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- SIDONIO: Perteneciente á esta ciudad de Fenicia.

- SIDONIO: FENICIO. Apl. á pers., ú. t. c. s. - SIDONIO APOLINAR (CAYO SOLIO): Biog. Poeta latino, obispo de Clermont. N. en Lyon en 430. M. en Clermont en 489. En 450 se casó con Papianila, hija de Avito, que fué emperador en 456, y que le llevó á Roma. Sidonio fué prefecto de esta ciudad y senador, y pronunció en verso el panegírico de su suegro. Después de la muerte de éste, Sidonio se retiró á su ciudad natal (457). Apacignó la cólera de Mayoriano contra Lyón, que se había negado á reconocerle; pronunció el panegírico de este príncipe (458) y recibió el título de conde. En 461 fué á habitar á Avitatico, en Auvernia, en donde se consagró á los trabajos literarios. El emperador Antemio le hizo pasar á Roma en 467, y el poeta se apresuró á hacer su panegírico, recibiendo en recompensa los cargos de prefecto de Roma, jefe del Senado y patricio. Elevado á su pesar en 472 á la silla episcopal de Arverno (Clermont), sin embargo de ser lego y casado, se separó de su mujer, renunció sus dignidades, no compuso más que versos religiosos, y se distinguió en su nuevo cargo por su ardiente caridad y celo en favor de los desgraciados. Cuando la invasión de los godos en Auvernia, Apolinar fué arrojado de su diócesis y aprisionado en el castillo de Livia; pero el retórico León intervino para que le fuese devuelta la libertad, y el obispo de Clermont pudo volver á su diócesis después de hacer el panegírico del rey godo Eurico El fin de su vida fué agitado con motivo de las intrigas de dos sacerdotes, que llegaron á separarle por un momento de Clermont. Sidonio tenía una gran facilidad en componer versos latinos; y aunque inferior a los escritores del siglo de Augusto, se le coloca con razón entre los mejores poetas cristianos. Existen de él 24 composiciones poéticas y nueve libros de Cartas, muy curiosas para la historia de su tiempo Las primeras son los panegíricos citados y poesías de circunstancias. Las Obras de Sidonio, publicadas primeramente en Milán (1498, en 4.°), lo fueron también en Lyon (1552 y 1598, en 8.°), Hannover (1617, en 8.°), y otras partes. La mejor edición es la del Padre Labbe (París, 1652, en 4.0), reproducida en la Bibliotheca Patrum de Galland, y en la Bibliotheca maxima Patrum. J. F. Gregoire y Collombet dieron el texto latino con la traducción francesa (Lyón, 1836, 3 vol. en 8.°).

S.DRA (del lat. sicera; del gr. oikepa): f. Bebida fermentada, acre y capaz de embriagar, que se hace del zumo de las manzanas.

... muchos prados y heredades (de Asturias) se convirtieron en pumaradas, por el aumento del consumo y precios de la SIDRA, etc.

JOVELLANOS.

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- SIDRA: Teen. Dan algunos el nombre de sidra, no sólo á la bebida alcohólica resultante de la fermentación del zumo de las manzanas, sino también á la procedente de las peras y de los frutos del serbal; pero en los países donde se hace gran consumo de esta bebida, como en nuestras Provincias Vascongadas, en Normandía, en Picardía y en Inglaterra, se reserva la denominación de sidra á la preparada con las manzanas, que es de la que se hace mayor uso. Si antiguo es el empleo del vino como bebida fermentada no lo es menos el de la sidra, pues ya era conocida de los griegos, que atribuían su invención á la diosa Ceres; Plinio el naturalista habla de ella en sus escritos (Plinio, lib. XIV, cap. XVI, y lib. XV, cap. XV), llamándola vino de manzanas, y Carlo Magno designa en sus Capitulares con la denominación de siceratores à los obreros que de su fabricación se ocupaban; se duda que los hebreos conocieran la sidra; pues si bien algunos autores derivan el origen etimológico de esta palabra de la voz sichar, que San Jerónimo tradujo al latín sicera, no existen datos suficientes para afirmarlo, pues lo más probable es que el nombre de sidra se derive del latín sicura, que servía en el idioma del Lacio para

TOMO XIX

designar toda bebida fermentada diferente del vino. El uso de la sidra, aunque tan antiguo, de su congénere obtenido de las uvas; pues si no está tan repartido ni es tan general como el bien aquélla se fabrica en los países en que la vid no prospera por exceso de humedad ó falta de temperatura, en muchos de ellos es reemplazada por la cerveza.

Obtenida, según se ha dicho, de las manzanas, no todas las variedades de dicha fruta son igualmente apropiadas para fabricarla con las condiciones requeridas por los consumidores, si bien no es fácil designar cuáles son las más á propó sito, no sólo por conocerse más de 100 de dichas variedades, sino porque sus nombres, desprovistos en absoluto de caracter científico, varían con excesiva frecuencia según las distintas localidades, aun dentro de un mismo país; además, otra circunstancia que influye en la calidad del producto obtenido es la naturaleza del terreno donde los manzanos se cultivan, influencia que se explica, como en el vino, teniendo en cuenta la diferente composición de los productos asimilados por la planta, y en consecuencia la de la savia que la nutre; así se ha observado que las tierras fuertes y elevadas donde no llegan los vientos procedentes del mar producen sidra rojiza, fuerte en alcohol y de conservación fácil; las fuertes y poco profundas la dan menos coloreada, de menor riqueza alcohólica y por tanto de conservación más difícil, las húmedas y margosas comunican á la sidra sabor desagradable y gran propensión á alterarse, y las ligeras y pedregosas, así como las situadas a las orillas del mar, hacen que la bebida fabricada con las manzanas que en ellos se cultivan sea floja y muy expuesta á torcerse agriarse, pudiendo decirse como resumen que los terrenos más apropiados para el objeto de que se trata son los elevados que contienen mucho cascajo y se hallan expuestos al Mediodía, pues las manzanas que producen dan una sidra delicada, ligera, bastante alcohólica, sabrosa, agradable y que se conserva inalterada por largo tiempo, cualidades todas que son las más apreciadas. Sean cualesquiera las variedades de manzana que se elijan y el terreno en que se

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cultiven, las destinadas especialmente á la fabricación de la sidra se dividen en dulce, anargas y ácidas, cada uno de cuyos grupos se subdivide a su vez en tempranas ó de primera floración, manzanas de segunda floración, y tardías ó de tercera floración; las amargas producen una sidra muy generosa y que puede conservarse por más tiempo, mientras que la fabricada con la mezcla de éstas con las dulces, si bien se conserva peor, es en cambio más agradable y ligera, cualidades de gran importancia, sobre todo tratándose de un líquido destinado á beberse en grandes cantidades, y que de ser muy alcohólico embriagaría con exceso.

Dejando aparte lo referente al cultivo del manzano, por no ser propio de este lugar, y la influencia que en la calidad de su fruto ejercen las circunstancias metereológicas, variables de uno a otro año, hay que decir algunas palabras acerca de la recolección de las manzanas, que aquí, lo mismo que en el vino la de las uvas, tiene gran importancia, por depender de ella en parte muy principal el éxito de la fabricación; en primer término es preciso fijar la época de dichia recolección con relación á la precocidad de las variedades cultivadas, habiendo enseñado la experiencia que el período del año más apropiado en general para efectuarla es la segunda quincena de octubre y la primera de noviembre, por más que se comprende fácilmente que esta regla no puede ser general, debiendo depender, como es lógico, no sólo de lo dicho con referencia á las variedades, sino también de las condiciones climatológicas y de la marcha de las estaciones; esta recolección debe hacerse en tiempo seco y días muy claros, dedicando á ella las horas comprendidas desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde, durante las cuales se despojan de sus frutos aquellos árboles en que la mayoría de ellos han llegado á su completa madurez, pero sin haberse pasado, pues la diferencia de composición entre estos frutos y los verdes ó maduros modifica notablemente las condiciones del producto obtenido, como se deduce lógicamente del siguiente cuadro, resumen de los análisis de unos

y otros:

Acidos málico, péctico, gálico, tánico; cal, malatos alcalinos, aceites grasos y volátiles, clorófila y materias nitrogenadas insolubles.

Como se ve, la cantidad de azúcar que contienen las manzanas maduras es notablemente superior á la de las verdes y pasadas; y como esta substancia es la que, á consecuencia de la fermentación, se ha de transformar en alcohol determinando lo que se llama la fuerza ó riqueza alcohólica, importa mucho emplearlas en el estado en que la cantidad de dicho azúcar es la mayor posible. La recolección debe hacerse subiéndose los obreros á los árboles y agitando las ramas para que caigan sus frutos al suelo, y empleando solamente el apaleo para los que tarden en desprenderse ó están colocados en sitios inaccesibles; las manzanas deben recogerse sobre mantas ó redes colocadas en el suelo para evitar que se deterioren, y en todos los casos es preciso separar cuidadosamente las cosechadas de este modo de las caídas espontáneamente, ya por exceso de madurez ya por haber sido atacadas por algún insecto. Efectuada la recolección se almacenan los frutos en graneros ó cobertizos, y mejor aún en silos, en los que se clasifican por variedades, separando en casillas cerradas por tablas las agrias, dulces, amargas, tempranas, tardías, maduras, verdes y pasadas, con objeto de mezclarlas luego en las proporciones convenientes, como se hace con las distintas variedades de uva, para que el producto presente las condiciones desea das y sea además perfectamente homogéneo; en los silos, y una vez recubiertas de paja, deben permanecer durante un mes ó seis semanas, por haber demostrado la práctica las ventajas que

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esto presenta, si bien es indispensable en este tiempo vigilar los montones con todo cuidado, á fin de evitar que la temperatura se eleve con exceso y que se establezca un principio de fermentación iniciada en los frutos más o menos averiados, lo que disminuiría el valor de la sidra y aun llegaría á hacer á ésta de mala calidad si el calor se elevase lo bastante para producir la fermentación acética,

Observadas todas estas precauciones y mezcladas las manzanas en las proporciones que la práctica enseña como más convenientes, se procede á su trituración, destinada á disgregar el tejido celular facilitando la extracción del zumo, operación que en nuestras Provincias Vascongadas se practica en especies de molinos semejantes á los de aceite, aunque de mayor tamaño, compuestos de una solera horizontal de 7 à 8 m. de diámetro, formada por losas de granito ú otra piedra dura, ó simplemente por entarimados de madera fijos en un suelo resistente; sobre esta solera, que suele tener 0,25 á 0,30 m. de profundidad, gira la volandera, que es una rueda de caliza, granito, ó de madera, de 11 m. de diámetro por 0,50 de espesor, siendo preferible las hechas con esta última substancia, pues las primeras son excesivamente pesadas y trituran las semillas ó pepitas de las manzanas, que comuni can al mosto principios amargos y oleosos de sabor poco agradable, así como cantidades notables de mucilago, que aumentan su alterabili dad. En Normandía, Picardía é Inglaterra se

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han adoptado, sobre todo de algunos años á esta parte, trituradoras ó molinos mecánicos, de los que el mejor es el inventado por Leblanc: compónese éste de dos ejes de hierro provistos de dientes que engranan unos en otros, si bien mantenidos à distancia variable por medio de un tornillo y sujetos á girar en sentido contrario y con velocidades iguales mediante un manubrio y dos ruedas dentadas; sobre los cilindros va colocada una tolva, en cuya parte inferior hay otro cilindro partidor, cuya acción, unida á la de las anteriores, tritura las manzanas reduciéndolas á fragmentos del tamaño próximamente de avellanas; todo el mecanismo del aparato va sostenido por un fuerte banco de madera y termina en su parte inferior en un tubo ancho que permite recoger la pulpa en vasijas apropiadas. Este triturador se mueve por el esfuerzo de un solo hombre y puede pulpar por término medio de 400 à 460 kilogramos de frutos en cada hora de trabajo. Obtenida la pulpa, se la abandona durante veinticuatro horas en grandes cubas de madera para que adquiera un color rojizo, que se comunica al mosto y se transforma por la fermentación en ese matiz amarillo de ámbar tan apreciado y característico de todas las buenas si

dras.

Al cabo del tiempo que se acaba de indicar se procede à separar el mosto del orujo, sometiendo la pasta á fuertes presiones mediante el empleo de prensas de forma variable y cuya acción es más o menos enérgica, según los sistemas; en aquellas localidades donde se fabrica esta bebida como en los tiempos antiguos utilízanse las prensas llamadas de viga, ó de viga y quintal, semejantes á las que sirven para extraer el accite ó el mosto de las uvas, y que, sobre ser de manejo bastante engorroso, tienen el gravísimo inconveniente de ejercer poca presión, y aun ésta con mucha desigualdad; en las fábricas montadas con todos los perfeccionamientos debidos á los modernos adelantos de la Industria las prensas citadas han sido sustituídas por las de husillo, como la de Revillón, y mejor aún por las hidráulicas, en las que se han salvado las desventajas indicadas para las anteriores. Los capachos en que se introduce la pulpa para prensarla se hacen ordinariamente de paja ó de esparto, si bien en América se sustituyen estas materias con tejidos de crin, que luego de bien lavados no pueden comunicar sabor alguno á los mos

tos.

Después de obtenido el zumo por una primera presión, y colado à través de tamices de crin, se tritura el marco añadiéndole 25 por 100 de agua, con la que se deja en contacto durante veinticuatro horas y se vuelve á prensar, para obtener un mosto menos fuerte, aunque todavía de buena calidad, y repitiendo esta operación nuevamente, con lo que el marco queda ya completamente agotado, se tiene un líquido destinado á fabricar lo que se llama pequeña sidra; cuando se hace fermentar sin mezcla alguna el zumo obtenido de la primera presión resulta la sidra superior llamada en Inglaterra gran sidra, mientras que la media se produce de mezclar éste con el de la segunda presión, operación que se practica sólo en las fábricas en grande escala, pues en las pequeñas industrias se prefiere destinar para la venta la de primera y reservar la de segunda presión para el consumo doméstico.

Si en la fabricación de esta bebida hubiesen de seguirse aquellas prácticas que la experiencia ha enseñado ser más convenientes en la de los vinos, debieran pesarse los mostos para conocer su densidad, y por ella, aunque de una manera aproximada, la cantidad de azúcar, con objeto de corregirlos en el caso de que ésta fuera excesiva ó deficiente, corrección que se hace, ya añadiendo glucosa, ya haciendo más ó menos acuoso el zumo de la segunda presión, pues la adición de agua, una vez terminada la fermentación, hace la sidra más insípida é indigesta; la determinación de dicha densidad, ó sea la operación de pesar los mostos, podría practicarse con el areómetro de Beaumé; pero como es conveniente también conocer la cantidad de ácido málico que ha de comunicar acidez al producto, es preferible á éste el inventado por Masson-Fou con el nombre de ácidosidrómetro, y que se diferencia del anterior únicamente en la manera especial de graduarle.

En cuanto al rendimiento en mosto de una cantidad determinada de manzanas poco puede

decirse de una manera general, teniendo en cuenta que ha de variar necesariamente con el grado de madurez y aun con la cantidad de lluvia que haya caído durante el año; pero se calcula, sin embargo, que cada 110 kilogramos de fruto producen 50 litros de gran sidra y 30 de la de segunda presión, por más que en los años excesivamente lluviosos esta misma cantidad de manzanas pueda dar hasta 80 de mosto de primera presión; y refiriéndose al volumen del fruto y su peso, puede decirse que un hectolitro de manzanas sometido á la acción de la prensa hidráulica desprende de 75 á 80 litros de zumo, por más que por los medios de que se dispone de ordinario en las granjas agrícolas esta cantidad desciende á 25 ó lo más á 35 litros.

no

Terminadas todas las operaciones anteriores cuya importancia no puede desconocerse para el buen éxito de la fabricacion, procédese á hacer fermentar el mosto con objeto de que la glucosa que contiene se transforme en alcohol y auhidrido carbónico y se desarrollen al mismo tiempo productos aromáticos, pertenecientes en general al grupo de los éteres y que le dan su olor y sabor característicos; el fermento necesario para que este fenómeno se desarrolle procede de gérmenes depositados en la parte exterior de los frutos, y que colocados en condiciones apropia das para su nutrición desarrollan el ciclo evolutivo de su actividad vital, reproduciéndose con la fecundidad propia de todos los seres coloca los al principio de la escala animal ó vegetal. Esta operación, cuya práctica varía mucho según los países, hace que la temperatura del mosto se eleve y se desprendan burbujas gaseosas, por lo que los prácticos la denominan cocer los mostos; en unas localidades se colocan éstos en grandes depósitos de 600 á 700 litros de cabida, que se recubren con un lienzo mojado, y en los que al producirse la fermentación tumultuosa que arroja al exterior las espumas y las heces se forma una especie de costra que no debe romperse en manera alguna, porque preservando al líquido del estado del aire se evita el peligro de la acetificación; en otros puntos se abandona el mosto en las cubas por espacio de algunas horas, y una vez iniciada la fermentación se separan las heces y se trasiegan los zumos á toneles cuyo orificio se obtura de manera que impida la entrada del aire, dejando salir, sin embargo, el anhidrido carbónico, y en Inglaterra se obtienen sidras de excelente calidad efectuando trasiegos cada vez que se forman heces en la superficie del líquido, con lo cual, sustraído éste á la influencia perjudicial de aquéllas, resulta transparente, muy grato al paladar y susceptible de conservarse por cierto número de años. Como resumen, el procedimiento que debe considerarse como preferible es aquel en el que se coloque el mosto en condiciones tales que la fermentación pueda desarrollarse fuera del contacto del aire y de las heces, para evitar, no sólo la pérdida de alcohol, sino la formación de ácido acético, que tanto perjudica á la calidad de la sidra, y en todos los casos es sumamente esencial someterla á dos trasiegos, uno al terminar la fermentación tumultuosa y otro un mes después del primero, echándola en este segundo en toneles donde permanece hasta el momento de usarla. En algunos puntos de Normandía y en Inglaterra preparan una sidra de sabor algún tanto dulce siguiendo un procedimiento particular que se funda en la inte. rrupción forzosa de la fermentación, en virtud de la cual se evita que toda la glucosa se transforme en alcohol quedando inalterada una parte que es la que comunica al líquido su sabor dulce; para conseguir esto se comienza por elegir cuidadosamente las frutas, prefiriendo las más azucaradas, y, obtenido el mosto con todas las precauciones dichas anteriormente, se le introduce como de costumbre en toneles en los que se deja reposar, y una vez aclarado se trasiega á otros que deben llenarse por completo antes de que comience la primera fermentación; á las dieciséis ó dieciocho horas de estar el mosto en la segunda vasija se averigua si dicho fenómeno ha empezado, lo que de ordinario se practica aproximando al líquido una luz, que se apagará en el caso de desprenderse ya anhidrido carbónico, procediéndose cuando esto suceda á un nuevo trasiego; al cabo de cinco ó seis días se renueva esta operación, que se repite luego de tres en tres semanas siempre que se conozca que el líquido empieza a fermentar.

Una variedad de sidra muy apreciada por los

consumidores, sobre todo en los países donde esta bebida se emplea como refresco, es la denominada espumosa, que se caracteriza porque al destapar las botellas donde se encierra salta el tapón con violencia y el líquido forma espuma abundante á semejanza del vino de Champagne; esta sidra se prepara trasegando los mostos, antes de su primera fermentación, á un tonel lleno del gas sulfuroso desprendido de la combustion del azufre ó de las pajuelas, ó mejor aún que contenga cierta cantidad de alcohol, para que la acción del gas ó la del líquido, según los casos, haga que el mosto no fermente y pueda á los seis ó siete días embotellarse, tapando las botellas con buenos corchos introducidos á presión, lacrados y sujetos con alambre; en esta forma el mosto citado fermenta dentro de las botellas, sin que pueda desprenderse el gas carbónico, que fuertemente comprimido se disuelve en grandes cantidades; una vez preparadas las botellas, que por lo que se acaba de decir deben ser muy resistentes, se conservan durante dos meses en cuevas frescas, para entregarlas al consumo después de pasado este período. Según Chesnon, se obtiene también sidra espumosa de excelente calidad y fácil conservación embotellándola después de la fermentación lenta, y añadiéndola en el momento de practicar la operación cierta cantidad de agua y 6 à 7 gramos de azúcar candi por litro; de este modo el azúcar añadido primero se invierte y después fermenta haciendo á la bebida más alcohólica y desprendiendo el gas carbónico necesario para formar la espuma. La sidra de esta naturaleza, ya se obtenga por uno ú otro procedimiento, tiene la ventaja de poderse conservar por dos ó tres años, y de ser fácilmente transportable, sobre todo en invierno, á grandes distancias.

Respecto del tiempo que ha de pasar, en la sidra no espumosa, para poderla entregar al consumo, hay que hacer notar que ya puede beberse inmediatamente después de la segunda fermentación, si bien todavía desprende mucho ácido carbónico y es bastante indigest", pero su sabor suave y azucarado la hace muy agrada ble à las personas poco habituadas á su uso; en cambio los habitantes de los países donde se bebe de ordinario la dejan durante tres ó cuatro meses después de la fermentación hasta que haya adquirido sabor ligeramente amargo, ó á veces ácido y picante, y siempre algo aromático.

La sidra bien fabricada y bien madura es un líquido transparente, de color amarillo ambarino, olor peculiar y característico y sabor que recuerda en cierto modo el de la fruta que la produjo; aunque su composición sea sumamente variable, con especialidad en lo que se refiere á la proporción en que entran sus componentes, puede decirse que todas ellas contienen los siguientes principios: 1.°, azúcar en mayor cantidad que los vinos y las cervezas; 2.°, alcohol, cuyo tanto por 100 varía según las fuerzas; 3.o, mucilago o materia gomosa, variable según las especies y edades; 4., un principio extractivo amargo procedente del tejido celular y de la piel de las manzanas; 5.°, materias colorantes, cuyo origen se encuentra en la maceración del hollejo y de la pulpa; 6.°, glicerina y ácido succínico, desarrollados durante la fermentación del azúcar; 7., gluten y materias albuminoideas solubles; 8., ácidos málico y carbónico; y 9.°, sales alcalinas y alcalinotérreas. Boussingault ha analizado cuidadosamente una sidra de Alsacia cuya densidad era 1,020, y que contenía por litro:

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En cuanto a los procedimientos de análisis destinados á determinar la cantidad de cada una de estas substancias nada se ha de decir en este lugar, pues el alcohol se aprecia por los métodos descritos en la Alcohometría (V. ALCOHOMETRÍA), y los restantes por otros que, siendo idénticos á los correspondientes de los vinos, y con objeto de evitar repeticiones se describirán al tratar de esta bebida (V. VINO), cuya importancia en España es con mucho superior á la de la sidra.

Durante la conservación de la sidra suelen presentarse en ella enfermedades que, modificando sus condiciones, llegan á hacerla en un todo impropia para el consumo, por lo que importa sobremanera á los fabricantes conocer, no sólo sus causas, sino sus remedios, caso de tenerlos; la primera de todas, á la vez que la más grave y más común, es la acidez, que consiste en la transformación del alcohol en ácido acético á consecuencia del acceso del aire y del desarrollo del Mycoderma aceti ó fermento aerobio propio de esta transformación, en cuya virtud la sidra adquiere sabor agrio; no existiendo medio para combatir esta enfermedad, y no pudiéndose emplear el líquido que la padece, es esencial evitarla, lo que se consigue tomando las precauciones necesarias para que, durante las distintas operaciones que comprenden la fabricación y conservación, los caldos estén el menor tiempo posible en contacto con el aire. Otra enfermedad bastante común es la conocida bajo el nombre de ahilado ó engrasado, análoga á la de igual denominación que también padecen los vinos, en virtud de la cual el líquido se pone espeso á consecuencia de la fermentación viscosa determinada por la falta de cierta cantidad de tanino; esta fermentación se detiene, y por tanto la enfermedad se corrige, añadiendo por cada 7 ú 8 hectolitros de sidra alterada 15 gramos de ácido tánico, ó, según Malaguti, 3 litros de alcohol, y decantando y aun filtrando el líquido cuando al cabo de cierto tiempo se ha precipitado la materia que le comunica su viscosidad. Por último, la sidra está sujeta á alterarse por medio de lo que se llama el ennegrecimiento, manifestado por el color obscuro que aquélla toma, y se produce principalmente en los países fríos y húmedos, así como en las sidras dotadas de exceso de acidez; parece provenir de la transformación de los malatos alcalinos, que bajo la influencia de oxidaciones lentas pasan al estado de carbonatos, los cuales, reaccionando sobre las materias colorantes, las hacen adquirir el tinte negruzco citado, unido á modificaciones en su sabor; determinado este defecto por no estar siempre del todo llenas las barricas donde se conserva la sidra, se evita cebando aquéllas á medida que se extrae líquido, y una vez presentada la enfermedad puede combatirse en sus comienzos disolviendo 30 ó 40 gramos de ácido tartrico por hectolitro de caldo, ó, en opinión de Malaguti, añadiendo azúcar pulverizado ó goma.

- SIDRA: Geog. Ancho golfo del Mediterrá neo, en la costa de Africa, por los antiguos llamado Gran Sirte ó Syrte. Corresponde á la costa de Trípoli, entre el Ras Sem y el Cabo Misrata, que distan entre sí algo más de 600 kms., y se interna unos 220 hasta Mujtar. En realidad el golfo propiamente dicho es la parte comprendi da entre Bengasi y Sirt. El Golfo de Sidra, el mayor que presenta la costa septentrional de Africa, fue muy temido de los navegantes antiguos si hemos de dar crédito á los historiadores

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y geografas griegos y latinos. Se le representaba como un seno sin mar y sin tierra, sembrado de arena movediza, y se decía que los buques que llegaban á verse arrastrados hacia él por los vientos ó las corrientes ya no podían salir, pereciendo sus tripulaciones de hambre o asesinadas por tribus salvajes. Pero estos negros y exagerados colores con que los poetas presentaban la Syrtis Magna á los crédulos y timoratos navegantes de aquellas épocas, fueron desvaneciéndose à medida que las ciencias náuticas iban saliendo de su infancia. Las escuadras romanas que dominaban todo el Mediterráneo debieron visitar á menudo el Golfo de Sidra para prote

nes de su litoral, cuyas ruinas nos atestiguan su

dad del mismo nombre, cap. del ken, sit. á 59 m. de alt. y en el f.c. de Tokio á Osaka, tiene 40600 habits.

SIDZUKA: Geog. V. SIDSUOKA.

SIEBENBURGEN: Geog. Nombre alemán de la Transilvania.

SIEBENGEBIRGE: Geog. Macizo montañoso de la prov. del Rhin, Prusia, sit. en la orilla derecha del Rhin, al S. de la confl. del Sieg, entre Colonia y Neuwied; tiene de largo unos 12 kilómetros de N.N.O. á S.S. E. y 5 de anchura. Se le considera como la prolongación N.O. del Westerwald. Es un grupo de antiguos conos volcánicos y series de colinas de pendientes suaves y formas redondeadas, cubiertas de seculares arboledas. Entre esas cimas son particularmente notables siete, y de aquí el nombre del macizo; sus nombres son Lowenburg, Lohrberg, Petersberg, Drachenfels, Wolkenburg, Gonsehals y Oelhberg, que es la más alta (464 m.).

SIEBERA (de Sieler, n. pr.): f. Bot. Género de plantas perteneciente á la familia de las Umbeliferas, tribu de las hidrocotíleas, cuyas especies habitan en los Andes del Perú y en el Territorio de Magallanes, y son plantas herbáceas, pequetri ó quinquéfidas, las umbelas sentadas ó peñas ó acaules, cespitosas, con las hojas enteras, dunculadas, paucifloras, y los pedicelos tan largos como el involucro; cáliz con el tubo comprimido y el limbo quinquedentado; pétalos ovales y enteros; estilos cortos; frutos aovados, angostados en la comisura, con lcs mericarpios desprovistos de bandas glandulosas y el dorso algo com

tes.

- SIEBERA: Bot. Género de plantas perteneciente á la familia de las Compuestas, subfamilia de las tubulifloras, tribu de las cinareas, cuyas especies habitan en Oriente, y son plantas herbaceas, anuales, con el tallo muy ramoso en su base, las hojas lineales ú oblongas, enterísimas, revueltas en el margen, y las cabezuelas terminales ó sentadas; cabezuelas multifloras, heterógamas, con todas las flores aparentemente iguales, las periféricas muy poco numerosas y femeninas y las demás hermafroditas; involucros empizarrados, con las hojuelas escariosas, aovadas, prolongadas en una espina, y las interiores tan largas que exceden en longitud á los flósculos; receptáculos provistos de pajitas aleznadas; corolas tubulosas, hermafroditas, con cinco dientes, las femeninas bilabiadas, con los labios desiguales y bilobulados; estambres con los filamentos lampiños, adheridos al tubo, monadelfos en la parte superior, y con las anteras provistas de unas orejuelas muy pequeñas; estilo en las flores hermafroditas incluído, y saliente en las femeninas; estigmas primero erguidos y después divergentes; aquenios de las flores hermafroditas comprimidos y sin alas, y los de las flores femeninas alados; vilanos formados por cinco escamitas más largas que la corola, ależnadas en el ápice y ás

ger el comercio que sostendrían en las poblacioimportancia; y aun cuando no se posean más noticias acerca de este gran seno que las de la ficción poética de aquellos tiempos, se comprende que los buques europeos frecuentarían el golfo como lo hacen en el día. Debió quedar, sin embargo, interrumpida su navegación cuando las tribus árabes salidas del Desierto, y conduci-primido, con costillas filiformes poco prominendas por el alfanje y la media luna, invadieron sus orillas y destruyeron los establecimientos europeos. Esta interrupción duró todo el tiempo en el cual los sectarios de Mahoma, dueños de los mares de Levante y poseedores absolutos de la costa africana, esparcían el terror con sus piraterías entre los pacíficos navegantes de los pequeños estados de la Europa meridional; pero desde el momento en que la suerte de las armas decidió la encarnizada contienda entre musulmanes y cristianos en favor de estos últimos, la navegación y comercio europeo ha ido propagándose de nuevo por toda la costa septentrional de Africa, sin exceptuar el Golfo de Sidra. Pocas eran las noticias hidrográficas y descripciones modernas que del golfo se tenían, y aun éstas muy erróneas y obscuras, pues se ven aún en la carta de Lapie, de 1814, multitud de bajos é islas que se suponían en el fondo de él, producto sin duda del exagerado miedo de algún capitán y de la acalorada imaginación de los modernos navegantes, que, con la prevención de los antiguos, se encontraban, por error de estima ó por efecto de los temporales y corrientes, ensacados en el golfo, viendo en cada mégano de arena una isla, un bajo en cada golpe de mar y un arrecife de rocas negras en las afiladas algas que la resaca arroja á la playa. Gracias á las exploraciones verificadas por mar y tierra en 1816 por la Comisión Hidrográfica á las órdenes del capitán Smyth, no menos que á las practicadas durante las campañas hidrográficas de M. Gautier en la corbeta de guerra francesa Chevrette durante la misma época, los navegantes pueden abordar ya sin ninguna clase de riesgo el Golfo de Sidra, guiados por las cartas levantadas por dichas comisiones y por las instrucciones que las acompañan (Derrotero del Mediterránco, t. III). SIDRE: Geog. Lugar de la parroquia de San Juan de Froufe, ayunt. de Irijo, p. j. de Carballino, prov. de Orense; 53 habits.

SIDSRAN Ó SYZRAN: Geog. Río de Rusia. Nace en la parte S.O. del gobierno de Simbirsk; corre hacia el S. E. y luego al E.; recibe por la dra. el Kanadei y el Kubrai y por la izq. el Tomichefka, y en Sizran vierte sus aguas en un brazo del Volga, á los 123 kms. de curso. | C. cap. de distrito, gobierno de Simbirsk, Rusia, sit. en la orilla dra. del Sizranskaia Volojka, brazo derecho del Volga, y en el f. c. de Tula á Orenburg; 30 000 habits. Comercio de cereales; fundiciones de hierro; fab. de sebo, curtidos, cerveza, máquinas agrícolas y otros artículos; pesquerías. Iglesias, una de las cuales, la de la Natividad, data del siglo XVIII; convento de la Asunción, construído por Pedro el Grande.

SIDSUOKA Ó SIDZUCA: Geog. Ken ó gobierno del Japón; 7771 kms.2 y 1200000 habits. La ciu

peras.

SIEBERELA: f. Paleont. Género perteneciente á la familia de los rinconélidos, orden de los articulados, clase de los braquiópodos y tipo de los moluscoideos. Caracterízase por presentar una concha inclinada, generalmente plegada y á ve ces lisa, con la valva ventral bastante más profunda que la otra y que generalmente lleva en la región frontal un pliegue medio correspondiente á una depresión de la otra valva; el gancho es agudo, entero y más o menos encorvado por encima de la abertura de forma triangular, á que oculta completamente algunas veces; no existe área ni deltidio, siendo el caparazón completamente imperforado; valva ventral con placas dentales bastante anchas, reunidas para constituir una especie de cazoleta bastante más pequeña que en el género Conchidium, por lo cual se distingue del mismo, siendo libre en todo su límite, excepto en la parte anterior, en la que se halla colocada sobre un septo bastante corto pero muy alto. En la valva dorsal falta por completo el proceso cardinal, y las placas fobeales son anchas y arqueadas, reuniéndose para constituir la cazoleta ó depresión que llega al fondo de la valva, y donde se continua por un septo medio y único; las impresiones de los dos músculos diductores se presentan algunas veces distintas en el vértice de la valva, y las impresiones de los músculos adductores son piriformies, están situadas entre los septos, y se hallan separadas en

tre sí por una débil cresta central. Fué creado el género Sieberella en 1887 por Ahlert, separándole del género Conchidium creado por Linneo; se distribuyen todas sus especies desde el terreno silúrico hasta el carbonífero, siendo la más importante la Sieberi, debida á L. von Buch.

SIEBERIA: f. Bot. Género de plantas pertene ciente à la familia de las Orquídeas, tribu de las ofrídeas, cuyas especies habitan en los países templados del hemisferio borcal, y son plantas herbáceas con aspecto semejante al de las especies del género Orchis; perigonio en forma de casco, con las divisiones casi iguales, las exteriores laterales y patentes y la superior connivente con las interiores, más corta que éstas y ahor quillada; labelo anterior ó posterior adherido á la base de la columna, trilobo y espolonado; antera erguida, con las celdas contiguas, paralelas, en forma de saco en la parte inferior, y con retináculo marginado; polinias con dos glándulas laterales separadas y sin bursícola.

SIEBOLD (FELIPE FRANCISCO DE): Biog. Viajero y naturalista alemán. N. en Wurtzburgo en 1796. M. en Munich en 1866. Deseoso de seguir las huellas de su padre y de su abuelo, estudió Medicina en la Universidad de su ciudad natal, y en ella se recibió de Doctor en 1820. Dos años más tarde pasó al servicio de Holanda y partió para Java como oficial de Sanidad de primera clase. En febrero de 1823 fué nombrado médico militar del cuartel general de Batavia, y poco después acompañó al Japón á una embajada holandesa enviada á esta región, no sólo con un fin diplomático sino también para hacer allí estudios é investigaciones científicas. En 11 de agosto de 1823 desembarcaba Siebold en Nangasaki. Residió más de seis años, como médico de la factoría holandesa, ya en dicha gran ciudad de comercio, ya en la vecina isla de Dezima. Aprovechó esta larga permanencia para formar inmensas colecciones de Historia Natural y Etnografía japonesas, que hoy figuran en el Museo de Leyden; consiguió obtener, además del permiso para recorrer los campos de los alrededores de Dezima, la autorización, casi nunca conconcedida á los extranjeros, para hacer excur siones por el interior. Logró hallar entre los jóvenes japoneses gran número de excelentes discípulos, que enviaba á las montañas de la isla y también a las islas vecinas, los cuales le llevaban animales raros, plantas y minerales preciosos. Sus colecciones fueron aumentando así de año en año, hasta el punto de que á su regreso á Europa causaron una admiración general en una época en que se estaba muy lejos de tomar en el estudio sistemático de las Ciencias naturales un interés tan marcado como en la actualidad. Siebold describió una parte de los animales por él en su Fauna japónica. Dió á conocer y aclimató en Europa 100 especies de plantas japonesas de recreo ó útiles, debiéndosele además la aclimatación del arbolito del te de Java.

Familiarizado con la lengua japonesa se ocupó en estudiar á fondo la literatura de este país, y reunió una gran colección de libros y materiales interesantes sobre el culto de Sinto y de la religión de Buda, libros y materiales cuya exportación fuera del Imperio era castigada con las más severas penas. En 1826 emprendió con la embajada holandesa un viaje á Yedo, capital del Imperio, en donde consiguió permanecer bastante tiempo con el pretexto de iniciar á los mé. dicos de la corte en los secretos de la Historia Natural y de la Medicina europeas. En el momento en que se disponía á abandonar el Japón para volver á Europa, fué de pronto complicado en un asunto que debía tener para él un resultado fatal. El astrónomo de la corte de Yedo, ganado por el oro y las promesas, había consentido en confiarle un mapa original de la isla de Nipón; la connivencia fué descubierta, el astrónomo y sus subordinados fueron reducidos á prisión, y Siebold fué también arrestado y encarcelado en Nangasaki. Más de una vez, durante el curso del proceso, los amigos japoneses del doctor alemán aconsejaron á éste que se abriese el vientre para evitar una condena á muerte, que según las leyes del Imperio parecía inevitable; pero Siebold prefirió esperar con resignación el término de los acontecimientos, y su firmeza y prudencia acabaron por devolverle la libertad. Abandonó el Japón en enero de 1830, y de regreso en Holanda fué nombrado médico del Estado Mayor general. Ennoblecido en 1845, reci.

tima roca, dando esta operación por resultado el que saliera gran cantidad de agua (Esguerra, Dic. Geog. de Colombia).

bió al cabo de seis años el grado de coronel de
Estado Mayor y dedicó sus ratos de ocio á tra-
bajos literarios y científicos, todos relativos al
Japón. En 1859 partió de nuevo para este país,
SIEDLCE Ó SIEDLETZ: Geog. Gobierno de Ru-
á fin de tomar a su cargo los intereses de la
sia, en la Polonia, sit. entre los de Lomza y
Compañía Comercial Neerlandesa; con el con-
Grodno al N., Grodno y Volinia al E., Lublin
servicio del soberano temporal de Yedo, con el 752152 habits. País llano y pantanoso, con pocas
sentimiento del rey de Holanda pasó en 1861 al
y Radom al S. y Varsovia al O.; 14335 kms. y
encargo de ser en todas las negociaciones impor y pequeñas elevaciones. Pertenece à la cuenca
tantes el intermediario entre el Japón y las po del Vistula, río que corre por la frontera occi-
tencias marítimas de Europa; pero la envidia dental, y recibe allí el Wieprz, el Okrzeyca y el
posición. Abandonó la corte del taikun, quien bierno los ríos Swider y Bug occidental. La agri-
fué causa de que perdiese pronto esta elevada
Wilga; también bañan el territorio de este go-
le hizo un magnífico presente, y se retiró á una
cultura es la principal riqueza del país, y los
pequeña posesión que había adquirido en las
cereales y patatas la producción más abundante.
cercanías de Nangasaki. En 1862 regresó á Eu-
Industrias derivadas de la agricultura, fab. de
ropa y se estableció en Wurtzburgo, su ciudad !
harinas, destilerías, cervecerías, etc. Predomina
natal; en las salas de la Maxschule (Escuela de
Maximiliano) colocó la colección etnográfica que
la religión católica, pero hay unos 160000 cis-
había formado durante su segunda permanencia el f. c. de Varsovia á Brest-Litowskii, y se divi-
máticos y 120000 judíos. Pasa por el gobierno
en el Japón. En 1866 Napoleón III lo llamó á
de en nueve dists., que son: Siedlce, Biala, Gar-
París y le encargó la dirección del plan de una
wolin, Konstantinow, Lukow, Radin, Sokolow,
sociedad de comercio franco-japonesa que inten-
Wegrow y Wlodawa; la cap. es Siedlce. Ciudad
taba fundar. Con este motivo Siebold tuvo una
cap. de dist. y gobierno, Polonia, Rusia, sit. al
conversación con Napoleón, que le nombró ofi-
E.S. E. de Varsovia, en región pantanosa, entre
cial de la Legión de Honor. En abril de 1866
el Muchawka, afl. del Liwiec, y este río, y en el
pasó á Munich á poner en orden, en las salas de
f. c. de Varsovia á Brest-Litowskii por Lukow;
los Arcades, su Museo Etnográfico, que le había
15000 habits. Sede episcopal. Castillo con mag-
sido comprado por el gobierno bavaro. Era éste un
nífico jardín. Buena Casa Ayuntamiento. Fué
trabajo penoso para un anciano de setenta años,
cap. de la antigua prov. de Podlaquia, y duran-
trabajo que debía costarle la vida. Fué Siebold
te la insurreccion de los polacos, en 1831, la
atacado de varios enfriamientos sucesivos que le
ocasionaron una fiebre tifoidea, de la que murió ocuparon los rusos.
en 18 de octubre siguiente. A pesar de su mu-
cha edad, tenía proyectado un tercer viaje al Ja-
pón para fundar, á costa del gobierno francés,
una gran escuela en donde aprendiesen las len-
guas europeas los jóvenes japoneses, que después
vendrían á Europa á completar su educación.
Quería también ver por última vez á su hijo
Alejandro, intérprete de la embajada inglesa en
Yedo. Siebold era individuo honorario de la mia-
yor parte de las Academias y Sociedades cientí-
ficas de Europa. Escribió las siguientes obras:
Fauna japónica, antes citada; De historia natu-
ralis in Japonnica statu; Epitome linguæ japo
nica; Niphón, archivos para la descripción del
Japón y de las regiones vecinas; Bibliotheca ja-
pónica: Flora japonica: Isagoge in bibliothecam
et studium litterarum japonicarum, etc.

SIEDRITA (de Sihedra, n. pr.): f. Min. Silicato hidratado alumínico cálcico, perteneciente al grupo de las zeolitas, con bases de calcio, potasio y sodio, cuyos metales contiene siempre, para constituir en realidad un silicato múltiple de composición tal como aparece expresada en la fórmula H(CaNa,K, ALSO. En realidad es la siedrita mineral complejo en alto grado, como producto de la asociación de un silicato alumínico hidratado con los silicatos de calcio, potasio y sodio, caracterizado principalmente merced á la forma rómbica de sus cristales, los cuales, reuniéndose muchos, suelen agruparse formando vistosos penachos dotados de hermoso y nacarado brillo, cuyo carácter es propio asimismo del mineral denominado estildita, del cual puede considerarse variedad bien determinada el cuerpo que describimos; distínguese bien de ella mediante cualidades tan externas como es el color, porque mientras el de la estildita propiamente dicha es blanco, rojizo, rosado ó pardo más ó menos obscuro, la zeolita que se describe siempre preséntase verde con tonos bien marcados y definidos y como su coloración atribuyenla al

- SIEBOLD (CARLOS TEODORO ERNESTO DE): Biog. Fisiólogo alemán, hermano de Felipe Francisco. N. en Wurtzburgo en 1804. M. en Munich en 1885. Fué sucesivamente médico de los círculos de Heilsberg y de Koenigsberg; quiso en 1834 recibirse de agregado en la Universidad de esta última ciudad, pero no pudo conseguirlo por ser católico. Al año siguiente fué director de la Escue-gunos mineralogistas á materias extrañas á los la de Partos de Dantzig; después, en 1839, médico de Anatomía comparada y de Veterinaria en la de esta ciudad, y en 1840 profesor de Fisiología, Universidad de Erlangen, de donde pasó con el mismo destino á las Universidades de Friburgo en Brisgau (1845), de Breslau (1850), y de Munich (1853), siendo encargado más tarde de la dirección del Gabinete de Zoología y Zootomía de esta ciudad. Adquirió un puesto importante entre los fisiólogos de nuestra época por sus trabajos acerca de la estructura interior y acerca de la historia de la vida y de la reproducción de los animales del orden inferior. Además de numerosas disertaciones sobre Helmintología y Entomología, insertas en diferentes periódicos y colecciones científicas, publicó las siguientes obras: invertebrados; La verdadera partenogenesia en Manual de Anatomía comparada de los animales las mariposas y en las abejas; Los peces de agua dulce de la Europa central, etc.

elementos constitutivos de la sicdrita, pero obligados acompañantes suyos y asociados constantes, de ahí viene considerarla, no sin fundamento, á modo de estilbita impura, de la verdadera especie mineralógica diferenciada atendiendo en especial á la densidad y á la dureza, sólo comparable, en ocasiones, á la determinada en la esferostildita en el interior del mineral cuyos fragmentos rayan el vidrio, mientras que la superficie externa de los glóbulos radiados, habitual forma con que se presenta, es rayada con la uña en la mayoría de los no abundantes ejem plares.

Muchos autores han emitido la idea de que, partiendo de un silicato hidratado y normal alu mínico cálcico, compréndense generadas las variedades de estildita mediante sustituciones regulares de parte del calcio por los metales potasio y sodio, de donde derivarían grupos enteros de zeolitas, cuyos caracteres específicos siempre serían los mismos; así, su calidad de silicatos hidratados pónese de manifiesto con sólo calentarlas en un tubo de ensayo, en cuya parte superior se condensa agua y el cuerpo pierde de peso; siguiendo la acción del calor, con el dardo del soplete, el mineral se hincha experimentando considerable aumento de volumen, y al cabo de muy continuada y elevada temperatura se funde en un característico esmalte de color blanco; por vía húmeda el mejor reactivo de la siedrita y sus congéneres es la disolución concentrada de ácido clorhídrico, que á todas estas zeolitas ataca

SIECHA: Geog. Laguna de Colombia en la pro-
vincia de Cundinamarca, á menos de 20 kilóme-
tros distante del pueblo de Guasca, hacia el S.,
en un páramo á 3455 m. sobre el nivel del mar,
entre 01° long, oriental y 4-5 lat. N. Fué
éste un lugar religioso de los antiguos chibchas,
donde se cree ofrecían oro al Sol y á la Luna,
que eran sus divinidades principales. En la ac-
tualidad, y desde hace algún tiempo, se inten-
ta secarla para extraer los tesoros que la tradi-
ción dice encierra en su seno, y de los cuales
parece que se ha encontrado algo en sus orillas.
En marzo de 1874 se aseguró haberse conseguido
ya desaguarla en parte, y que lo sería del todo
mediante los esfuerzos del ingeniero D. Indale-
cio Liévano, quien había logrado taladrar la úl-bay, en la Lidia.

disuelve, sin que se forme ó precipite la sílice en estado gelatinoso. El mineral descrito es muy escaso, y sólo se ha señalado como yacimiento suyo las montañas de Syhedrex, cerca de Bom

Son cuerpos semejantes, por su composición química á la sicdrita, la chabasia, considerada como uno de los silicatos hidratados é isomorfos alumínico cálcicos; la henlandita, cuyas diferencias con la estildita no aparecen bien manifiestas; la epistildita, cristalizada en formas monoclínicas de complicadas agrupaciones; y la leonisa, con maclas frecuentes.

SIEG: Geog. Río de Prusia. N en la vertiente S.O. del Ederkopf y de Jagdberg, cerca de las fuentes del Edery de las del Lahn; corre hacia el S., baña á Siegen en Westfalia, recibe por la derecha el Asdorf y el Wisse y por la izq. el Haller y el Niester; entra en la prov del Rhin, que recorre de E. á O.; recibe por la dra. el Bröl, el Wahn y el Agger, y por la izq., frente à Siegbur go, el Pleis, y á los 131 kms. de curso vierte sus aguas en el Rhin, á 43 m. de alt. y unos 3 kilómetros más abajo de Bonn. Círculo de la regencia de Colonia, prov. del Rhin, Prusia, situado en la orilla dra. del Rhin y en las del curso inferior del Sieg; 766 kms. y 95000 habitantes. Cap. Siegburg.

SIEGA: f. Acción, ó efecto, de segar las mieses.

En ocasiones extraordinarias hay otras faenas y diversiones que dan á todo más animación, como en tiempo de la SIEGA, de la ven. dimia, etc.

VALERA.

-SIEGA: Tiempo en que se siegan.

... por que no arranquéis á vueltas algún trigo, dejalda crecer hasta la SIEGA. FR. CRISTÓBAL DE FONSECA.

-SIEGA: Mieses segadas.

-SIEGA: Agr. La operación designada con este nombre tiene por objeto proceder al levantamiento de las cosechas de algunos cultivos, especialmente de los cereales y de las praderas. La epoca en que esto puede efectuarse cambia con el clima y con el género de cultivo; y aun cuando suele decirse la época de la siega, ésta se refiere especialmente á la del trigo y el centeno. La de la cebada se anticipa en todos los países un mes ó dos respecto de la del trigo.

Procedimientos empleados para segar. - Durante largo tiempo sólo se ha empleado la hoz, en la cual se pueden á su vez distinguir dos modelos, según ésta tenga el filo continuo ó aserrado. La hoz con borde dentado sirve especialmente para la recolección de forraje y para separar las partes aéreas de las remolachas y zanahorias, pero para la siega en general es preferible la hoz lisa, que en manos de un obrero hábil puede realizar un trabajo tan útil como el de una guadaña. Generalmente en los países septentrionales se prefiere este instrumento á la hoz propiamente dicha, porque las mieses, frecuentemente tumbadas y revueltas y no completamente secas, se recogen más fácilmente que con una hoz ordinaria, y ésta á su vez es preferida en los países secos y cálidos, en los cuales las mieses llegan á agostarse de una manera perfecta sin tumbarse.

Para las mieses verdes, como ocurre con las de las praderas, da más resultado la guadaña de rabo largo, generalmente conocida con el nombre le dalla, la cual reune condiciones muy prácticas cuando termina en una especie de muletilla para apoyar la mano derecha y tiene cerca de la mitad del vastago una especie de pitón para aplicar la izquierda; también se le agrega una especie de peine de púas paralelas á la cuchilla y tan largas como ésta, que favorecen el amontonamiento de la hierba al mismo tiempo que la siega. Con este instrumento se cortan los tallos y hojas á ras del suelo, lo cual es muy ventajoso para la recolección del heno en los prados, pero no lo sería para el trigo, por ejemplo, porque las espigas demasiado maduras podrían desgranarse, y también porque las matas cortadas se apoyan sobre las que aún permanecen en pie y la mies se maneja dificilmente, por lo cual sólo puede emplearse en las mieses de cereales que se siembran prematuramente para forraje.

En algunos países se recomienda que la siega se haga muy alta, para no recoger más que la parte útil de los cereales sin mezclarlos con las hierbas extrañas, y el rastrojo con éstas se siembra más tarde para forraje.

También se emplean máquinas segadoras para la siega en gran escala, las cuales son de invención más moderna.

De muy antiguo se pensó en hacer la siega por

procedimientos mecánicos, y hasta llegó á practicarse, pues ya en tiempo del Imperio romano se usaron algunas máquinas para este trabajo, aplicándolas á los cereales, pero las cuales sólo cortaban las espigas, dejando las cañas sobre el terreno; y como esto representaba una gran pér. dida para el agricultor ó un aumento de trabajo en la siega ordinaria si se querían recoger, deja ron de emplearse al poco tiempo, sin que volvie. ra á hacerse nada en este sentido hasta principios del siglo actual, en que el inglés Smyth dió la idea de máquinas semejantes á las que hoy se emplean, cabiendo el honor de la realización de este adelanto al Carmelita R. P. Bell, que construyó una segadora á la que dió su nombre, si bien no tuvo aceptación porque marchaba empujada, y esto presentaba algunas dificultades; algunos años más tarde, en 1831, el norte-americano Mac-Cormick evitó este inconveniente construyendo una máquina también de su nombre, como generalmente han hecho todos los inventores, moviéndose la máquina por tracción de caballerías ó bueyes, y marchando lateralmente al campo que se trata de segar, como hacen hoy casi todas las que se han aceptado; desde los promedios de este siglo de progreso, de iniciativa y adelantos en Ciencias y Artes, han sido muchos los que se han ocupado de asunto tan importante, siendo innumerable el catálogo de los inventores: Burgés-Key, Wood, Samuelson, Johons. ton, Aultman, Bausomes, y el ingeniero de montes español D. Manuel Elizalde, con otros muchos que pudiéramos citar, han dado á la Agricultura máquinas segadoras más o menos ingeniosas y perfectas, cada día más generalizadas, por lo menos en el extranjero; en España hasta ahora no han dado los resultados que de ellas podía esperarse en los ensayos hechos, aplicando la tracción por caballerías, no habiéndose empleado el ganado vacuno por la lentitud de su paso, lo que no sucede en otros países, en que los bueyes, educados de diferente modo que en el nuestro, y acostumbrados à una marcha viva y regular, dan resultados más beneficiosos; no quiere decir esto que el poco éxito que aquí han alcanzado las máquinas se deba al sistema de tracción, como pudiera creerse, á pesar de la supremacía de las máquinas, supremacía que la teoría demuestra también, porque siendo uno de los más graves peligros que corre el labrador al hacer la siega el que una tormenta, una lluvia imprevista, ocasione la destrucción de toda la parte segada, cuya semilla es arrastrada por las aguas y cuyos tallos se humedecen y quedan expuestos á la descomposición, cuanto más rápida sea la operación menor será el riesgo que se corra, y ciertamente con las máquinas se abrevia notablemente la recolección, y más si, como las modernas, recogen en haces ya atados los productos, que no queda más que cargarlos para llevarlos á la era en que se han de trillar (V. TRILLA); además la siega á brazo no puede ser tan perfecta, porque por gran práctica que en ella se tenga no se pueden cortar todos los tallos á la misma altura, y siempre resulta más pérdida de ellos por lo que en el campo queda; resultado de todo esto es la mayor perfección y economía de la siega con máquinas, el aumento de productos y la disminu ción de riesgos; con la siega á brazo, en cambio, pueden separarse aquellas plantas de que el te rreno no se ha podido limpiar, en tanto que las máquinas, no pudiendo elegir, las siegan también y las mezclan con los verdaderos productos de la cosecha, que por esta razón empeora; mas no es esta sola la razón de que en España se practique casi exclusivamente á brazo la recolección; hay sobra de brazos, y por lo tanto falta de dinero; los segadores se dedican á los trabajos más rudos, en los que ya tienen gran práctica, y para las cuadrillas que de las provincias gallegas y asturiana, así como de la de Almería las de los reinos de Valencia y Murcia, se distribuyen en el resto de España, representa la siega el sustento de todo el año y el país se ve libre de la miseria que de otro modo le amenazaría: pudiera objetarse á esto que no es equitativo que el agricultor lo pague todo, pudiendo montarse industrias que ocupasen esos mismos brazos; como la mayor parte de los agricultores están muy conformes con su sistema, como lo prueba el que nadie les obliga á seguirles primero porque en nuestro país, por fortuna, los riesgos son contadísimos, porque salen más limpios los productos según hemos dicho, porque si bien ellos pagan un sobrepremio en el trabajo éste es pequeño y le

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cargan al valor de la cosecha, pagándolo de este modo todo el país, dentro del cual no puede haber competencia con los granos extranjeros por el precio á que suben en aquellos los transportes, y finalmente porque, muy dividida la propiedad por regla general, una segadora resultaría casi constantemente parada, representando un capital muerto que para las labores es necesario, tanto más cuanto el coste de las máquinas no es pequeño y que su manejo necesita hacerse por hombres hábiles ganando un jornal crecido y que habían de estar desocupados gran parte del año. Sin embargo, las máquinas tomarán carta de naturaleza en nuestro país el día en que esos pequeños propietarios se agrupen por zonas y una sola máquina en cada zona haga el trabajo sucesivamente de cada propietario, lo que ocu rrirá á no dudar cuando la industria tome mayor desarrollo, escaseando los brazos, como ocurre en otros países, y las tarifas de transporte permitan la competencia de los productos de otras naciones con la nuestra, circunstancias ambas que se hallan muy próximas, según todos los indicios: acaso se deba también la poca aceptación en España de las máquinas, á que las extranjeras no se adaptan á las condiciones de nuestro suelo, pues la segadora Elizalde, que funciona en terrenos de cualquier clase, por accidentados que sean, que tiene mecanismos muy sencillos que permiten sea manejada por cualquier labrador, y en la que por la misma razón las reparaciones puede hacerlas un herrero cualquiera, y que resulta de muy poco precio, está dando resultados satisfactorios, habiendo sido de los primeros que han hecho y están haciendo uso de ella, después de los brillantes trabajos de ensayo practicados en el Instituto Agrícola de Alfonso XII, D. Francisco Cavero, en sus propiedades de Zaragoza; los talleres de construcción de esta máquina se hallan en Burgos.

La diferencia esencial que presentan los diversos sistemas de segadoras consiste en que unas dejan la mies cortada en manojos sueltos ó gavillas y otras las atan formando haces, lo que establece ya una división en agavilladoras y atadoras; las máquinas de tracción de una ó dos caballerías llevan junto al tiro y bajo el pescante del conductor una gran rueda de llanta ancha, en cuyo interior está el mecanismo motor al que pone en acción, al rodar dicha rueda sobre el terreno, transmitiéndose por mecanismos más ó menos sencillos ó complicados este movimiento, tanto á la sierra como al aparato agavillador ó atador; el trabajo de una segadora suele ser de 4 á 5 hectáreas de terreno por cada diez horas de trabajo, ocupando uno o dos hombres para conducirla y seis para atar cuando no lo hace la máquina; la segadora Elizalde, movida por un caballo, da un trabajo equivalente al de 24 segadores con la hoz; conviene, cuando se hayan de emplear segadoras, hacer labor plana, pues trabajan mejor las máquinas, que con la labor alo

mada.

Hechas estas indicaciones generales, vamos á hacer una ligera descripción de algunos tipos, comenzando, como es natural, por la ya citada de Elizalde, no sólo por ser española (se la llama la Española, sino por su gran sencillez: tiene el aspecto exterior de un carro de dos ruedas, bastante pequeño para moverle con una caballería, pudiendo también engancharse dos, y dando un corte de un metro de ancho; marcha como todas en sentido normal á la dirección de las labores; una de las ruedas del carro, la que marcha junto al corte y que se llama principal, lleva una clavija para enlazar el mecanismo con ella y poner éste en movimiento; el mecanismo se reduce á un engranaje cónico para transformar el movimiento vertical de la rueda en otro horizontal; una rueda en conexión con la del engra naje anterior lleva una biela que produce el movimiento alternativo de una varilla, á que se articula una sierra horizontal que, suspendida de una cadena, puede elevar ó bajar á voluntad aquélla con el auxilio de la articulación, con lo que se consigue suspender el corte ó hacerle á diversas alturas, según convenga, y también salvar cualquier obstáculo que se presente en la marcha; la cadena de suspensión va unida á una palanca cuya manija ó escamera está al alcance del conductor para maniobrar la sierra que ha de cortar las cañas de la mies; la biela de que hemos hablado va movida por una excéntrica unida á la rueda horizontal; dos poleas montadas en sus ejes correspondientes, y de las que la

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