Imágenes de páginas
PDF
EPUB

cretáceos, pudiendo citarse entre los mamíferos el Anthracotherium, Lophiodon, Lutra, Canis, Viverra y Sciurus; de los pájaros el Protornis; entre los peces el Trigon, Torpedo, Carcharodus, Ostracion, Acanthopleurus, Acanthopleura, Anguilla, Mesogaster é Isurus, Gasteronemus, Vomer, Lichia, Mugil, Aulostoma, Fibularia, Platax, Naseus, Pagellus, Dentex, Labrax y otros varios; de los crustáceos el género más importante de los que aparecen es el Squilla, y de los cefalópodos el Megasiphonia y Beloptera; de los gasterópodos pudieran citarse bastantes, pero citaremos tan sólo el Siliquaria, Turbonilla, Sigaretus, Ancillaria, Oliva, Cancellaria, Triton, Nassa, Cassis, Morio, Elix, Planorbis, Melania y otros varios; de los moluscos lamelibranquios aparecen el Donax, Teredina, Anodonta y Draissena; representan á los equinodermos el Schizaster, Brissus, Eupatangus, Salmacis, Gualtieria y Conocrinus; por último, de los foraminíferos puede citarse la aparición del Orbitolites, Assilina y Nummulites.

Hay bastantes géneros que son exclusivamente del piso que describimos, y que nacen y mueren dentro del mismo, como el Protornis entre los pájaros, y el Narcopterus, Calamostoma, Rhinellus, Holesteus, Pleionemus, Gasteronemus y Pristigenys; pertenecen á esta categoría entre los moluscos lamelibranquios el género Teredina, y de los equinodermos el Amblypugus, Gualtie ria y Conocrinus. Afirmado ya por consideraciones estratigráficas que la superposición concuerda con la clasificación de los estratos nummulíticos, puede, sin embargo, establecerse un grupo especial de motivos que afirme y ratifique estas conclusiones; así, puede afirmarse que es un hecho de exclusión de los terrenos cretáceos la existencia de los géneros Nummulites y Assilina, pues las veces que se han indicado estas formas en yacimientos secundarios ha sido debido indudablemente á mala determinación de los mismos; por el contrario, es un hecho positivo para afirmar la existencia de los estratos terciarios el hallazgo de formas correspondientes á estos gé neros de foraminíferos.

Los caracteres paleontológicos deducidos de las especies es verdaderamente difícil establecerlos en la actualidad, como lo hacía D'Orbigny al publicar su paleontología estratigráfica, pues el gran número, que hace algo más de duplicar las 678 especies por él citadas, imposibilita una com. paración que, por otra parte, nosotros no podríamos intentar.

La cronología histórica del período suesoniense puede establecerse afirmando la existencia de un verdadero cataclismo al fin del período cretáceo, que dió lugar á la extinción de un gran número de géneros y á todas las especies del piso daniense, y al terminar este primer período aparecieron en la superficie del globo unos 200 géneros desconocidos en los pisos inferiores, y cerca de 1000 especies que dan idea de la fauna terciaria comparada con las anteriores. Los límites de los mares variaron especialmente en algunos puntos, pudiendo decirse que en general se circunscriben los límites asignados cretácicos, como pasa, por ejemplo, en la cuenca angloparisiense; el mar suesoniense extendíase en esta región por Inglaterra en una direccién N. E. á S.O., que llegaba desde Dorchester hasta el N. del Támesis, y en una dirección paralela á ésta, pero que se extendía bastante más al N. En la cuenca pirenaica el mar suesoniense parecía llegar por el N. á los mismos sitios que el cretácico, y todo parece hacer creer que se extendía desde el Atlántico hasta el Mediterráneo, ocupando toda la actual región de la cordillera pirenaica y una gran parte de España. La región mediterránea es la que más transformaciones ha sufrido respecto a los límites del mar suesoniense; entonces no llegaba á ocupar la Provenza, que estaba cubierta por lagos de agua dulce; pero en cambio llegaba al departamento del Var, extendiéndose por el litoral occidental, según la línea ocupada actualmente por la cadena de los Alpes desde Castellannes á Glaris, extendiéndose por el E. por toda la Cerdeña, Italia, el Vicentín y el Tirol, y ocupando también parte de Suiza. Los continentes variaban en igual forma y en idéntica relación que los mares, aumentando sucesivamente sus límites para ir llegando á los actuales.

Tanto los mares como los continentes estaban habitados por una extremada variedad de animales y plantas; y habiéndonos ocupado ya de

los primeros, haremos notar algo de lo que se refiere a la flora de aquellos continentes. Lo variado de la vegetación lo demuestran las extensas listas publicadas por Brongniart, estando representadas todas las criptogamas, especialmente las equisatáceas, las charáceas y las palmieras, de las cuales había una abundancia en formas y en individuos puramente tropical; de las dicotiledóneas angiospermas puede citarse el Betulinum Parisiense, y de las leguminosas algunas formas del género Enoteres y Trapa.

El yacimiento más típico para estudiar el piso suesoniense es la cuenca de París, donde se encuentran representados los tres subpisos en que dijimos se dividía el suesoniense. El primero de los subpisos, ó mauduniense, está representado en primer término por las margas de Meudón; una emersión más o menos prolongada precedió al depósito de los sedimentos eocenos en la cuenca de París, donde reposan en discordancia sobre el cretáceo, y cuando se verificó la invasión del mar suesoniense por la parte del N. no pasó de una línea que va desde Noailles á la montaña de Reims; al S. de esta línea no existen depósitos de la época mauduniense, à excepción de algunas formaciones de agua dulce muy separadas unas de otras, y de las cuales la más característica es la capa de las margas estroncianíferas de Meudón; son éstas blancas, untuosas, conteniendo el 20 por 100 de carbonato de estronciana, el 75 por 100 de cal y el 5 restante de arcilla; su espesor es de varios metros, y se distinguen en ellas dos horizontes: el de la base, que contiene nódulos calizos duros y amarillentos, con Cerithium inopinatum, Cornetia maudunensis, Uteria parisiensis y otros; y el superior, que presenta concreciones blanquecinas rodeadas de ar cilla verde, conteniendo Paludina aspersa, Helix hemisphærica y otros fósiles característicos de la caliza lacustre.

Las denominadas arenas de Bracheux, que se encuentran á poca distancia al N. de París, reposan en general sobre la creta y se caracterizan por presentar un verdadero cordón de sílex ó pedernales de superficie verdusca y algunos decímetros de espesor, encontrándose además arenas glauconiferas de una decena de metros de potencia, y encerrando Ostrea bellovacina, Cyprina scutellaria, Crassatella sulcata, Lucina contorta, Voluta depressa y otros varios. Esta misma capa constituye la llamada glauconia inferior ó glauconia de la Fere, formada por arena de granos muy finos con puntos verdes de glauco nia y una pequeña cantidad de materias arcillosas y calizas; se halla directamente superpuesto á la creta y encierra restos de mamíferos, espe cialmente del Arctocyon primavus. En algunos puntos de Picardía, y entre los ríos Oise y Somme, el subpiso mauduniense está compuesto por cuatro capas:

4 Marga verdosa de Marqueglise con riñones ó nódulos de pedernal blanco y Ostrea heteroclita.

3 Arenas claras amarillentas y conchíferas con cantos en la base.

2 Arenas ó areniscas blancas ó verdes también conchíferas.

1

Arenas glaucónicas sin fósiles y conglomerados de pedernal verdusco.

Avanzando hacia la parte meridional de los anteriores yacimientos se ve cambiar la constitución del piso mauduniense, pues por encima de la creta, y descansando sobre ella, hay una capa de marga gris blanquecina con pequeños cantos negros, apareciendo después una zona inferior de 10 m. de areniscas amarillentas dispues tas en tres bancos con impresiones vegetales y troncos que presentan perforaciones, hallándose separadas las tres zonas por bancos de arena gris, explotada para las fábricas de cristal que se encuentran en las proximidades; la segunda zona tiene 10 ó 12 m. de arenas silíceocalizas, que encierran una riquísima fauna; sigue una tercera zona superior de arenas cuarzosas llamadas de Rilly, a veces blancas, pero generalmente violáceas ó rosadas, con lechos de pedernales rodados separados de la zona precedente por arena ferru ginosa aglutinada, con impresiones de fósiles marinos. Por encima de estas arenas aparecen las margas y calizas de Rilly, de un espesor de á 4 m., y encerrando Physa gigantea, Paludi na aspersa, Helix hemisphærica y otros varios. En las cercanías de Sezanna la caliza de Rilly se presenta con los mismos fósiles bajo la forma de un travertino muy rico en impresiones vegetales

estudiadas por Saporta, observándose por encima de la creta un depósito arenoso sin estratificación con nódulos de pedernal y cubierto todo ello per bancos más o menos continuos de travertino, cuyo espesor aproximado es de 5 m., siendo las capas concrecionadas y surcadas por cavidades tubulares sinuosas, por tubos de frijanias y las citadas impresiones vegetales, pudiendo afirmarse que esta formación es evidentemente el lugar de una antigua cascada rodeada de grandiosos árboles, donde abundan la Chara minima, Marchantia Sezanensis, Juglandites cernuus, grandes laureles, especialmente el Sassafras primigenium, nogales opulentos y potentes triáceas que, unidas á las magnolias, daban á esta espléndida flora una fisonomía exótica y completamente tropical.

El subpiso esparnaciense está representado en la cuenca de París por la llamada arcilla plástica de París y del Soisonnais, que establece un ré gimen completamente lacustre, sustituyendo al anterior, que fué marino, y que en la parte Norte de la cuenca presenta alternativas marinas y lacustres, siendo el depósito de un espesor muy desigual y alcanzando el máximum de 50 metros en Saint-Denis. Esta arcilla plástica principia en Moulineax por un conglomerado osífero for mado por tres capas en la base, una de 60 centímetros de fragmentos rodados de creta y de caliza pisolítica con anodontas, paludinas, tortugas, cocodrilos, el Gastornis parisiensis y el Coryphodon anthracoideus; viene después, á 1,60 metros, la arcilla hojosa con yeso, lignito y conchas de agua dulce, como la Unio antiqua, Anodonta Cuvieri y Paludina lenta, y por último hay 1,50 metros de arcilla esquistosa gris con impresiones vegetales. Por encima del conglomerado, en cuyas capas de lignito se han encon trado en Vaugirard trozos de succino con Physa Heberti, Paludina suessionensis, etc., viene una capa de greda rojiza y gris, coronada por una verdadera arcilla plástica explotada en alfarería y dispuesta en capas que se hallan separadas entre sí por otras de 2 metros de arena cuarzosa fina, arcillosa y lignitifera, concreciones de pirita y de carbonato de hierro, disminuyendo de importancia la areniscas plásticas y aumentando por el contrario las arenas en dirección del Soissonnais.

En el Laonnais, por encima de la glauconia inferior, se observa una arcilla plástica, piritosa y con yeso, que corona los lignitos piritosos y las cenizas negras, explotandose estos lignitos, cuyo espesor no pasa de 4 metros, para la fabricacion de la caparrosa y del alumbre. Algunas veces desarróllase en la parte superior una caliza margoza, lacustre y bituminosa, y por encima se presentan gredas y areniscas arcillosas con Ostrea bellovacina y Cyrena cuneiformis, transfor mándose lateralmente estas arenas en areniscas cuarcíferas que se utilizan para el enlosado de las calles, y presentando estas capas unos 15 á 20 metros de potencia.

En los alrededores de Reims el conglomerado de Meudón se reproduce en capas variables de á 7 metros de espesor, formado por un cemento arcilloso, arenoso y lignitífero de 1 à 10 metros de potencia, y que encierra ligneas y planorbis y otros fósiles, que recibe el nombre de marga de Chenay y que se repite en bastantes locali dades de aquella zona. Es muy interesante la fauna de mamíferos que encierran este conglomerado, y esta marga estudiada por Lemoine y cuyas principales formas son el Artocyon Duci liyel Pleuraspidotherium Aumonieri, hallándose unidos á éstos el Gastornis Edwardsi y los géneros Trionix, Emys, Simadosaurus y otros; por encima hállase colocada una capa de 10 a 12 metros de arcilla, con lignitos mezclados con arenas, cantos rodados y areniscas, siendo estas arcillas el yacimiento de la Cyrena cunciformis, Melania inquinata y Cerithium turris; en algunos puntos la arena es muy gruesa y encierra restos de mamíferos, como el Plesiadapis, Proviverra, Lophiodon y otros.

En Epernay la base de los lignitos está forma da por una marga blanca con bancos de caliza lacustre, margosa y compacta, con Physa colum nari; por encima de este conjunto vienen 6 6 7 metros de margas lignitíferas con cirenias y ce ritias, y todo ello se halla coronado en el monte Bernón y en otros puntos por 3 6 4 metros de arenas cuarcíferas finas, blancas ó violáceas, con venas irregulares de arcilla gris, donde se presen tan la Unio truncatosa y la Teredinu personata.

En la Picardía meridional, en los alrededores de Montdidier, la arcilla plástica gris, amarilla ó violacea, parece distribuirse en las arenas glauconiferas, como si fuera el producto de ema naciones termales de origen profundo; la base ofrece formaciones denticulares de caliza lacustre y gris, en cuya cara superior se encuentran adheridas valvas de la Ostrea bellovacina. Por encima hállase colocado un estrato de lignitos que termina habitualmente por formaciones conchíferas y de unos 2 metros de espesor, siendo los fósiles más característicos la Ostrea bellovacina, la Cyrena cuneiformis y la Melania inquinata. Aparecen también arenas amarillentas de origen marino de 9 metros de espesor, y cuyo fósil más característico es el Pectunculus terebratularis, siendo esta formación la que recibe el nombre de arenas de Sincenia, que establecen la transición entre los estratos lignitíferos y las arenas nummulíticas del Soissonnais; la parte superior de estas arenas se halla formada por una capa muy constante de pequeños cantos negros. El subpiso superior del suesoniense, ó sea el ypresiense, se halla representado en la cuenca de París por las arenas nummulíticas del Soissonnais, cuyo origen fué debido á una invasión del maral principio de la época ypresiense, y se hallan compuestas en el valle del Aisne de capas hasta de 50 m. de espesor, siendo finas, silíceas & micáceas y amarillentas, algo glauconíferas en la base, adquiriendo entonces color gris ó verde, y presentando vénulas arcillosas y lignitífe ras. En diversos niveles contienen riñones tuberculosos de arenisca caliza ó dolomítica, algunas veces silícea, y que se les llama cabezas de gato, siendo el fósil más característico de la formación el Nummulites planulata, de muy pequeño tamaño, siendo especialmente las capas de estas arenas donde más abundan los fósiles, pudiendo distinguirse dos horizontes separados por una masa de arena cuyo espesor varía de 2 á 10 m., llamándose horizonte inferior de Aizy, y teniendo como fósiles más característicos la Rostellaria Geoffroyi, Natica splendida, Turritella edita y Pectunculus ovatus. El horizonte superior, llamado de Mercín, está caracterizado por la Melania vulcanica, Melanopsis Parkinsoni, Neritina tricarinata, Cerichium papaale, acutuna y detritum, siendo la mayoría de estas especies de estuarios ó de puntos litorales muy poco profundos.

Como modelo de tipos septentrionales del sistema eoceno, especialmente en el piso suesoniense, pueden estudiarse las formaciones que establecen el paso de la cuenca de París á los depó. sitos de Bélgica. Siguiendo el itinerario de la isla de Francia, se reconoce que la glauconia, llamada Tuffeau de la Fere, y las capas de arenas con arcillas y lignitos, se continúan en toda la región, formando en los alrededores de Valenciennes un estrato que se hace extremadamente duro, y en Lille está separado de la creta por 15 ó 20 m. de arcilla plástica gris ó negra, en la que se encuen tran cantos de pedernal, y á la que Gosselet ha dado el nombre de arcilla de Louvi. Mientras que la glauconia corona bastante uniformemente las mesetas cretáceas, las arenas no se presentan más que en algunos puntos aislados que corres ponden á depresiones de la creta, y en donde no han podido ser arrastradas por las aguas, formando como bolsadas de arena blanca ferrugino sa y con capas de lignito que encierran algunos fósiles, y principalmente cirena, tales como las que se observan en Montescourt y en algunos puntos de las proximidades de Cambrai. En Flandes la base del eoceno toma un aspecto particular y se halla compuesta por un conglome rado de pedernales cretáceos con ganga arcillosa, constituyendo á veces un mármol llamado, por Gosselet, de la Porquerie. Las arenas blancas con areniscas de empedrar se extienden bastante hacia el E., pues se presentan en las Ardenas. Por encima de las arenas se observan, en los alrededores de San Quintín y de Guisa, arcillas varioladas y rojizas encerrando bloques de una piedra de afilar, con un fósil que es el Nummulites lavigata y otros fósiles de la caliza gruesa, siendo estos bloques testimonio de la existencia de un estrecho que desde Chauny, siguiendo el valle alto del Somme y el departamento del Norte, comunicaba la cuenca de París con la de Bélgica.

En el Hainaut aparecen muy característicos los estratos suesonienses, habiendo sido perfectamente estudiados por los sondajes realiza los por

las explotaciones hulleras, y especialmente en Mons se ha puesto al descubierto una capa fosilífera comprendida entre el cretáceo y las arenas suesonienses, y cuya potencia alcanza en algunos puntos acerca de 100 m.; es una caliza de grano grueso, amarillenta, muy deleznable, formada de una aglomeración de restos orgánicos, especialmente foraminíferos del género Quinqueloculina, y algas calizas como la Dactylopora y Acipu laria. La fauna de este depósito, que presenta á primera vista grandes analogías con la caliza basta de París, ha sido estudiada por Cornet y Briart, comprendiendo una infinidad de géneros de moluscos, algunos de los cuales, como el Auricula, Physa, Pupa y Melanopsis, permiten creer que el depósito corresponde á un estuario. Esta caliza, tanto por su posición como por los erizos de mar fósiles que presenta, establece la transición entre el piso garumniense del cretáceo y las formaciones de la base del eoceno. Antes de haberse descubierto esta caliza, la formación más antigua del piso suesoniense en Bélgica estaba constituída por el llamado sistema hersiense, de Dumont, que es la reunión de las margas y las arenas glauconiferas, que se desarrolla en los alrededores de Heers con un espesor de 72 m., hallándose constituído en la base por arenas y una toba caracterizada por la Cyprina planata; por encima vienen las margas de Gelinden, conte niendo algunas especies de las arenas de Bracheux, tales como la Pholadomya cuneata y otras de las existentes en las arenas de Thanet en Inglaterra, especialmente la Cyprina Morrisi, y además una flora estudiada por Saporta y Marión, y cuyas especies indican un clima moderadamente cálido, húmedo y sin grandes variaciones de temperatura. Una caiiza de 20 m. de espesor, conteniendo fisas, y que recibe el nombre de caliza de Ainín, y á la que se añaden margas arenosas marinas del mismo espesor, ha sido últimamente descubierta entre la caliza de Mons y las arenas verdes eocenas, y que probablemente corresponden también á la misma época.

El sistema landeniense de Dumont se compo. ne en la base de un piso marino correspondiente á la glauconia de Fere, y en la parte superior otro de agua dulce equivalente á los lignitos del Soissonnais. El piso marino comienza de ordinario por cantos rodados ó una pudinga glauconífera con sammitas glaucónicas que pasan á maciño, y con marga, argilita y arena; su espesor varía generalmente de 10 á 12 m., aunque llega en algunas hasta tener 30, y sus principales fósi. les son la Turritella coupta, Chenopus dispar, Pholadomya Konincki, P. cuneata, Panopia intermedia, Cyprina Morrisi, Cuculloa crassatina, Cytherea bellovacina, etc. El landeniense superior está formado de arena, arenisca, marga y lignito esquistoso, siendo las primeras blancas y amarillas, violáceas á veces, de 10 à 20 m. de espesor, y no conteniendo más que troncos silicificados é impresiones vegetales, como por ejemplo de Flabellaria.

El ypresiense, en Bélgica, se compone de dos estratos: la llamada arcilla de Ypresí ó de Flandes, que equivale á la arcilla de Londres, y que no contiene más fósiles que foraminíferos y algunos crustáceos: es una arcilla generalmente plástica, de color gris azulado, encerrando venas de carbonato de hierro y con espesor hasta de 100 m.; la segunda capa es la llamada arenas de Mons en-Pévéle, grisáceas, muy finas y suaves al tacto, conteniendo hojnelas de mica, y caracte rizada por el Nummulites planulata; su espesor varía de 30 á 70 m.

[ocr errors]

Fusus tuberosus, Scalaria Bowerbanki, Nucula Thanetiana, Ostrea bellovacina y otros.

Las capas de Woolwich y de Reading están formadas por una sucesión de lechos, ó más bien de capas lenticulares de arcilla de cantos silíceos; su espesor varía de 4 á 28 m. en la cuenca de Londres, y ofrecen una mezcla de depósitos marinos con formaciones de agua dulce y de estuarios; su fauna está compuesta de Coryphodon, Lanna contortides, Lepidotus, Cerithium variabile, Melania inquinata y otros varios; existen también algunas plantas terrestres de los géne ros Dryandroides, Gervillia, Ficus, Laurus, etcétera, y algunas conchas de agua dulce, como la Padulina lenta, Planorvis lavigatus y Unio parallela.

Las arenas del Oldhaven, de una potencia de 6 á 9 m., contienen cantos rodados de pedernal; en compensación de su poco espesor hallanse muy extendidas, y salvo raras excepciones sus fósiles son marinos y ofrecen una niezcla de la fauna de las capas subyacentes con la correspondiente á la arcilla de Londres, pudiendo considerárselas como el equivalente de las arenas de Sinceny. Según Gardner, en el suesoniense inferior de Inglaterra hay dos fases: la una templa da, á la que corresponden las capas de Thanet como facies marinas y las de Reading como facies de estuario, y la otra subtropical, con la serie marina de Woolwich y la serie de estuarios de Oldhaven. El London clay ó arcilla de Londres es una formación de estuario con una arcilla parda ó gris azulada con bandas de concreciones calizas denominadas septarias; su base está formada por arenas amarillas y verdes, con cantos generalmente aglomerados en capas muy duras por un cemento calcáreo. En la cuenca de Londres la potencia de este estrato varía de 15 á 50 m., en la isla de Wight 60, en Whitecliff Bay es de 90, y acaba por desaparecer por completo en el Dorstshire. Las localidades más fosilíferas son Rognor, Highate, y sobre todo la isla Sheppei, donde se encuentran el Nipadites ellipticus y umbonatus, algunas coníferas, varios laureles y grandísimas higueras. La fauna del London clay comprende mamíferos como el Didelphis Colchesteri, Hyracotherium cuniculus, pájaros como el Lithornis vulturinus y Halcyornis toliapicus, varias tortugas, más de 60 géneros de peces, y entre los moluscos el Nautilus ellipticus, Fusus regularis y Rostellaria ampla.

Merece especial mención el suesoniense alpino, que pertenece a una gran zona mediterránea que comprende España, Italia, Grecia, Argelia, parte de Egipto y el Asia Menor, siguiendo de allí según demostramos en la distribución que indicamos para formar las regiones de la Persia, la India y China. En toda esta zona, que en la época cretácea se caracteriza por la caliza de rudistas, forma durante la terciaria una facies especial llamada caliza nummulítica, calizas que á veces son duras y cristalinas, formando potentes macizos de grandes alturas, y exclusivamente constituídos de los caparazones de los nummulites que presentan dimensiones variables desde la de una lenteja hasta la de un escudo, pudiendo ser reemplazadas las calizas por areniscas y margas, pero entonces los nummulites son mucho menos abundantes. Las calizas y areniscas nummulíticas del macizo alpino parecen correspon dientes á la caliza basta de París, á las arenas de Beauchamp, y tan sólo en los Alpes venecianos parece hallarse representada la parte superior del piso suesoniense.

Ha recibido el nombre de Flysch una formaEs indispensable describir el piso suesoniense ción bastante compleja de areniscas esquistosas del eoceno inglés, por ser una formación muy tí superpuestas á las capas nummulíticas y que no pica y bastante diferente de las descritas, que se contienen más que impresiones vegetales consipresenta en dos cuencas diferentes, la de Londres deradas como de algas de los géneros Fucoides, y la del Hampshire, y la serie completa estable- Myrianites, Chondrites y otros. Las areniscas cida por los clásicos estudios de Prestwich com- blancas de cemento calizo, llamadas maciños, prende tres pisos, de los cuales el inferior por com- son frecuentes en esta formación, cuyo espesor pleto, y parte del marino ó medio, son suesonien- es considerable, pues en el Delfinado excede de ses, correspondiendo las llamadas arenas de Tha2000 m. de potencia, no siendo menores en Linet al mauduniense, las de Oldhaven y las de guria. El Flysch, una de cuyas partes se une al Woolwich y Reading al sparnacieuse, y por úl-cretáceo, parece ser una facies del eoceno propio timo, la llamada arcilla de Londres, al ypre- de las cadenas alpinas, y en los hordes de esta siense. formación hállase sustituído, al menos en parte, por capas llamadas de operculinas y otros fósiles completamente ligados con los nummulí¡ticos.

Las arenas de Thanet, que faltan en la isla de Wight y en toda la cuenca del Hampshire, consisten en arenas finas cuarzosas de color claro, y en parte mezcladas con arcillas; descansan sobre una capa de pedernales cretáceos y su espesor varía de 1 á 15 m., siendo la fauna completamente marina, y sus principales géneros son el

El suesoniense pirenaico se caracteriza especialmente por los nummulites y se relaciona bastante con el alpino, pues está formado bajo iguales condiciones y análogos hechos. Dos mo

vimientos de emersión existieron en los Pirineos al fin de la era secundaria, y las capas inferiores del sistema eoceno no han podido, por tanto, ser señaladas con absoluta certidumbre, existiendo en Cataluña calizas rojas con Bulimus gerundensis, cuya exacta colocación es muy difícil de fijar; además es preciso recordar la íntima unión del garumniense superior con Micraster tercenses con las calizas de Miliolites, y la posibilidad de una equivalencia entre este horizonte y la base del terciario. El completo estudio hecho por Carez de los terrenos terciarios del N. de España parece indicar que estas formaciones no son más antiguas que las del Soissonnais, á cuyo nivel pueden colocarse las calizas de alveolinas que alcanzan el espesor de 250 m., y estableciendo la serie completa de arriba hacia abajo del modo siguiente:

8

Pudingas superiores de una potencia de 1000 m. en Montserrat, donde forma lo que en los Pirineos franceses corresponde à la pudinga de Palassou, y que precisamente es la única capa que no forma parte del piso suesoniense, pues las otras y restantes pueden incluirse en él.

7 Calizas conteniendo ceritios y nummulites de gran tamaño, que en unión con la

6 Compuesta por margas azuladas con orbitolites y Serpula spirulau, de 500 m. de potencia en Vich, y la

5 Constituída por calizas con Orbitoides máxima y margas con Turritella savasiensis, que en unión con las dos anteriores pueden considerarse como correspondientes á las arenas de Beauchamp y á las calizas de Saint-Ouen.

4 Margas y calizas con Schizuster Archiaci y Nummulites striata, que tambien forma con las dos siguientes la representación de la caliza

basta.

3

Caliza con Velates Schmideli.

2 Calizas con varios géneros de Nummulites, especialmente el complanata, perforata y spira.

1

Calizas con alveolinas y algunas capas con operculinas que representa el horizonte de las arenas de Cuise, y que se caracteriza por el Nummulites exponeux.

Siendo en España la formación más clásica del suesoniense la descrita por Maestre en la provincia de Santander, transcribimos á continuación lo que dicho autor dice en la descripción fisica y geológica de la misma provincia.

«El grupo nummulítico, correspondiente á la formación eocena de esta provincia es parte de la banda que rodea la gran cordillera por sus faldas del Norte y Mediodía, que toma un gran desarrollo en las provincias catalanas y aragonesas, elevándose hasta una altura de 3351 metros en el Mont-Perdú, una de las cumbres más elevadas de aquella cordillera, y ocupa después buena parte de Navarra y Alava, quedando allí cortada y no volviendo a presentarse hasta pasada la población de Santander, en la misma costa, entre la ermita llamada de San Juan, término de Cueto, y el palacio de Soto la Marina, que se halla como un kilómetro al O.N.O. de la iglesia del pueblo de este nombre, quedando San Román casi en el centro. La longitud de este manchón no excede de 6 kms. y la latitud de 2, teniendo la figura de un cuadrilongo redondeado solamente por los dos ángulos que se hallan al interior.

>>Otra vez vuelve á aparecer el mismo terreno cerca del límite de la provincia por la parte de Asturias, en donde penetra buen trecho. Tiene su principio poco antes de llegar á San Vicente de la Barquera, y se extiende en una banda paralela, pero poco más de un kilómetro separada de la costa, con una longitud de 10 kms. próximamente y latitud que no pasa de 3. La figura de este manchón es también cuadrilonga, siendo reemplazado el lado recto de la parte de E. por un arco de círculo que tiene salida hacia el mismo rumbo, al paso que por el lado opuesto va á terminar en el río Deva, que camina rectamente al mar en los últimos kilómetros de su curso. Nada diremos de la prolongación del terreno en cuestión dentro de Asturias, puesto que, habiendo sido estudiado por persona tan competente como el Sr. D. Guillermo Schulz, puede el que quiera enterarse recurrir á la excelente Memoria publicada por este señor. Idénticos son los caracteres que ofrecen uno y otro manchón, y por lo tanto nos fijamos en el oriental, que por otra parte es el menos accidentado, y por consiguiente el más fácil de estudiar, á lo que contribuye también el hallarse descubierto por el lado del

mar, además de atravesado por las rías de San Pedro y de Soto la Marina, que presentan cortes magníficos, y, para un geólogo, del mayor inte

rés.

>> La estratificación de la formación nummulítica es sensiblemente paralela á la de la creta, sobre la cual se apoya; las capas de ambas corren de E. á O., pero las de esta última tienen 50 á 65° de inclinación N. y las de aquélla solamente de 15 á 20 N. también. He aquí lo que nos manifiesta este terreno estudiandolo de abajo á arriba, desde la superficie de contacto con la creta:

>>1. Margas arenaceas azuladas, con infinidad de fucoides, espatangos y otros muchos fósiles. >>2. Arenisca caliza grosera de color amarillento ó rojizo, sin fósiles.

»3.° Caliza azul obscura compacta y á propó sito para la construcción, con nummulites diseminados en su masa.

4. Caliza arenosa blanquecina, al parecer descomposición de la anterior, en la que se ve infinita cantidad de nummulites generalmente pequeños.

>>En algunos barrancos y otros puntos de la superficie se hallan nummulites sueltos en cantidad notable. El sitio más á propósito para estudiar este terreno es la ría de San Pedro, donde está el molino denominado de Gandarillas, término de San Román, y también un puesto de carabineros que se halla inmediato. La fisonomía de este terreno es muy semejante á la del creta. ceo en los puntos en que las rocas son de naturaleza parecida, y su posición se acerca á la horizontal, como en los campos de Estrada por ejemplo; pero su vegetación es muy sobresaliente, en especial en árboles frutales, y así se explica esa superabundancia de población que excede en un doble á la de los terrenos más poblados de la prov.

>> En la formación nummulítica no hay aguas ni minerales notables, y los fósiles que hemos reconocido son: Hemiaster verticalis Agassiz, Spatangus ornatus Defrance, Nummulites numularia Orb., N. scabra Lamarck, y N. spissu Defrauce. >>

El otro yacimiento clásico del suesoniense en nuestra península es el descrito por Mallada en el t. VII del Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España en el Reconocimiento geológico de la prov. de Córdoba.

Verdadero contraste forma el nummulítico de esta prov. comparado con el que presenta, desde Colombres (Asturias) á las costas de Gerona, la zona pirenaica. En esta última ese grupo se des taca en las agudas cimas de sus quebradas y riscosas sierras, con grandes bancos de caliza cer cados del suelo montuoso que determinan sus margas azules, y de las grandes escarpas á pico de los conglomerados superiores. Faltan éstos absolutamente en Córdoba, donde las margas son amarillentas y cenicientas, muy pobres en fósiles, y con ellas se intercalan delgados lechos de caliza arcillosa, en los cuales es inútil buscar la riqueza de foraminíferos y equinodermos de la otra region. El mar eoceno, que con exuberante vida y variedad de rocas se encontraba espléndido en el N. aparecía pobre en seres orgánicos en el Mediodía, y si nos es permitido comparar nuestras observaciones, hechas en la provincia de Huesca, con las que más rápidamente acabamos de anotar en Andalucía, podemos deducir las siguientes

consecuencias:

1. La serie en el N. es más completa, pues las calizas con profusión de nummulites (N. perforata Orb, y N. Lucasana Defr., principalmente), y las margas con tantas especies de coralarios y moluscos, faltan en Córdoba.

2.a

Los maciños de fucoides se reducen en ésta á débiles muestras, en pocos sitios de fácil comprobación.

3. El eoceno lacustre, que con tanto espesor se encuentra en el Alto Aragón, carece de equivalente en Andalucía, cuyo nummulítico es muy probable se constituyera en el mismo período en que las vertientes meridionales de los Pirineos estaban libres de los mares.

4. Sin alteración en los estratos y en los detritus que habían de componerlos, y con un cambio lento y gradual de las especies que entonces vivian, en presencia de las especies de nummulites más modernas, y las de Clypeaster antiguas, se pasó del mioceno al eoceno en la más comarca que había de ser después la izquierda del Guadalquivir, al propio tiempo que corrientes agitadas, productoras de tan espesos bancos

de conglomerados, determinaron el final del levantamiento de los Pirineos y el principio del eoceno lacustre en la cuenca del Ebro. Tal es, en resumen, la idea que hemos formado de las dos formaciones terciarias de esta prov.

Provisionalmente señalamos los límites del nummulitico de este modo: A cerca de la mitad de distancia de Cañete á Valenzuela marcamos, dirigida al S.O., la línea septentrional que pasa al N.O. de Torre Paredones, Castro del Rio y Espejo. Desde aquí hace en él un entrante una fajita miocena al S., junto á la carretera de Cabra, entre Montilla y Nueva Carteya. La serrezuela de la Lagunilla les hacen desviar de nuevo al S.O., aproximandose á Aguilar por las márgenes del Rihuelo, desde cuya desenibocadura en el río de Cabra vuelven en ángulo recto alrededor de Monturque, de donde, por Aldea de les Zapateros, se dirigen á Puente Genil. Por el lado opuesto sus límites se acomodan á los ya apun tados para las marchas secundarias ya descritas, dirigiéndose desde Baena á Luque, y por Dona Mencía á Cabra; de esta ciudad á los Llanos Zambra, donde forma un entrante limitado al S. por el trías de Rute, y desde este pueblo conti núa á Vado Fresno.

y

Entre Cabra y Castro del Río se muestran casi exclusivamente las margas nummuliticas con las ligeras interrupciones de los asomos de arci. llas yesosas señaladas anterorimente. Aquéllas suelen ser de variados colores; se hacen sabulosas á la derecha del arroyo de Santa María, y en la subida al puerto de Labaza se intercalan bancos de caliza con granitos de cuarzo. En éstas y en las margas, que se hacen de color gris muy obscuro, hemos encontrado varias especies fosi les, entre otras las siguientes: Serpula spirulea Lam. y Nummulites.

Buzan las capas con débil inclinación al N.O., se prolongan hasta las orillas del Guadajoz, y siguiendo la carretera de Castro á Baena conti núan las margas blanquecinas con algunos le chos delgados de calizas arcillosas, cubiertas en algunos sitios por ma-as aluviales é interrum pidas en otros por las manchitas triásicas mencionadas, y desde el km. 79 hasta Baena corta la carretera bancos de caliza arcillosa y margas blanquecinas análogas á las del puerto Labaza. Estas continúan entre Baena y Luque, hallán dose, aunque escasos, algunos nummulites.

La carretera de Baena à Cabra se halla sobre las margas terro-as amarillentas del nummulitico, sin más excepción que el saliente jurásico mencionado en el km. 15, y en cambio el num mulítico penetra en las vertientes occidentales de la sierra en la subida á la ermita, mostrándose à 2 kms. de Cabra, discordantes con las jurásicas, las calizas nummulíticas, debajo de las cuales aparecen en corto trayecto arenas bastas pasando á areniscas. Las margas sabulosas, amarillentas, rojizas y blanquecinas, se prolongan de la Laginilla hacia el Rihuelo, cruzan el río de Cabra junto à Monturque, y de allí, pasando por las á lagunas de Zoñar y del Rincón, se dirigen á Puente Genil. Una fajita nummulítica se destaca entre el Guadajoz y Espejo, asomando con bu zamiento meridional las calizas, ya compactas y ligeramente arcillosas, como las de Lucena, ya formando una lumaquela de nummulites peque ños, orbitoides, radiales de equinodermos y otros fósiles. Sobre ellas, al N. de Espejo, se observan en más de 2 kms. de anchura margas á veces yesosas, á las que á su vez cubren otras calizas alternantes con margas y areniscas deleznables La anchura de esta fajita es de unos 6 kms., limitándola al S. S. O. y O. de Espejo una zona estrecha miocena que la separa de la serrezuela nummulítica de Nueva Carteya, con la cual se une más á Levante entre Espejo y Castro del Río, donde las margas, con algunas calizas interpuestas, se pliegan, cambiando su buzamiento al N. y N.O.

Continúan más á Levante las mismas capas,

que á 3 kms. al N. y N.E. de Castro, en el ca mino de Valenzuela, yacen ocultas en parte, bajo bancos de maciños de fucoides que forman una comba al S. de Torre Paredones y continúa con las calizas formadas por nummulites en dirección á Valenzuela, en los cortijos y ermita de los Arroyuelos. Más adelante, al pie de las lomas de Torre Paredones, se acumulan los estratos de E. á 0. y dejan comprendida una faja vesosa que entre los cortijos de Cobatillas y el del Conde encauza con el ancho de un km, el arroyo Salado, tercero ó cuarto del mismo nombre en la

provincia. Entre Cabra y Lucena se muestran las margas amarillentas con buzamiento meri, dional en el km. 81; se ondulan los estratos desde éste al 85, intercalandose delgadas capas de molasa de grano grueso, y pasando á rojizas algunas de las primeras, y en el km. 86 se convierten las primeras en areniscas cuarzosas de cemento margoso poco abundante.

Siguiendo el camino viejo de Lucena á Rute, en el primer km. al S. E. de aquella aparecen algunos bancos casi verticales, dirigidos al N. 200 O. de calizas compactas, amarillentas, con otras superiores que contienen granos y cristalillos de cuarzo y trocitos de arcilla y margas clo. ríticas verdosas, que por su desaparición hacen la roca algo cavernosa al exterior. Entre Lucena

y Monturque las margas amarillentas están casi horizontales, y queda a la derecha una serrezucla compuesta en parte de calizas arcillosas, compactas análogas á las anteriores. Margas idénticas á las que median entre Cabra y Lucena continúan por la hondonada de la Aldea de los Zapateros y las Navas de Cepillar, cerca de la laguna de Zoñar. Entre los Llanos y Cabra el nummulítico hace un entrante entre el jurásico, en el Pontón del Carmonín, compuesto de margas y calizas arcillosas y cuarciferas, con nummulites y muchos puntos espáticos.

Atribuímos con duda al nummulítico los bancos de caliza gris compacta ligeramente arcillosa, inclinados 350 al N.N.E., que aparecen en los espartales de Puente Genil. Siguiendo el itinerario á Benamegi se levantan en los Tres Peñones erizadas crestas de caliza amarillenta espática y cuarcífera á la vez, donde se ven señales de fósiles insuficientes para precisar su verdadero nivel. Entre Benamegi y Encinas Reales las margas y calizas arcillosas con algún que otro nummulite se arrumban de N. E. á S.O. é inclinan 50° al S.O, algo más al E. entre Rute y Lucena.

Una manchita nummulítica se presenta entre el jurásico en las Mesas de Tójar, cuyas cornisas corona entre Cañuelo, Aldea, Zamorano y Fuente Tójar. Ocupa 8 kms. de superficie y se conipone de caliza basta con granos y cristales de cuarzo y trocitos de margas azuladas y verdosas, conteniendo algunos nummulites pequeños y fragmentos de bivalvas. Con ellas se asocian molasas, tránsito á areniscas cuarzosas, dirigidas en Cañuelo al E. 599 N. con fuerte inclinación al S.S. E. Otra manchita anotamos al S. del cortijo de Gonzalo, entre Priego é Iznájar, y próximo á los confines con Granada. Se compone de calizas de colores claros, formadas de nummulites alternando con otras sabulosas y tabulares pasando á maciños.

SUESTÁSIUM Ó SUESÁTIUM: Geog. ant. Ciudad de los caristios según Ptolemeo, y mansión en una de las vías militares que cruzaban Espa. ña en tiempo de los romanos. Con error ha colocado Cortés á Suestatio en Sarazo, en la orilla derecha del río Ayuda, junto á Treviño; pues conocido el trazado de la calzada y las distancias hay que colocarle en Zuazo, de acuerdo con los señores Coello y Fernández Guerra. Junto á Zuazo se conservan sus restos en el gran despo

blado de Iruña.

SUESTE: m. SUDESTE.

SUESULA: Geog. ant. C. de la Campania, Italia, sit. 16 kms. al S. E. de Capua. Hoy es Maddaloni.

SUETONIO (PAULINO): Biog. Célebre general romano. Vivía en el siglo I después de Jesucristo. Pretor bajo el reinado de Claudio (42), sometió la Mauritania y penetró en el desierto. En el año 57 fué nombrado cónsul y enviado á la Gran Bretaña, donde sometió varias poblacio. nes, devastó la isla Mona (Anglesey), asilo sa grado del druidismo, y exterminó en una gran batalla á los bretones sublevados contra las tiranías y excesos de Roma. Cayó en desgracia con Nerón; reapareció ocho años después en el ejército de Otón, y después de la batalla de Bedriaco, que daba el Imperio á Vitelio, ganó mucho para con el vencedor por haber seguido un plan muy a propósito para arruinar la causa de aquel á quien servía.

SUETONIO TRANQUILO (CAYO): Biog. Histcriador latino. N. hacia el año 65 de nuestra eta, ignorándose el lugar de su nacimiento. Su padre, Suetonio Lenis, era tribuno de la décimotercia legión. Cayo tuvo íntima amistad con

TOMO XIX

afl. izq, del Cuculaia (Reserva Mosquita), en el que desagua cerca del rápido de Cuobra.

SUEVE: Geog. Montaña de la prov. de Oviedo, sit. cerca del mar, al S. E. de Villaviciosa y al N. del Piloña; 1233 m. de alt. Desde su cumbre se divisa gran parte de la prov. En las cartas marinas y en el derrotero figura con el nombre de Monte de Carrandi, que es el de un pueblo que está en su falda septentrional. Las faldas de la montaña bajan hasta la orilla del mar entre Penote y la punta de los Carreros, y su cumbre es una serie de picachos cónicos, al mayor de los cuales llaman Pico de Sueve. Su figura y color obscuro lo dan á conocer desde lejos y sirve de marca de reconocimiento á los navegantes. Una derivación de esta montaña toma la dirección del N. E. y desciende gradualmente hacia el mar á terminar en la punta de la Sierra, llamada también de los Carreros; de la falda septentrional de la montaña salen igualmente las puntas de Atalayas y Arrobado.

SUÉVICO, CA (del lat. suericus): adj. Perteneciente ó relativo á los suevos.

-SUÉVICO: Mar SUEVICO.
SUEVO, VA (del lat. suēvus): adj. Natural de
Suevia. U. t. c. s.

Cuando los SUEVOS abrazaron la religión católica tenían por rey á Teodomito. MARIANA.

- SUEVO: Perteneciente á los SUEVOS. No eran éstos una gente sola, sino muchas y diferentes naciones que, situadas entre el Elba y el Vístu. la, ocupaban la mayor parte de la antigua Germania. De ellas eran los anglios, aviones, reudingos, longobardos, rugios, lemovias y semnones, y estos últimos los más antiguos y nobles de los SUEVOS.

Plinio el Joven; los dos cambiaban consejos y
confidencias literarias, y sin duda á los primeros
tiempos de sus relaciones se refieren dos cartas
de Plinio, de las cuales la primera prueba cuán
ta lentitud empleaba Suetonio en la composición
de sus obras, y la otra cuánta confianza tenía
Plinio hasta en los menores consejos de su ami-
go. Suetonio, después de defender en la escuela
causas imaginarias, las defendió verdaderas en
el foro. Más tarde siguió otra carrera que le ha-
bía abierto la amistad de Plinio. Este le había
hecho otorgar el cargo de tribuno militar. Sue-
tonio quiso cederlo á un pariente suyo, y Plinio
le ayudó á conseguirlo. Siendo Plinio gobernador
de Bitinia, á donde quizás llevó á Suetonio, ob-
tuvo para éste los privilegios concedidos á los
padres de tres hijos, aunque ninguno lo fuera de
matrimonio. Trajano concedió, no sin resisten-
tencia, esta gracia, de la que con razón se mos
traba avaro, pues para juzgar su importancia
bastará recordar que las leyes privaban del dere-
cho de herencia á los célibes y á los casados que
no tenían hijos. Desde esta época hasta el reina-
do de Adriano se pierde de vista á Suetonio,
que llega á ser, ignorándose cómo, secretario
particular de este príncipe. Sparciano, el único
autor que habla de ello, solamente nos entera de
su desgracia, diciendo que perdió la alta consi-
deración que había alcanzado bajo Adriano, por
motivos que se relacionaban con Sabina, mujer
del emperador. Parece que fué despedido de la
corte imperial en el año 121 de J. C., ignorán-
dose cuánto tiempo sobrevivió á su desgracia.
Suetonio cultivó la Biografía, y á las Vidas de
los doce césares debe toda su reputación como
historiador. Las biografias de Suetonio están
escritas con el fin de dar á conocer al hombre en
su vida intima y privada, procurando pintar el
carácter de cada uno de sus personajes, siendo
de gran interés histórico por el tesoro de noticias
que encierran. Divide por capítulos sus biogra
fías, y en cada uno comprende lo relativo á la
materia que es asunto de él; así ha podido ha-
cerse un sumario de cada una de las biografías,
muy útil para el que tiene que consultarlas; en
ellas se observa un plan notable que justifica la
acertada distribución de partes hecha por el
autor. Además de esta obra, Suetonio escribió,
según la general creencia, otra con el título De
viris in litteris illustribus, de la que se ha creído
formaban parte las que hoy se recuerdan con los
títulos De illustribus grammaticis, De claris
Rhetoribus y De Poeti. Contiene la de los gra-
máticos noticias sobre Crates de Mallas, Lucio
Elio, Lutacio Daphnis y otros varios; pero más
bien que colección de noticias biográficas, debe
considerarse esta obra como una historia de la
Gramática entre los romanos, si bien parando la
consideración en sus más notables cultivadores.
Igual concepto merecen las obras sobre los retó-
ricos y los poetas. La edición príncipe de Sucto-
nio (De vita XII Ca sarum) es de Roma (1470.
en fol.). En el mismo siglo se hicieron doce edi-
ciones, siendo notables la de Venecia (1471,
gr. en 4.); Milán (1480, en fol.), y Venecia
(1490, en fol.). Posteriormente se multiplicaron las familias del modo que creían más conve-
las reimpresiones, y entre ellas figuran la de Pa- niente, con tal que una misma no poseyese dos
rís (1527, en 8.); Amsterdam (1756, 2 vol. en años seguidos el mismo campo, sin duda por
8.0); Leipzig (1802, 4 vols. en 8.o), y París temor de que acostumbrándose á tener morada
(1828, 2 vols. en 8.°). La obra principal de Sue- fija no trocasen el gusto de la guerra por el de
tonio ha sido traducida á varios idiomas. Al la Agricultura. Temían también que el que ad-
francés por más de diez escritores, uno de los úl- quiriese una gran porción de terreno se hiciese
timos Baudement (París, 1846, en 12.0); al ita- poderoso y oprimiese al pobre, y que queriendo
liano por P. del Rosso (Roma, 1544, en 8... edificar casas para tener mayores comodidades
Existen versiones inglesas y alemanas, y las cas- naciese en él el deseo de la riqueza y con ella
tellanas que llevan estos títulos: Las vidas de las discordias. De cada una de sus aldeas salían
los doce césares: de Cayo Suetonio Tranquilo, his- unos hombres para la guerra, y los que queda-
toriador curiosíssimo, traducidas de latín en len- ban en ellas cultivaban las tierras. Al siguiente
gua castellana por el Doctor Jayme Bartolomé año todo se cambiaba: los que habían tomado
(Tarragona, 1596, en 8.°, y Madrid, 1679, en
las armas en el anterior se dedicaban al cultivo
8.); Los duce césares, traducción directa del la- le las tierras, y eran reemplazados por los otros.
tin por F. Norberto Castilla Madrid, 1883, en De modo que la Agricultura y el arte de la
8. mayor). El tratado de Suetonio que lleva el guerra se ejercían á la par. Gloriábanse en ex-
título De grammaticis et rhetoribus se ha impre- tremo de ver sus fronteras asoladas, como tes-
so aparte con ó sin el comentario de Aquiles Estimonio de que los pueblos vecinos no habían
tació. La edición más antigua se hizo en Roma
hacia 1475, en 4.° menor.

SUETROS: m. pl. Geog. ant. Pueblo de los
Alpes Marítimos, Galia; c. principal, Saline,
hoy Sailláns. Eran de origen ligur, y en el año:
2 a. de J. C. quedaron comprendidos en la

[blocks in formation]

SUEVOS: m. pl. Geoy. Pueblo germano. Unos autores los clasifican en el grupo de los hermiones; otros lo consideran como grupo especial. De ellos dice Kohlraucs, en su Historia de Alemania, que ocupaban los países situados á orillas del Rhin hasta su origen, partiendo desde la confl. del Main; extendiéndose desde allí hasta el nacimiento del Danubio, atravesaban toda la Alemania y llegaban hasta el Mar Báltico, de modo que poseían todas las regiones bañadas por el Neckar, el Main, el Saal y las de la orilla dra, del Elba, por el Havel, el Sprei y el Oder. Tácito marca el principio de este pueblo desde el otro lado del Vistula, continuando al través del país hasta Suiza. Sin embargo, es indudable que á orillas del Vístula, y entre éste y el Oder, existía otra raza (la de los godos). Ha cía mucho tiempo que una grande alianza unía á los pueblos suevos, dice César, y sus leyes tenían por principal objeto formar guerreros, mantener entre ellos la afición á las armas, y tenerlos siempre prontos á todas las empresas guerreras. No existía entre ellos ninguna propiedad teritorial; el príncipe ó los jefes hacían

cada año la división de los bienes entre todas

podido resistir á su poder. Tal vez creían también librarse así mejor de una invasión impre vista. Entre los varios pueblos suevos, el autor citado menciona á los semnones, longobardos, hermunduros, nanicos, marcomanos, guardos, lugienses, suyones, etc. Plinio, que dividió la Alemania en cinco razas, clasificó á los godos entre los wendilienses, es decir, entre los vándalos. Al N. de los longobardos y semmones en el Luneburgo, el Mecklemburgo y la Pomera

nia de nuestros días, habitaban, según Tácito,, otros pueblos, poco conocidos y poco dignos de atención: los varines, auglo-reudingos, aviones, eudosos, sardones y ruitones.

Gran parte de los suevos se unieron á principios del siglo v con los borgoñones, vándalos y alanos para invadir la Galia, pasaron con los dos últimos pueblos á España en 409, y al mando de Hermanrico fundaron al N.O. de la península un reino que pronto se extendió por la Lusitania, y fué destruído en parte por Leovigildo, rey de los visigodos, en 585 Otros suevos, comprendidos en la confederación de los alemanes, han dado nombre á la Suabia.

- SUEVOS (REINO DE LOS): Hist. Fundado en los primeros años del siglo V, acabó en 585. Cuando los visigodos, en 414, penetraron en nuestra península, ya los suevos se paseaban por Galicia, donde al cabo se establecieron, y Galicia fué el centro de aquel reino bárbaro. Hacia 442, Requila, rey de los suevos, llevó á los suyos hasta Mérida, Mertola y Cartagena, constitu yendo un Estado que comprendía Galicia, Lusitania, Bética y la Cartaginense. En los días de Requiario, hijo y sucesor de Requila, los suevos, renunciando á la idolatría, que siempre habían profesado, se hicieron cristianos; y aunque pretendieron llevar las fronteras de su reino hasta el país vasconavarro, fracasaron en su empresa. Derrotados más tarde por el visigodo Teodorico, vieron reducido su Estado al Occidente de Galicia, entre Lugo y Brigancio, donde proclamaron rey (457) á Maldrás ó Masdra En el resto de Galicia y Lusitania los suevos se sometieron á Teodorico, que les permitió tener un rey propio, Frantrán ó Frantra, á cuya muerte todos los suevos se colocaron á las órdenes de Remismundo (464), amigo de los visigodos. Abrazó Remismundo el arrianismo (465), que era la religión de su esposa, hija de Teodorico, y los más de los suevos imitaron su ejemplo Idacio é Isidoro de Sevilla atribuyen á cierto Ayaz, natione galata, ardoroso arriano, la conversión de los suevos al arrianismo. Pocos años después, reinando Eurico en la España visigoda (466-84), los suevos eran independientes en Galicia. No aparecen de nuevo en la Historia hasta los tiempos del visigodo Leovigildo (570-86). A no dudar, más ó menos confundidos con los antiguos habitantes entre quienes vivían, continuaron teniendo reyes propios. Como había sucedido á todos los bárbaros septentrionales trasladados á un país fértil y a un clima suave, parece haberse apoderado de ellos el amor al reposo, de modo que no eran ya el mismo pueblo á la segunda generación. Obligados á tratar con los naturales, es probable que fraternizasen con ellos. No muchos años antes del reinado de Leovigildo los suevos volvieron á la fe católica, movidos por las predicaciones de un San Martín, que de Palestina vino á Galicia, según Gregorio Turonense, á quien pertenecen estas líneas: «Estaba grave⚫mente enfermo el hijo de Charrarico, rey de Galicia... y en aquella región había gran peste de leprosos. El rey, con todos sus vasallos, seguía la fétida secta arriana.» Gregorio de Tours sigue refiriendo que Charrarico (otros escriben Cariarico), viendo a su hijo en el último peligro, preguntó á los suyos: «Aquel Martín de las Ga lias, que dicen que resplandeció en virtudes, de qué religión era?» Y como le respondieran que Martin había sido católico, que estaba en los cielos y velaba sin cesar por su pueblo, repuso el monarca: «Vayan hasta su templo mis feles amigos, llevando muchos dones, y si aleanzan la curación de mi hijo, aprenderé y seguiré la fe catolica.» Labró el rey un templo en honor de San Martín, cuyas reliquias obtuvo; sanó su hijo, y Cariarico «con todos los de su casa, confesó la uni lad de Padre, Hijo y Espíritu Santo, y recibió el Crisma. El pueblo quedó libre de la lepra hasta el día de hoy, y todos los enfermos fueron salvos... y aquel pueblo arde ahora en el amor de Cristo tanto, que todos irían gozosos al martirio si Hegasen tiempos de persecución.» Así se expresa Gregorio de Tours, el cual más arriba escribe que entonces llegó también de lejanas regiones, movido por divina inspiración, un sacerdote llamado Martín.» Como observa Morayta, «todas estas cosas las creían entonces quien las escribía y quien las oía referir, y así tenían tanta realidad como si con efecto hubie. ran sucedido.» Por Gregorio de Tours sabemos, pues, la existencia y algunas particularidades

del rey sucvo á quien llama Charrarico; pero Isidoro de Sevilla, contemporáneo que escribía en una provincia limítrofe, da el nombre de Teodomiro al primer rey católico de los suevos. La existencia de la Monarquía de éstos es cosa po sitiva; mas no sabemos si había un solo rey ó muchos, ni conocemos las diferencias que se observaban entre los naturales y los conquistadores, ó si había entre ellos fusión completa. A juicio de escritores modernos, es verosimil que la nación sueva, al comenzar en la España visigoda el gobierno de Leovigildo, estuviera dividida por distritos, ciudades ó diócesis, teniendo cada una su rey ó jefe, sin duda porque entre los suevos continuaron las divisiones de los primeros tiempos. Afírmase que á la vez reinaban Miro ó Mirón y Ariamiro, aquél en Lugo y el último en Braga. ¿Son Ariamiro y Teodomiro una misma persona bajo dos nombres distintos, como por algunos se ha supuesto? Quizás sí. De las actas del concilio primero de Bracara (Braga), presidido por Lucrecio, se desprende la inferioridad intelectual de los suevos. «Es necesario, herma nos míos, dice Lucrecio en su discurso inaugural, que nos pongamos todos de acuerdo y nos afirmemos en la fe que debemos enseñar, en cuanto hemos de hablar á ignorantes. Los pueblos de Galicia, situados en la parte extrema de España, tienen muy escasa idea de la religión verdadera.» Dicho concilio se celebró en 561, que parece ser el año siguiente al de la vuelta de los suevos al seno de la Iglesia católica. Hacia 569 hubo otro concilio en Lugo. Uno de los primeros cánones de la nueva asamblea hizo de Lugo otra metrópoli. Los límites religiosos dan una idea de los políticos. La iglesia de Braga conser vó como sufragáneos los obispados de Porto, La mego, Coimbra, Viseo, Indonha ó Idaña y Dumio. La de Lugo comprendía las sillas de Padrón, Orense, Túy, Mondoñedo y Astorga. Esta debía ser la circunscripción del reino de los suevos en aquel tiempo. Miro favoreció á los cántabros y á Hermenegildo en sus luchas contra Leovigildo. Este, poco después, penetrando en Bracara, cogió prisionero al usurpador Andeca y acabó con el reino de los suevos. Uno de éstos, Malarico, intentó restablecer en Galicia la pasada dominación. Atacado y vencido por los generales de Leovigildo (585), la nación sueva sufrió el yugo de los visigodos sin quejarse, ó á lo menos no consta en la Historia otra tentativa para sacudirlo. Se cree, sin embargo, que parte del reino suevo subsistió, aunque en territorio muy reducido y como tributario de los visigodos. San Isidoro de Sevilla escribió la historia de los suevos, como la de los otros pueblos bárbaros que invadieron nuestra península. He aquí, con carácter de verosimilitud, la cronología de los reyes suevos de Galicia, indicando la fecha en que comenzó y terminó el gobierno de cada uno de ellos: 1.

un istmo de arena, sembrado aquí y allá de grupos de árboles, y á largas distancias algunes lagos de agua salada; ahora el desierto, por esta parte, es una provincia poblada de ciudades y pueblos, de los que Ismailía, sobre el lago Tin sah, es la capital; y tanto en ella como en las demás se encuentran tiendas de diversas clases, talleres de maquinarias y diversas construcciones, señales evidentes de la nueva civilización. El ancho del canal en la superficie, en toda é en la mayor parte de su longitud, es de unos 97 m., y el ancho de su mayor fondo de 22, y este mayor fondo del canal está obligada la compañ'a explotadora á conservarlo dragado en una profundidad de 8 m. En tres sitios que pasa por terrenos de vados, y donde hubiese sido enorme el trabajo de terraplenarlo, el ancho del canal en la superficie es sólo de 59,40 m.; estos parajes están en las cercanías de El Guishr, Serapeum y Chaluf, y tienen respectivamente 8, 5,5 y 4 millas de extensión, haciendo un total de 17,5 de estrechas cortaduras, pero en las que el ancho del mayor fondo ó canal es generalmente el mismo en todo él. Desde Port-Said á Kantara, trayecto de 24,2 millas, atraviesa el canal una llanura arenisca y húmeda dividida en dos regiones: la del E. está algo más elevada que el nivel de sus aguas, al paso que la del O. está algo más baja que diclio nivel. Las inundaciones del Nilo cubren completamente esta parte, dejando en ella una especie de limo que adquiere cierta consistencia. La única porción de terreno elevado que hay en estos parajes es el Campament de Cap, cuya extensión es 0,166 milla. En el kilómetro 44 se halla la aldea y estación de Kantara, que es por donde pasan las caravanas de Siria, para lo cual hay una barca y dos muelles de madera. La estación ó rebalsa de Kantara tiene 500 m. de largo por un ancho de 42 y 8 de profundidad, si bien piensa prolongarse hasta 1000 m. De Kantara al extremo N. del lago Ballah existe un espacio de 2,5 millas por el cua pasa el canal por entre dunas de 6 á 9 m. de altura y con un fondo de 8 á 8,5 m. El lago Ballah tiene 15 kms. de largo, y las escarpas de ambos lados del canal son de arena, Del lago Ballah al de Tiusah hay unos 15 kms., y duran. te este recorrido las dunas se elevan á 12 m.; en las cercanías de El Guishr corta ó pasa por un lecho de piedra arenisca, sin duda para buscar la parte más blanda de dicha piedra, por lo que e canal da rápidas vueltas entre El Guish y el lago Tirsal. Estas curvas pueden pasarlas los buques á máquina sin ayuda de espías. Ismailia es la estación central del canal, hallándose situada como punto de escala. Hay una profundi dad de 8 m. en la medianía del lago en una rebalsa con suficiente espacio para que cualquier buque pueda dar la vuelta redonda. Del lago Tinsah á Tusum las escarpas, que son de arena como las del lago Ballah, no tienen resistencia bastante á la acción encontrada de las aguas del canal y lago, que arrastrando consigo grandes cantidades de arena hacen muy variable su pro fundidad, disminuída además por el desmoron1miento, pero el canal tiene la anchura suficiente para permitir que trabajen las dragas sin entor pecer la navegación. Desde Tusum á la entrada N. de los lagos Amargos atravies el canal un lecho de piedra arenisca, excepto en un sitio, una milla al S. de Serapeum, donde en unos 27 m. de extensión corta una capa de piedra dura compuesta de yeso y asperón. Descubierto este inconveniente poco antes de la inauguración del canal, obligó á recurrir á barrenos. A lo largo de las orillas se ven trozos de rocas de más de un m.3 que indican el trecho que ocupaba dicha capa. Se ahondó hasta 90,10 m. de profundidad á fin de que no pueda ocurrir varada alguna pelgrosa, y en seguida se pasó una regla para asegurarse de que no quedaba ningún cabezo saliet· te. El límite de la mayor profundidad en el gran lago Amargo, á 1,5 milla de su entrada N., està marcado en la parte oriental con una farols sobre un pilar de hierro pintado de rojo, de 13 SUEZ (CANAL DE): Geog. Canal de navegación m. de altura, con una luz fija, blanca, visible a en el istmo de su nombre, entre el Mar Medite- 10 6 12 millas. El límite de la mayor profundi rráneo y el Mar Rojo. Va de N. á S. desde Port- dad en la parte S. del lago está también mare do Said á Snez, y tiene 164 kms. de curso. Se abrió en la parte oriental con otra farola semejante en 17 de noviembre de 1869 bajo la iniciativa y la anterior y con una boya en su parte O. La pr dirección de Fernando Lesseps. Una escuadrilla te de más fondo del canal de Suez está marcada con comisionados regios, científicos comercia. con dos órdenes de valizas de hierro de 4,57 nie les pasó esta nueva vía, y desde dicha fecha se tros de alt., con una esfera negra de 0,90 de halla abierta á los buques de todas las naciodiámetro en el tope. Puede navegarse a rumb nes. El espacio entre los dos mares era antes, directo entre ambas farolas, distantes 8 millas

Hermanrico ó Hermenerico, 409 á 438,

439 6 441.

Requila, 438, 439 6 441 á 448. Requiario, 449 á 456.

Frumario ó Trumario, 460 á 464.

2.

3.

Maldrás, 456 6 457 á 460.

5.°

Remismundo, 464 á 469.

7.°

8.

Interregno de reyes desconocidos. Cariarico, 550 á 558 ó 569.

9.

6 583.

10.

11. 12.0

Teodomiro ó Ariamiro, 558 ó 569 á 569

Miro, 569 ó 583 á 584. Eborico, 584 á 584.

Andeca, 584 á 585.

SUEVOS: Geog. Aldea de la parroquia de Santa María de Trasmonte, ayunt. de Ames, p. j. de Al. Negreira, prov. de la Coruña; 128 habits. dea de la parroquia de Santa María de Coiro, ayunt. de Mazaricos, p. j. de Muros, prov. de la Coruña; 104 habits. Aldea de la parroquia de San Mamed de Suevos, ayunt. de La Baña, p. j. de Negreira, prov. de la Coruña; 130 habitantes V. SAN MAMED Y SAN MARTÍN DE SUEVOS.

[ocr errors]
[ocr errors]
« AnteriorContinuar »