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Siempreviva de Mejico. - Nombre vulgar con que se designa una planta perteneciente à la familia de las Mesembriantemáceas, la cual es conocida entre los botánicos con el nombre sistemático de Aizoon canariense L.

Siempreviva mayor. - Es la especie Sempervivum tectorum L.

Siempreviva menor. - La planta designada con este nombre pertenece á la familia de las Crasuláceas, y es conocida entre los botánicos con el nombre científico de Sedum album L.

Siempreviva picante. - Nombre vulgar con que se designa una planta perteneciente á la familia de las Crasuláceas, cuya denominación sistemática es la de Sedum acre L.

SIEN (del provenzal sen; del lat. sensus, sentido): f. Cada una de las partes laterales de la frente limitadas por la cola de la ceja, el nacimiento del pelo y las orejas.

Las primeras coronas fueron de vendas, no en señal de majestad, sino para confortar las SIENES; etc.

SAAVEDRA FAJARDO.

Si vuestra fe corresponde,
Como suele, á la ocasión
Y amistad que me debéis,,
Presto en mis SIENES veréis

La corona de León.

RUIZ DE ALARCÓN.

- Tengo un cruel

Dolor de cabeza. ¡Ay Dios!
Parece que entrambas SIENES
Se me parten.

TIRSO DE MOLINA.

SIENA: f. Germ. CARA; parte anterior de la cabeza desde el principio de la frente hasta la punta de la barba.

SIENA: f. Art. y Of. Ocre muy empleado en la pintura de todas clases, tanto por el pintor de historia como por el de puertas y ventanas, así como en la pintura mural, y el más necesario de todos para las imitaciones de maderas, y puede emplearse natural ó calcinado; al primero se le llama tierra de siena ó siena natural, y el segundo recibe el nombre de siena tostada y resulta más rojizo que el anterior; ambos colores tienen más transparencia y hermosura que los ocres comunes. La siena es una tierra bolar ú ocre pardo con tinte anaranjado, entendiéndose por bol, según define Palomino, una «tierra cretosa ó gredosa colorada que sirve para los últimos aparejos del dorado bruñido; y se halla muy buena en España, aunque también se suele traer de Armenia.» Se prepara lavando la tierra, que se encuentra mezclada con substancias extrañas, en una gran cantidad de agua, de modo que se deslía bien, y esto repetidas veces, mudando las aguas; á cada levigación se deja reposar para que la tierra se precipite en el fondo de la vasija, quedando en el agua las substancias solubles extrañas al color; se decantan las aguas y se fil tran separadamente los precipitados y las aguas, haciéndolos pasar por filtros de papel Joseph ó sin cola colocados en embudos de vidrio, ó bien en bolsas de tela fuerte; los productos de esta filtración se vuelven á lavar hasta que las aguas no acusen reacción alguna, y entonces se recoge de los filtros el color, para formar trociscos que se colocan sobre varios papeles secantes blancos formando cama, en los que se tienen hasta que se sequen completamente. De este modo se obtiene el color en bruto, y hay que prepararle, para lo cual hay que reducirle á polvo fino, operación á que se llama porfirizar, porque se hace generalmente sobre una losa de pórfido, aunque puede emplearse el granito de grano fino ó el mármol bien pulimentados; echado el color en bruto sobre la losa se muele con la moleta, piedra de la misma naturaleza que la losa, labrada en tronco de cono terminado superiormente por un casquete esférico que abarca la palma de la mano, que hace girar la moleta sobre el color, describiendo círculos; mas como sin otra preparación éste sería arrastrado por el viento, con lo que se perdería una gran parte, siendo aspirado el polvo por el operador con grave daño suyo, se agregan pequeñas porciones de líquido que retengan este polvo, evitando los inconvenientes citados; con el movimiento rotatorio, el color, formando pasta muy espesa, se va extendiendopor la piedra á la que cubre, y adhiriéndose á la moleta, por lo que hay que recogerla hacia el centro de la losa con un cuchilo de acero

muy flexible y hoja muy fina con punta redon-
da, continuando la operación hasta que no se
observe la menor apariencia granuda de la pasta.
El líquido, que en pequeñísimas porciones se
añade al hacer la porfirización, ha de ser el di-
solvente, ó mejor vehículo que sea necesario se-
gún el sistema de pintura; así que tan pronto es
el agua sola ó con una disolución de goma ó de
miel, como la cola, la leche, el suero de la sangre
de los animales, los aceites, especialmente los de
linaza ó nueces, que son se-
cantes, la esencia de tremen-
tina y algunos barnices.
Cuando el color ha de servir
para la aguada puede, una
vez molido, vaciarse en mol-
des, en los que se deja secar
para formar pastillas, de las
que después se toma el color
con el pincel humedecido;

en otro caso se conserva en

tarros bien tapados para que
no se seque el color. El por-
firizado se hace también para
la pintura ordinaria en mo-
linos cerrados, y entonces
no se toma vehículo alguno,
obteniendo la siena en pol-
vo, que se encierra en botes
de hoja de lata ó palastro
bien tapados.

Para obtener la siena tos-
tada se toma la siena natu-
ral, pulverizada como hemos
dicho últimamente, y se cal-
cina en hornos ó en vasijas
cerradas, llevando el fuego
hasta el rojo obscuro ó algo
menos, se deja enfriar y se
procede á una segunda porfi-
rización en cualquiera de las
formas que hemos explica-
do, siendo muy conveniente
proceder antes á una leviga-
ción para purificar el color.

- SIENA: Bot. Género de
plantas (Syena) pertene
ciente a la familia de las Xi-
ridáceas, cuyas especies ha-
bitan en las regiones tropica-
les y cálidas extratropicales de la América boreal,
y son plantas herbáceas, pequeñas, musciformes,
que crecen en los sitios pantanosos y tienen los
tallos tendidos con ramificación difusa, y hojas
numerosas y apretadas dispuestas en verticilos
ternarios, linealeslanceoladas y sentadas; pe-
dúnculos axilares solitarios, unifloros, envaina-
dos en la base y con flores violáceas; perigonio
de seis piezas, las del exterior ó cáliz sepaloideas
y las del interior petaloideas y persistentes; tres
estambres episépalos, persistentes, con los fila-
mentos filiformes, y las anteras introrsas, unilo-
culares y que se abren por una grieta en su ápi-
ce; ovario unilocular y con tres placentas parie-
tales pauciovuladas; estilo terminal sencillo y
estigma obtuso; cápsula unilocular, trivalva y
con las semillas adheridas á las líneas medias de
las valvas; semillas globosas, reticuladas y con
hoyitos; embrión anfítropo, casi fungiforme, con
el ombligo situado delante de una papila y
opuesto al albumen, que es carnoso.

- SIENA: Geog. Prov. de la Toscana meridio-
nal, Italia, limitada al N. por la de Florencia,
al N. E por la de Arezzo, al E. y S. E. por la de
Perusa ó Umbría, al S. y S.O. por la de Gros-
seto y al O. por la de Pisa; 3794 kms.2 y
225 000 habits. Cap. Siena. Terreno montuoso,
comprendido entre derrames del Apenino cen-
tral y el Subapenino toscano; el monte Amiata
se alza á 1 734 m. La mayor parte de la provin-
cia pertenece á la cuenca superior del Ombrone,
tributario del Mar Tirreno. Dos lagunas, las de
Montepulciano y Chiusi, unidas por el Canal de
Passo alle Quercie, dan origen, la primera al
Chiana Toscana, afl. del Arno, y la segunda al
Chiana Romana, tributario del Paglia. La cría
de ganados es una de las principales riquezas del
país. Los vinos de las colinas de Montepulciano
figuran entre los mejores de la Toscana. Las
minas de lignito de Murlo Ligliano, Casino y
Benellove, producen al año unas 11 000 tonela-
das; la de Cetine de Cotordiano da sulfuro de
antimonio. Atraviesa la prov. de N.O. á S. E. el

f. c. de Empoli á Siena y Chiusi. Las principales c. son Siena, Montepulciano y Colle di Valdelsa. La prov. se divide en los dos distritos de Siena y Montepulciano. || C. cap. de dist. y de prov., Toscana, Italia, sit. al S. de Florencia, en una altura cuyos pies bañan el Tressa y el Riluogo, arroyos afls. del Arbia y en el f. c. de Empoli á Chiusi; 24 500 habits. Universidad fundada en 1240; Escuela de Artes y Oficios; Liceo Tolomei; importantes archivos; arzobis

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Catedral de Siena

pado. Fab. de paños, terciopelos, muebles, papel, jabón, curtidos, etc. Siena es una de las c. de Italia que más conservan aspecto propio de la Edad Media. Sus muros datan del siglo XIII, y de este siglo y del anterior es la catedral, que aun siendo imponente en sus proporciones es sólo un fragmento de la proyectada en un principio. Partes de la nave fueron construídas; pero despoblada la c. por una peste en 1339, disminuyó tanto su prosperidad que el dibujo primitivo fué desechado, completándose la construcción existente. No menos interesante y característica es la plaza del Campo, donde se reunían los ciudadanos frente al Palacio Público. Siena es una República antigua de la Edad Media, y toda está Îlena de testimonios de guerras públicas y privadas: las unas contra Pisa, Florencia y Perusa, las otras entre burgueses, nobles y plebe. Allí hubo combates callejeros, cambios de Constitución, destierro de todos los nobles en estado de llevar las armas, destierro de 4000 artesanos, proscripciones, confiscaciones, ejecuciones al por mayor, liga de los desterrados contra la c.. levantamientos populares, desesperación hasta abdicar la libertad y someterse al extranjero, revoluciones violentas y repentinas, clubs semejantes á los de los jacobinos, sociedades como la de los Carbonari, cerco desesperado semejante al de Varsovia, despoblación sistemática como la de Polonia; en fin, en parte alguna ha sido la vida más febril y trágica. De 200 000 habits. bajó la c. hasta 6 000. Para establecer Cosme II su soberanía hizo perecer 50 000 hombres por el hambre, la guerra y los suplicios. Entonces empiezan á desplegarse en la plaza las cabalgatas pomposas, los carros mitológicos, las paradas y la librea del nuevo príncipe. Luego se suceden las costumbres resignadas, la somnolencia, la galantería insípida y la inercia universal. Siena se convierte en una c. de prov. visitada por viajeros curiosos. Una c. así conservada es como una Pompeya de la Edad Media. La piazza está rodeada de palacios que parecen baluartes, y nada más apropiado que este es

en

pectáculo para traer á la memoria las costumbres municipales y violentas de los antiguos tiempos. Esta plaza es irregular en forma nivel. Al frente descuella el Palacio Público, Casa Consistorial maciza, buena para resistir los asaltos y arrojar proclamas á las muchedum bres. Bastantes se lanzaron por aquellas ventanas ojivales, así como cadáveres de ciudadanos muertos en las sediciones. El palacio está erizado de almenas. A la izq. alza su forma esbelta y sus dobles filas de troneras una gigantesca torre, y al pie se ve la fuente Gaja, que por vez primera llevó el agua á la plaza pública en el siglo XIV entre los gritos de alegría general. Hay grandeza y gracia en este edif., que hace recordar el Palacio Viejo de Florencia, si bien éste le aventaja en belleza de trazado. Las figuras de lobos que parecen estar mirando las escenas de la plaza representan las armas de Siena, y sobre la entrada principal se ve la estatua de San Ansano, patrón de la c., hasta que su fama fué obscurecida por la de Santa Catalina (Europa Pintoresca, Montaner y Simón).

-SIENA: Geog. V. ASUÁN.

- SIENA (DUCCIO DE): Biog. V. DUCCIO DI BUONINSEGNA.

- SIENA (SIMÓN DE): Biog. V. MEMMI Ó MARTINI (SIMÓN).

SIENES: Geog. V. con ayunt., p. j. de Atienza, prov. de Guadalajara, dióc. de Sigüenza; 319 habitantes. Sit. cerca de Valdecubo y Torrecilla del Ducado. Terreno montañoso; cereales, patatas, legumbres y frutas; cría de ganados.

SIENETYOS: m. pl. Etnog. Pueblo del Sudán oriental, en los confines occidentales de la Etiopia meridional, entre la orilla dra. del Bahr el Azrek ó Nilo Azul y las fuentes de su afluente el Dender ó Dinder. Hay otros sienetyos más al E. entre los pueblos del Damot y del Gojam. Son hombres de color cobrizo claro.

SIENITA (de Siena, n. pr.): f. Geol. Roca del grupo con nefelina y leucita en la serie de la ortosa, con anfibol y piroxeno del modo granítico, del tipo igualmente granítico, de textura granitoide, de la serie antigua dentro de las rocas neutras. También puede clasificarse como una roca hidrotermal de estructura granítica en el grupo de los granitos degenerados. Se la llama también granito anfibólico, graninito, granitelo y de otros varios modos.

La estructura de esta roca recuerda la del granito; la coloración es variable, dependiendo en parte del feldespato, que suele ser rojizo en la de Egipto, también gris, según se observa en la de los Alpes y de otros muchos puntos. Del fondo de la masa sonrosada feldespática se destaca el color negro, á veces algo verdoso, del anfibol, formando un agradable contraste.

Esta roca ofrece muchas variedades, que se refieren á la tinta dominante, á la estructura, que suele ser granitoidea, aporfidada, con cris tales de ortosa, pizarrosa ó laminar á la manera del gneis, y también á las substancias que se presentan en su masa, llamándose en este concepto micácea, circónica, etc.

Relacionada esta roca con las graníticas en general, suele fácilmente pasar por la disminución y hasta desaparición del anfibol á la pegmatita y al granito; otras veces enlaza insensiblemente con las pizarras anfibólicas, las dioritas, y hasta con las rocas formadas exclusivamente de anfíbol.

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tas se usen en la ornamentación de los edificios. Entre los elementos microscópicos más característicos puede citarse el apatito, especialmente en las rocas más básicas; en ciertas sienitas el anfibol se ha transformado en epidota sin que la ortosa haya sufrido transformación alguna, acompañando á esta alteración una abundante producción de cuarzo, y, lo que es más notable todavía, de caliza.

Las sienitas de augita, entre las que pue le citarse en primer término la Monzonita, así llamada por encontrarse en una localidad del Tirol conocida con el nombre de Monzoni, es más rica en piroxeno que en anfibol, y presenta hermosos cristales de feldespato plagioclasa; también se observa en ella pirita y magnetita como elementos accidentales que acompañan á los característicos, que son la hornblenda, la esfena y la mica magnésica, caracteres todos que indican la separación de esta roca de la serie neutra y su inclusión en las diabasas. Existen sienitas de grano tan fino que su aspecto exterior es completamente el de un basalto, adquiriendo un color pardo rojizo por la alteración en contacto del aire; han recibido el nombre de sienitas compactas, y se presentan en filones atravesando las pizarras, y á veces han sido confundidas con la roca llamada Minette por los franceses, separándose perfectamente de ésta, sin embargo, por carecer de mica.

El nombre de sienita dado por Werner ha tenido acepciones diversas, pues ya en tiempos de Haiy se hizo notar que el granito rojo de los alrededores de Siena, en Egipto, contenía generalmente más mica negra que anfibol, y por tanto la definición de Werner correspondía por entonces más bien á una roca de Dresde que á la de Siena.

Atendidos los tránsitos indicados, se comprende que esta roca debe ofrecer las mismas condiciones de yacimiento que los granitos en general, si bien su aparición no va más allá de la época triásica en el Tirol meridional, mientras que en Noruega, según Debuch, pertenece al terreno silúrico.

La sienita, conocida de tiempos antiguos, procede de Siena, en el Alto Egipto. En Europa se encuentra en Córcega, en muchos puntos de los Vosgos, en Suecia y Noruega, etc. En los Vosgos la edad de las sienitas es indudablemente más reciente que las formaciones del terreno devónico, y á ella se debe indudablemente la facies ó aspecto porfídico que presentan las calizas que forman parte del muschelkalk en el terreno triásico de Monzoni; las sienitas de Noruega son más antiguas, pues están en íntima relación con los granitos.

En España también se encuentra en varias localidades; según el ilustre Thalaker, existe en Huércal (Granada) y à dos leguas de Almadén. Ezquerra la encontró en los pueblos de Zufre, Santa Olalla y Real de la Jara (provincia de Sevilla, lindando con la de Huelva), y supone ser la causa del levantamiento de la sierra de Aroches. Según Rojas Clemente, se encuentra desde Cobdar á Fahal y cerca de Alcudia (Granada); entre Turquena y Arbaleras; en los alrededores de Monjúcar se halla descompuesta, dando una tierra vegetal negra excelente. Schulz dice encontrarse el sienito, como él le llama, en Puente de San Fiz, cerca de Orense; el granitífero en Bodín en la Capela, y otra variedad pizarroza en Ceuta; por último, en las observaciones geognósticas que sobre la isla de Cuba publicó en 1854 Cía, dice que el pueblo de Holguín se halla situado sobre sienita.

Esta es una de las piedras de que se sirvieron los antiguos egipcios y otros pueblos para la construcción de los obeliscos, monolitos, esfinges, baños, sepulcros, etc. El pedestal que sostiene la estatua de Pedro el Grande en San Petersburgo es un canto errático de sienita de peso de 800000 kilogramos, hallado á 9 leguas de dicha capital. Las cuatro columnas que sostienen la cúpula de la suntuosa basílica de San Pablo, en Roma, son de sienita procedente de los Alpes. En todos aquellos puntos en que se encuentra esta roca se emplea en la construcción común y monumental.

La sienita es un verdadero granito sin cuarzo, en el que los elementos fundamentales son ante todo la ortosa y el anfibol hornblenda, existiendo además la mica magnésica y augita, y presentándose como accesorios la esfena y la oligoclasa; todos estos elementos existen en el estado de cristales de primera consolidación, y se encuentran cimentados, bien por la ortosa o bien por el anfíbol; este último mineral predomina generalmente sobre la mica constituyendo las sienitas anfibólicas, y las raras veces que tiene lugar lo contrario se originan las sienitas de mica negra. Como tipo de composición mineralógica y química de sienita puede citarse la de Sajonia, que está formada de 68 por 100 de ortosa, siendo de anfibol las 32 restantes, lo que químicamente Las sienitas eleolíticas corresponden al tipo de corresponde á 59,83 por 100 de sílice y un 9 por las de nefelina y leucita, y han sido llamadas 100 de álcalis. La densidad de la roca varía de también sienitas circoniferas, foyaita, miascita 2,75 á 2,90. El contraste de las coloraciones, ge- y litroita, debiéndose sus tipos más principales neralmente rojizas en el feldespato y verdes en á las procedentes de Brevig y Laurbig, en Noel anfíbol, permiten que la mayoría de las sieni-ruega. Estas variedades forman parte de un gru

po que caracteriza la asociación de la ortosa y algunas veces de la plagioclasa con una variedad de nefelina de lustre graso, que ha recibido el nombre de eleolita, lo que fue motivo para que el eminente petrógrafo alemán, el profesor Rosenbusch, creara el grupo de las sienitas eleolí ticas; posteriormente se han ampliado los lími tes de estas rocas introduciendo en el mismo la foyaíta con anfibol de Portugal, la miascita con mica negra procedente de los montes Urales, y la ditroíta, notabilísima por contener sodalita, mica y hornblenda, que se presenta en Transilvania.

La sienita circonífera se halla en el límite de las rocas neutras, por la cantidad de sílice que contiene, y puede considerarse como una roca ácida, pues repetidos análisis han dado como término medio de su composición 66,39 por 100 de sílice, con 13,79 de alumina y con 13,15 de álcalis; sus minerales esenciales son el feldespato ortosa mezclado con la microclina, la eleolita y la sodalita, que parece haber disuelto y corroído los restantes elementos constitutivos de la roca; existen además el circón, la hornblenda y algo de cuarzo que contiene inclusiones líquidas, en las que se presentan microscópicos cristales de sal común. Lo más notable de la composición de esta roca, que le da un carácter verdaderamente excepcional, es la abundancia de especies verdaderamente raras que contiene, pues se han enumerado hasta 50 minerales distintos, de los cuales 34 son silicatos, encerrando en su compo. sición cuerpos simples tan extraños y poco abundantes como el circonio, torio, itrio, cerio, lantano, niobio, tantalo y otros varios. Entre los caracteres exteriores de esta roca merece citarse el lustre cambiante azulado que presenta su ortosa. Merece citarse también, como formando parte de esta roca, un piroxeno rómbico bastante análogo á la hiperstena. La ditroíta contiene apatito y espinela, y la miascita presenta mica blanca, hallándose constituída la pasta fundamental por ortosa, microclina y eleolita, apareciendo la sodalita como producto de una acción

ulterior.

SIENNE: Geog. Río de los deps. de Calvados y de la Mancha, región N.O. de Francia. Nace en el bosque de Saint-Sever, en el Bocage normando; pasa por Villedieu-les-Pocles y Gravay; recibe por la izq. el Airón, Herón ó Airou; baña Vanne, y en el Pont-de-la-Roque, también por á Cerences y Quettreville; recibe por la dra. el la dra., el Soulle y el Canal de Coutances. Desde Pont-de-la-Roque hasta la Mancha, donde desemboca, ó sea en una long. de 7200 m., es navegable, aunque sólo á favor de las altas mareas, pues en las bajas hay sitios del estuario que no tienen 50 centímetros de agua. Tiene un cur so de 72 kms. y unos 1000 m. de anchura al desembocar en la Maucha.

SIENRA: Geog. Aldea de la parroquia de Santa María de Blimea, ayunt. de San Martín del Rey Aurelio, p. j. de Labiana, prov. de Oviedo; 55

habits.

- SIENRA Y CARRANZA (JOSÉ): Biog. Juris. consulto, publicista, literato y poeta uruguayo contemporáneo. N. en Montevideo por los años de 1840 á 1843. Perdió á su padre en uno de los sangrientos combates que se libraron en el primer año de la guerra que azotó á la República (1843 á 1851). Hizo sus estudios en la Universidad de Montevideo hasta recibir el grado de Doctor en Derecho. La Aurora y El Iris fueron los primeros periódicos en que hizo sus ensayos, muy joven aún, y cuando todavía frecuentaba las aulas universitarias. Siendo empleado del Ministerio de Gobierno, fué nombrado (1863-64) secretario de la Legación Uruguaya en la Repú blica Argentina, empezando así su carrera diplo. mática, para la que manifestaba condiciones especiales y simpáticas. Le tocó actuar con el doc tor D. Andrés Lamas, y en momentos en que el Uruguay veía venir grandes complicaciones de parte del Brasil y de la República Argentina, con motivo de la revolución acaudillada por el general Venancio Flores. Poco después contribuyó á la formación de la Sociedad Amigos de la Educación Popular, que tantos servicios ha prestado y continúa prestando á la Sociedad Uruguaya. En 1873 fué nombrado Ministro plenipotenciario en la República del Paraguay, concluyendo con aquel gobierno tratados de amistad, comercio y navegación, que fueron aprobados. Vuelto á su patria, fué elegido rector

de la Universidad por gran mayoría de la Sala | de Doctores; pero renunció tan distinguido cargo para no tener que plegarse á las exigencias y humillaciones con que se imponía la dictadura militar que entonces tiranizaba el país. En 1876 redactó La Democracia, órgano del partido nacionalista, ardientemente dirigido á la defensa de las instituciones y á combatir los excesos del militarismo y sus tendencias absorbentes. En 1880 fué uno de los fundadores del partido constitucional, al cual se plegó lo más distinguido de los viejos partidos tradicionales del Uruguay y en su casi totalidad la juventud montevideana. Con este motivo entró á formar parte de la redacción de El Plata, órgano de dicho partido, en el cual se combatieron los desórdenes políticos y administrativos de la época hasta el día en que una turba de soldados, disfrazados de particulares, destruyó su imprenta. En 1892 redactó por algún tiempo La Tribuna Popular, en cuya tarea afianzó su nombre de escritor economista, tratando las cuestiones del arreglo de la Deuda pública y otras importantes. Fué también uno de los fundadores del Ateneo del Uruguay, en el que han brillado las primeras inteligencias de la juventud del Uruguay, habiendo sido su primer presidente. Como folletista ha escrito y publicado dos folletos muy apreciados, el uno titu. lado Finanzas y Política, y el otro La cuestión presidencial, con motivo éste de la candidatura del general Tajes para la presidencia de 1894. Un estilo correcto, figuras preciosas, lenguaje castizo y un sentimiento delicadísimo han conquistado á sus poesías merecidos aplausos, colo cándolo con justicia entre los mejores poetas de su país. Actualmente (1896) es uno de los abogados más acreditados del foro nacional.

SIEPORITA (de Syepoor, n. pr.): f. Miner. Sulfuro de cobalto y el más rico en metal de todos los conocidos al presente. Partiendo de la combinación típica del azufre y el cobalto, que constituye la especie química denominada sulfuro de cobalto, á cuya composición responde la fórmula CoS, determinanse variedades distintas, que son otras tantas especies mineralógicas, á saber: la sieporita, que contiene hasta 65 por 100 de cobalto; la sieporita de Sipón, en Sajonia, á cuyo mineral ha llamado Dana hignita, con 22 por 100 de cobalto; la carrolita del Maryland, con cerca de 40 por 100 de cobalto; y la linnoeita, de composición muy variable, descrita y analizada por Hisinger y Wernekink; constituye este cuerpo la más curiosa variedad de sulfuro de cobalto, cristaliza en cubos ó en octaedros, con maclas en el sentido de las caras del último, y dotada de imperfecta exfoliación en el sentido de las del cubo; posee reflejos matálicos bien marcados con colores rojizos y amarillos, siendo su peso específico de 4,8 á 5. En cuanto á la sicporita no suele encontrarse cristalizada, sino formando masas amorfas nunca voluminosas, y también en granos no muy abultados; su peso específico, mayor que el de otros sulfuros de cobalto, llega representarse en el número 5,45; posee color gris peculiar del acero, ligeramente amarillento, y en lo referente á caracteres químicos sábese cómo, al igual de sus congéneres, es mineral reductible por el carbón empleando el fuego del soplete, y da un glóbulo metálico dotado de propiedades magnéticas bien manifiestas; ensayando con el bórax obtiénese la perla del color azul característico y propio de los compuestos de cobalto, y apelando á los reactivos por vía húmeda vese que tiene por disolvente el ácido nítrico, particularmente si está concentrado é hirviendo. Encuéntrase la sieporita, que al igual de los otros minerales sulfurados de cobalto es cuerpo rarísimo, en antiguos esquistos, teniendo por obligado acompañante y asociado la pirrotina ó pirita de hierro magnética, y se halla de esta manera en Syepoor, en la Rayputana, en el Noroeste de la India, no habiéndose encontrado hasta ahora en Europa.

Ofrece la sieporita la particularidad notabilísima de haber sido reproducida en los laboratorios antes de hallarse en la India, y realizó la síntesis de este protosulfuro de cobalto, consiguiéndolo cristalizado en prismas color gris de acero, cuyo dimorfismo con el sulfuro de níquel fué bien pronto apreciado, el químico Hjortdahl, el cual procedió de la manera siguiente: hizo una mezcla de sulfato de cobalto, sulfuro de bario, destinado á hacer oficios de reductor, y cloruro de sodio, que debía reaccionar y servir de

fundente; sometiendo esta mezcla á la acción del calor y á temperatura bastante elevada para fundirla, resultó al término de las operaciones reproducido el sulfuro de cobalto en la forma dicha, y fué posteriormente asimilado, en cuanto se hubieron determinado sus propiedades, a la sicporita de la India, mineral cuyo conocimiento es reciente y cuya composición química parece no obstante bastante fija y constante.

SIERADZ: Geog. C. cap. de dist., gobierno de Kalisz, Polonia, Rusia, sit. cerca del río Warthe 3 Warta, en región pantanosa y á 140 m. de altura; 7500 habits. Comercio de lino y cereales.

SIERES: Geog. Lugar de la parroquia de San Infiesto, prov. de Oviedo; 187 habits. Martín de Borines, ayunt. de Piloña, p. j. de

SIERO: Geog. P. j. de la prov. de Oviedo. Comprende los ayunts. de Bímenes, Noreña, Siriego y Siero; 28557 habits. | Ayunt. formado con las parroquias San Martín de Anes, San Esteban de Aramil, San Juan de Arenas, Santiago de Arenas, San Martín de Argüelles, San Cosme de Bobes, San Martín de Carrera, San Juan de Celles, San Pedro de Collada, San Cristóbal de Collado, Santa Marina de Cuquillos, Santo Tomás de Felechés, San Pedro de Granda, San Félix de Hevia, Santa María de Lieres, Nuestra Señora de Limanes, San Félix de Lugones, Santa Cruz de Marcenado, San Juan de Muñó, San Juan de Obispo, Santa María de Paranza, San Pedro de Pola, Nuestra Señora de la Visitación de Tiñana, San Félix de Valdesoto, San Martín de Vega de Poja, Santa María de Viella, Santa Eulalia de Vigil, y las ayudas de parroquia San Miguel de Barreda y Santa Ana de Meres, con la cab. en Pola, v. de la parroquia de San Pedro de Pola, cab. de p. j., prov. y dióc. de Oviedo; 22218 habits. Sit. al S. de Gijón y á orillas del río Nora. Estación del f.e. en los lugares de Carballín y San Pedro, del f.c. de Laviana á Gijón, y estación de f.c. también en Lugones, de la línea de León á Gijón. Terreno llano hacia el centro y bastante montuoso en los extremos; centeno, maíz, sidra, hortalizas, legumbres y frutas; minas de carbón de piedra; cría de ganados; fab. de curtidos y jabón, y telares de lienzo. El f.c. que pasa por San Pedro y Carballin merece especial mención. Desde la estación de Pinzales, en el encuentro de la vía con la carretera de Madrid, se avanza, dice Becerro de Bengoa, por un valle que forman las estribaciones de la peña Aguila y la de Ruedes, tocando en los términos de Fontaciero, Aguda y Ruedes, para llegar á la estación de la Florida, al pie del plano inclinado. El tren se detiene, separan la locomotora, atan un cable de acero á los carruajes y se asciende por un plano de 600 m., de una pendiente de 12,5, detalle rarísimo en viajes de f.c., y que indica las ideas especialísimas que había respecto á la construcción en la época en que se hizo éste, el primero de España. En lo alto del plano están: la estación de San Pedro en el km. 17, y la casa del aparato automotor, que se compone de dos grandes poleas verticales, en las que se arrolla y desarrolla simultáneamente el cable, y á las que da movimiento una poderosa máquina de vapor, cuya chimenea está perforada en una roca. Atraviesa después la loma de Peñada por un túnel en curva de 170 m., se cruza la carretera de Langreo á Gijón, y pasando por las inmediaciones de Poladura, Pica, Casasllanas, Anes, Peralvilla, Agueria y Nozaleda, se toca, en el km. 22, en la estación de Noreña, cuya población queda á la dere. cha. Noreña da nombre al condado, que es propio de los obispos de Oviedo desde la época de D. Juan I. El pueblo no conserva nada de sus antiguos edificios, y es notable por el número de zapateros que cuenta en su vecindario. Al Orien

te

- SIERO DE LA REINA: Geog. Lugar del ayun tamiento de Boca de Huérgano, p. j. de Ríaño, prov. de León; 357 habits.

SIERPC: Geog. C. cap. de dist., gobierno de Plock, Polonia, Rusia, sit. á orillas del Sierpenica y á 3 kms. de su confl. con el Skrwa, afl. dei Vístula, en terreno pantanoso; 6270 habits.

SIERPE: f. SERPIENTE; culebra, por lo común la de gran tamaño y ferocidad.

....: «Natrix es linaje de SIERPE que va uadando, y dicense natrices porque nadan, etc. JOVELLANOS.

Sólo la SIERPE vil, la sierpe ingrata
Al descuidado seno que la abriga
Callada llega y ponzoñosa mata.

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- SIERPE (LA): Geog. Lugar con ayunt., partido judicial de Sequeros, prov. y dióc. de Salamanca; 155 habits. Sit. cerca de Terrones y Herguijuela de la Sierpe. Terreno montuoso en gran parte; cereales y hortalizas; fuentes de aguas ferruginosas.

SIERRA (del lat. serra): f. Hoja larga y angosta de una lámina de acero, que por un lado tiene dientes, para que haga más holgada la cisura. Sirve para dividir y cortar la madera con poco desperdicio.

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SOLÍS.

Tres veces la SIERRA el mayo
Ha calzado de esmeraldas,
Y tres veces el enero
La ha coronado de plata, etc.
RUIZ DE ALARCÓN.

- SIERRA: PEZ SIERRA.

- SIERRAS: pl. Germ. Las sienes.

y á poca distancia de este punto se halla Pola de Siero, cap. de este concejo. Crúzanse otras dos veces la carretera Carbonera, el río Nora y la carretera de Villaviciosa á Oviedo, y tocando en las cercanías de Tiroco, Jaes, Valdesoto, Escobal y Pumaraguti se llega á la estación de Carballín, delante del túnel de este nombre, de 864 m. de long. Aquí terminan el terreno cretáceo y algu nos manchones del jurásico, y empieza la gran formación carbonífera de Langreo. Así es que desde que se sale del túnel comienzan á verse bocasminas, escombreras, lavaderos, en medio de aquel accidentado y pintoresco paisaje (De Pa-largos que sean. lencia á Oviedo y Gijón). Lugar de la parroquia - SIERRA DE AGUA: La que obra por medio de Santiago de Ciben, ayunt. y p. j. de Cangas de una máquina impelida por la corriente del de Tineo, prov. de Ovie lo: 60 hal its.

- SIERRA ABRAZADERA: La que usan los serradores, que es muy grande y tiene el hierro en medio para serrar cómodamente los maderos por

agna.

- SIERRA DE MANO: La que puede manejar un hombre solo.

- SIERRA DE PUNTA: La pequeña y triangular que remata en punta y que se introduce en los ajustes y otras obras donde no pueden trabajar las demás por su hechura.

- SIERRA DE TRASDÓS: La que, á distinción de la común, tiene firme é inmóvil el hierro ú hoja: es pequeña y manejable, y su principal destino es el de introducirla entre pieza y pieza cuando los ensamblajes no están bien unidos, y, serrando las desigualdades, hace que se ajusten bien.

- CUANDO LA SIERRA ESTÁ TOCADA, EN LA MANO VIENE EL AGUA: ref. que denota que cuando la SIERRA está cubierta de nubes, suele llover pronto.

- DE SIERRA Á EXTREMOS: m. adv. Dicese de los ganados trashumantes que pasan desde

las SIERRAS de Castilla á las dehesas de Extremadura.

Según Beckman, naturalista alemán, había en
Ausburgo en 1322 algunas sierras movidas por
agua, y los colonizadores de la isla de la Madera
establecieron en ella varias sierras de esta clase
para explotar las maderas de construcción que
tanto abundaban en la isla, y que pasaban ya
desbastadas á Portugal; la ciudad de Breslau
tenía en 1427 una sierra mecánica que le pro-
porcionaba una buena renta, y en 1490 adqui-
rieron un monte los magistrados de la ciudad y
plaza fuerte de Erfurt, provincia de Sajonia, en
Prusia, y en él montaron una sierra mecáni-
ca y otra en las inmediaciones del bosque, mo-
vidas ambas por las aguas del río Gera; en No-
ruega se estableció en el año de 1530 la primera
sierra mecánica, y quince años después Cris-
tián III estableció un impuesto sobre esta in-
dustria; en 1555 el obispo de la isla de Ely (In-
glaterra), siendo embajador de la reina María de
aquellos estados en Roma, escribió un notable
informe sobre una sierra mecánica que había vi-
sitado en las inmediaciones de Lyón; á Pedro el
Grande le debe Rusia, entre otras muchas cosas,
la introducción y el uso de la sierra, cuyas ven-
tajas pudo apreciar cuando trabajaba de carpin-
tero en Holanda, al volver á su país y observar
que no se conocía la sierra todavía, y que aún se
empleaban las maderas hendidas; para conseguir
su objeto cargó un fuerte impuesto á las que en
esta forma se expendieson, liegando así a gene-
ralizar el empleo de una herramienta tan útil
como la que nos ocupa, especialmente á los car-á
pinteros. Las sierras mecánicas fueron creciendo
en importancia á medida que se conocían sus
ventajas, y ya en el siglo XVI se hallaban ex-
tendidas por completo en todas partes, hallán-
dose formadas por varias hojas paralelas para
hacer muchos cortes á la vez, siendo Suecia la

una

-SIERRA: Art. y Of. El descubrimiento de este útil, destinado á la división de los sólidos, ya de origen vegetal, ya mineral, se pierde en la noche de los tiempos, que diría un historiador, no faltando escritores que le atribuyen un origen fabuloso; según la Mitología griega, su invención se debe á Talux, Pérdix y Docédalus; Tálux, hijo le la hermana de Docédalus, fué colocado, según aquélla, por su madre bajo la tutela de su tío, carpintero que debía instruirle en su arte; cierto día el primero halló un maxilar de serpiente, con el que se puso á cortar un trozo de madera con éxito completo, lo que le sugirió la idea de imitar esta nueva herramienta natural, construyendo la primera sierra, lo cual fué causa de que, aconsejando la envidia á su maestro, trató de desha- que primero montó una máquina de esta especie cerse de él, matándole y enterrándole él mismo; en 1653, viéndose algunos años después una cuando se hallaba en esta operación le sorpren- compuesta de 72 hojas, que era movida por dieron algunos, y al preguntarle qué hacía les rueda hidráulica de 12 pies de ancho. En Inglarespondió que estaba enterrando una serpiente; terra es donde más oposición encontró esta inesto hizo nacer sospechas, que produjeron el des- dustria, hasta el punto de que, montada una cubrimiento del crimen de Docédalus ó Dédalo, sierra en Butchman, en los alrededores de Lonnombre por el que es más generalmente conocido. dres, tuvo que paralizar sus trabajos por la opoSegún otros, no fué Tálux, sino Pérdix, el sobri- sición de los obreros, que, cual sucede siempre, no de Dédalo, el que inventó la sierra, el tor- son enemigos de las máquinas que vienen á eje no, la rueda y otros instrumentos, y que envi- cutar el trabajo que antes se hacía á brazo, pues dioso Dédalo le precipitó al abismo desde lo alto temen, en su ignorancia, que éste ha de dismide una elevada torre, acudiendo al socorro de nuir sus medios de subsistencia, habiendo ocuPérdix Minerva, protectora de las Artes, la querrido de 1767 á 1768 el caso de que, montada le transformó en perdiz en el acto de caer para que pudiese sostenerse con sus alas; sin embargo, Ovidio y otros autores dicen que lo que Pérdix empleaba era la espina dorsal de un pescado, y un antiguo escritor, que describe el viaje de Cadamosco al Africa, afirma que los antiguos habitantes de la isla de la Madera se servían efectivamente del hueso dei pez espada, no faltando quien, como Carlomagno, haya supuesto que este pez cortaba la madera de los buques con el arma que forma la prolongación de su mandíbula superior. Otros creen que Dédalo, ateniense, hijo de Epulano, y el arquitecto más antiguo de Grecia, que construyó el laberinto de Creta y fué el inventor de las velas de los buques, del hacha y el nivel, lo fué también de la sierra, asegurando otros que el Dédalo á quien se atribuye era un escultor ateniense del mismo nombre, hijo de Metiori y bisnieto de Erecteo; mas teniéndose por fabulosa la existencia de éste, no cabe atribuirle semejantes inventos. Los poetas é historiadores antiguos creen que la semejanza de estructura de la sierra con los huesos de algunos animales ha podilo dar lugar á las citadas hipótesis sobre la invención de la sierra, tomando el efecto por la causa y dando vuelo á la imaginación. De cualquier modo que sea, es lo cierto que la sierra se remonta á los primitivos tiempos de la civilización, como lo demuestran las pinturas y relieves más antiguos, en los que se ve esta herramienta ya con forma muy semejante á la sierra ordinaria de los carpinteros de la época presente. Cicerón habla incidentalmente en su discurso a Clucubio de una sierra con la que se había abierto un cofre por un hábil ladrón, y Paladio hace mención de la sierra de un solo mango, muy parecida á uno de nuestros serruchos. A fines del siglo XIII se extendió esta herramienta por Europa, y más principalmente por Alemaia, Noruega e Inglaterra, lo que parece indicar que venía del Norte y Oriente, y las empleadas eran grandes sierias mecánicas movidas por el agua y que tenían un movimiento alternativo.

ΤΟΜΟ ΧΙΧ

una sierra mecánica de motor de viento por un
negociante en maderas de Limchouse, la multi-
tud la hizo pedazos; posteriormente se han ido
acostumbrando todos los países á la maquinaria,
se han ido convenciendo los obreros que no dis-
minuyen su salario, sino que le aumentan, que
se ocupan con ellas acaso mayor número de bra-
zos, porque saliendo la obra más barata se halla
al alcance de todas las fortunas y los pedidos
son mayores, siendo, por lo tanto, mayor la uti-
lidad, y las sierras mecánicas ocupan un lugar
preferente en todas las sociedades. No ha sido
España ciertamente el último de los países en
adoptar las sierras, sino que, por el contrario,
desde que llegaron a Europa comprendió la
ventaja que de ellas podía sacar, lo que por otra
parte tenía que suceder siendo esta hermosa
nación tan abundante en maderas de todas cla-
ses, y algunas de ellas maderas finas, como el
nogal, la caoba, la sabina, el roble, quejigo,
fresno, haya, etc., no pudiendo, en rigor, labrar-
se económicamente varías raíces de otro modo, y
tanto más cuanto que precisamente los cortes
dados á sus fibras constituían una de las princi-
pales bellezas de tales maderas; así se ha visto
a nuestro país marchar siempre á la cabeza en
tales adelantos.

Pasemos ahora á ocuparnos de las sierras en sí,
una vez que ya hemos hecho el ligero resumen
histórico que antecede, y que por sí solo basta
para establecer una primera división de seme-
jantes útiles, según que se hallen movidos á
brazo ó produzcan su efecto por el impulso de
una máquina; comenzaremos este estudio, como
es natural, por las sierras de la primera especie,
para ocuparnos después de las mecánicas.

Toda sierra de mano ó de brazo se compone de la hoja y la montura. La hoja puede ser de hierro dulce ó de acero; en el primer caso el hierro se bate al yunque hasta hacerle suficientemente delgado y dar á la lámina así formada el grado de rigidez y de elasticidad convenientes; las hojas de acero pueden ser de acero cemen

tado ó fundido; éstas se fabrican vertiendo el metal líquido en moldes de fundición, de los que se saca en forma de plancha cuando se ha enfriado, pasándolo después repetidas veces y en caliente por un laminador, hasta que reune à un pequeño espesor la fuerza y elasticidad que son necesarias, cortándola después á lo largo en hojas del ancho conveniente por medio de unas cizallas, y chaflanando el canto ó abiselándole, según los casos, para trazar en él los dientes cuando ha de llevarlos, que son triangulares, de diversas formas y dimensiones según el destino

Sierra de mano

de la herramienta; los dientes pueden hacerse uno á uno a mano, ó todos á la vez con una má

quina de dividir y trazar, afinándolos después con la lima, y la hoja con el mollejón ó piedra de afilar; cuando la hoja es de acero de cementadulce por sus planos y poniéndolas en paquetes ción se fabrica uniendo varias hojas de hierro laminado y labra de dientes, y por último, como en el horno de cementación, pasando después al

todas las sierras, se les da el temple más conveniente en cada caso; la forma de las hojas y sus dimensiones, así como las que se refieren a los dientes, son muy variables, y las iremos estudiando al hablar de las distintas clases de sierras. Las monturas también varían mucho. Asi

mismo, según veremos al ocuparnos de cada especie de sierras, comenzaremos por el estudio

de las empleadas para cortar maderas, que son las primeras, las más numerosas y de mayor aplicación; seguirán las destinadas al trabajo de los metales, y por último las empleadas en la labor de piedras. La parte más importante de las sierras es la hoja, que en las de mano suele ser una lámina recta ó ligeramente curva, rectangular ó trapezoidal en el primer caso, que en gulares, según hemos dicho, cuyos dientes son el

uno de sus cantos va armada de dientes trian

útil ó parte que trabaja de la herramienta, y como la mayor parte obran en un solo sentido, generalmente no se hace simétrica su dentadura.

Sierra de largos o de aserrador. - Consiste en una hoja de hierro acerado ó de acero, de 2,10 m. de longitud por 25 centímetros de anchura

A

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Sierra de dividir. - Se asemeja á una sierra bracera, pero encerrada en un marco de madera que maneja un solo hombre cogiéndola por uno de los lados cortos del bastidor; generalmente se le dan 97 centímetros de longitud.

de 30 centímetros de longitud, terminada en un
mango de madera; la manilla tiene sus dos es-
pigas unidas por el extremo opuesto al mango,
formando así un hierro en U, cuyos brazos dejan
el espacio suficiente para que pueda pasar entre
ellos la hoja de la sierra; es completamente libre Sierra de mano. - Es la generalmente usada
y se sujeta á la sierra enganchando el brazo cen- por los carpinteros de taller, y se emplea, ya para
tral de la U en un saliente del torno de la sierra aserrar las maderas de través, y en este caso se
é inclinando la manilla hacia el aserrador queda maneja por dos hombres cono la sierra bracera
acodalada, y se acaba la sujeción con cuñas de de que después nos ocuparemos, siendo su lon-
encina introducidas en un abultamiento semi-gitud de 33 centímetros próximamente, para de-
circular que tiene una de las varillas cerca del tallar las maderas curvas, como los peldaños ex-
mango; para emplear esta sierra se coloca el ár- tremo de las escaleras, los pies de éstas, etc., y
bol ó la viga que se va á aserrar sobre dos caba- para otra multitud de trabajos; generalmente se
lletes, uno o dos aserradores subidos en el árbol maneja por un solo hombre que la coge por el
cogen por la cabrita la sierra, y otro aserrador larguero D' de su armadura (fig. 3). Está forma-
en el suelo por el mango; á medida que la sierra da por dos largueros D y D' de madera, de 50
profundiza se introduce una cuña en la aserra- centímetros de longitud próximamente, separa-
dos por un travesaño 7 también de madera; los
largueros, de ordinario algo curvos y de igual
grueso, llevan en su extremo más grueso la hoja
de acero de dientes finos y triangulares inclina-
dos en el mismo sentido, pudiendo la hoja estar
fija, y entonces se une directamente á los largue-
ros, y se halla su plano en el diámetro de la
armadura, penetrando los extremos de la hoja
por entre unos cortes de sierra que tienen los
largueros en el sentido de su longitud, y en el
medio de su espesor, hallándose atravesados és-
tos y la hoja por unos pasadores de hierro rema-
chados; así queda la hoja en posición invariable;
lo ordinario, sin embargo, es hacer la hoja mo-
vible, pues presenta la ventaja de poder aserrar
á lo largo maderos que no podría aserrar la sie-
ira de hoja fija, porque inclinándose la de la
que nos ocupa, la parte aserrada del madero
con que aquélla tropezaría puede con ésta pe-
netrar en el espacio 4; en este caso la hoja se
aloja por sus extremos en unas manetas que, de
cabeza cuadrada, ó en forma de mango, termi-
nan en una espiga abierta como las de una gui-
tarra, que penetra por unos taladros circula-
res en que termina la parte más gruesa de los
largueros, y, saliendo dichas espigas por el lado
opuesto, en las ranuras se ajusta la sierra pro-
piamente dicha y sujeta con pasadores; á veces á

Fig. 1

dura para que no se junten sus labios y dificulten la operación; cuando haya que sacar la sie. rra para cambiar la posición del madero sobre los caballetes, se quita la manilla y se saca la hoja por la parte superior; esta sierra es generalmente de simple efecto, con sus dientes hacia abajo, y por tanto sólo asierra por el esfuerzo de tracción del que está debajo, no haciendo el aserrador de lo alto más que elevar la sierra separándola del corte; la fig. 1 representa el extremo inferior de la sierra de largos, con el saliente A en que se engancha la manilla.

Sierra pasaportodo ó paspartout. - De la que con este nombre se conoce en España nos hemos ocupado en artículos especiales (V. PASAPORTODO Y SERRUCHO); pero en Francia se usa una sicrra de este nombre para cortar las ramas de los árboles después que se les ha derribado y antes de troccarlos; consiste (fig. 2) en una hoja de acero A, formada por dientes rectilíneos equilá

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teros ó isosceles muy agudos; la hoja es de diferente ancho, como se ve en la figura, formando la parte que lleva los dientes un arco circular de gran radio, que va fijo á una armadura semejante á la de las sierras ordinarias de carpintero, de que más tarde hablaremos; es de doble efecto, es decir, que asierra en los dos sentidos.

Sierra bracera. - No es más que una sierra de largos de dimensiones algo menores. A veces se colocan armadas en un bastidor fijo varias sierras braceras, cuyas hojas son paralelas y equidistantes, siendo la separación entre las hojas el grueso de una tabla; se emplean para dividir en tablones de igual espesor un árbol ó viga gruesa; en tal caso llevan en el marco que las encierra, y que es rectangular, dos espigones uno en el medio de cada uno de los lados menores; se manejan generalmente por tres hombres, uno en la parte superior para guiar la sierra y dos en la inferior para hacer el trabajo; los espigones terminan en un ojo que atraviesa un travesaño en el plano del marco, y por tanto normal á los planos de las hojas.

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Fig. 3-Sierra de mano

las manetas, y por la parte interior de la arma-
dura, se fijan, una por cada lado, dos planchetas
de hierro llamadas bridas, que son las que cogen
la hoja asegurándola con tornillos; en este caso
no van hendidas las manetas; agarrando las ma-
netas por fuera del bastidor se las puede hacer
girar dentro de los ojos de los largueros, dando
a la hoja la dirección que se quiera, pero cuidan-
do
que esté siempre en un plano y que no se ala-
bee, sin lo que, sobre estar expuesta á romperse,
no llevaría el corte la sierra por donde se hubie-
se marcado en la pieza aserrada. Los extremos
del otro lado de los largueros terminan en una
cabeza C y C', y por debajo de estas cabezas se
unen los largueros con una cuerda CC", que fija
en uno de ellos, C, pasa al otro, y de éste al pri-
mero y así sucesivamente, dando varias vueltas
hasta anudarse en el otro larguero C', procuran-
do que estas vueltas de cuerda tengan igual ten-
sión y que ésta sea la mayor posible; de este modo
el travesaño T, que se une á los largueros por
unas espigas más delgadas que el resto, y en que
terminan las que penetran en unas cajas que al
efecto llevan los largueros, se consigue dar ten-
sión á la hoja, pues los largueros funcionan co-
mo palancas del primer género, en que la poten-
cia es ejercida por la cuerda; sin embargo, como
los largueros están sufriendo constantemente los
esfuerzos que obran en sus extremos, las cajas
que en ellos se hacen los debilitan y es mejor
terminar el travesaño 7 en unas horquillas que
abarquen el grueso de los largueros que son abra-
zados por aquéllas, lo que además presenta la
ventaja de poder cambiar la posición del trave.
saño y hacer más o menos enérgica la acción de
la cuerda; mas de cualquier modo que sea, ésta
no basta para dar á la hoja la tensión convenien-
te, lo que se consigue uniendo á la armadura un

listón & que, pasando uno de sus extremos pr el espacio que dejan los ramales de la cuerda, y haciéndole dar vueltas para retorcerlos, operación á que se llama dar garrote, se acorta la longitud de la cuerda, con lo que los extremos opuestos de los largueros se separan aumentando la tensión: el listón G se llama por esto garrete; por su extremo superior termina en una acanaladura ó rebajo ó en una cabeza para que la cuerda no se salga, y es lo suficientemente largo para que se apoye su extremo opuesto en el fondo de una caja que se hace en el travesaño, con objeto de que, una vez suelto el primero, quede sujeto por el segundo y no pueda volver atrás. A la sierra de hoja fija se la llama también de trasdės, suele ser más pequeña que la de hoja movible llamada sierra de acero y también sierra alemana, y para dar en ésta á la hoja el desvío conveniente se empieza por aflojar la cuerda dando al garrote vueltas en sentido contrario para destorcer la cuerda, y entonces se hace obrar á las manetas, volviendo á atirantar cuando la hoja se halla en la posición conveniente. Como la cuerda es muy higrométrica y se acorta tanto más enanto más mojada se halla, ó mayor sea la humedad del aire ambiente, es necesario allojar las de las sierras cuando se abandona el trabajo, sin lo que es muy expuesto à que por la contracción de la cuerda, que no se puede contrarrestar, se rompa ésta, ó, lo que sería peor, la hoja, ó se rompan ó tuerzan los largueros ó el travesaño.

l'ara la construcción de pavimentos de madera formados de pequeñas piezas se emplean sierras de mano también pequeñas, que difieren de las que acabamos de explicar en que en lugar de cuerda tienen una varilla de hierro que termina en uno de sus extremos en cabeza de clavo y por el otro en tornillo; atraviesa la varilla las cabezas de ambos largueros, apoyándose la cabeza en la parte exterior de uno de ellos y, saliendo el tornillo por la exterior también del otro, se da la tensión á la hoja por medio de una tuerca de orejas que hace cambiar la longitud de la varilla; en otras ocasiones ésta está partida por el medio, formando dos más cortas é iguales entre sí y menor cada una que la mitad de la longitud de la sierra, apoyándose sus cabezas en la parte exterior de los largueros, y las roscas, labradas en sentidos contrarios, se ajustan en una pieza de doble tuerca, á la que se hace girar en un sentido ú otro, según haya de acortarse ó alargarse la varilla.

Sierra de rodear - Tiene la forma de cualquiera de las sierras de mano y de desvíos que hemos explicado, de las que se diferencia únicamente en que la hoja es bastante estrecha para que pueda volverse siguiendo cualquier curva, pues este es su objeto principal.

Serruchos. De esta clase de sierras nos hemos ocupado en artículos especiales (V SERRUCHO Y PASAPORTODO). Se les conoce también con el nombre de sierras de cuchillo.

Sierra de ensambles. - Son en general sierras de mano de pequeñas dimensiones, de hojas muy delgadas y de dientes muy finos y sumamente poco inclinados; á estas sierras no se les da via ó se les da muy poca, porque la profundidad de los cortes que han de hacerse es muy pequeña. Al terminar el estudio de las sierras de mano explicaremos la frase que hemos usado de dar vía á las hojas.

Sierra de enrasar. Es también una sierra de ensambles, pero de forma completamente distinta de las hasta aquí explicadas, y cuyo objeto es hacer que éstos salgan perfectos, lo que no se consigue con la anterior sino con una gran prác tica; la hoja A (fig. 4) es sumamente sencilla y

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