Imágenes de páginas
PDF
EPUB
[ocr errors]

del surco se encuentra aquel formando un vesti-sidad, y le conduciría á pesar suyo à la senda del
gio que puede ser blanco argéntico ó blanco sin crimen.
brillantez. En el primer caso es húmedo y en el
segundo seco. Aquel se observa poco tiempo
después de la muerte, veinte ó treinta horas
generalmente; éste más tarde. Ese vestigio blan-
co sólo existe en el punto del surco donde se ha
ejercido mayor presión. En la parte anterior se
observa más comúnmente entre la superficie del
cartílago tiroideo y los músculos esternomas-
toideos. En la parte posterior entre los músculos
esplenio y gran complejo. Casi todos los autores
médicolegistas han supuesto que en dicho tejido |
celular se encontraban equimosis, pero Klein no
los ha visto en 15 casos, ni Esquirol en 12, ni
Devergie en más de 30.

Los músculos de los colgados presentan á menudo el mismo surco que la piel; esta disposición se nota con más frecuencia en los esternomastoideos.

Los cartílagos de la laringe y del hioides pueden presentarse intactos ó rotos. Cuando la suspensión ó constricción no es muy violenta no se lastiman, pero sí en el caso contrario. Por eso, dice Mata, servirán como indicio de homicidio las fracturas de dichos cartílagos ó hioides rotos, en sujetos que se suicidaron. Morgagni, Orfila y Renier han visto casos de cartílagos ó hioides rotos en sujetos que se suicidaron.

El estado del cerebro varía según el género de muerte á que ha sucumbido el sujeto. Si es por infarto cerebral, los vasos venosos y los senos de la duramater están llenos de sangre. Cuando es por asfixia suele haber puntitos rojos en la substancia cerebral, con algún otro signo de congestión. Si es por síncope ó desgarro de la medula, el cerebro presenta pocas alteraciones. Las lesiones de los demás órganos son muy variables y no pueden describirse aquí, para no dar excesivas proporciones al presente artículo.

- SUSPENSIÓN: Legisl. La suspensión es una de las penas establecidas por el Código, cuyo efecto es inhabilitar al penado para ejercer cargo público, ó el derecho de sufragio activo y pasivo, profesión ú oficio, por el tiempo de la condena, que puede ser de un mes y un día á seis años. Es análoga á la de inhabilitación, pero comienza la duración de ésta desde seis años y un día hasta doce. La suspensión de un cargo público inhabilitará al peñado para su ejercicio y para obtener otro de funciones análogas por el tiempo de la condena. La suspensión del derecho de sufragio inhabilitará al penado igualmente para su ejercicio durante el tiempo de la condena. La suspensión de profesión ú oficio producirá los mismos efectos que la inhabilitación temporal durante el tiempo de la condena (Arts. 38, 39 y 42 del Código penal).

La frase de la misma carrera, de que se usaba antes de la reforma del Código, carecía de la precisión debida en textos de la ley, por no estar entre nosotros arreglados á este precepto los diferentes servicios del Estado. Podía dudarse, por ejemplo, si el oficial de ingenieros inhabilitado en su carrera lo estaba también en la general militar, ó si el empleado de policía era ó no de la misma carrera que el de correos, porque ambos sirven á la Administración y dependen de un mismo Ministerio. En defecto de leyes expresas, el gobierno debía indudablemente obrar con pulso en el nombramiento que hiciese para algún cargo público en el que había sido inhabilitado para otro, procurando buscar las razones de analogía que quiso sin duda consultar la ley aunque no la hubiese expresado por la generalidad y la titud en que formuló el precepto. En la reforma se ha tratado de obviar estas dificultades, sustituyendo las palabras en la misma carrera con las de otros analogos (cargos ó empleos). Aun así, no dejará de ofrecer en algunos casos duda la inteligencia de la ley.

Es conveniente advertir, que cuando la ley ha bla de la inhabilitación ó suspensión de profesio nes ú oficios, se limita sólo, en opinión de Laserna, á los que necesitan autorización pública para su desempeño, por la relación que tienen con los intereses de la Administración y de la justicia; así sucederá, por ejemplo, con el abogado, con el médico, con el agrimensor y con el corredor. Exten derlo á todas las profesiones y oficios mecánicos sería una verdadera confiscación, tanto más detestable cuanto que, recayendo sobre las facultades físicas del hombre, le privaría de los medios de gomar la subsistencia, le condenaría á la ocio

|

Según el artículo 40, cuando la pena de suspensión recayere en personas eclesiásticas, se limitararán sus efectos à los cargos y derechos y honores que no tuviesen por la Iglesia, y á la asignación que tuviesen derecho á percibir por razón de su cargo eclesiástico; es decir, que la ley civil sólo los despoja de la investidura que les dió el Estado, y que no les puede suspender ni privar de su carácter sagrado. Por lo tanto, el obispo, el presbítero, el diacono continuarán siendolo después de la sentencia que los suspende, pues ésta sólo puede producir electos civiles.

Se impone la suspensión de cargo, etc., en los arts. 367, 368, 379, 389, 393 y 409. La suspensión en los grados mínimo y me lio en los artículo 204, párrafo tercero, 206, párrafo tercero, 210, 214 à 217, 229, 378, 482, 391 y 401. Se impone en los grados medio y máximo en los artículos 204, 206, 208, 215, párrafo último, 219, 228, 230, 232, 233, 324, 387 y 493. En su grado medio á inhabilitación absoluta temporal en su grado medio en el art. 225; en el máximo á la misma inhabilitación en su grado mínimo en los arts. 224 y 235, y en el grado máximo à igual inhabilitación en su grado medio en los artículos 210, 214 y 260.

La pena de suspensión de empleo, grado, plaza ó clase, hállase establecida también en las leyes penales militares, y á ellas se refieren los artículos 34, 35, 52, 62 y 63 del Código de la Ma rina, y 165, 166, 178, 186, 193, 194, 201, 204, 206, 310, 314 y 700 del Código de Justicia Mi

litar.

La suspensión de empleo ó cargo público no se reputa pena, según el art 25 cuando se acuerda durante el proceso ó para istruirlo. Los jueces deberán decretar la suspensión cuando apareciesen motivos racionales para creer que se ha come tido delito que el Código penal castiga con sus. pensión ó con pena que la lleve consigo como accesoria, y con más motivo si e inhabilitación.

La suspensión tiene en algunos casos el carácter de corrección disciplinaria, y entonces no se reputa pena, conforme al art. 25 del Código penal. La autorizan en ese concepto los arts. 40 del Real decreto de 18 de junio de 1852, 227 á 233, 741 á 762 y 825 á 828 de la ley Orgánica judicial de 1870; 80, 81 y siguientes del Reglamento de procedimiento administrativo del Ministerio de Fomento; 121 de Gracia y Justicia, y 50 de Guerra; 165 y 166 del Código de Justicia Militar, y 232 y 234 del Reglamento de lo Contencioso-administrativo de 22 de junio de 1894.

- SUSPENSIÓN: Dro. can. Es la suspensión una censura eclesiástica por la cual se prohibe á un clérigo ejercer la autoridad que le ha sido confiada por la Iglesia en razón de su orden, oficio ó beneficio eclesiástico.

Aunque el nombre de suspensión, dice Jibert, no aparezca en los cánones antes de fines del siglo vi, la cosa que significa se halla ya en los que contienen la disciplina de los primeros si glos. La suspensión, según Gómez de Salazar, á quien seguimos, se distingue de la excomunión en que ésta priva de todos los bienes de la comunión cristiana, se impone á los clérigos y legos, y no priva del ejercicio de las órdenes sino indirectamente, en cuanto que impide la administración de sacramentos; pero la supensión no priva de todos los bienes espirituales, se impone solamente á los clérigos, é impide directamente el uso de las órdenes. Se diferencia tam bién del entredicho en que éste puede imponerse á los legos y priva de la recepción de algunos sacramentos, divinos oficios y sepultura eclesiástica.

La suspensión puede ser total y parcial, según que priva de todos los derechos clericales ó par te de ellos, debiendo considerarse como total siempre que se hace en términos absolutos. La suspensión parcial puede ser ab ordine, que priva del ejercicio de las funciones propias del orden; ab officio, que prohibe todos los oficios eclesiásticos que dependen del orden ó de la jurisdicción; a beneficio, que priva de la administración y rentas del beneficio. Debe advertirse, respecto á la suspensión parcial, que no siempre se prohiben por ella todas las funciones propias del orden, oficio ó beneficio, sino alguna de ellas. La suspensión se divide además en absoluta y determinada, según que es por tiempo indefinido ó determinado; é jure ab homine; late

[ocr errors]
[blocks in formation]

La suspensión propiamente dicha sólo puede imponerse á los clerigos, porque se refiere necesariamente al oficio ó beneficio eclesiástico del cual son incapaces los legos, y en este supuesto: 1. Puede imponerse esta censura á cualquier clérigo, sea cual fuere su dignidad, á excepción del Sumo Pontífice, y siendo necesario, en cuan to á los obispos, que se haga mención especial de ellos en los decretos generales de suspensión para que incurran en ella. 2. Los religiosos pueden también ser penados con esta censura, siempre que hayan recibido al menos la prima clerical tonsura. 3.o Puede imponerse la suspensión á una corporación eclesiástica. 4.o La persona que ha incurrido en esta censura puede ser de nuevo suspensa por la misma causa ó por otra distinta. 5. Los muertos no pueden incurrir en suspensión. La supensión ab jure ó ab homine no puede imponerse sino por culpa propia y grave sin que esto obste para que el Juez pueda imponerla por breve tiempo, mediante culpa leve. Es condición esencial en la suspensión como censura que se imponga por tiempo indeterminado, de modo que si es por cierto tiempo, ó in perpetuum, tiene pena indicativa.

concepto de

El Derecho no determina las palabras que hayan de emplearse en la imposición de esta censura, y por lo mismo sólo se requiere el uso de aquellas que declaren suficiente este efecto. En todo caso es necesario que preceda monición, porque no puede constar à la Iglesia la contumacia de una persona si no se la amonesta antes; pero esto ha de entenderse en el supuesto de que la suspensión se imponga como censura, ú sea para la corrección del delincuente, porque si se impone como pena vindicativa por el delito cometido, entonces no se requiere que preceda monición.

La sentencia de suspensión ha de consignarse por escrito, expresando la causa por la que se impone y con obligación de entregar testimonio de ella al suspenso si la pidiese. Si el Juez no observase esto, faltando temerariamente á las prescripciones de la ley, queda suspenso por un mes ab ingressu ecclesia et officiis divinis.

Los efectos de la suspensión son varios, atendidas sus distintas clases, puesto que cada una de ellas obra tan solamente en la extensión que expresan las palabras, debiendo advertirse: 1.o Que la suspensión impuesta en términos genera les se entiende del oficio y beneficio, a diferencia de la suspensión parcial, que no se extiende fuera de la materia que indica; así que la suspension del orden no incluye la suspensión de la juris dicción, ni el suspenso del orden superior que la suspenso del orden inferior, pero el suspenso del orden recibido queda inhabilitado para ascender á otro orden mayor. 2. La suspensión total ab officio priva de la potestad de jurisdicción y comprende la prohibición del ejercicio de los ac tos del orden, no pudiendo, en su consecuencia, elegir, ser elegido, ni dar sufragio alguno; pero el suspenso unicamente de la jurisdicción no queda suspenso del orden ni del beneficio. 3. La suspensión del beneficio no priva del benef cio, sino de sus frutos y administración. 4. El sujeto que hallándose suspenso ejerciere las fun ciones que le están prohibidas incurre en enla grave, porque desprecia el precepto de la Iglesia y su censura, debiendo advertir que además incurre en irregularidad por el ejercicio del orden, cuya pena no se extiende al que quebranta la suspensión de jurisdicción ó beneficio, por más que deba ser castigado con otras penas. 5. El suspenso de la jurisdicción y beneficio queda inhabilitado para su ejercicio hasta el punto de ser nulo lo que hiciere, siempre que sea personal

mente denunciado.

La suspensión como censura cesa de los mis mos modos que la excomunión. Si aquella tiene el carácter de pena indicativa, cesa: 1. En el momento de transcurrir el tiempo soñjalodo ea

su imposición cuando es temporal, y antes por dispensa del que la impuso, su superior ó sucesor, siendo necesaria la dispensa pontificia de la pena temporal à jure para que cese antes de cumplir el término señalado. 2. Si dicha pena es perpetua sólo cesa mediante dispensa, y si se impone en términos absolutos sin señalamiento de tiempo, entonces podrá absolver de ella el que la impuso, su superior ó sucesor si es ab homine, y el obispo si a jure, debiendo advertir que el obispo por sí ó por sus vicarios puede absolver de la suspensión, ya sea a jure 6 bien ab homine, siempre que provenga de delito oculto y no sea reservada.

Se entiende por suspensión ex informata conscientia la sentencia dictada por el obispo, mediante causa conocida por él en su conciencia, y no en virtud de información ó proceso jurídico. El Papa Gregorio IX dice que los reos de homicidio, aun cuando sea oculto, no pueden ejercer los órdenes recibidos hasta que hayan obtenido la correspondiente dispensa. Esta suspensión del ejercicio de los órdenes por el citado delito se extendía al crimen oculto de herejía y á los regulares, quienes podían ser suspendidos por sus prolados de ascender á órdenes superiores, mediante conocimiento secreto de crímenes de aqué llos. Estos son los únicos precedentes de la suspensión ex informata conscientia; así que el verdadero origen de ella se encuentra en el concilio de Trento, puesto que los obispos no pudieron en tiempos anteriores imponer la suspensión de recibir las órdenes ó de su ejercicio por delitos ocultos, menos en los casos concretos que se dejan indicados. La palabra ex informata conscientia no se halla consignada en el decreto tridentino que la motivó, sino que se introdujo por los autores para expresar en breves términos el modo de sentenciar concedido á los obispos en determinados casos, sin preceder proceso alguno ni jurídica información.

El texto tridentino (Sesión 14, cap. I De reformat) prohibe el ascenso á órdenes sagradas á quien su prelado lo prohibe por cualquiera causa, aun por delito oculto, de cualquier modo, aunque sea extrajudicialmente, ó lo que es lo mismo, el prelado puede negar á un súbdito suyo el ascenso á los sagrados órdenes, aun mediante causa ó delito oculto, sin que aquél pueda utili. zar licencia alguna para ser promovido contra la voluntad de su prelado. Esta facultad de los obispos ó prelados se extiende á impedir la res titución ó restablecimiento en sus primeros órdenes, grados, dignidades ú honores al que estu viere suspenso de los mismos por ellos, mediante cualquiera causa, aun por delito oculto, de cualquier modo, aunque sea extrajudicialmente. Las palabras que ponemos en bastardilla no se haIlan expresamente consignadas en este segundo caso del decreto tridentino, y por eso muchos canonistas de la secta jansenista y galicana han sostenido que los obispos pueden, en virtud del decreto tridentino, impedir extrajudicialiter, etiam ob delictum occultum el ascenso á los órdenes, pero no suspender de ellos ni de las dignidades eclesiásticas en la expresada forma. Esta interpretación por los citados sectarios al decreto tridentino es errónea y no puede sostenerse en manera alguna, porque el mismo proemio del expresado capítulo tridentino demuestra que las palabras citadas han de tenerse por repetidas en el caso segundo, puesto que se propone revestir á los obispos de mayores atribuciones para impedir que los clérigos, y principalmente los destinados para la cura de almas, sean criminales ó vivan deshonestamente. Esto mismo se desprende del contexto de las palabras usadas por el concilio en el citado capítulo, pero en todo caso este punto se halla resuelto por la Sagrada Congregación del Concilio en un decreto de 24 de noviembre de 1657, y además la doctrina se halla repetidamente sancionada por otras muchas declaraciones de la citada Congregación, no menos que por la bula Auctorem fidei, en la que Pío VI censura proposiciones contrarias á las suspensiones ex informata conscientia del sínodo de Pistoya.

El obispo ó prelado no debe utilizar este medio sino cuando sea necesario para el cumpli miento de su cargo pastoral, porque esta forma de proceder se otorgó para atender á las necesi dades de las iglesias, exponiéndose, por otro lado, fuera de estos casos, á condenar á los inocentes ó á los culpables en más de lo justo, no menos que á hacer odiosa su autoridad; y por esto Be

nedicto XIV declara reprensible la conducta del obispo que consigue en el sínodo su determinación de suspender er privata tantum scientia á los clerigos gravemente delincuentes. El obispo en todo caso necesita tener certeza de las causas para prohibir la recepción de órdenes ó suspender de su ejercicio.

La suspensión ex informata conscientia, sólo tiene ordinariamente lugar: 1. En los delitos ocultos que no pueden probarse concluyentemente en el fuero externo. 2.o También le compete esta facultad en algún caso público, como remedio extraordinario, ó sea cuando no pueda proceder en forma judicial sin daño notable del bien público, y 3. El obispo también tendrá derecho para denegar los órdenes á un sujeto en quien no haya tacha alguna, si considera que no es necesario ni útil á su iglesia.

[ocr errors]

Como el decreto tridentino se limita á conceder á los prelados el derecho de prohibir el ascenso de un clérigo á un orden superior y á suspender del oficio y órdenes recibidos, es necesario tener esto presente, puesto que dicha disposición ha de interpretarse estrictamente como derogatoria del Derecho común hasta entonces vigente, siendo consecuencia de esto: 1.° Que no puede, ex informata conscientia, excomulgar á alguno ó poner entredicho ú otra pena fuera de las que se dejan expresadas. 2.° Que en virtud de la indicada facultad no le compete suspender del beneficio ó sus frutos, según la opinión más probable, porque la suspensión del oficio no se incluye en aquélla, puesto que puede nombrarse un sustituto que levante las cargas con derecho á la percepción de parte de los frutos de aquél; y por otra parte, 'a ley derogatoria del Derecho común se ha de interpretar estrictamente. 3. Que la facultad concedida por el concilio de Trento se extiende á la suspensión cemporal ó perpetua, si bien la Sagrada Congregación del Concilio se ha separado en esta parte de sus decisiones anteriores, disponiendo que dichas sus pensiones perpetuas no se impongan nisi præmissis monitionibus, porque la suspensión ex informata conscientia es un remedio extraordinario que no debe emplearse sino en caso de necesidad, la cual no existe nunca para la suspensión perpetua, puesto que el obispo puede conseguir el fin del concilio mediante la suspensión por tiempo indeterminado, y 4.° Que el uso de esta facultad no tiene aplicación sino respecto á los clérigos, siendo además probable que puede emplearse respecto de los delitos públicos, si bien ilícitamente, cuando no existe motivo suficiente para separarse de la forma ordinaria; siendo, por otra parte, muy problemático si convendría hoy que el Papa autorizase á los obispos para que empleasen el procedimiento ex informata cons cientia en toda clase de delitos.

El prelado habrá de expresar su resolución en forma de decreto y sin las ritualidades judicia les; así que puede omitir aun las formas del jui cio sumario, y no tiene obligación de manifestar al delincuente la causa de la suspensión. Es atribución suya observar, si lo tiene por conveniente, algunas formalidades del juicio ordina rio ó sumario, siempre que manifieste en la sentencia que obra con arreglo al derecho que se le concede por el concilio de Trento, porque de no hacerlo así habría lugar á la apelación.

La apelación ea informata conscientia, ya sea temporal, perpetua o por tiempo indeterminado, porque todas estas formas pueden emplearse válidamente, surte desde luego su efecto y ha de cumplimentarse en todas sus partes, bajo pena de irregularidad, mientras no se revoque como injusta, porque el suspenso no puede utilizar el recurso de la apelación, según el concilio de Trento y repetidas declaraciones de la Sagrada Congregación del Concilio, lo cual es muy natural, puesto que la apelación no tiene lugar sino del juicio propiamente dicho.

La parte interesada tiene expedito el camino para recurrir á la Santa Sede contra la determinación del obispo, cuyo recurso se admite en un solo efecto, ó, lo que es lo mismo, tiene efecto devolutivo, pero no suspensivo. La Santa Sede procede en la forma que tiene por conveniente en averiguación de la verdad, pero acostumbra de ordinario á dar comisión al metropolitano ó al obispo más próximo para que requiera al ordinario del recurrente, a fin de que exprese la causa de haberle denegado los órdenes, con fa cultad de ordenar al recusado si aquél no alega causa legítima, según aparece del decreto dado

por la Sagrada Congregación del Concilio en 21 de abril de 1668. Resulta, pues, que la facultad concedida á los obispos para proceder ex informata conscientia no les autoriza á ello sino mediante razones suficientes para probar el delito ó causa ante la Sagrada Congregación del Concilio, si los interesados acuden á la Santa Sede en queja de la conducta seguida contra ellos por sus respectivos ordinarios.

- SUSPENSIÓN DE PAGOS: Legisl. Tratan de la suspensión de pagos y de sus efectos los artícu los 870 á 873 del Código de Comercio. El que poseyendo bienes suficientes para cubrir todas sus deudas prevea la imposibilidad de efectuarlo á la fecha de sus respectivos vencimientos, y el que carezca de recursos para satisfacerlas en su integridad, podrá constituirse en estado de suspensión de pagos, que declarará el Juez ó el tribunal en vista de su manifestación. También podrá el comerciante presentarse en estado de suspensión de pagos dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes al vencimiento de una obligación que no haya satisfecho. Pasado dicho plazo sin haber usado tal facultad, deberá presentarse al día siguiente en estado de quiebra ante el Juez 6 tribunal de su domicilio. Hecha la declaración de suspensión de pagos, el comerciante deberá presentar á sus acreedores dentro del plazo de diez días una proposición de conve nio, sujetándose su deliberacion, votación y demás que le concierna, á lo establecido en la sección 4. del título I del libro IV del Código de Comercio, salvo lo que en ella se expresa tocante á la calificación de la quiebra, que no será necesaria. Si la proposición del convenio fuese desechada ó no se reuniese número bastante de votantes para su aprobación quedará terminado el expediente, y todos los interesados en libertad para hacer uso de sus respectivos derechos.

Estas son las disposiciones del Código de Comercio con respecto á las suspensiones de pagos en general. En los artículos 930 á 937 trata de la suspensión de pagos de las compañías de ferrocarriles y demás obras públicas. Expresaremos estas disposiciones.

Las compañías y empresas de ferrocarriles y demás obras de servicio público general, provin cial ó municipal, que se hallaren en la imposibili dad de saldar sus obligaciones, podrán presentarse al Juez ó tribunal en estado de suspensión de pagos. También podrá hacerse la declaración de suspensión de pagos á instancia de uno ó más acreedores legítimos. Por ninguna acción judicial ni administrativa podrá interrumpirse el servicio de explotación de los ferrocarriles ni de ninguna otra obra pública. La compañía ó cmpresa que se presentare en estado de suspensión de pagos, solicitando convenio con sus acreedo res, deberá acompañar á su solicitud el balance de su activo y pasivo. Para los efectos relativos al convenio se dividirán los acreedores en tres grupos: el primero comprenderá los créditos del trabajo personal y los procedentes de expropiaciones, obras y material; el segundo los de obligaciones hipotecarias emitidas por el capital que las mismas representen y por los cupones y amortización vencidos y no pagados, computándose los cupones y amortización por su valor total, y las obligaciones según el tipo de emisión, dividiéndose este grupo en tantas secciones cuantas hubieren sido las emisiones de obligaciones hipotecarias; y el tercero todos los demás crédi tos, cualquiera que sea su naturaleza y orden de prelación entre sí y con relación á los grupos anteriores. Si la compañía ó empresa no presentare el balance en esta forma, ó la declaración de suspensión de pagos hubiese sido solicitada por acreedores legítimos, el Juez ó tribunal mandarán que se forme el balance en el término de quince días, pasados los cuales, sin presentarlo, se hará de oficio en igual término y á costa de la compañía ó empresa deudora.

La declaración de suspensión de pagos hecha por el Juez o tribunal producirá los efectos sí guientes: 1.° Suspenderá los procedimientos ejecutivos y de apremio. 2. Obligará á las compañías y empresas á consignar en la Caja de Depó

sitos ó en los Bancos autorizados al efecto los sobrantes, cubiertos que sean los gastos de administración, explotación y construcción. 3. Impondrá á las compañías y empresas el deber de presentar al Juez o tribunal, dentro del término de cuatro meses, una proposición de convenio para el pago de los acreedores, aprobada previa.

[ocr errors]

mente en junta ordinaria ó extraordinaria por los accionistas, si la compañía ó empresa deudora estuviese constituída por acciones. El convenio quedará aprobado por los acreedores, si le aceptan los que representen las tres quintas partes de cada uno de los grupos ó secciones antes señalados. Se entendera igualmente aprobado por los acreedores si, no habiendo concu rrido dentro del plazo señalado al efecto, número bastante para formar la mayoría de que antes se trata, lo aceptaren en una segunda convocatoria acreedores que representen los dos quintos del total de cada uno de los dos primeyos grupos y de sus secciones, siempre que no hubiese oposición que exceda de otros dos quintos, de cualquiera de dichos grupos ó secciones ó del total pasivo. Dentro de los quince días siguientes á la publicación del cómputo de los votos, si éste hubiere sido favorable al convenio, los acreedores disidentes y los que no hubieren concurrido, podrán hacer oposición al convenio por defectos en la convocatoria de acreedores y en las adhesiones de éstos, ó por cualquiera de las siguientes causas: 1.° Falta de personalidad ó representación en alguno de los votantes, siempre que su voto decida la mayoría en nú mero ó cantidad. 2. Inteligencias fraudulentas entre el deudor y uno ó más acreedores, ó de los acreedores entre sí para votar á favor del conve nio. 3. Exageración fraudulenta de créditos para procurar la mayoría de cantidad. 4. Inexactitud fraudulenta en el balance general de los negocios del fallido, ó en los informes de los síndicos, para facilitar la admisión de las proposiciones del deudor. Aprobado el convenio sin oposición, ó desestimada ésta por sentencia firme, será obligatorio para la compañía ó empresa deudora, y para todos los acreedores cuyos créditos daten de época anterior á la suspensión de pagos, si hubieren sido citados en forma legal, ó si, habiéndoseles notificado el convenio, no hubieren reclamado contra él en los términos prevenidos en la ley de Enjuiciamiento civil.

Algunas de estas disposiciones, y más particularmente las consignadas en el Código de Comercio con respecto a las suspensiones de pagos, han sido objeto de crítica y controversia, entendiéndose por algunos, y no en escaso número, que esta materia, innovación introducida en la legislación mercantil, ha sido contraria á las clases dedicadas al comercio, por razón de la deficiencia de la misma ley, dando por resultado que una idea germinada y expuesta con los mejores propósitos, haya venido á amparar los planes de comerciantes de mala fe, en detrimento de aquellos otros que obran con la honradez propia y adecuada á la ocupación á que se dedican. Antes de exponer algunos de los argumentos pro lucidos en tal cuestión, se consignará la forma en que la legislación de los principales pueblos europeos considera las suspensiones de pagos.

La legislación italiana sólo considera como quiebra la absoluta insolvencia del comerciante por exceder su pasivo á su activo, mas admite la concesión de moratorias. La francesa admite con el nombre de liquidation juditiaire el estado de suspensión de pagos, ó sea una cesación temporal en el pago de las obligaciones mercantiles, del propio modo que la legislación belga. Según los Códigos francés, belga, italiano, holandés y portugués, la espera ó suspensión de pagos no se concederá sino al comerciante que se vea obligado á ella por consecuencia de acontecimientos extraordinarios é imprevistos, y tenga, según su balance, medios ó medios suficientes para pagar á todos sus acreedores el principal é intereses de sus créditos. Los Códigos holandés y portugués determinan que sólo el Tribunal Supremo de Comercio puede acordar las moratorias, y el segundo añade que en tal caso el tribunal nombrará provisionalmente uno ó más de los acreedores del recurrente para inspeccionar su gestión.

El comerciante tendrá obligación de comunicar el hecho de la suspensión al Tribunal de Comercio en el término de tres días, à contar desde la suspensión, según los Códigos francés y belga. Al tenor del Código holandés, el tribunal podrá inmediatamente, después de ligera conformación de los acreedores, otorgar una es pera provisional al deudor, y presentada después por éste la demanda de suspensión en forma, la enal será remitida por el tribunal á dos conse. ieros comisarios, (stos oirán á los acreedores, y si el Tribunal Supremo reconociere que los dos

tercios de acreedores escriturarios cuyos créditos formen las tres cuartas partes de la deuda total, ó las tres cuartas partes de acreedores cuyos cré ditos formen los dos tercios de la deuda se oponen á la petición, rechazará ésta; la suspensión se concede, si fuese procedente, por el plazo que el tribunal estima, que no excederá de doce meses, y comienza desde el día de la suspensión provisional.

Expondremos ahora las consideraciones en cuya virtud se reclaman las reformas que se juzgan necesarias en las disposiciones del Código de Comercio, consideraciones concretada con notable exactitud por D. Víctor Pio Brugada.

No son cosa nueva en la legislación las suspensiones de pagos; por el contrario, conocidas ya en el Derecho romano, continuaron conce diéndose á fines de la Edad Media y durante la época moderna por los reyes, que, usando de sus prerrogativas y de su poder verdaderamente absoluto, se ponían al lado de los deudores, otorgándoles dilación en el pago de sus deudas en perjuicio de los acreedores.

En la época contemporánea el Código de Comercio francés, inspirado en el criterio de la Revolución francesa, abolió por completo ese resabio dictatorial de otras épocas en que el absolutismo imperaba en todos los órdenes; peto sin que se sepa cómo, á mediados de nuestro siglo se introdujo en la legislación belga otra vez la suspensión de pagos en la ley del año de 1851. El ejemplo de la legislación belga fué imitado más tarde por el legislador italiano, por el Có digo español de 1885, y más adelante por el portugués de 1888.

La suspensión de pagos significa un privilegio concedido al deudor para que no pague à sus acreedores en la época que se estipuló, y he aquí otro de los puntos en que se observa un desequilibrio muy grande entre los progresos que se han realizado en el Derecho público y los del Derecho privado. Todavía en el orden civil tenemos una porción de formulismos, de resabios de otras épocas, en que ciertamente no imperaban los mismos principios políticos que en la moderna. La intrusión, pues, del poder Judicial en el terreno de la libre contratación es completamente contraria, no sólo a los liberales principios de nuestro Código, sino a los principios generales de contratación admitidos por todas las legisla ciones modernas.

Sea como fuere, lo cierto es que, influído nuestro legislador por las doctrinas que se habían aceptado en otras naciones de Europa, al refor. mar el Código de Comercio de 1829 concibió la idea de establecer una distinción entre comerciantes que teniendo un activo superior á su pasivo preveían la imposibilidad de realizar sus pagos en las épocas estipuladas, y aquellos que carecían de medios para satisfacerlos en su inte grilad; y este pensamiento, que en cierto modo se hallaba justificado y se fundaba en razones de verdadera equidad, fué indudablemente mal llevado à la práctica, porque el artículo 1., que trata de suspensiones de pagos, permite que se declaren en ese estado, no sólo aquellos comerciantes que tienen medios de pagar de una manera íntegra sus deudas, sino los que carecen de estos medios. De suerte que se ha pasado la línea divisoria que ha de existir siempre entre las suspensiones de pagos y las quiebras, y se ha establecido una confusión tan grande en el terreno de los principios, que ha de producir sus consecuencias en el orden práctico; porque si se declaran en suspensión de pagos los comerciantes que se hallan en situación de quiebra, claro es que eluden todas las disposiciones que para estas últimas se han formulado, inspiradas en verdaderas razones de equidad y de conveniencia, y estos comerciantes defraudan á sus acreedores, quedando muchas veces impunes delitos que han cometido en la administración de sus bienes.

La primera y fundamental reforma que conviene introducir en la legislación vigente acerca de esta materia, si no se opta por abolir en absoluto las suspensiones, es la de establecer que única mente podrán ser declarados en suspensión de pagos aquellos acreedores que tengan medios suficientes para pagar de una manera íntegra sus deudas, es decir, que posean un activo superior igual á su pasivo; los demás deberán ser declarados en quiebra.

Pero aun dentro de la institución de suspen

[ocr errors]

sión de pagos se notan en el Código de Comercio deficiencias tan grandes, que evidentemente han sido causa de que en la práctica se cometiesen un sinnúmero de abusos y defraudaciones. En primer lugar, según el Código, los comerciantes quedan autorizados para suspender sus pagos, pero pueden continuar efectuando sus cobros, pueden continuar administrando sus bienes. De esta suerte resulta que aquellos bienes que debían servir de garantías á los acreedores para el pago de sus respectivos créditos, pueden ser, y en la mayor parte de los casos lo son, distraídos por el comerciante, el cual deja de cumplir los | compromisos que contrajo. Los acreedores, pues, deberían tener una intervención directa en la administración de los bienes del que se declara en suspensión de pagos, intervención que evita se las defraudaciones, que por desgracia se producen con demasiada frecuencia.

[ocr errors]

Sucede además que, en muchos casos, los comerciantes simulan créditos para obtener mayo ría en las juntas de acreedores, á fin de que se aprueben los convenios que presentan á las mis mas, y esto se hace impunemente, porque decla ra el Código que se aplicarán á estos convenios las disposiciones que se refieren á la deliberación y aprobación de los convenios, pero no las dispo siciones que son un antecedente necesario de los mismos, el reconocimiento de los créditos, á tin de que se sepa si los que intervienen en aquellos tienen ó no legítimo derecho. Omitiéndose el reconocimiento de los créditos, sucede, en la ma yor parte de los casos, que se crean mayorias completamente ficticias, mayorías formadas por créditos fraudulentos. El remedio indicado para estos abusos consiste en que se apliquen a los convenios celebrados en los casos de suspensio nes de pagos los trámites establecidos por el Código para el reconocimiento de los créditos en las quiebras.

Otra serie de abusos, y muy grande, nace de la falta de un procedimiento indicado para tramitar las suspensiones de pagos. Promete el legislador, en el preámbulo al Código de Comercio vigente, que se dictará una ley procesal que vendrá á desenvolver los principios sentados en di cho Código; pero lo cierto es que esta ley no la venido, y que en tanto los tribunales, faltos de unas reglas seguras para desenvolver las disposi ciones del Código, siguen los procedimientos más diversos. Unos tribunales aplican las reglas referentes á los concursos de acreedores, otros los relativos á quitas y esperas, y otros, por analogía, las que se han promulgado para las quie bras, disposiciones todas que vienen á desenvol ver principios de índole completamente distinta, y que, por consiguiente, tienen entre sí diferen cia muy grande.

Importa también tener en cuenta otro precep to del Código de Comercio, relativo á las suspensiones de pagos de las compañías anónimas, porque de él derivan también muchos de los abusos que se lamentan. En efecto, se permite a las compañías de esta clase que se han declarado en suspensión de pagos agrupar los acreedores entre clases distintas: acreedores por trabajo personal, acreedores de obligaciones hipotecarias y acreedores comunes. Aquí no se han mencio nado todas las clases de acreedores que pueden existir; el Código se refiere á aquellos tieque nen sus créditos en virtud de emisión de obligaciones, y no á los que los derivan de contratos de índole análoga garantizados con hipoteca. De suerte que éstos, hallándose en las mismas condiciones que los acreedores en virtud de obligaciones hipotecarias, han de formar parte del grupo de los acreedores en virtud de créditos co

munes.

Para conocer el estado de suspensión de pa gos, en opinión de Díaz, podría imponerse, a todo el que particularmente se establezca, la obligación de presentar en el gobierno civil de la provincia una relación circunstanciada, extendida en acta notarial, en que conste el capital con que cuente para desarrollar el comercio, bienes, muebles, efectos, etc., que le constituyan. De esta manera se vendrá en conocimiento en día deter minado, si al establecerse aquella persona colla ba ó no con elementos verdad para hacer frente ó cuantas obligaciones trae consigo el ejerci vo comercial. Sólo en este caso procedería la suspensión de pagos, si éstos no excedieran de 50 por 100 del capital activo; de lo contrarive verdadero estado de aquella persona es de quiebra fraudulenta, en perjuicio noterio de se s

acreedores. Bien es verdad que, impuesta aquella obligación, no llegaría á darse el último caso.

Se establecería asimismo que todos los notarios pusieran en conocimiento del Juez del partido todos los actos de protesta de documentos de giro que autoricen, para, por virtud de ellos, venir en conocimiento de la situación del comerciante, que á su vez, y al tiempo de establecerse, remitiría á aquella autoridad copia literal y autorizada del acta notarial que mandase al go. bierno civil, ó imponer al notario que la extendiese la obligación también de transmitirla al Juzgado, donde existiría un libro registro de tales actos en consonancia con los de Inventario, Balance, Diario y Mayor que deben llevarse, según el art. 33 del Código, y presentarse al Juez del partido, no al municipal como ordena el 36. De esta manera el citado Juez del partido podrá apreciar el estado legal del comerciante con la imparcialidad propia de la misión que desempeña, en que no es creible que hubiese abuso ni arbitrariedad alguna, dada la inflexible veracidad de los asientos que constan en los libros, y la irrebatible de los guarismos que arrojan el haber y el debe del interesado. Dado el estado anomalo la indicada autoridad aprecie, se vendrá en el acto en conocimiento de á qué puede obedecer, y resultando culpabilidad, no hay tal suspensión de pagos, ni quiebra, ni nada; existe un débito común, cuyo castigo debe imponer en término breve, por virtud del procedi miento sumarísimo.

que

Resultando que por circunstancias independientes de la voluntad del interesado, probadas de una manera auténtica, ha venido á constituirse en estado de suspensión de pagos, el Juzgado lo decreterá así en el acto, acordando la de procedimientos ejecutivos que hubiese pendien tes contra el interesado, convocando para término breve junta de acreedores, en la que se leerá la Memoria oportuna, previamente presentada por el deudor, en que fijará la fecha y for ma en que podrá realizar sus descubiertos. Dicho se está que para garantir éstos, el Juzgado habrá acordado la custodia en persona lega, llana y abonada de los bienes del deudor, y la intervención con un módico tanto por ciento del establecimiento mercantil. No podrá en manera alguna concederse al deudor la facultad de retrotraer su estado de suspensión de pagos á ninguna fecha. Leída en la junta la Memoria presentada por el deudor, y prestada por los acreedores su conformidad á la misma, se llevará á efecto el convenio en los términos que se acuerde, quedando terminado el estado excepcional del deudor y el procedimiento entablado. A dicha junta deben concurrir para tomar acuerdo la mitad más uno de los acreedores, y representarán las tres quintas partes del pasivo, deduciendo el importe de los créditos de los acreedores singularmente pri vilegiados, los privilegiados y los hipotecarios. No habiendo conformidad con las proposiciones presentadas, continuará el juicio para cuya subs. tanciación se dictarán reglas especiales y concretas á fin de evitar al concursado y acreedores gastos y costas inútiles. Podrá ser una de ellas la de realizar en el menor tiempo posible los bienes del dendor, pagándose en la proporción más ventajosa á todos, con el importe de aqué. Ilos, los créditos que resultasen. El acreedor que no concurriese á la junta no tendría op ción ni derecho alguno al percibo de su crédito.

En suma, y vistas las reformas necesarias en la materia, hay que convenir, con el ilustre Sanromá, en que las suspensiones de pagos representan al deudor fuerte que se impone por la astucia ó por las armas al acreedor débil; un día el patricio que quiere librarse del plebeyo; otro día el señor que quiere burlar al vasallo ó el cristiano al judío, ó el rey absoluto al súbdito, hasta que en nuestros días viene el Estado, y con mil artificios de arreglos y conversiones de Deuda decreta una solemnísima bancarrota. Para dar sanción legal á las suspensiones de pagos hay que tomar al menos todo género de precauciones. Es necesario conocer antes el activo, un reconocimiento de créditos para saber si los hay simulados ó quizá convenidos, una intervención seria en todos los cobros y operacio nes de la casa, y sobre todo un procedimiento legal definido y garantizador de los intereses de

[merged small][merged small][merged small][merged small][ocr errors][merged small][merged small]

- SUSPENSORIO: Cir. Algunos órganos, como las mamas y los testículos, que estan pendientes de la superficie del cuerpo, obedecen hasta cierto punto á la acción de la gravedad; participan de los movimientos del tronco, sufriendo oscilaciones y roces, y producen una tensión con. tinua en los tejidos que les sirven de base y los unen al punto de suspensión. Estos fenómenos, apenas perceptibles en estado de salud, se convierten, durante las irritaciones y flegmasías de los órganos suspendidos, en causas poderosas que aceleran el desarrollo, aumentan la gravedad y retardan la curación de dichas dolencias; por cuyos motivos, y para evitar inconvenientes gra. ves, se emplean los suspensorios,

No solamente son útiles estos apósitos en órganos ó regiones desprovistas de potencias locomotrices, y que por tanto no se hallan destina. das á ejercer movimientos activos ni pueden resistir los que otra potencia les comunica, sino que se usan también en los miembros, cuando se quiere evitar la acción de los músculos y mantenerlos en el reposo que se requiere para la curación de ciertas enfermedades esténicas.

Deben los apósitos suspensorios cubrir gran parte ó la totalidad de los órganos suspendidos, para que todos los puntos de su superficie asciendan por igual, sin que sufra alguno de ellos un aumento de acción, que podría ser dañoso; por lo que se acostumbra envolver toda la parte en una especie de saco que toma su punto de apoyo en la parte superior. También pueden descansar sobre un plano horizontal que nazca del borde superior de un vendaje circular. Solamente se exceptúa de esta regia el caso en que, por ser muy sensibles los órganos ó por no ser muy graves sus dolencias, se limita el cirujano á pasar por debajo de ellos el centro de una asa que los mantiene en suspensión.

Los vendajes que con más frecuencia se em plean como suspensorios son los bursiformes, des critos ya por Eliodoro y Sorano de Efeso, que los aplicaban á los pechos, y recomendados por Guido de Chauliac en otros casos. Suspenden con exactitud y comodidad los órganos afectos; pue den servir al propio tiempo de contentivos, y ejercen una compresión igual y moderada. Los de más apósitos se componen de vendajes dispues. tos de diversos modos, pero todos deben reunir las circunstancias generales de seguridad y sen. cillez, sin causar molestia en los órganos suspendidos ni en aquellos donde toman puntos de

apoyo.

La materia de que se construyen es por lo común el lienzo y tejidos elásticos; algunas veces, como en las extremidades inferiores, se usan correas fuertes, que resisten el peso de las partes sin dejarse distender. La acción de los suspensorios, siempre igual y suave, limita los movimientos pasivos de las partes suspendidas; disminuye la tensión de las fibras superiores y la - SUSPENSIÓN BRIGDE: Geog. C. del est. de flojedad de las inferiores, y por consiguiente

los acreedores.

TOMO XIX

precave el aumento de sensibilidad y la inflamación que pudiera resultar de la primera de estas circunstancias, al propio tiempo que impide la detención de los líquidos sanguíneos y linfáticos, que muchas veces llega a producir la segunda. Por último, procuran el reposo completo de los órganos y ejercen en ellos la misma influencia que en todo el sistema muscular la permanencia en la cama, y en los sentidos externos la separación de los excitantes funcionales.

Expuestas estas consideraciones, corresponde hablar de algunos suspensorios en particular.

I Suspensorios para las mamas. Pueden usarse los vendajes cruzado, fronda, bursiforme y pañuelo triangular. Además suelen llenar la misma indicación el corsé y el justillo.

El vendaje en ocho de guarismo ó cruzado es el que con más frecuencia se aplica. Suponiendo que se trata de una sola mama (suspensorio simple), consta de dos anillos, uno superior y otro inferior; el primero cruza oblicuamente la cavidad torácica, desde el hombro del lado sano hasta la axila del afecto; el segundo rodea el tronco por debajo de las mamas. Se construyen con una venda de 8 m. de longitud y 6 centímetros de anchura, arrollada en un globo. Se empieza á aplicar la venda en la axila del lado enfermo, y, conduciendo el globo por debajo de ambos pechos, axila opuesta y espalda, al sitio donde se empezó, se forman tres circulares; hecho esto, y habiendo llegado á la parte anterior del pecho, se sube al hombro del lado sano y se baja sobre las escápulas á la axila del lado afecto, continuando así con cuatro ó cinco vueltas oblicuas, que se cubren sucesivamente en la mitad ó dos terceras partes de su latitud y que sostienen la mama, abrazándola á manera de asa por toda su cara inferior. Por último, se concluye con circulares alrededor del tronco, encima de los prime

ros.

El suspensorio doble (para ambas mamas) puede formarse con la venda arrollada en uno ó en dos globos; en ambos casos debe tener 11 m. de longitud y 6 de latitud.

La fronda para las mamas tiene el mismo aspecto que todos los apósitos de esta clase. Su longitud es de 1,20; su anchura 14 6 15 centí metros, y está hendida por cada lado hasta 8 centímetros de distancia del centro.

El vendaje bursiforme tiene una cavidad cóncava, para adaptarse bien à la figura semiesférica del órgano. Es preciso que, doblada la compresa cuadrangular en dos partes iguales, se corte el ángulo inferior del doblez, formando una escotadura, de modo que, extendido el lienzo, tenga tres ó cuatro pulgadas de ancho y dos ó tres en su mayor profundidad. Preparada la bolsa se cose su borde inferior à un cinturón, y al superior se añaden dos vendoletes de 50 centímetros de longitud.

Sirve asimismo como suspensorio el pañuelo triangular. Su acción no es igual ni bien repartida. No es difícil, por otra parte, que abandone su situación cuando la enferma permanece en cama sin corsé ui justillo.

El corsé y el justillo son los que mejor llenan la indicación de suspender los pechos, porque presentan en su borde superior una superficie cóncava, horizontal y á propósito para recibir estos órganos; no molestan á las enfermas, y nunca se descomponen.

II Suspensorio para el escroto. - Este vendaje bursiforme, propuesto ya por G. de Chauliac, se construía en tiempo de Verduc de dos modos distintos: 1.° haciendo una bolsa de suficiente amplitud para contener el escroto, y cosiendo á ella cuatro vendoletes, dos en su parte anterior y dos en la posterior, cuyos vendoletes se ataban en un cinturón, los primeros sobre el pubis y los segundos sobre las articulaciones sacroilíacas; 2. añadiendo en la parte anterior del circular una tira de lienzo, con un agujero para dar paso al miembro viril, una excavación para recibir el escroto, y dos cabos para atarse encima de las espinas posteriores de los íleos.

Entre los aparatos de esta clase que se usan en la actualidad, merece ser descrito el vendaje bursiforme. Consta de un cinturón y de un apéndice bursiforme, destinado á sostener el escroto. Para obtenerle se toma una compresa de lienzo, de más de 20 centímetros de ancho y 14 de alto; se le dobla según su altura, que es su menor dimensión, en dos partes iguales, y se hacen en ella dos cortes curvilíneos y concéntricos, uno desde el ángulo inferior del doblez á las puntas

107

[ocr errors]

superiores de la compresa, con el que se traza una línea convexa, y se redondean las puntas inferiores, y otro en los bordes que forman el ángulo superior del mismo doblez, para dejar en este sitio una escotadura á manera de cuadrante de círculo, de 5 centímetros de radio. Así resulta una compresa de cuatro bordes, dos rectos y dos curvilíneos, y entre los últimos uno mayor convexo y otro menor cóncavo: el primero de éstos es un semicírculo inscrito de 5 centímetros de radio, y el segundo está circunscrito y su radio es de 20 centrímetros. En ambos bordes semicirculares se hace una jareta y se introduce un cordón destinado á fruncirlos, y los dos rectos se cosen al cinturón, de modo que sus ángulos internos estén separados entre sí por la distancia de una pulgada. Entonces se aprietan los cordones cuanto parezca necesario, resultando formada una bolsa con un agujero en su parte anterior para dar paso al miembro viril, que puede contener el escroto y mantenerse por mu cho tiempo en su situación, sin necesidad de vendoletes.

Colocados los testículos en el apéndice bursiforme, se sujetan las extermidades del cinturón y se aprietan los cordones, especialmente el que sigue la dirección del borde convexo, hasta que el apósito quede por todas partes en contacto con el escroto, y sin que pueda abandonarle facilmente aunque el enfermo se vista y se entregue á sus ocupaciones habituales.

Asimismo se construyen suspensorios de seda ó algodón, en forma de red ó punto de malla, los cuales son más cómodos y ligeros. Parece inútil hacer su descripción, por ser demasiado conocidos de médicos y profanos.

III Suspensorios para la matriz. - En algu nas enfermedades del útero puede hallarse esta víscera totalmente al exterior, y, por haber aumentado de volumen, ser imposible su reducción. En tal caso cabe aliviar las incomodidades que padecen las enfermas, y para ello se han aconsejado suspensorios que disminuyan la tirantez de los ligamentos, vasos, nervios y peritones pertenecientes á la matriz.

Uno de los apósitos convenientes para llenar esta indicación es una especie de bolsa de lienzo ó de un tejido elástico, capaz de contener el útero, terminado por delante y por detrás en cuatro vendoletes, que van afijarse en un cinturón sobre las ingles y las articulaciones sacroilíacas. Si se juzga conveniente colocar una algalia en la uretra, la extremidad de este instrumento pasará por encima del borde anterior de la bolsa y se mantendrá en su situación por medio de un contentivo. Cuando el orificio del útero está hacia la parte inferior, y por él fluye algún humor, se facilita su salida practicando un agujero en el centro del suspensorio.

apo

IV Suspensorios para diversos tumores. Conocidos los apósitos que se acaban de describir, es fácil comprender lo que serán los suspen sorios apropiados á los lipomas, quistes y demás tumores que pueden presentarse en la periferia del tronco. Los que se hallen alrededor de la pelvis se sostendrán con bolsas, pañuelos triangulares, frondas, etc., que tomen punto de yo en circulares colocados por encima de las caderas. Los que aparezcan en el vientre, en el y en el dorso, exigirán por lo común un pecho vendaje que los suspenda por su centro y cuyas puntas terminen encima de los hombros. En fin, las circunstancias particulares de estos suspensorios sólo se podrán determinar en vista de la dolencia que reclama su aplicación, y al criterio del cirujano queda establecerlas.

SUSPICACIA (de suspicaz): f. Hábito ó propensión á sospechar o desconfiar.

SUSPICAZ (del lat. suspicar, suspicacis): adj. Propenso á formar sospechas ó á tener desconfianza.

El genio bondadoso en la corteza, pero en el fondo un si es no es SUSPICAZ, envidioso, in teresado y cuentero; etc.

ISLA.

Mi amado Magistral; No sea usted SUSPICAZ ni malicioso. JOVELLANOS.

-¿Luego ya No me quieres? - No hay quien sufra Ese genio SUSPICAZ, Adusto...

BRETÓN DE LOS HERREROS.

[blocks in formation]

vincia y dióc. de Gerona; 856 habits. Sit. en terreno escabroso, á la izq. del río Ter; cereales, vino, aceite, avellana y cáñamo; tonelería.

SUSQUEHANNA: Geog. Río de la región orien tal de los Estados Unidos, tributario de la tahía de Chesapeake, y formado por la reunión del Susquehanna del Norte ó del Este y del Sus. quehanna del Sur ó del Oeste; el primero nace en el est. de Nueva York, condado de Otsego, derivándose del lago de este nombre, sit, en el ángulo que forma el Hudson con su afl. el Mohawk. Corre primeramente al S. hasta Colliers, y en el resto de su curso se mantiene paralelo al Delaware, á unos 30 kilómetros de distancia, cruzando el territorio de Nueva York, excepto una pequeña incursión en Pensilvania. Entre Oswego y Sayre entra definitivamente en este est., y pasa por Towanda, Tunkhannock y Pittston; tuerce luego bruscamente su dirección, y atravesando entre las apretadas cordilleras de los Alleghanys entra en el valle de Wyoming, que le lleva al S.O. hacia Wilkesbarre, Huntingdon, Bloomsburg y Danville; rechazado al S. por la extremidad oriental del Montur Ridge, va a pasar entre Northumberland, á la dra., y Sunbu ry á la izq., donde se une al Susquehanna del Sur. Mucho más corto que el anterior, pero no menos caudaloso, tiene este su origen cerca de Carrollton, en una meseta del condado de Cam.

- SUSPIRAR POR una cosa: fr. fig. Desearla bria, á 109 kms. al E. N. E. de Pittsburg; su pri

con ansia.

... SUSPIRA el ausente por su casa; SUSPIRA el pobre por su socorro; etc.

P. JUAN MARTÍNEZ DE LA PARRA.

• yo SUSPIRO por mi Gijón. Allí por lo menos se vive en quietud. JOVELLANOS.

- SUSPIRAR POR una persona: fr. fig. Amarla

en extremo.

...á Fabricio me dice que aborrece.
-Luego ya por Fabricio no SUSPIRA?

- Con nombralle á Fabricio se entristece.
LOPE DE VEGA.

SUSPIRO (del lat. suspirium): m. Aliento que se arroja ó saca del pecho con algún ímpetu ó sonido, en demostración de pena, ansia ó de

seo.

Tanto se inflamó su pecho,

Que tal vez llegó á mi oído
De su deseo amoroso
El tercero de un SUSPIRO;
Mas yo, cuanto él más amante,
Más rebelde.

MORETO.

¡Ah celos! soltad la rienda A venganzas y SUSPIROS.

TIRSO DE MOLINA.

- SUSPIRO: Especie de dulce que se hace de azúcar y clara de huevo.

- SUSPIRO: Pito pequeño de vidrio del que sale un silbido agudo y penetrante.

- SUSPIRO: prov. And. TRINITARIA. - ULTIMO SUSPIRO: fig. y fam. Fin y remate de cualquier cosa.

- SUSPIRO: El suspiro, expresión de la pena y del dolor físico, del dolor moral y del deseo, parece que depende del acúmulo de sangre en las cavidades derechas del corazón, y tiene por objeto facilitar su paso á través del pulmón; esta es á lo menos la teoría que da Bichat. Se le puede considerar siempre como voluntario, en el sentido de que lo ejecutan músculos sometidos al imperio de la voluntad, pero las más ve ces es puramente instintivo y en cierto modo automático.

- SUSPIRO: Bot. Nombre vulgar con que se designa en la América meridional una planta perteneciente á la familia de las Convolvuláceas, y cuya denominación sistemática es Pharbitis hispida Chois. En las islas Filipinas dan el mismo nombre vulgar á otra planta muy diferente perteneciente a la familia de las Nietagináceas, y cuyo nombre científico es Mirabilis longiflora L. SUSPIROSO, SA (del lat. suspiriōsus): adj. Que suspira con dificultad.

SUSQUEDA: Geog. Lugar con ayunt., al que están agregados el lugar de San Martín Sacalm, el arrabal de El Ramadal y varios caseríos y masías, p. j. de Santa Coloma de Farnés, pro

mera dirección es al N., cambia luego al N.E. por Clearfield y Renovo, al S. E. hasta Lock Ha ven, al E.N. E. por Williamsport, y por último al S., pasando por Lewisburg y terminando en Northumberland, donde se forma el Susquehanna propiamente dicho, por la reunión de los dos brazos madres. Dicho río, cortando las cordilleras del S.O., llega á Hárrisburg, desciende la vertiente atlántica en Maryland y desemboca por el N. en la bahía de Chesapeake, pasando bajo el viaducto del f.c. de Baltimore á Wilmington. La long, de su curso es de 846 kms. y abraza una cuenca de 6707 km2. Sus afl., aunque numerosos, no tienen importancia, porque la estrechez del valle que recorre no permite la formación de grandes corrientes. El Susquehanna, erizado de escollos é islotes, no es navegable para embarcaciones de gran tonelaje sino en un trayecto de 12 kms., desde la bahía hasta PortDeposit del Maryland. | Condado del est. de Pensilvania, Estados Unidos, sit. en los confines del est. de Nueva York y en la cuenca del río que le da nombre; 2158 kms.2 y 42000 habits. Mucho monte. Cap. Montrose.

á

SUSSEX: Geog. Condado marítimo de la región meridional de Inglaterra, limitado al N.N.E. y O. por el de al N. por los de Kent y Surrey, Hauts y al S. por la Mancha; 3776 kms. y 550442 habits., ó sean 146 por km2. Los montes South Downs, paralelos á la cordillera de los North Downs, cruzan el condado en el sentido de su mayor long., de O.N.O. á E.S. E.; dichos montes, acercándose poco a poco á la costa, terminan en el promontorio de Beachy Head; su alt. media es de 150 m.; el punto culminante, el Ditchling Beacon, llega á 248 m. Las dos por ciones en que los South Downs dividen la comarca difieren notablemente: la del N., llamada el Weald (selva), con sus 46000 hectáreas pobla das de bosque, ha dado al Sussex el primer lugar por su importancia forestal entre los demás condados de Inglaterra; el suelo, de formación cretácea, contiene mineral de hierro; la región del S. pertenece a diversas formaciones de la época terciaria: grava, arena y arcilla, con abundantes restos fósiles. Exceptuando una pequeña parte del condado, que corresponde á la cuenca del Ta mesis, todos los ríos de este país se dirigen al Canal de la Mancha; los principales son el Arun, procedente del condado de Surrey y su afl. el Pother; el Adur, que termina en Southwich: el Onse, que desagua en Newhaven, el puerto rin cipal de aquella parte de costa: el Cuckmere, el Ashburne, el Rother, etc. La costa es tan baja que permite al mar frecuentes y desastrosas irrup ciones; hay motivos para creer que aún está en un período de paulatino levantamiento. En la region N. del condado el clima es extremado en todas las estaciones, y la abundancia de lluvias satura el aire de humedad; en la parte meridio. nal la temperatura es suave y hay sequedad relativa en la atmósfera. El terreno es fertil y apropiado para el cultivo de hortalizas, frutas y legumbres; las principales cosechas son de cerea

[ocr errors]
« AnteriorContinuar »