conviene meditar; pues, como dice La Rochefau. cauld, el silencio es el partido más seguro para

l que desconfía de sí mismo. » Si de la palabra ha podido decirse irónicamente que es el don de que se vale el hombre para ocultar su pensamiento ó para disimular la verdad, el silencio ó palabra interior, la reflexión, la voz de la conciencia es la expresión verídica de lo que existe en nuestro interior más sincero y más íntimo. Pero el silencio que medita no es el egoísmo intelectual, ni el que calla para reflexionar sobre lo que oye debe hacerlo por sistema, como si se propusiera, según dice el humorista, vivir sólo para sí y únicamente dentro de su propia piel. En tal caso se caería en vicio bien grave, el de negar la sociabilidad humana. Se debe aprender callar para saber hablar á tiempo. Por donde parece autorizado afirmar que el silencio ha de ser preparación fecunda para hablar. El que nunca calla, el que siempre está hablando, no sólo carece de tiempo, sino que huye la ocasión de cultivar aquel sexto sentido que consiste en hacerse cargo de las cosas. Con su charla sempi terna hace que el dinamismo vivo, que constituye la hermosa trama del pensamiento y de la palabra, se convierta en el mecanismo rutinario de un órgano destemplado. No le es lícito que

entero;

sin calículo, cilindráceo, mazudo, casi acampanado, oblongo ú ovoideo, cilíndrico ó anguloso, con cinco dientes en su borde ó quinquéfido, siempre persistente; corola de cinco pétalos, que faltan en alguna especie por aborto, insertos en los estambres, y pistilo sobre un entrenudo muy corto, que es acrescente en algunas especies; estos pétalos tienen las uñas lineales y el limbo generalmente escotado ó bífido, rara v las uñas lineales y á veces en la garganta apéndices rudimentarios; 10 estambres insertos con los pétalos, rara vez alternos con ellos y reducidos alguna vez á cinco, con los filamentos filiformes y las anteras longitudinalmente dehiscentes y biloculares; pistilo formado por tres carpelos abiertos y soldados en ovario unilocular ó algo trilocular en la base, con óvulos numerosos, anfitropos, insertos sobre funículos libres que se sueldan algo en la base formando una

columnita central; tres estilos filiformes, con la cara interior estigmatosa. El fruto es una cápsula membranacea, crustácea ó papirácea, oblonga, aovada ó casi globosa, que se abre en tres valvas bidentadas en el ápice; semillas numerosas, arriñonadas, globulosas ó lenticulares, lisas, rugosas ó granuladas y aun equinadas; embrión anular ó semicircular, con los cotiledones incumbentes y albumen feculento.

SILENIA (de Sileno, n. pr.): f. Zool. Género de moluscos de la clase de los lamelibranquios, orden de los dibranquies, familia de los lisónidos. Este género se reconoce por ofrecer los caracteres siguientes: orificios sifonales rodeados de papilas alargadas cónicas; sifones poco prominentes al exterior; pie pequeño, delgado, sin ranura para el biso: palpos labiales bien desarrollados; la concha delgada, ovalada, equilátera, estriada concéntricamente, granulosa, nacarada interiormente; el borde cardinal sin ninguna señal de dientes; sin cartílago interno y con el ligamento externo marginal.

Este género tiene por tipo la Silenia Sarsi E. Smith., que se encuentra en las costas de Australia y de la América meridional.

SILENO: In. Zool. Género de insectos del or

den de los coleópteros, familia de los eucnémi. dos, tribu de los encneminos. Los caracteres principales que distinguen este género son los siguientes: último artejo de los palpos securiforme; la cabeza ligera y regularmente convexa; el epistoma muy estrechado en su base, deprimido por delante; ojos medianos y ovalados; las antenas cortas, filiformes, con el primer artejo muy largo y gradualmente abultado, el segundo muy corto, el tercero largo y cónico, los restantes casi iguales; el protórax transversal, regularmente convexo, redondeado por delante; sus ángulos posteriores cortos y un poco divergentes; el escudo largo; los élitros oblongos, poco a poco esterminados por una punta corta; las patas cortas, medianamente robustas; los cuatro tarsos posteriores delgados y comprimidos; sus cuatro primeros artejos decreciendo gradualmente y ciliados en su vértice por debajo; las uñas pequeñas, delgadas y poco arqucadas; el prosternón truncado por delante, con un surco bien marcado á lo largo de su bor. de anterior; el cuerpo oblongo y medianamente

trechados hacia su base

convexo.

á

Los primeros estados de estos insectos han sido estudiados con algún cuidado. La larva es alargada, lineal y bruscamente ensanchada en su parte anterior, con la cabeza pequeña, casi córnea y como si estuviera encajada en el primer segmento torácico, que está escotado para recibirla convenientemente. En su parte anterior la cabeza está provista de un epistoma trapeciforme delante del cual se encuentra el labro. Los demás órganos bucales no consisten más que en un par de mandíbulas cortas, robustas, arqueadas, bífidas en su extremidad, y una placa córnea ancha y un poco retráctil que parece representar las maxilas. Esta placa, cuyo borde anterior está dividido en cinco lóbulos muy cortos y desiguales, está precedida de una pequeña lengueta se mimembranosa, trifida por delante y desprovista de palpos Los ojos faltan por completo. Las an

tenas son muy cortas y compuestas de tres artejos. El protórax es muy ancho, deprimido, y presenta por delante, tanto por encima como por debajo, dos trazos transversales de color rosa, de los cuales sale otro igual dirigido hacia atrás. Los dos segmentos torácicos siguientes son translos segmentos abdominales, en número de nueve, versales; no hay ninguna señal de patas. Todos

son del mismo diámetro. Estas larvas viven en las maderas de los castaños, olmos y otros árboles, en los que cruzan sus galerías anchas é irregulares.

Las especies de este género viven en la América del Norte, en Argelia y en España. La que habita en este último país es el Silenus Zanzii.

- SILENO: Mit. Sátiro de edad avanzada, según Pausanias. Los silenos formaban el cortejo de Baco y eran de la misma familia que los sátiros, pero de distinto origen y carácter demoníaco, pues mientras los sátiros procedían de las montañas de la Grecia propia los silenos pertenecían á las tradiciones religiosas del Asia Menor, especialmente de la Frigia. Las leyendas griegas más antiguas referentes á los silenos se localizaron en Celanea, y Herodoto las encontró en Macedonia, porque los macedonios eran de la

misma raza que los frigios. Los silenos asiáticos

eran genios masculinos de los manantiales y de los ríos, y por eso Jenofonte les hace hijos de las Nayades, y el autor del himno homérico á Afrodita dice que se unieron amorosamente con las Ninfas del monte Ida, las cuales simbolizan los manantiales que brotaban en aquel paraje. Cierta tradición frigia nos pinta cómo el rey Midas se apoderó de Sileno mezclando vino con el agua en que se refrescaba. Este enpleo de la palabra Sileno, en singular, casi no se hace más que para designar á Marsias, héroe y víctima de la conocida fábula que simbolizaba la superioridad de la música griega sobre la música asiática (V. MARSIAS), que personificaba Sileno. Este es el genio musical de las aguas que debía á su naturaleza fluvial un carácter de sabiduría sobrehumana y de inspiración profética, porque para los antiguos los manantiales eran emanaciones de la tierra, cuyo seno encerraba la ciencia de lo porvenir, y las divinidades que tenían contacto con el agua tenían un carácter inspirado y fatídico. Sileno, encadenado por el rey Midas, dejó escapar de sus labios oráculos de misteriosa sabiduría, con los que le reveló el secreto de la

vida humana. La filosofía de los pensamientos de Sileno es triste; domina en ella la nota de la desesperación. Como el Segismundo de La vida es sueño encuentra Sileno que «la desdicha mayor del hombre es haber nacido,» y que la dicha mayor es «una vez nacido morir lo más pronto posible, según dice Aristóteles y transcribe Plutarco. Por todo esto se ve que el Sileno profético del Asia difiere de los sátiros griegos, siempre tan regocijados y locos, que aman la vida y gozan sin tasa de los placeres. Al carácter inspirado y adivinatorio de Sileno responde el animal simbólico que generalmente le acompaña, el asno, que si en Grecia, y más tarde en

Sileno

Occidente, es un animal ridículo, en Asia, por el contrario, es un animal estimable de andadura viva y de aire despierto, al cual atribuían carácter sagrado, y cuyas relaciones con la inspiración profética, dice Decharme, parecen atestiguadas en Grecia misma con el sacrificio que allí se hacía de este animal à Apolo Hiperbóreo.

Al pasar Sileno con el cortejo de Baco á Grecia perdió su carácter grave é inspirado, de lo cual sólo quedó un recuerdo, y poco a poco se á convirtió en un personaje ridículo y grotesco. Tal es el carácter que mejor conviene á los silenos; pero no el del Sileno que cuando los poetas y los artistas quisieron representar en serio le hicieron preceptor, fiel amigo y compañero de Baco, y le dieron figura de viejo con expresión grave y paternal. A éste, como á los demás sátiros, les da la tradición por padre à Mercurio, aunque algunos figuraron como hijos de Pan y de una Ninfa ó de Gaea. Creíase que, como Diomisos (Baco), Sileno había nacido en Nisa. Con Baco tomó parte en la lucha con los gigantes y mató á Encelado. Este Sileno occidental, participa con los demás personajes del cortejo báquico del amor al sueño, al vino y á la Música. Todo esto significa, como dice muy bien Collignón, que los silenos perdieron su carácter primitivo, alteróse su dignidad, y poco a poco se confundieron con los sátiros.

á

El arte helénico, fuera de cuando representó á Marsias, reprodujo el tipo del Si'eno grotesco, viejo, obeso, ventrudo, con los miembros cubier

|

tos de vello, algunas veces con cola de caballo y
llevando generalmente por atributo un odre lle-
no de vino. El Sileno ebrio, precioso bronce de
Pompeya que se conserva en el Museo de Nápo-
les, y que debió servir de soporte à una lucerna,
se ajusta en un todo á esos caracteres. Cuando
figura en el cortejo de Baco suele llevar Sileno
una piel de cabra que le da un aspecto más de
animal que de hombre. Así salía vestido en el
teatro el actor encargado del papel de Sileno-
Pappos (sobrenombre que viene de la voz frigia
pappas, padre, maestro). Entre las representa-
ciones plásticas abundan las del tipo cómico del
Sileno-Pappos, y entre ellas se distingue por su
mérito una marmorea descubierta en el Teatro
de Dionisos en Atenas. Unas veces aparece echa-
do, sentado ó recostado sobre su odre; otras veces
camina con el paso vacilante del ebrio entre los
demás acompañantes de Baco, y á veces le presta
apoyo un fauno, como en el relieve que decora
un ara procedente de Italia, que posce nuestro
Museo Arqueológico Nacional. Con mucha fre-
cuencia se le ve montado en un asno.

Los artistas ennoblecieron este tipo vulgar
cuando representaron á Sileno como preceptor
de Baco. Entonces es un hombre de edad madura,
robusto, que lleva en sus brazos al dios niño y
expresa la solicitud paternal. Tales son las es-
tatuas del Louvre y de Munich y la tan conocida
del Vaticano; tal es también el Sileno tendido
sobre una peña, cuya postura y aspecto son los
de las figuras de los ríos, que con el Baco niño y
las Ninfas aparece en un bajo relieve de mármol,
también procedente de Italia, que guarda el
Museo Arqueológico Nacional.

SILENSE (EL): Biog. Historiador español. Véase SILOS (EL MONJE DE).

SILEPSIS (del lat. syllipsis; del gr. oún pis): f. Gram. Figura de construcción que se comete quebrantando las leyes de la concordancia en el género ó en el número de las palabras.

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-SILEPSIS: Ret. Tropo que se comete empleando á la vez una misma palabra en sentido recto y figurado, v. gr.: Poner á uno más SUAVE que un guante.

- SILEPSIS: Gram. Usase esta figura de construcción gramatical cuando se da á ciertos voca

sustantivo muchedumbre, que está en el número singular, sino con los muchos individuos representados por dicho vocablo. Para que esto pueda hacerse, son necesarios, como hace también notar Salvá, dos requisitos: primero, que los nombres colectivos signifiquen muchedumbre de cosas ó personas indeterminadas, como gente, infinidad, multitud, pueblo, pues no diremos el rebaño siguió su camino y entraron en el redil, ni el ejér cito después de haber peleado se retiraron á la ciudad; porque rebaño y ejército comprenden una muchedumbre de cosas determinadas, como lo son las ovejas y los soldados; segundo, que el nombre colectivo no vaya pegado al adjetivo ó verbo, pues nadie dice: el pueblo amotinados se agolparon, ni la gente no saben leer. Explícase por esto por qué no suena bien que diga Hurtado de Mendoza la gente que sacó fueron ochocientos infantes, y parece un descuido de los muchos que hubiera corregido este escritor si hubiese limado su Historia de la guerra de Granada, el que haya puesto la misma gente salieron en público. También leemos, sin que nos choque la desconcordancia, en el cap. LXV de la Parte Segunda del Quijote, infinita gente les estaba esperando deseosos de ver; la notamos al instante en aquel lugar del cap. VIII de la primera: la demás gente quisieron ponerlos en paz, mas no pudo, por ir juntos gente y quisieron, y venir después el singular pudo.

Se comete, pues, la figura de silepsis, ó en el género, ó en el número gramatical de las palabras, ó en ambos juntamente. Es común en escritores de nuestra mejor época literaria ver dos ó más sustantivos en singular puestos por suje plemento, calificativo de los dos sustantivos, tos de una oración, en la cual el verbo y el comconcuerdan en singular solamente con el más inmediato. Fray Luis de Granada nos dijo: no hay palabra ni pensamiento, ni movimiento desordenado que no lo tenga escrito (Dios) en los libros y procesos de su justicia. Aun á veces suele estar en plural uno de los sustantivos que componen el sujeto, y hallarse en singular el verbo, concertando con el sustantivo inmediato, como en este ejemplo de Pedro Mejía: ¿Qué fuera... si las crónicas y memoria de las cosas pasadas faltare? De estos ejemplos de silepsis, citados en la Gramática de la Academia, el último es, aunque respetable, de los que no deben imitarse.

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sin involucros ó con éstos formados por muy pocas brácteas caedizas y flores blancas; cáliz con el limbo quinquedentado, los pétalos trasovados, escotados, con la lacínula revuelta; fruto con el dorso lenticular, comprimido; mericarpios con las costillas filiformes, elevadas, obtusas, cinco primarias, y de ellas las laterales marginantes y cuatro secundarias menos prominentes; vallecitos con una sola banda glandulosa; semi

SILERAS: Geog Lugar del ayunt. de Almedi. nilla, p. j. de Priego, prov. de Córdoba; 526 habitantes.

SILER: m. Bot. Género de plantas perteneciente á la familia de las Umbelíferas, tribu de las sileríneas, cuyas especies habitan en la región blos diferente concordancia de la que en rigor media de Europa y Asia, y son plantas herbá les correspondería, lo cual sucede porque en tal ceas, perennes, lampiñas, con las hojas tritercaso se atiende á lo que aquéllos representan yó festones gruesos y obtusos, obtusamente trilonadas, las folíolas casi orbiculares, con dientes no á lo que dicen. Por esto, y en razón de la silepsis, decimos, como expresa Salvá: V. M. (Vues-buladas, y las umbelas multirradiadas, anchas, tra Majestad) es justo; V. B. (Vuestra Beatitud) está bien informado, por entenderse que los adjetivos justo é informado se refieren al rey y al Papa, que son del género masculino; pues si la persona de que hablamos es femenina, retenemos las terminaciones propias de este género. Por tanto, dirigiendo la palabra á una señora, es indispensable decir: V. M., V. A., V. E. ó V. S. está buena. Así dice Lucrecia de Celestina (actolla con las caras casi planas. cuarto): «Mudada está el diablo, fermosa era:>> y Grana la (Introd., parte segunda, cap. XXX): «Como las tales personas no saben estos tan sólidos fundamentos de nuestra fe, están como atados de pies y manos, y puestos en una escuridad que les da gran tormento » Por igual razón calificamos á un sujeto de que es un gallina, un bestia, un tronera ó un veleta, porque nuestro ánimo es denotar que es un hombre cobarde, estúpido, atolondrado ó voltario. Por la silepsis igualmente, y quizá mejor por elipsis, aplicamos á veces el adjetivo numeral un á nombres de pueblos notoriamente femeninos, como cuando decimos: En un (pueblo como) Salamanca vaya Ud. á buscar un estudiante vestido de negro, siendo de notar que la locución sería mala si dijéramos en una Salamanca. De igual figura se usa cuando no concertamos los verbos en el nú mero singular con nombres colectivos del mismo número cu plural, con la multitud que representan; por ejemplo: «La muchedumbre del pueblo alborotado nunca se sabe templar: ó temen, ó espantan; y proceden en sus cosas des apoderadamente (Mariana). En el primer período de este ejemplo no hay silepsis; pero la liay tres veces en el segundo, pues conciertan los tres verbos temen, espantan y proceden, no con el

SILERIA: f. Lugar donde están los silos.
SILERO: m. SILO.

Naciones fuertes, capitanes diestros
Defienden el honor de la muralla,
De blanco trigo en los SILEROS nuestros
Inmensa copia reservada se halla.
ESQUILACHE.

SILES: Geog. V. con ayunt., al que están agregados gran número de caseríos y cortijadas, p. j. de Orcera, prov. y dióc. de Jaén; 3234 ha. bitantes. Sit. en los confines de la prov. de Albacete, á la izq. del río Guadalimar y al N. de Segura de la Sierra. Terreno quebrado, con pe queños valles y huertas muy productivas, rega do por el citado río y varios arroyos afluentes de él y del Segura; cereales, aceite, hortalizas y frutas; cría de ganados; corte de maderas. La parte antigua de la población, llamada La Villa, tuvo importancia como lugar fortificado, y su gruesa muralla almenada la defendía contra todo ataque. Las casas que están fuera del recinto

antiguo constituyen la nueva población. Siles | Vístula, que desciende de los Beskides, corre al
fué hasta hace poco tiempo cab. de p. j.
N. hasta Schwarzwasser, y vuelve luego al E.
hasta la confl. del Biala, que separa la Silesia de
la Galizia. El clima es suave en los valles pero
muy rudo, aunque saludable en los parajes ele-
vados; el país, en general, pertenece a la zona
relativamente fría con una media anual de 8 á

SILESIA: f. Astron. Asteroide número doscientos cincuenta y siete, descubierto por el astróno mo austriaco Palisa en el Observatorio de Viena el día 5 de abril de 1886. Aparece en el campo del anteojo como estrella de 13. magnitud, efectúa su revolución alrededor del Sol en cinco años y medio, y el plano de su órbita tiene, respecto del de la ecliptica, una inclinación de 3° 40'. Su órbita fué calculada por Berberich.

- SILESIA: Geog. País de Alemania comprendido entre el Brandeburgo y la prov. de l'osen al N., la Polonia al E., la Moravia y la Bohe mia al S. y la Lusacia al O. Divídese en dos partes: la Alta Silesia, que comprende actualmente la Silesia austriaca y la regencia prusiana de Oppeln, y la Baja Silesia, que forma la regencia de Breslau y la mayor parte de la de Liegnitz. En tiempo de los romanos habitaban esta región los ligios y los cuados, pueblos germánicos que fueron rechazados en el siglo vi hacia las regiones montañosas por la tribu eslava de los slesacos ó szlezanos. Formó parte del Imperio de los moravos, después perteneció á Bohemia, y en el siglo x cayó en poder de los duques polacos de la casa de l'iast. Hacia 965 Mieciзlao I introdujo el cristianismo en el país. Dos siglos despues el rey Boleslao III dividió la Polonia entre sus hijos y la Silesia correspondió á Uladislao. Repartiéronsela los tres hijos de éste, pero todo el país vino á quedar en poder del mayor, Boleslao I, en 1178. Se dividió de nuevo, crearonse varios principados, hubo las consiguientes discordias y guerras, en 1827 la mayor parte de los príncipes reconocieron como soberano al rey Juan de Bohemia, y por fin en 1348 toda la Silesia quedó agregada á dicho reino De 1471 á 1525 perteneció al reino de Hungría, desmés pasó á poder de la casa de Austria, y en 1657 se incorporó al Imperio. La intolerancia del gobierno austriaco con la población protes tante de Silesia favoreció los planes de Federico II de Prusia, quien alegando derechos á parte de la Silesia la invadió en 1740. Vencedor el prusiano, adquirió por el tratado de Breslau toda la prov., menos el ducado de Teschen y varias fortalezas. Principal teatro de la guerra de los Siete Años fué la Silesia, cuya cesión quedó confirmada por el tratado de Huberstburg en 1763, y desde entonces existen las dos Silesias, prusiana y austriaca.

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10°.

El carbón, el hierro, el azufre y el mármol son
las principales riquezas minerales del país; las
cuencas hulleras de Karwin y de Polnisch-Os-
tran son las más importantes del Imperio. Las
fuentes minerales son numerosas. Sólo una pe
queña parte del suelo es improductiva; se culti-
van especialmente cereales, patatas y lino, ade-
más de varias plantas leguminosas y remolachas.
Aunque los bosques poblados de coníferas de
gran desarrollo ocupan grandes extensiones, se
explotan mal; en cambio la cría de ganados ha
tomado gran desarrollo, especialmente la de car-
neros, que producen lana niuy fina y muy apre
ciada. Como país industrial, la Silesia ocupa uno
de los primeros lugares entre los demás austro-
húngaros; las industrias de más importancia son,
en primer lugar, los tejidos é hilados, y después
las explotaciones de las cuencas hulleras y minas
de hierro, la fab. de máquinas, de alcohol de
remolacha, de cervezas, quesos, licores, porcela
nas, productos químicos y carruajes, preparación
de cueros, etc. La agricultura y la industria ali-
mentan un comercio muy activo, al que se aña-
de el tránsito de los vinos, cueros y pieles austro-
húngaros, de los cereales y lino de Rusia, de la
sal de Galizia, de los ganados de Moldavia, et-
cétera. El camino de hierro principal es el de
Neisse á Cracovia, que sigue a lo largo de casi
toda la frontera prusiana y pasa por Troppau,
Oderberg y Dzieditz; de éste se derivan otras li
neas que de la Silesia prusiana van á Moravia
pasando por la Silesia austriaca, formando en
total una red de 427 kins. Las carreteras, per-
fectamente construídas y conservadas, suman en
junto una long. de 3592 kms., y las vías navega
bles 27. La prov. envía al Reichsrath 10 diputa-
dos; la Asamblea provincial ó Landtag se com-
pone de 31 individuos y reside en Troppau, Fren-
denthal, Jägerndorf, Freiwaldau, Teschien, Freis-
tadt y Bielits. Judicial y militarmente está ane-
xionada á Moravia. En Teschen reside un vicario

apostólico con todos los poderes episcopales y
dependiente del arzobispado de Breslau. La ma
yoría de los habits. profesan el catolicismo; los
demás son protestantes é israelitas, y sólo un
pequeño número pertenece a otras sectas religio-

sas.

- SILESIA AUSTRIACA: Geog. Prov. del Imperio austro-húngaro que formó parte del ducado de Silesia, cedida á la casa de Austria en 1763 por el tratado de Hubertsburgo. El nombre nacional es Osterreichisch Schlesien. Está limitada al N. y al O. por la Silesia prusiana, al E. por la Galizia y al S. y S.O. por Hungría y Moravia, y prolongandose esta última por una faja de tierra corta la prov. en dos porciones separando el círculo de Troppau del de Teschen; 5153 kilómetros cuadrados y 605649 habits.; por la densidad de población, 117 habits. por km.2, esta prov, ocupa el primer lugar entre las del Imperio. La separan de Moravia los montes Sudetes y su prolongación los Gesenke, y de Hungría los Jablunka; la frontera con Prusia es completamente convencional, á excepción de la parte en que sigue el curso del Oppa, el de su afl, el Goldoppa y el bajo Olsa. Geográficamente la Silesia austriaca depende de Prusia, ó mejor dicho de Polonia, pues forma una larga faja de territorio sit. en toda su extensión sobre la vertiente septentrional de los montes Sudetes, á cuyo vértice principal, el Alvater, de 1490 m. de altitud, se aproximan la extensa meseta de los Gesenke, que proyecta sus dentadas crestas al N. E. de la Moravia, encierra las fuentes del Oder y unen aquel sistema al de los Cárpatos. La cordillera de los Beskides occidentales empieza en la orilla derecha del Oder, en el monte Yavornik, de 1130 m. de alt., y termina en el collado de Jablunka con una alt. de 551. Más al E. los Beskides propiamente dichos envían hacia el N. un ramal que en el Klymezok se eleva á 1113 m., sepa rando el valle del Alto Vistula del de su primer afl. dro, el Biala. El río Oder, que nace en Moravia, bordea al E. el círculo de Troppau, y después, al O., el de Teschen y se interna en Prusia; formación geológica se ha llamado Jura silesiasus principales afls. dentro de la prov. son: el Oppa por la izq, al cual se une el Goldoppa, engrosado por el Mohra, y por la dra, el Oshawitza y el Olsa. Al E. del círculo de Teschen el

- SILESIA PRUSIANA: Geog. Prov. sit. en el
extremo S. E. del reino de Prusia, llamada en
alemán Preuss'sche Provinz Schlesien. Está for-
mada del condado de Glatz, de la porción pru-
siana de la Alta Lusacia, excepto el círculo de
Schwiebus, y de la mayor parte del antiguo du
cado de Silesia. Confina al N. con las provs. de
Brandeburgo y de Posen, al E. con Polonia, al
S. E. con la Galizia, al S. con la Silesia austriaca
y Moravia, al S.O. con Bohemia y el reino de
Sajonia, y al O. con la Sajonia prusiana; 40307
kms. y 4224 458 habits. El río Oder, que atra-
viesa la prov. de S. E. á N.O., la divide en dos
partes muy diferentes por su extensión y aspec-
to; la de la orilla dra. es un país poco acciden-
tado; la de la izq. está sit. casi por completo en
la vertiente N. E. de la cordillera de los Sudetes,
nombre que se ha dado á los grupos distintos de
montañas desunidas que separan la Silesia de la
Bohemia; el poderoso macizo de Riesengebirge,
que se alza al N.O. y cuyo vértice más alto, el
Schneekoppe, tiene 1601 m. de altitud, se une
por un lado al Eulengebirge, cuyas dos vertien-
tes pertenecen á Prusia, y por el otro al Adler-
gebirge, que sigue la frontera hacia el S. E. y
se enlaza por la cordillera transversal, Glatzer
Schneegebirge, con los Sudetes propiamente di-
chos, enclavados en territorio austriaco. A la de-
recha del Oder, entre este río y el Malpana, la
meseta Ol erschlesisches Steinkohlengebirge, do-
minada por el Sankt Annaberg, de 430 m. de
altitud, recubre la cuenca hullera más impor-
tante de Alemania. A la dra, del Malpana se
extiende una cordillera de colinas que por su

no. El río Oder, después de formar la frontera
de Austria y Prusia, entra en Silesia un poco
más abajo del pequeño pueblo de Oderberg, cru-
za la prov., y pasando al N. de Rothenburgo se

interna en la de Brandeburgo. Sus tributarios son numerosos, pero la excesiva pendiente ó la falta de agua les quita importancia; los principales son el Olsa, el Klodnitz, el Malpana y el Bartsch, afls. de la orilla dra., y el Oppa, que separa las dos Silesias, el Zinna, el Neisse de Glatz y otros que se juntan al Oder, fuera de la prov., por la orilla izq. Los lagos son numerosos, pero sin importancia; su poca profundidad les convierte más bien en estanques ó pantanos. Los de mayor extensión son el Schlawa See, al N. de Glogau; el Kunitzer See, cerca de Liegnitz, y el Brenner Teich, en la Alta Silesia El clima es templado en la región de la llanura y valles poco elevados y frío en la parte montañosa; en Breslau, á 120 m. de altitud, la media anual es de +70,9; en Wang, á 574 m., no pasa de +4°, 4. Entre las grandes riquezas minerales del país se encuentran el hierro y la hulla; el principal yacimiento de esta materia, la célebre cuenca hullera de la Alta Silesia, en la presidencia de Oppeln, ocupa una superficie de 600 kms., sin contar otros depósitos inmediatos de formación más reciente. Las minas de hierro son numerosas y ricas en los círculos de Bentheu y Tarnowitz; en la meseta de este nombre se encuentra abundantemente el zinc con algunas cantidades de cadmio, y también plomo argentifero. Se explotan en diversos puntos de la prov. minas de cobre y arsénico, y canteras de mármol, arcilla plástica, serpentina, cristal de roca, amatistas, topacios, ágatas, etc. El suelo, fértil y bien cultivado, está destinado principalmente á la producción de cereales, patatas, pastos, remolacha, lino y tabaco; la viticultura y horticultura tienen importancia en algunas localidades, así como la explotación de los bosques, en los que dominan las coníferas. La cría de ganados se hace con mucho esmero, particularmente en la comarca que se extiende entre Liegnitz y Ratibor. Casi una tercera parte de la población está dedicada á la industria, muy floreciente merced á la considerable riqueza mineral del suelo; dividida en numerosos ramos, los principales son la confección de ropas, la fabricación de sombreros, guantes, calzado, bilados y tejidos de lana, hilo y algodón, azúcar, almidón, achicoria, cervezas, licores, conservas en aguardiente, vinos, papel, cueros, productos químicos, etc., además de las numerosas é importantes industrias que se derivan de la explotación de las minas y canteras que han colocado por este concepto la Silesia en primer lugar entre las demás provs. prusianas. Las vías fluviales han favorecido el desarrollo del comercio al par que el de la industria; las principales materias de tráfico son carbón, minerales y metales, objetos de cristal y loza, alcohol, tabaco, tejidos, frutas, cereales, harinas y otros. Las vías férrcas tienen un desarrollo de 3188 kms. y las carreteras pasan de 5000 kms. de longitud total. El principal centro del comercio es Breslau, cap. de la prov. Esta se divide administrativamente en tres regencias ó presidencias: Breslau, Liegnitz y Oppeln, que comprenden 64 círculos. En la cap. reside el Tribunal Superior, un arzobispo católico y un consistorio evangélico. La instrucción pública cuenta con una Universidad, la de Breslau, 36 colegios, 17 escuelas especiales y otras tantas normales. La mitad próximamente de la población profesa la religión católica; la cuarta parte es protestante y el resto pertenece a diversas sectas."

SILEX: m. Miner. PEDERNAL.

SILFIDE (de silfo): f. Ninfa, sér fantástico ó espíritu elemental del aire, según los cabalistas.

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SILFIDOS (de silfo): m. pl. Zool. Familia de insectos del orden coleópteros, que ofrece la ca racterística siguiente: menton entero ó algo escotado; lengüeta membranosa ó coriácea, ordinariamente bilobada, sin paraglosis distintos; maxilas terminadas por dos lobulos, el interno generalmente provisto de un gancho córneo; palpos filiformes, los maxilares de cuatro y los labiales de tres artejos; antenas de 11 6 10 artejos, los últimos formando generalmente una maza: artejos de los tarsos en número variable; abdomen compuesto de seis segmentos, todos libres.

La magnitud y forma general difiere notablemente entre estos insectos. La mayor parte son pequeños; los más grandes son de mediano tamaño. Su cuerpo es unas veces casi cuadrado y robusto, otras veces en forma de escudo, elíptico, brevemente ovalado y convexo ó casi globuloso. Los más grandes tienen la cabeza separada del tórax y muy móvil, y en este caso está provista por detrás de un cuello bien distinto, pero siempre grueso. En los de pequeña talla la cabeza es corta y está encajada en el protórax hasta el punto de no poder ejecutar más que movimientos muy restringidos. Los ojos suelen ser muy grandes, pero poco salientes. Las antenas están insertas al descubierto, inmediatamente por delante de los ojos, y tienen 11 artejos, á excep ción del género Necrophorus que no tiene más que 10; nada hay más variado en estos insectos que las modificaciones que experimentan estos órganos, sobre todo en lo que concierne á la maza que los termina.

A los detalles sobre la boca, contenidos en la característica que hemos dado de la familia, hay que añadir las particularidades siguientes: entre el menton y la lengueta propiamente dicha se percibe muy distintamente, sobre todo en las grandes especies, una pieza intermedia. Las mandíbulas son unas veces muy salientes, como se puede ver en el género Silpha; otras veces son más o menos robustas, simples ó hendidas en su extremidad, y en raros casos (género Pteroloma) pluridentadas en el borde interno. Su diferencia más esencial consiste en la presencia ó ausencia de un diente molar en su base interna. Este diente existe constantemente en los insectos de la tribu anisotominos, mientras que los silfinos no lo poseen.

El protórax es generalmente grande y tan ancho como los élitros en su porción posterior. Recubre siempre más o menos la base de los élitros, y sus bordes laterales son foliáceos, ó lo que es más general forman en cada lado una bóveda profunda, debajo de la cual las patas anteriores pueden ocultarse completamente ó en parte. El escudo está siempre bien desarrollado. Los élitros en algunos géneros están truncados por detrás y dejan una parte mayor ó menor del abdomen al descubierto. Las alas inferiores no faltan más que en el género Leptinus. Los seis segmentos abdominales son poco diferentes en cuanto á sn longitud. Las tibias son frecuentemente espinosas ciliadas. Los trocánteres posteriores presentan una diferencia importante entre los anisotominos y los silfinos; en estos últimos están colocados en el borde interno de los fémures posteriores, mientras que en los primeros están situados en el eje de estos órganos. Por lo que respecta á los tarsos, podemos decir que en los anisotominos el número de sus artejos varía mucho según los sexos, y en los silinos son todos los tarsos pentameros. El prosternon es muy corto; el mesotórax está reducido á una simple lámina aplicada contra el metatórax, que es muy grande.

Las larvas de estos insectos son en un todo semejantes á las de los estafilínidos. Su cuerpo, compuesto de 13 segmentos, es alargado, más ó menos deprimido, lineal ó un poco estrechado hacia atrás. La cabeza, córnea y horizontal, tiene casi la misma forma que ha de tener en el estado adulto y lleva antenas de cuatro artejos. La cavidad bucal es muy pequeña y parece que no puede admitir más que alimentos fluidos. Los órganos bucales se componen de un labro bien desarrollado; dos mandíbulas más o menos largas, dentadas en su borde interno y bífidas en su extremidad; dos maxilas terminadas por un solo lóbulo y llevando los palpos de tres ó cuatro artejos; un labio inferior que consiste en un menton córneo, una pieza intermedia y una pequeña lengueta. Los segmentos torácicos y abdominales llevan escudos córneos. El último segmento del abdomen está provisto de dos apéndices estiliformes más o menos largos y compuestos de dos á cuatro artejos, El cuerpo termina en una prolongación anal muy saliente, tubulosa é inclinada, que le sirve para la marcha. Las patas son cortas y compuestas de cinco pie: zas, de las cuales la primera, que representa el tarso, lleva una sola uña. Estas larvas se encuentran principalmente en otoño y en primavera. Las ninfas no presentan nada de partienlar, las de algunas especies son activas, por lo menos cuando se las inquieta.

Salvo raras excepciones, todos los sílfidos se

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alimentan de materias orgánicas en descomposición, y así es que los más viven dentro de los cadáveres putrefactos de los animales, al paso que otros devoran las setas más o menos podridas. Por el instinto que la naturaleza les ha concedido encuentran fácilmente las materias que deben constituir su régimen alimenticio, y parece que tienen por misión purgar la tierra de las substancias que, por el estado en que se haIlan, podrían llegar a ser nocivas para la salud del hombre. Algunas especies demuestran una singular destreza para enterrar los cadáveres de pequeños animales, que después de haberles servido de pasto son utilizados para depósito de los huevos de las hembras y alimento de las larvas. En el interior de los restos putrefactos, ó de las setas cuya descomposición ha comenzado, es donde la mayor parte de los insectos de esta familia sufren todas las metamorfosis, si bien hay varios que, menos carnívoros, se metamorfosean en el seno de la tierra ó en la arena. Comúnmente se encuentran los sílfidos en campo descubierto, pero hay ciertas especies que prefie ren los bosques y los parajes húmedos.

Esta familia se compone de más de 200 especies, en su mayor parte de las regiones frías y templadas del hemisferio boreal en los dos continentes. Está muy poco representada en los países intertropicales, lo cual se explica natu. ralmente, para los necróforos y silfos en particular, por la razón de que su presencia no es nada necesaria en los países en donde las substancias animales en descomposición desaparecen en pocas horas bajo la acción combinada del sol y de la atmósfera.

Los insectos de esta familia se han agrupado en tres tribus, fundadas principalmente en la diferencia de caracteres que presentan las patas; estas tribus son: Leptoderinos, Silfinos y Aniso

tominos.

SILFINOS (de silfo): m. pl. Zool. Tribu de insectos del orden de los coleópteros, familia de

los sílfidos. Los insectos de esta tribu se distinguen por ofrecer los palpos maxilares mucho más largos que los labiales; el protórax no cilín drico; sus bordes laterales foliáceos; trocánteres posteriores salientes en el borde interno de los fémures; tarsos casi siempre de cinco artejos en los dos sexos; las parapleuras metatorácicas no recubiertas por los élitros.

Los primeros estados de estos insectos han sido estudiados en las especies del género Silpha y del Necrophorus. Las larvas son más o menos ovales; su cabeza córnea, pequeña, aflechada, poco convexa por encima, plana por debajo, lleva dos antenas de cuatro artejos, muy largas, y en cada lado seis estemmas divididos en dos grupos: el uno, superior, de cuatro, y el inferior de dos; las partes de la boca consisten en un menton sinuado hacia delante; una lengüeta mem. branosa, bilobada, y que lleva dos palpos de dos artejos; las maxilas muy fuertes, terminadas por un solo lóbulo provisto en su extremidad externa de un penacho de pelos y denticulado por dentro; dos palpos maxilares de cuatro artejos; las mandíbulas fuertes, agudas y bífidas en su extremo: por fin, un labro grande, saliente y bilobado; los segmentos torácicos y abdominales son carnosos por debajo y recubiertos por encima de escudos córneos que se encorvan hacia atrás en su extremidad; el último segmento es algo cónico, provisto de una prolongación anal

de dos apéndices biarticulados; las patas son cortas, con los tarsos compuestos de un solo artejo que lleva un gancho muy grande. Estas larvas son tan ágiles como los insectos perfectos, y se las encuentra muy comúnmente en los mismos lugares que éstos. Después de haberse metamorfoscado durante cuatro veces consecutivas las larvas penetran en el suelo y se preparan para transformarse en ninfas. Estas son tan vivas como las larvas y capaces de moverse y marchar cuando se las irrita. En tal estado permanecen de diez á catorce días, al cabo de cuyo tiempo llega el insecto á su estado perfecto.

A más de los géneros Necrophorus y Silpha, ya citados, esta tribu contiene otros muchos, casi todos propios de Europa, y entre ellos po dremos citar el Necrophilus, Pteroloma, Leptinus, Colon, etc.

SILFIO (del gr. σiptor, silfio, planta de la Cirenaica): m. Bot. Género de plantas (Silphium) perteneciente á la familia de las Compuestas, subfamilia de las tubulifloras, tribu de

las senecionidaes, cuyas especies habitan en el Norte de América, y son plantas herbáceas, algunas veces resinosas, con tallo cilíndrico ó tetragonal; hojas alternas, verticiladas ú opuestas, generalmente soldadas en la base; cabezuelas pediceladas y flores amarillas; cabezuelas multifloras, heterógamas, con las flores del radio uniseriadas, liguladas y femeninas, y las del disco tubulosas, hermafroditas las más externas y las del centro masculinas por aborto del estilo; involucro acampanado, con escamas empizarradas aplicadas por la base, estrechas, con el ápice fo liáceo y flojo; receptáculo paleáceo, libremente convexo; corolas del radio semiflosculosas y las del disco flosculosas, con el tubo muy corto, la garganta cilindrácea y el limbo con cinco dientes peloso-erizados por la cara superior; estilos del radio bífidos y los de las flores del disco enteros, erizados en el ápice; aquenios de la circunferencia planocomprimidos, con dos aletas escotadas en el ápice; vilano formado por los dientes ó aristas, bien libres ó bien soldados con las aletas de los aquenios.

Con el nombre griego de Silphion se designó una planta á la que los latinos denominaron Laserpitium ó Silphium, atribuyéndola propiedades maravillosas, cuya historia se remonta á los tiempos fabulosos. Se encuentran medallas que representan por una de sus caras á Aristeo y por la otra el Silphium. Esta planta crecía exclusivamente en la Cirenaica, y según Teofrasto se obtenían de ella dos jugos distintos, uno de ellos extraído del tallo y que recibía el nombre de cualias, y otro de la raíz, al cual llamaban rhicias. El más apreciado era el jugo de la raíz, al que posteriormente llamaron laseros los griegos y laser los latinos, siendo opinión de varios autores que este producto es el conocido actualmente con el nombre de asafetida.

a

Parece ser que ya en tiempo de Plinio era rara esta planta en la Cirenaica, y que después fué desapareciendo gradualmente hasta el punto de que à principios de este siglo el Silphium había caído en un olvido completo; pero en 1817, Della Cella, recorriendo la antigua Cirenaica, encontró una umbelífera que fué estudiada por Viviani, notando que se parecía mucho á la Thapsia gargánica, y también por su porte y la forma de las hojas á la representada en las medallas antiguas; supuso que era el Silphium de los griegos y ro manos, y la denominó Thapsia Silphium. Diez años después recogió Pacho en las mismas localidades un vegetal en el que creyó reconocer también la planta de los antiguos, y la denomi nó Laserpitium Deria, dándole este nombre cspecífico por ser el nombre vulgar con que la designan los naturales del país.

El doctor Laval encontró en 1859 en las mesetas de la Cirenaica un vegetal al que tomó por el silfio famoso, y le denominó Silphium cyrenaicum; pero en 1875 Daveau remitió á París ejem. plares de plantas, semillas, hojas y raíces de todas estas plantas, recogidas en un viaje de exploración por la Cirenaica, y de su estudio dedujo Herincq que ninguna de ellas era el Silphium de los griegos y latinos, y que todas las plantas que se habían considerado como tal no eran otra cosa que variedades de la Thapsia gargánica L., tan común en Argelia, España é Italia.

Dedúcese de todo esto que la planta tan famosa en tiempos antiguos ha desaparecido por completo de la Cirenaica, y que no puede ser ninguna de las recogidas recientemente en el concepto de serlo, porque las propiedades médi cas son muy distintas de las que á la antigua planta y á su zumo se asignaban, pero que or las descripciones y dibujos que de ella se han conservado es indudable que se refiere á una especie de la familia de las umbelíferas, y muy probablemente á una planta perteneciente al genero Narthex, como ha supuesto Ersted. Lo que sí puede afirmarse es que nada tiene de común esta planta con el género Silphium admitido actualmente en la familia de las Compuestas, y que cado un nombre antiguamente usado, pero deen éste como en otros muchos casos se ha apli signando con él plantas muy distintas de aquellas que primeramente se aplicó.

SILFIODÁCTILO: m. Zool. Género de insectos del orden de los coleópteros, familia de los carabidos, tribu de los ancomeninos. Los caracteres principales que distinguen este género son los siguientes: menton muy corto, poco cóncavo,

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