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do ver cerca de sí una mujer que la superaba en inteligencia, belleza y virtud, y de aquí la guerra abierta y violenta que se declaró entre las dos rivales. En este estado hallábanse las cosas cuando apareció en la corte de Hannover el joven Felipe Cristóbal, conde de Koenigsmark. La condesa de Platen trató por todos los medios de cautivar á este joven, no pudo conseguirlo, y, desdeñada y despreciada, no pensó más que en la venganza. Koenigsmarck, en su infancia, estuvo en la corte de Zelle, y allí había tenido relaciones de niño con Sofía Dorotea. Esta vió con alegría al joven que había jugado con ella en su niñez y gustaba de oirle contar sus viajes y sus aventu ras: su intimidad era grande, pero sincera, Bernstoff, instigado por la condesa de Platen, no cesaba de manifestar á Jorge que Sofía era una mujer perjudicial, llegando el marido al punto de convertirse para su esposa en un odioso tirano, intentando estrangularla. Sofía pensó en escapar al fin trágico que se temía refugiándose en Wolfenbuttel en casa del primo con quien debió casarse. Una vez puesta en seguro, al abrigo de las brutalidades de su marido, proponíase llevar el asunto ante un tribunal áulico y pedir el divorcio. Comunicó su proyecto á Koenigsmark, quien le ofreció su apoyo. Este fué á pasar algunas semanas con el elector de Sajonia, Augusto, y cometió la imprudencia de contar sus amores con la condesa de Platen, la cual, enterada, resolvió vengarse. Efectivamente, el conde de Konigmark, al poco tiempo, murió en una galería del palacio degollado por cuatro hombres que se hallaban apostados de orden de Isabel de Platen, y el proyecto de Sofía no pudo llevarse á cabo. El Tribunal consistorial, reunido en 24 de diciembre de 1694, pronunció el divorcio, pero no se atrevió á hablar del adulterio. Conducida después Sofía á la fortaleza de Ahlden, allí permaneció encerrada treinta y cuatro años, hasta su muerte, en medio de la desgracia y la tristeza, sin haber podido conseguir ver a sus hijos. Sofía Dorotea dejó escritas en francés Memorias publicadas en alemán por F. Müller. Igualmente se publicó la Correspondencia de Ph. de Kanigsmark y de la princesa.

SOFIEFKA: Geog. C. del dist. de Verjnednieprovsk, gobierno de Iekaterinoslaf, Rusia, sit. á orillas del Kamenka; 5500 habits. Extiéndese unos 8 kms. á lo largo de las dos orillas del Kamenka Superior.

SOFIÓN (del ital. soffione): m. BUFIDO; expresión ó demostración de enojo ó enfado. ... me ha dado (Carolina) Un SOFIÓN.

BRETÓN DE LOS HERREROS.

- SOFIÓN: TRABUCO; arma de fuego más corta y de mayor calibre que la escopeta ordinaria.

SOFISMA (del lat. sophisma; del gr. σopioua): m. Razón ó argumento aparente con que se quiere defender ó persuadir lo que es falso.

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-SOFISMA: Fil. Sofisma es el razonamiento vicioso ó ilegítimo. Se distingue la falacia, para logismo ó conclusión falsa, que se formula por ignorancia del que la expresa (error sin intención, engaño ó equivocación que se comete impremeditadamente), del sofisma propiamente dicho ó conclusión falsa revestida de cierta apariencia de verdad aun y de convicción ficticia, por la sutil malicia del que la emplea (error con intención, mentira, con la cual se falta á la lógica como ciencia del conocimiento y á la vez como moral de la inteligencia). Procede el nombre de sofisma de los antiguos sofistas que, como decía Cicerón, cuestionaban ostentationis aut quæstus causa. La significación que tradicionalmente se atribuye á los sofistas, y que ha engendrado después la palabra y sentido de sofisma, describe á los primeros consagrados á los estudios retóricos y dominados por el escepticismo de su tiempo, considerandose capaces de demostrar, mediante los esfuerzos de su elocuencia, la verdad y el error, el pro y el contra de toda cuestión. A la hora presente, y

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merced sobre todo á las investigaciones de Lange
(V. Historie du Materialisme), la palabra sofista |
ha cambiado de sentido y de significación, pues
la crítica histórica como todo saber, es rectifica-
ble. Ante tales consideraciones es preciso dejar de
identificar al sofista con el embustero ú hombre
despreciable. Considerados por Platón y por Aris-
tóteles los sofistas como una peste moral, eran,
sin embargo, los maestros de sabiduría práctica
que enseñaban todo lo que debía saber un grie-
go bien educado anheloso de obtener los prime-
ros puestos. En las ciudades griegas, regidas de-
mocráticamente durante el siglo v, nadie podía
llegar á ser ilustre y poderoso si no superaba á
sus conciudadanos por un arte escogido, por una
habilidad extraordinaria para exponer ante el
pueblo las ideas que quería que imperasen. Los
que enseñaban á los jóvenes el arte de pensar, de
hablar y de obrar eran los sofistas. Preparaban
á sus discípulos para la vida pública; su fin era
formar oradores, administradores, hombres de
Estado; todo el que pretendía adquirir nombre
en la ciudad les buscaba. Los sofistas pasaban
su vida en el agora, poseían gran experiencia en
los negocios y una gran práctica en el trato de
los hombres. Es cándido, según Lange, creer que
un sofista era una especie de charlatán que ense-
ñaba á sus discípulos el arte de hablar de todo
sin aprender nada. Se hubieran reído de tales
superficialidades los discípulos con risa homéri-
ca. Sólo Platón, quizá exagerando el sentido de
Sócrates, que aspiraba á divorciar la meditación
filosófica de la vida ruidosa del foro, es quien
describe á los sofistas como charlatanes. A Jeno-
fonte no le merecen juicio tan poco favorable.
Ni es tampoco cierto sin más que los sofistas de-
clarasen que no sabían nada ni nada se podía
saber. El primero de los sofistas, Protágoras,
parte en sus investigaciones, no ya del objeto ó
de la naturaleza exterior, sino del sujeto, del ser
espiritual del hombre, y es en cierto modo pre-
cursor de Sócrates. El homo mensura veri de Pro-
tágoras declara que las ideas que formamos de
las cosas dependen de nuestras sensaciones, se-
cundum cognoscentem, dice Santo Tomás; inter-
pretación del dato de la cual no se puede pres-
cindir, según Schopenhauer. Reconocido el ele-
mento subjetivo, imprescindiblemente necesario
en todo conocimiento, queda éste privado para
los sofistas del carácter absoluto y necesario que
le atribuyen los dogmáticos. La realidad del co-
nocimiento es lo que late en germen dentro de
la doctrina de los sofistas. No es sólo Lange,
sino Brentano (V. Les sofistes grecs et les sophis-
tes contemporains) y Brochard los que vuelven
contra todo juicio desfavorable de los sofistas. El
sofista es el que hace profesión del saber y de
comunicarlo a los demás, significación propia y
directa que en un principio no tenía nada de
deshonroso. Se aplicaba á todos los maestros de
la música (palabra que para los griegos expresa-
ba el sentido armónico de toda educación), es
decir, á los que enseñaban el arte de las Musas
y las ciencias de la época: Retórica, Astrono-
mía, Geografía, Física, etc. La profesión del sa-
ber y de enseñar la sabiduría llegó á despertar
cierta desconfianza en los atenienses (aun contra
el propio Sócrates), porque los sofistas tenían
naturalmente ideas más atrevidas que las del
vulgo y agitaban mil cuestiones filosóficas, polí
ticas y religiosas Así llegó la palabra sofista á
ser expresión de algo desfavorable, especie de
filosofastro, contra el cual descarga sus iras Gra-
try. Contribuyó también á cohonestar tan des-
preciativa opinión la circunstancia de que los
sofistas enseñaban por dinero, acusación que les
volvía al rostro con frecuencia el mismo Sócra-

tes, y que reprodujo Schopenhauer en terribles
diatribas contra la Filosofía oficial y académi-
ca de la cual se vive, cuando la Filosofía requie-
re, según él, vivir para ella.

Aun rectificado el sentido despreciativo de la
palabra sofista, la de sofisma sigue conservando
el que se desprende de aquel primer juicio tra-
dicionalmente admitido. Para evitar los paralo-
gismos no existe otro recurso más que recomen-
dar una y otra vez el estudio de la Lógica, y para
precaverse contra los sofismas enumerar los más
usuales. Difícil es por demás la enumeración de
todos los sofismas que puede cometer la inteli-
gencia humana, sin que los lógicos se hayan
puesto aún de acuerdo acerca de su clasificación.
Bacón señala cuatro clases de preocupaciones,
procedentes de la raza, de la educación, de la
vida y del tecnicismo científico. Stuart Mill enu-

a

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mera cinco clases de sofismas: de simple inspec ción, inductivos, deductivos, de generalización y de confusión, y Bain tres: inductivos, deductivos y de definición. Sidgwick (V. The Falla cies) dice que las principales objeciones que se pueden hacer á un argumento cualquiera son: 1.a que la razón que se da queda sola y exclusivamente de parte del sujeto (ignoratio elenchi); 2.a que la razón invocada para sostener la tesis suponga la verdad de esta misma tesis (petitio principii); 3.a que algún factor importante haya sido omitido ú olvidado (fallacia accidentis); y 4.a que resulte algún absurdo de la tesis sostenida (reductio ad absurdum). La más generalmen te usada de las clasificaciones de los sofismas es la hecha por Aristóteles, que los divide en ver bales, cuya falsedad consiste en las palabras, por lo cual suelen llamarse también formales ó gramaticales; y en reales, cuya falsedad está en el contenido, llamados también dialécticos ó de pensamiento. Los sofismas verbales son los siguientes: 1.0 Hominimia, equívoco, anfibología o ambigüedad de términos que se forma con palabras de varios sentidos, uniendo en un razonamiento dos de sus significaciones, por ejem plo: «en el cielo hay una constelación llamada el León, este animal ruge, luego en el cielo hay un animal que ruge.» 2.° Acento, que consiste en alterar el significado de una palabra poniendo ó suprimiendo en ella el acento: «si es condicio nal (sin acento) y sí (con acento) es afirmativa. >> 3. Figura de dicción, en la cual se toman como sinónimas palabras que, si bien se expresan de la misma manera, tienen, sin embargo, distinto significado: «la existencia de Marte es fabulosa, luego el planeta Marte no existe. » 4° Composición (transitus á sensu diviso ad composi tum), que hace categórica y coexistente la relación disyuntiva de dos términos, deduciendo erróneamente su posición conjunta de su afirmación separada: «el que puede hablar puede callar, luego puede hablar y callar juntamente. » 5.° Di visión (transitus á sensu composito ad divisum), sofisma contrario al anterior. Los sofismas reales son: 1.° Fallacia accidentis, que deduce una conclusión general de una premisa, cuya verdad es contingente: «la mayor parte de los hombres instruídos son viciosos, luego la instrucción no mejora la condición humana.» 2.° Transitus á dicto secundum quid ad dictum simpliciter, que pasa, violando la ley de la extensión de los términos, de un sentido restringido y parcial á otro absoluto: «engaña, luego miente. 3. Ignoratio elenchi, que admite una tesis sin precisar la ca lidad y la cantidad de los términos, y saca la cuestión de su terreno, ya probando otra cosa: («el hombre no puede pensar sin cerebro, luego el hombre piensa, » donde de la condición se deduce la causa), ya probando menos (si se concluye á la imposibilidad de un conocimiento, porque hasta hoy nadie lo ha adquirido); ya, por último, probando más al tomar premisas muy extensas. 4.° Petitio principii ó círculo vicioso, en el cual se pretende probar lo incierto por lo incierto, tomando por premisa la conclusión ó contestando con lo mismo que se pregunta. 5° Non causa pro causa, donde se toma por causa de una cosa lo que no lo es, y generalmente fisma post hoc, ergo propter hoc. 6. Fallacia conlo que le antecede, en cuyo caso se llama el sosequentis ó enumeración imperfecta: tiene lugar en los silogismos hipotéticos cuando se considera como recíproca la consecuencia de dos proposiciones, haciéndolas equicomprensivas y prescin diendo de la distinta cantidad de los términos, sin reparar que puede ser legítima la deducción del antecedente al consiguiente y no de éste á aquél («si llueve se mojará la tierra; está mojada la tierra, luego ha llovido») 7.° Plurium interrogatio; se reunen términos contrarios en una pregunta, de modo que la contestación no pueda convenir á todos y deje siempre base para ulteriores argumentaciones sofísticas.

Los sofismas, expuestos aisladamente, aun en los ejemplos más ingeniosos, son fáciles de reconocer, y parece á primera vista algo pueril la enumeración; pero no es así como se emplean, sino dentro de la contextura siempre compleja del pensamiento, constituída por una serie de razonamientos, deduciéndose al fin el error, cuyo germen puede quedar sólo hasta en un inciso.

El llamado buen argumentador emplea todo su esfuerzo de ingenio en introducir por los intersticios de uno á otro pensamiento los ilegíti mos, que han de conducir á la conclusión que se

intenta. Si distraidamente y sin meditar cuanto se dice oímos sucesivamente á dos que defienden hábilmente tesis contrarias, nos inclinamos á pensar que ambos tienen á la vez razón, porque no percibimos lo sofístico de las argumentaciones del uno y quizá de los dos. Luego hay que tener en cuenta que la verdad, aunque exacta. mente se compara con la luz, no irradia y se ofrece de modo tan patente que vaya á retratar la complejidad de lo real, y aunque tal caso se diera es fácil que el que ha de percibirla no lo logre, efecto de preocupaciones o de que la observa y contempla, como decía Bacón, «con el ojo humedecido por la pasión. >>

SOFISMO: m. SUFISMO.

SOFISTA (del lat. sophista; del gr. σopiτýs): adj. Que se vale de sofismas. U. t. c. s.

Ni hay pleito que bien se entienda, Si es SOFISTA el abogado.

ALONSO DE BARROS.

La voz de la equidad natural habla más alto que estos SOFISTAS impios; etc.

QUINTANA.

- SOFISTA: m. Filósofo ó retórico en la antigiedad clásica.

Aristides, SOFISTA, ni de nuestra religión ni de nuestras costumbres, compuso y publicó una oración, etc.

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MARIANA.

quién de los poetas, quién de los SOFISTAS dejó de beber de la fuente pura de los profetas. FR. PEDRO MANERO.

- SOFISTA (DIÁLOGO): Fil. Platón, en este su célebre y muy comentado diálogo, da varias definiciones del sofista para llegar á la sutil discusión de la tesis de Parménides, «que el sér existe, que el no ser no existe, » pretendiendo concluir que el no ser no es lo contrario del sér y que existe en cierta manera. En el diálogo El sofista expone Platón los puntos más importantes de la teoría de las ideas, y por tanto su concepción metafísica, ó sea la de la participación, que ha tratado también en otros diálogos (V. Fedón y Parménides, diálogos). Sin solución precisa, Platón pone concretamente el problema que más le preocupaba en toda su doctrina (la relación de lo inteligible con lo sensible). Si el mundo inteligible, al cual es preciso referir íntegramente toda la cuestión de la verdad y de la ciencia, es un conjunto de ideas subordinadas por igual á un solo y mismo principio, á una unidad absorbente de los términos interiormente contrarios, el pensamiento tiene que declinar en el gravísimo error de proclamar que todo es uno y lo mismo, y por consiguiente aceptar como ley de la ciencia y de la vida la identidad absoluta de Parménides y de la escuela de Elea. Si lo inteligible es primero y ante todo lo distinto, lo opuesto y lo contrario; si la verdad está sólo en lo particular y en lo múltiple y la ciencia reside en un vertiginoso aparecer de objetos particulares, el pensamiento degenera y desciende al craso error profesado por los jonios y por Heráclito, enten. diendo todo

que pasa y sucede (deviene). Expuesta claramente la dificultad, Platón presiente que la solución del problema es sólo asequible, mostrando la relación de las ideas entre sí, como juntamente idénticas y distintas, para poder explicar después la relación de las ideas al mundo sensible. A vuelta de mil argucias y discreteos ingeniosos, Platón prueba en El sofista que la multiplicidad absoluta de los jonios supone alguna unidad, de igual modo que la identidad de los eleatas implica la distinción de los contrarios, puesto que el movimiento y el reposo, aunque se excluyan mutuamente, pueden coexis tir en el sér. Para conciliar ambos sistemas opuestos refiere ambas categorías, la multiplicidad de los unos y la identidad de los otros, á las ideas, señalando unidad y, por tanto, relación de identidad entre las ideas mediante la del bien, y atribuyendo á su relación la distinción y multiplicidad; pero al realizar semejante intento ha resuelto lo sensible en lo inteligible, aun contra su propósito, y ha asumido todo lo real en la idea, dejando en su doctrina el germen del más exagerado idealismo (V. PLATONISMO). A través de disquisiciones, rayanas en el ergotismo, Platon afirma que la Ciencia supone tanto la unidad como la distinción del sér y de sus géneros, distinción que no llegó á hacer Parménides y

que en parte intentó Espinosa con su distinción de la substancia y de los atributos. Los géneros eternos explican, mediante las ideas platónicas, la existencia relativa de un no ser, que da hasta cierto punto razón del mundo exterior. Las ideas, según Platón, son puras, no admiten en sí mismas contrario alguno, pero para las relaciones, y en ellas se constituyen de nuevo como principio de distinción entre los contrarios, ó sea entre los objetos particulares. Si la idea es una, pretende Platón probar en El sofista que es también principio de la conexión que existe entre lo uno y lo múltiple. Según él (lo declara en el diálogo Fedro), «el verdadero arte del dialéctico consiste en percibir la unidad de lo conocido y en ver los múltiples elementos de lo conocido mismo bajo la unidad.» Hay ideas, dice, que se combinan por una afinidad natural, y existen otras que se rechazan por una natural contradicción, afirmaciones que constituyen el término natural de la teoría del conocimiento ideado por Platón, á la vez que sientan la base de los principios de identidad y de contradicción, que han sido después tan comentados desde el tiempo de Aristóteles hasta el de Leibnitz. De modo que la idea es para Platón lo que, poniendo en comunicación el sér con el no ser, sirve, al mismo tiempo que para unir los objetos homogéneos en lo que se llama el género, para establecer diferencias entre los seres distintos. El ministerio principal que en la dialéctica platónica desempeña la idea, es el de ser término medio entre la multiplicidad indefinida de los jonios y la unidad indeterminada de los eleatas. A medida que una idea es más una y más pura en sí, se distingue y diferencia de lo que no es, mas muestra el no ser, siendo así fácil hallar la unidad en la distinción y ésta otra vez en la unidad. La conciliación ecléctica de los dos sistemas opuestos, jónico y eleático, es llevada á cabo por Platón mediante los dos principios siguientes, que resumen toda su teoría: 1.° cada idea es idéntica consigo misma, porque es pura y no admite ningún contrario (principio de identidad que, llevado á una exageración absoluta, conduce á los errores en que cayó la escuela de Elea), y 2.o las ideas, á medida que son más puras, más se distinguen unas de otras, conciliándose, sin embargo, en los objetos particulares, aunque en distintos respectos, mediante la compenetración del sér y del no ser (principio de contradicción). Sin hacer crítica de tal teoría, sólo resta advertir que Platón la concibe como principio que explica la relación de las ideas con los objetos, particularmente mediante la participación, hipótesis que enuncia en El sofista y que vuelve á tratar en El Parménides.

SOFISTECO: f. Bot. Género de plantas (Sophisteque) perteneciente á la famila de las Ocnáceas, cuyas especies habitan en Asia y Africa y algunas en las regiones tropicales americanas, y alternas sencillas, cortamente pecioladas, coriason plantas arbóreas ó fruticosas, con las hojas ceas, brillantes, ovales ú oblongas, casi enteras ú orbiculares, agudamente aserradas, y las estípulas axilares geminadas, ya libres y caedizas ó ya soldadas entre sí formando una solitaria, intrafoliácea y persistente; panojas ó racimos terminales que alguna vez parecen axilares, bracteados, con las flores amarillas y los pedicelos angulosos y articulados en su base; cáliz de cinco sépalos, generalmente coloreados, empizarrados y caedizos; corola de cinco pétalos hipoginos, alternos con los sépalos, algo mayores que ellos y casi siempre trasovados, unguiculados y patentes; 10 estambres hipoginos, erguidos y conniventes, con los filamentos cortos, y las anteras introrsas, biloculares, fijas por la base, aleznadotetragonales, con una arruga en forma de anillo transversal ó abriéndose en el ápice por me. dio de dos poros; ovario de cinco ó seis divisiones cónicas, invertidas, muy obtusas, insertas oblicuamente sobre un ginóforo y con una columna central estilífera, deprimida, partida en cinco ó seis lóbulos y con estigmas muy peque. ños. El fruto está formado por cinco bayas, ó menos por aborto, insertas sobre un ginóforo ensanchado, uniloculares y monospermas; semilla erguida, con la testa membranacea y embrión sin albumen, ortótropo, con los cotiledones carnosos, planoconvexos, y la raicilla muy corta é ínfera.

SOFISTERÍA (de sofista): f. Uso de raciocinios sofísticos.

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Con SOFÍSTICAS razones
Sólo entretenerme intentas: etc.
MORETO.

SOFÍSTICOS argumentos
En el vasallo, Alarcón,
Arguyen claras malicias,
Sin disculpar el error.

RUIZ DE ALARCÓN.
Esta es SOFÍSTICA excusa
De quien cavilosa intenta
Honestar sus liviandades
Al nuevo interés que afecta.
TIRSO DE MOLINA.
la India, sit. cerca de las fuentes del Hidraotes
SOFÍTIDE Ó SOPITIDE: Geog. ant. Comarca de
y del Hifasis.

SOFITO (del ital. soffito): m. Arq. Parte interior del resalto de la corona de la cornisa. SOFLAMA (de so, debajo, y flama): f. Llama tenue ó reverberación del fuego,

- SOFLAMA: Bochorno ó ardor que suele subir al rostro, ó por accidente, ó por enojo, vergüen etc.

za,

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- SOFLAMAR: fig. Dar á uno motivo para que se averguence ó abochorne.

- SOFLAMARSE: r. Tostarse, requemarse con la llama lo que se asa ó cuece.

SOFLAMERO, RA: adj. fig. Que usa de soflamas. U. t. c. s.

¡Bien haya la tropa, amén,
Que reparte sus obsequios
Entre todas! ¡No esos monos,
Petimetres, SOFLAMEROS,
Que en los estrados van como
Entre peras escogiendo
Presunción y pocos años!

RAMÓN DE LA CRUZ. SOFOCACIÓN (del lat, suffocatio): f. Acción, ó efecto, de sofocar ó sofocarse.

-¡Jesús, que sOFOCACIÓN! ¡Jesús, Jesús, qué sobrino!

BRETÓN DE LOS HERREROS. SOFOCADOR, RA (del lat. suffocator): adj. Que

sofoca.

SOFOCANTE: p. a. de SOFOCAR. Que sofoca,

daban aullidos salvajes y hacían cien gestos ridículos al SOFOCANTE resplandor de las teas y los hachones. ANTONIO FLORES.

SOFOCAR (del lat. suffocare): a. Ahogar, impedir la respiración.

- SOFOCAR: Apagar, oprimir.

...; la envidia... lucha continuamente por SOFOCAR en la cuna todos los establecimientos que puedan hacer la fortuna de su vecino, etc. JOVELLANOS.

En su mano (de las clases privilegiadas) estuvo remediar los defectos de la reforma política sin SOFOCAR de todo punto las libertades públicas y las suyas, etc.

QUINTANA.

Moderaos. Si nos oyen...
-No temas. ¿Ves cuál soFOCO
I'm mi pecho el regocijo?

BRETÓN DE LOS HERREROS.

- SOFOCAR: fig. Acosar, importunar demasiado á uno.

- SOFOCAR: fig. Avergonzar, abochornar, poner colorado á uno con insultos ó de otra manera. U. t. c. r.

- No es decente
Que dama de tanta prez
Camine sin escuderos.
-(SOFOCADA estoy. ¿Qué haré?)

BRETÓN DE LOS HERREROS. SOFOCLEO, A (del lat. sophocleus): adj. Propio y característico de Sófocles, como poeta trágico, ó que tiene semejanza con alguna de las dotes ó calidades por que se distinguen sus

obras.

SÓFOCLES: Biog. Uno de los más grandes poetas griegos. N. en Colona, lugarcillo situado à la margen izquierda del Cefiso, por los años de 496 á 495 a. de J. C., en 498 ó 497 según otros. M. en 406 ó 405 a. de la era vulgar. Su familia, como la de Esquilo, ocupaba un puesto distinguido en el Atica, si hemos de dar crédito á ciertos testimonios; pero algunos refieren, con más certeza tal vez, que su padre Sófilo era herrero. Eupátrida ó hijo de artesano, poco importa, recibió una educación brillante, y descubrió temprano sus excelentes disposiciones naturales. Después de la batalla de Salamina, á la edad de quince años, ó de dieciocho á lo más, fué elegido para dirigir el coro de los adolescentes que cantaron el himno triunfal y que bailaron en torno de los trofeos formados con los despojos del enemigo. Descollaba tanto por su gallardía como por la precocidad de su talento. Es probable que desde su adolescencia se ejercitara Sófocles en varios géneros de poesía, sobre todo en el lírico, y que los peanes y demás poemas de este género que se tenían de él fueran ensayos anteriores á más vastas composiciones. A los veintiocho años de edad, entre los de 470 y 467, vió representada una producción suya. Principió con una obra maestra, venciendo al mismo Esquilo, no por el fallo de un populacho ligero ó de jueces ignorantes y apasionados, sino por sentencia dictada por hombres que no podían menos de amar la verdad y la justicia, Cuenta Plutarco en la Vida de Cimón que los jueces del concurso no se nombraron por suerte, según la antigua costumbre. Cimón y otros estrategos fueron quienes dieron la preferencia al joven sobre su ilustre émulo. Se ignoran los títulos de las piezas que en aquel día se representaron Durante su dilatada carrera literaria, triunfó Sófocles veinte veces en los certámenes. Cuando no salió vencedor obtuvo siempre el segundo lugar, nunca el tercero. Después de la representación de la Antigona la nombradía de que gozaba hizo que sus conciudadanos le eligiesen (440) otro de los estrategos ó generales que mandaron con Pericles la expedición contra Samos. Parece que durante su mando no desplegó Sófocles grandes dotes militares. Se sospecha, por un pasaje de Plutarco, que Sófocles ejerció varias veces el cargo de estratego, y consta que en 435 era uno de los directores de las contribuciones federales. Individuo de la comisión de altos consejeros encargados de velar por la seguridad de Atenas después de la desgraciada expedición de Siracusa (413), se prestó, como sus colegas, á la usurpación de los Cuatrocientos, cuya caída propuso después, lo que le enemistó çon Pisandro, uno de los jefes de los Cuatrocien

tos, depuestos en 411. Grote opina que estos hechos se refieren á otro Sófocles, que fué más tarde uno de los 30 tiranos Berck, por el contrario, escribe lo siguiente: «El pasaje de Aristóteles se refiere indudablemente al poeta trágico.» Este, de su mujer legítima, Nicostrata, tuvo un hijo, Jofón, también poeta trágico; y de una mujer extranjera, Teoris de Sicione, con la cual, según las leyes atenienses, no podía contraer matrimonio, le nació otro hijo, Aristón, que debió de morir muy joven. Ningún poeta fué más amado por los atenienses Sin embargo, Sófocles no se dejó dominar por el orgullo. Vencedor de Esquilo, se hizo su amigo; rival de Eurípides, no le tuvo envidia. La ancianidad de Sófocles fué admirable por su nobleza y placidez. Platón, que sin duda le había visto en casa de su padre, cita un dicho suyo al principio de La República, el cual prueba que Sófocles supo encanecer: congratulábase de haber sacudido desde hacía tiempo el yugo de las pasiones sensuales. Discreción fué esa que no dejaría de influir en su longevidad, al par que en el portentoso fenómeno de una inteligencia que siempre iba subiendo de punto, y que no llegó á su apogeo hasta la edad ordinaria de la decrepitud. Más de ochenta años contaba Sófocles cuando compuso el Filoctetes y el Edipo en Colona. Murió á los noventa y dos años, ó cuando menos á los ochenta y nueve, en toda la plenitud de sus facultades y de su ingenio. Afírmase que poco tiempo antes de su muerte su hijo Jofón quería que le privasen de la administración de sus bienes por imbécil ó demente. Parece que Jofón miraba con malos ojos el extremado cariño que profesaba Sófocles á un nieto suyo, hijo de Aristón, y por nombre Sófocles como su abuelo, y que temió perder la legítima. Llevado el pleito al tribunal de los fratores, especie de justicia municipal, y oído Sófocles, los jueces fallaron contra Jofón. Dicese que el poeta, en contestación única á las imputaciones de su hijo, se limitó á leer á los jueces algunos pasajes del Edipo en Colona, que últimamente había compuesto, y entre otros el coro en que los ancianos de Colona cuentan á Edipo las maravillas de una comarca querida de los dioses. Quizás es falsa esta historia; quizás fué siempre Jofón un hijo tierno y respetuoso; pero si el canto de los ancianos de Colona no sirvió de apología á Sófocles, bien puede decirse que ningún alegato hubiera dejado más convencidos á todos los jueces del mundo, y con más razón á unos hombres de la tierra de Atica, cuyas virtudes cantaba el poeta. Sófocles compuso más de 100 obras dramáticas. - Quédannos siete tragedias, producciones de su edad madura ó de su vejez, casi todas reputadas por los antiguos como obras maestras. Su orden cronológico ó de composición es como sigue: Antígona, representada por los años de 442 á 440; Electra; las Traquinianas; Edipo Rey, Ayax, Filoctetes, estrenada en 419; y Edipo en Colona, dada al público en 401. Los fraginentos de las demás piezas, tragedias ó dramas satíricos, no son muy largos. Cualquiera que sea la fecha en que se fije el na cimiento de Sófocles, tenía más de cincuenta años cuando se representó la Antigona; y esta obra, según un testimonio auténtico, era la trigésima segunda de las que había dado al teatro. Todo nos prueba que tuvo un éxito prodigioso. He aquí su argumento: Antígona expone magnánimamente su vida para tributar á su herma no Polinice los honores de la sepultura: es una heroína; pero á pesar de la resolución y austeri dad de su carácter, aún es mujer. Cuando ve fallada su muerte, llora su juventud, llora los goces de la vida y las no saboreadas fruiciones de un dichoso himeneo. Conmueve, aunque apenas deje columbrar su secreta inclinación por el hijo de Creonte. Muere, pero su preciosa sangre queda rescatada con la ruina y destrucción de la familia entera del tirano. Todo conspira en la tragedia á concentrar el interés en la gran figura de Antígona: el cruel carácter de Creonte, ante quien no cede su tierno cariño; el profundo afecto de Hemón, la pusilámine debilidad de Ismena, y la flaqueza de los ancianos del coro, que obedecen sin resistencia las órdenes de Creonte, y sólo saben condolerse de los males de sus víctimas. El argumento de la Electra es el de las Coéforas, obra de Esquilo (véase esta palabra); pero aquí no es ya Orestes, sino su her. mana, quien desempeña el principal papel. Orestes es el brazo que ejecuta: la idea de venganza, la ira, el implacable rigor, residen en el alma de

á

Electra. Esta lleva al exceso su justo odio á la matadora de Agamenón: no es ya, ni quiere ser, hija de tal madre. Mas el arte del poeta hace que poco a poco penetremos los resentimientos que la ulceran el corazón, y las mismas condiciones de su sexo, en particular su afección por su hermano, son precisamente las que aprovechó Sófocles para legitimar las resoluciones más que viriles en que se ha fijado su voluntad, y para preparar el parricidio que castigará el asesinato de un esposo por una esposa adúltera. Las Traquinianas, así nombradas porque el coro se compone de doncellas de la ciudad de Traquina, al pie del monte Ela, representan los celos de Deyanira y la muerte de Hércules, envenenado por la túnica del centauro Neso. Es una obra infe

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rior á las demás tragedias de Sófocles, pero no carece, como dicen algunos, de unidad de plan, de vigor dramático y de grandes calidades. El carácter de Deyanira y el de Hércules están trazados con maestría, si no amoldados á una acción bien ajustada y muy sorprendente. El Edipo Rey, compuesto diez años después de la Antígona, sólo obtuvo el segundo lugar en el segundo certamen de las tragedias, alcanzan do el premio Filocles, sobrino de Esquilo. Esta vez el fallo de los atenienses ó de los cinco jue. ces fué dictado por la pasión y por ciegas preocupaciones. Todas las producciones de Filocles eran medianas, no más que medianas, y el Edipo Rey es la más dramática, si no la más hermosa, de las tragedias de Sófocles. Prepáranse en ella con sumo arte el interés y la curiosidad. La altivez algo presumida de Edipo y la ligereza ó irreflexión de Yocasta son los medios de que se valió el poeta para quitar casi completamente al espectador el conocimiento de las inverosimilitudes de que está atestada la leyenda de las maldades de Edipo y de su expiación. El Ayaa es una composición mucho más sencilla, pero llena también de pasión y vida. Hanse otorgado á Ulises las armas de Aquiles, é irritado Ayax de esta afrenta ha jurado vengarse de los griegos; pero Minerva le quita el juicio: no mata Ayax a sus enemigos, sino á viles animales, que la diosa le hace tomar por hombres. Vuelto en sí, el héroe conoce su deshonra; ve que será el hazmerreir del ejército si permanece delante de Troya, y el oprobio de su anciano padre si regresa a Salamina. Condénase á sí mismo á muerte, y una vez tomada su resolución nada en el mundo puede ya disuadirle. Ayax, después de atender á los intereses de todos los deudos, consuma el sacrificio y se quita la vida, mas no

tirano, tragedia traducida del griego en verso castellano, con un discurso preliminar sobre la tragedia antigua y moderna, por D. P. Estala (Madrid, 1793, en 8.°); Filoctetes, tragedia (un vol.), que forma parte de la Biblioteca Universal, fundada en Madrid por Joaquín Pí y Margall.

SOFOCO: m. Efecto de sofocar ó sofocarse.

- SOFOCO: fig. Grave disgusto que se da ó que

se recibe.

- Pero ¿no sabe usted que tengo repartidos los billetes para el baile de esta noche? Es preciso darle, ó me muero del SOFOCO...

LARRA.

Pasaré también por alto los pesares y SOFOCos que acarrea el matrimonio judicial y forzado, etc. CASTRO Y SERRANO. SOFOCÓN: m. fam. Desazón, digusto que sofoca ó aturde.

- Permitame usted, señora...
No hablo con usted ahora
-(Me va a dar un SOFOCÓN).

BRETÓN DE LOS HERREROS. SOFONÍAS: Biog. Noveno de los profetas menores, natural del campo de Sabrath, en la tribu de Simeón, y de una familia muy ilustre, se. gún los términos en que se expresa su ascendencia. Vivió y profetizó contra Judá y Jerusalén en tiempo del rey Josías, 624 años antes de Jesucristo, juntamente con otros muchos que con sus fuertes y vivas reprensiones y amenazas procuraban reducir á penitencia à aquel pueblo obstinado, para prevenir los juicios del Señor, que le amenazaban. En esta profecía anuncia Sofonías la próxima desolación de la Judea y de Jerusalén por los caldeos, en pena de las idolatrías, tiranías, violencias é impiedades que naban en todos los estados del pueblo, a quien procuraba exhortar eficazmente á convertirse. Dirigiéndose después á los verdaderos fieles y escogidos los consuela, prometiéndoles que se rían librados de estos males, y también les anuncia la salud eterna por Jesucristo, el cual reco. gería su Iglesia de entre todos los pueblos del mundo, la santificaría, bendeciría y glorificaría eternamente con la ruina y exterminio total de todos sus enemigos, y que de esta ruina sería como un preludio la de Nínive y la de los filisteos, también vaticina. La Iglesia celebra la memoria moabitas, ammonitas, etíopes y asirios, que

rei

sin sentimiento. Las escenas que siguen á la muerte de Ayax se fundan en la importancia que para los griegos tenían las ceremonias fúne bres, sin las cuales los manes de los muertos no hallaban descanso en las mansiones infernales. La desesperación de Teucro, hermano de Ayax, sus enérgicas invectivas contra los enemigos del héroe, y la noble generosidad de Ulises, que toma la defensa del muerto, animan aquella especic de languidez que hay en una discusión relativa á un cadáver. El Filoctetes alcanzó el premio de las nuevas tragedias. Es la pieza más patética de Sófocles, á pesar de la sencillez de la fábula y de que casi toda pasa entre tres personajes: Ulises, Neoptolemo y Filoctetes. La lucha interior de Filoctetes entre el deseo de dejar una soledad espantosa, recobrar la salud y contribuir eficaz. mente á una gloriosa empresa, y el odio que ha jurado á los que le abandonaron; el cuadro de los sufrimientos físicos del héroe y el de sus tormentos morales, aún más agudos cuando cree que Neoptolemo le ha engañado, no son cosas menos admirables que los grandes efectos teatra les que se obtienen multiplicando los incidentes y los personajes. Es un género de interés distinto del Edipo Rey, pero no menos vivo ni menos sorprendente. Edipo en Colona, última obra de Sófocles, no es un drama del mismo género que sus demás tragedias. En ninguna se levantó Sófocles á mayor altura poética su pieza es un himno magnífico en honor de Atenas, en el cual se expresan las más puras ideas morales en un lenguaje sublime sobre toda sublimidad. Edipo ha expiado con largos infortunios sus crímenes involuntarios. Los dioses le han devuelto su afecto; hanle anunciado su próxima muerte y predicho que el pueblo que posea su sepulcro estará seguro de vencer á todos los pueblos encmigos. Llegado á Colona, muy cerca de Atenas, detiénese Edipo en el bosque de las Euménides, y conoce que ha de morir allí. Antes del instante supremo se desarrollan algunas escenas en que figuran personajes interesados en saber si Edipo se quedará en el Atica ó regresará á Beocia.- Las siete tragedias citadas no dan completa idea del genio de Sófocles, pero son suficientes para asignar al poeta uno de los primeros pues tos entre los dramaturgos de todos los tiempos. Rival de Esquilo en la invención, inferior á Shakespeare por el mismo concepte, no tiene Sófocles quien le aventaje ni quien le iguale en la armoniosa perfección del todo. Supo elevar los caracteres particulares á la altura de un tipo general; y aunque es cierto que esta tendencia generalizadora no es la más conveniente para la imitación de la vida que llamamos drama, no lo es menos que era el único carácter aplicable al drama griego de aquel tiempo. Antes de Sófocles, Sifax, jefe de la tribu de los masesilianos y aliasólo dos actores intervenían en la representado de Cartago. En la toma de Cirta (203) cayó ción. Esquilo hacia el fin de su carrera, y Sófocles desde sus comienzos, introdujeron un tercer actor. En su última obra, Edipo en Colona, Sófocles hizo figurar cuatro actores. Además disminuyó la importancia del coro, y no compuso trilogias propiamente dichas, ó á lo menos parece que ni aun en la época en que se exigían cuatro piezas á cada contendiente sacó nunca sus tragedias de una misma leyenda, ni formó con tres de ellas un conjunto dramático. Así, cada una de sus producciones tiene la extensión suficiente para el desarrollo completo de una acción. Con ser importantes estas reformas, no constituyen la verdadera revolución realizada por Sófocles en la Tragedia. Esquilo había llevado á la escena grandes hechos legendarios ó históricos, buscando el efecto en la magnificencia del lenguaje y en otros elementos líricos. Sófocles dió á éstos una importancia secundaria, y basó sus triunfos en el hombre mismo, obrando al impul so de las ideas y de las pasiones. La primera

edición de las obras de Sófocles se debió á Aldo el Viejo (Venecia, 1502, en 8°) Hubo varias ediciones en los siglos XVI, XVII y XVIII. En el nuestro se cuentan varias importantes. Aquí sólo citaremos la de Ahrens, con una traducción latina por L. Benlow, en la Bibliotheca script. græcorum, de A F. Didot, y la de Wunder (Gotha y Erfurt, 1831-1846), excelente sobre todo por el comentario. Entre los traductores de Sófocles figuran los ingleses Franklin, Potter y Dale; los alemanes Solger, Jordán, Stolberg, Fritz y Schneidewin (Berlín, 1854-56, 6 vol. en 12.°); los franceses Artaud (1827, 3 vol. en 32.°); Pons (1836-41), y Fayart (1849). He aquí los títulos de dos traducciones castellanas: Edipo

de Sofonías en 3 de diciembre.

SOFONISBA: Biog. Célebre cartaginesa, hija de Asdrúbal. En el año 206 a. de J.C. casó con

en poder de Masinisa, de quien había sido prometida, y á quien cautivó su rara hermosura; así es que, lejos de pensar en entregarla á los romanos, determinó tomarla por esposa. Para evitar Escipión que por influencia de aquella mujer rompiera Masinisa la alianza con Roma, le mandó renunciar á su matrimonio y reclamó la princesa. Masinisa hizo saber esta resolución á Sofo nisba, la cual, temiendo ser conducida á Roma, pidió á su nuevo esposo una copa con veneno como regalo de boda El rey tuvo la cobardía de enviársela, y ella la apuró con gran entereza. La historia de Sofonisba ha dado origen á varias producciones dramáticas, entre las que se cuentan una de Corneille y otra de Voltaire.

SÓFORA. f Arbol de la familia de las Leguminosas, con hojas compuestas de once á trece hojuelas lampiñas; panojas terminales y laxas, y legumbre también lampiña. Se cría en el Japón y se cultiva en los jardines y paseos de Europa. Florece en julio y agosto.

- SÓFORA: Bot. Género de plantas (Sophora) perteneciente á la familia de las Leguminosas, subfamilia de las papilionáceas, tribu de las soforeas, cuyas especies habitan en las regiones media y tropical del Asia y algunas en la América septentrional, y son plantas arbóreas ó frutico-as, con las hojas opuestas, imparipinnadas, con varios pares de folíolas y la terminal distante del último par, con estípulas aleznadas ó sin ellas y flores dispuestas en racimos colgan. tes, axilares ó terminales, generalmente sencillos, con brácteas aleznadas muy pequeñas y pedicelos desprovistos de brácteas; cáliz ancho, acampanado, truncado oblicuamente, con cinco

dientes á veces poco marcados; corola amaripo sada, con los pétalos casi de igual longitud; el estandarte trasovado, redondeado, erguido ó casi patente, con uña estrecha; las alas oblongas, unguiculadas y auriculadas, y la quilla obtusa, recta, con los pétalos soldados en la mitad inferior y libres en el ápice; 10 estambres con los filamentos algo ensanchados, lampiños y libres ó algo coherentes en la base; ovario casi sentado, lineal, pluriovulado, con el estilo ensanchado en la base, algo curvo y lampiño, y el estigma delgado; el fruto es una legumbre monoliforme, indehiscente, sin alas y polisperma; semillas casi globosas; embrión con la raicilla encorvada ó casi

recta.

La especie más notable de este género es la Sophora japonica L., árbol de la China y del Japón, con las ramas retorcidas, colgantes, ver. des, las hojas imparipinnadas, compuestas de folíolas aovadas, y las flores pequeñas, amarillentas, dispuestas en racimos pequeños y colgantes; legumbres con los artejos separados por angos. tamientos largos desiguales. Florece en verano y se multiplica por medio de semillas y por acodo, prestándose perfectamente al cultivo en los paseos como árbol de sombra.

SOFORETINA (de soforina): f. Quím. Cuerpo de composición mal determinada descubierto por Förster como resultado del desdoblamiento de la soforina por la acción del ácido sulfúrico diluído, reacción en la cual se produce en la proporción de 46,84 por 100; esta substancia, cuyos caracteres son muy análogos á los de la quercetina, se diferencia de ella, sin embargo, por su compo. sición, según parece deducirse de la de su derivado bromacetilado, que analizado contiene en 100 partes 39,48 de carbono, 3,06 de hidrógeno, 32,79 de bromo y 24,67 de oxígeno, determinado este último elemento por diferencia; la soforetina puede dar un derivado bromado que contiene en 100 partes 42,8 de bromo, y que se ob

tiene al bromurar la soforina.

SOFORINA (de sófora): f. Quím. Materia colorante extraída de la grana de China, producida á su vez por las yemas del vegetal conocido en Botánica con el nombre de Sophora japonica, que pertenece á la familia de las Leguminosas; para extraer este cuerpo, descubierto por Förster en 1882, basta tratar la primera materia por agua hirviendo, filtrando el líquido y evaporándole para que cristalice; los cristales obtenidos se purifican agitándolos con éter, separando la capa etérea y haciendo cristalizar el residuo, por segunda vez, en agua hirviendo La soforina se presenta en cristales rojos que tratados por ácido sulfúrico diluído se desdoblan en 57,46 por 100 de isodulcita y 46,84 de un nuevo cuerpo denominado soforetina, reacción que parece indicar que el cuerpo de que se trata debe clasificarse en el grupo de los glucosidos; tratada por el bromo se desdobla en dicha isodulcita y el derivado bromado de la soforetina.

SOFRA: f. Mesa ó velador que emplean los orientales, en los que sirven el café; es pequeño, de un solo pie vertical, que después se divide en tres como muchos veladores, y cuyo tablero está lleno de dibujos é inscripciones, generalmen te con incrustaciones de madera, nácar, marfil y metales preciosos.

- SOFRA: Plato de metal para servir los refrescos; se coloca en la mesa del mismo nombre y está lleno de dibujos grabados; la plata y el oro son los metales más usados entre las personas de posición, empleando sólo el cobre las clases menos acomodadas; en otros países se da también este nombre á las bandejas cinceladas que se destinan á objeto semejante, por más que no sea

tan común llamarlas de este modo.

SOFRALI: m Tapiz de Oriente que se tiende en el suelo como alfombra para asentar sobre él la sofra (véase); en el centro tiene tejida una rosa rodeada de caprichosos dibujos, en los que entran los colores azul turquí, verde, amarillo y anaranjado, destacando sobre un fondo de azul ultramar y perfectamente combinados, de modo que resulta un conjunto bellísimo y perfectamente armonizado de sorprendentes efectos á la vista.

SOFRANA: Geog. V ZAFRANA.

SOFREIR: a. Freir un poco ó ligeramente una

cosa.

SOFRENA: f. Zool. Género de insectos del or

den de los coleópteros, familia de los crisomélidos, tribu de los alticinos. Este género de insectos se distingue por ofrecer los caracteres siguientes: cabeza redondeada, inclinada, encajada en el protórax hasta el borde posterior de los ojos; frente muy ancha, surcada entre los ojos, con tubérculos callosos distintos; labro muy grande y algo sinuado; palpos maxilares con el tercer artejo algo cónico, el cuarto en forma de cono agudo, más delgado y más largo que el anterior; ojos redondeados y convexos; las antenas, notablemente cortas, apenas llegan á la base del pronoto, robustas, con el primer artejo claviforme, el segun do moniliforme, el tercero algo cónico, los siguientes más cortos y anchos, los últimos muy transversales; el artejo terminal ovalado; el protórax transversal menos ancho que los élitros; el borde anterior ligeramente marginado; los bordes laterales redondeados, un poco convergentes hacia adelante; los ángulos anteriores un poco avanzados y redondeados, los posteriores obtusos; la superficie convexa sin impresión; el escudo en forma de un triángulo rectilíneo; los élitros brevemente ovalados, redondeados por detrás, fina y confusamente punteados; el prosternón estrecho, ensanchado por detrás y cerrando las cavidades cotiloideas; el mesosternón desarrollado; las patas muy cortas y robustas; fémures posteriores abultados y fusiformes; todas las tibias ensanchadas hacia la extremidad, los posteriores más largos y provistos en su borde externo de una espina arqueada; los tarsos cortos y terminados por uñas apendiculadas.

Los insectos de este género son propios de nuestras regiones templadas, en donde su período de actividad vital corresponde al de la vegetación. Los individuos que pueden resistir los primeros fríos se retiran debajo de las piedras, debajo de las cortezas de los árboles, y principalmente en el musgo que reviste el pie de estos árboles. Los individuos que escapan de los rigores del invierno y que están encargados de la conservación de la especie no son muy numerosos, pero se multiplican tan rápidamente que á pesar de su pequeñez pueden causar perjuicios importantes.

Estos insectos están provistos de alas, pero parece que nunca recurren á este medio de locomoción; saltan mucho más que vuelan, y cuando se les coge buscan escaparse de la mano por medio de saltos repetidos. Para ejecutar éstos el insecto parece que contrae sus antenas y sus patas; la impulsión que da á su cuerpo la verifica por el súbito enderezamiento de la tibia sobre el fémur En efecto, se ha observado bien la disposición de estas partes cuando el insecto se contrae, y se ha visto que el tarso se repliega contra la cara posterior de la tibia y que ésta se aloja en el surco que recorre el borde inferior del fé mur. En esta operación pierde el animal mucha fuerza muscular, pues se nota generalmente que cuando la vista y la mano persiguen á uno de estos insectos los saltos dados por éste van siendo cada vez más pequeños, puesto que sobreviene la fatiga, hasta el extremo de renunciar á su libertad.

En la primavera ponen estos insectos sus huevos, que son ovales y amarillos, y los depositan en el suelo ó sobre las hojas, ordinariamente en el ángulo de las nerviaciones. Las larvas, al salir, se ocultan en la tierra durante el día ó debajo de los detritus de los vegetales que constituyen su alimento; esta larva tiene la cabeza redondeada, córnea, con la boca dirigida oblicuamente hacia adelante; las antenas están insertas en la parte anterior y externa de la cabeza, formadas de tres artejos gruesos anulares; el labro es grande, carnoso, redondeado por delante; las mandíbulas medianas, poco arqueadas, anchas en su extremidad, dividida en varios dientes agudos; las maxilas terminan por delante en un pequeño lóbulo que lleva los palpos largos, cónicos, formados de cuatro artejos; el labio in ferior está formado de un menton muy grande, estrechado por delante; piezas palpígeras confundidas en su base; palpos labiales de dos artejos entre los cuales se encuentra un abultamiento carnoso que representa la lengüeta; el tórax está compuesto de segmentos casi semejantes á los segmentos abdominales; el protórax presenta por encima una placa escamosa algo impresionada; los segmentos abdominales, en número de nueve, semejantes entre sí, recubiertos, así como los dos segmentos torácicos posteriores, de pequeñas placas escamosas, setígeras, lucientes, diversamente

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dispuestas, tanto sobre la cara dorsal como sobre
la opuesta; el segmento anal estrecho, redondea-
do, uniformemente coloreado, y presenta por
debajo una prolongación bífida que sirve para la
progresión: los estigmas existen en número de
nueve pares, de los cuales ocho corresponden á
los ocho primeros segmentos abdominales y el
noveno está situado sobre el mesotórax en el
ángulo anterior y externo; estas larvas están re-
cubiertas de sedas ó pelos más ó menos apreta-
dos de color amarillo. Para su metamorfosis en
ninfa la larva se fija por la extremidad anal, y
en tal posición atiende á su cambio á insecto
perfecto.

SOFRENADA: f. Acción, ó efecto, de sofre

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intriga ni acción: eran escenas que se seguían al acaso, sin enlace, sin preparación, que no se podían representar en el teatro, y compuestas solamente para leerlas ó recitarlas. Sofron fué el precursor de Menandro; sus diálogos inspiraron á muchos poetas de la comedia nueva. En realidad ignoramos si escribió en prosa ó en verso, pues sus fragmentos, aunque no se acomodan á ningu na combinación rítmica conocida, recuerdan con frecuencia ciertas medidas y presentan cierto orden métrico que los distingue de la prosa. Los antiguos distinguían dos clases de mimos: los se rios y los que excitaban la risa; los de Sofronte eran sobre todo del primer género. Los frag mentos de Sofrón, insuficientes para juzgar su talento, fueron recogidos por Blomfield en el Classical Journal de 1811, y se hallan también en el Museum criticum (Cambridge, 1826, tomo II). Ahrens los reprodujo en su tratado De dialecto dorica (pág. 464).

SOFRONANTO (del gr. owppwv, moderado, y avtos, flor): m. Bot. Género de plantas (Sophronanthe) perteneciente á la familia de las Escrofulariáceas, cuyas especies habitan en los países templados, y son plantas herbáceas, perennes, con las hojas opuestas, festoneadas ó dentadas, y los pedúnculos axilares, solitarios, unifloros,

SOFRENAR: a. Reprimir á la caballería el ji- opuestos ó alternos; cáliz quinquepartido, pronete tirando violentamente de las riendas.

SOFRENÓ el sol sus caballos,
Por oir à mi pastora,

Tanto que besó algún signo
Las caderas luminosas.

GÓNGORA.

- SOFRENAR: fig. Reprender con aspereza á

uno.

ánimo.
- SOFRENAR: fig. Refrenar una pasión del

SOFRIDERO, RA: adj. ant. SUFRIDERO,

SOFRITO, TA: p. p. irreg. de sOFREIR.

SOFRÓN (del gr. owppwv, moderado): m. Zool.
Género de insectos del orden de los coleópteros,
familia de los cerambícidos, tribu de los ceram-
bicinos. Los caracteres más importantes que
ofrece este género de insectos son los siguien-
tes: palpos y mandíbulas extremadamente cor-
tos, los primeros filiformes; cabeza muy corta
por detrás, muy cóncava entre sus tubérculos
anteníferos; frente vertical, en forma de un cua-
drado transversal; antenas delgadas, setáceas,
casi glabras, un poco más largas que el cuerpo;
ojos muy escotados; protórax de doble longitud
que anchura, cilíndrico, redondeado sobre sus
lados; élitros medianamente alargados, muy poco
convexos, paralelos, redondeados por detrás; pa-
tas muy largas; fémures pedunculados en su ba
se, después poco a poco más gruesos, en forma de
á
una maza fusiforme, los posteriores casi de la
longitud de los élitros; tarsos del mismo par
medianos, con el primer artejo un poco más
grande que el segundo y tercero reunidos; abdo
men cónico y deprimido sus segmentos segundo
y quinto iguales; episternones metatorácicos es-
trechos, arqueados en su parte interna, agudos
en su extremidad; cuerpo medianamente alarga-
do, finamente pubescente.

visto de dos bracteitas iguales entre sí; corola hipogina, bilabiada, con el labio superior escotado ó bífido y el inferior trífido, con los dientes iguales; cuatro estambres insertos en el tubo de la corola, incluídos, los anteriores estériles y más largos, casi mazudos, y los posteriores fértiles; anteras coherentes entre sí dos á dos, biloculares, con las celdas paralelas; ovario bilocu lar, con las placentas multiovuladas, adheridas á una y otra cara del tabique medianero; estilo sencillo y estigma ensanchado bilocular; el fruto es una cápsula bilocular que se abre por dehiscencia loculicida en dos valvas casi bífidas, con las márgenes vueltas hacia dentro; semillas nu

merosas.

SOFRONIA (del gr. σwppwv, prudente): f. Bot. Género de plantas (Sophronia) perteneciente á la familia de las Iridaceas, cuyas especies habitan en el Cabo de Buena Esperanza, y son plantas sufruticosas, con raíz tuberosa, tallo erguido, leñoso, con renuevos en su base, en la que se notan las cicatrices de las hojas ya desprendidas, y terminado por un penacho de hojas alternas; escapo herbáceo, sencillo ó apanojado, con pocas hojas y espatas de dos brácteas para cada flor; cáliz petaloideo, súpero ó semisúpero, tubuloso, con los sépalos iguales en forma y color á los pétalos, y unos y otros patentes ó conniventes; tres estambres insertos en la garganta del perigonio, incluídos, con los filamentos filiformes, muy cortos, y las anteras aflechadas, insertas por su base; ovario ínfero ó semiínfero, trígono, con las aristas obtusas, trilocular, con óvulos numerosos anátropos insertos en dos series en el ángulo central y horizontales; estilo filiforme saliente, y estigma tridentado ó trífido con las ramas muy cortas; el fruto es una cápsula cartilaginosa, aovadotrígona, trilocular y que se abre en tres valvas con dehiscencia loculicida; semillas numerosas, angulosas, con la testa co

La especie típica (Sophron inornatus Newm.)riácea y el ombligo basilar.
de este género es un insecto muy pequeño de
Australia, negruzco, mate por encima, más bri-
llante por debajo, finamente rugoso sobre la ca-
beza y el protórax; los élitros tienen dos finas
costillas revestidas de pelos blancos, siendo la
costilla interna casi la mitad más corta que la
externa, que es casi entera.

- SOFRÓN Ó SOFRONTE: Biog. Poeta cómico
griego. N. en Siracusa. Vivía en la segunda mitad
del siglo v a. de J. C. Distinguióse de los otros en
no hallarse escritas en verso sus composiciones
dramáticas. Llamaba mimos á sus producciones.
Sofronte, según parece, redactó en prosa dórica
escenas dialogadas en las que hacía hablar á
hombres y mujeres del pueblo con la ingenuidad
y pintoresca energía de su lenguaje. Platón, que
había quizás conocido á Sofrón en Siracusa, ad-
miraba estos cuadros y dice que se inspiraba en
ellos para dar á los personajes de sus diálogos
naturalidad y vida. Los mimos de Sofrón eran
fieles imitaciones de la realidad, como lo indica
su nombre, y de ello podemos formar juicio le-
yendo un poema semejante en que Teócrito tomó
á Sofrón como modelo. Pero estos mimos no eran,
propiamente hablando, comedias. No hay en ellos

- SOFRONIA: Zool. Género de insectos del orden de los arquípteros, sección de los odonatos, familia de los libelúlidos, cuyos principales cagrandes y contiguos unidos casi por completo, racteres son los siguientes: cabeza con los ojos apenas separados por una prolongación sumamente delgada del occipucio, éste triangular y grueso con una línea hundida en la parte posterior; vértice generalmente separado del occipucio, bas tante elevado, en forma de cuña, y separado de la frente por un surco bastante profundo; un estemma colocado á cada lado, generalmente cerca de la base, y otro en medio; antenas insertas en la línea de los estemmas; boca casi formada exteriormente por el segundo artejo de los palpos maxilares; labio inferior pequeño, con los palpos cerca de la base; mandíbulas anchas en la base, con seis dientes, uno de ellos colocado en el ápice; patas espinosas medianamente largas; alas superiores con un triángulo casi rectan gular cuya hipotenusa está dirigida hacia el extremo, y la base hacia el borde externo.

El género Sophronia fué establecido por Drury, y comprende una porción de especies muy semejantes entre sí y de aspecto muy parecido al de

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