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sogolas, establecidos en Mongolia, sólo habitan del territorio siberiano algunos valles de los montes Sagansk.

La raza mongola es más numerosa y ocupa mayor superficie. Los tungusos, en la península de Taimir, y más al S., separan los samoyedos y los ostiacos de los yakutas; las tribus de húngaros llamados orientales ocupan la vertiente del mar de Ojolsk y la cuenca del Amur hasta la frontera china. Los buriatos, con mayor den sidad de población, habitan las estepas del Irkusk, la Transbaikalia, los montes Baikal, y se extienden hasta el valle del Orjon. En la provincia de Amur hay muchos chinos y manchurianos, y en el litoral del Mar del Japón algunos

coreanos.

La parte N. E. de Siberia está habitada por los chukchis, coriacos, kamchatdales, guiliacos y ainos, pueblos poco numerosos que forman la raza especial, cuyas condiciones etnológicas son casi desconocidas, y que pudiera llamarse raza del Asia nordoriental, agregándola el grupo de los yukaguiros, casi absorbidos por otras tribus, y que son los restos de pueblos páleo-asiáticos. La mayor parte de los indígenas se encuentran en el más miserable estado: abrumados de impuestos; despojados de los mejores territorios en donde ejercían la caza; explotados por los funcionarios y los mercaderes; embrutecidos por el aguardiente y diezmados por las enfermedades, disminuyen rápidamente. Así es que los rusos son superiores por el número y la civilización. El ruso de Europa se distingue perfectamente del ruso de Siberia, que se aproxima extraordinariamente por los rasgos que le caracterizan al tipo asiático, y en particular al tipo mongol; tienen, por lo general, el cabello negro, color moreno, los ojos negros ó pardos, estrechos y algo oblicuos, y los pómulos salientes, y á consecuencia de las mezclas con los indígenas del N. han perdido mucha estatura; pero si se ha operado un cambio tan notable en las cuali

las minas. También es casi desconocida la pro-
piedad de las clases privilegiadas, pues hasta el
presente la mayor parte de los terrenos son del
dominio del Estado, que los cede en usufructo á
los campesinos siberianos, y lo general es que
éstos formen agrupaciones, en las que cada indi-
viduo es responsable del pago de los impuestos
que corresponden á los demás asociados. Esta
especie de municipalidades no tienen la misma
organización que las rusas; conservan el primiti
vo carácter de comunidad familiar, hasta el pun-
to que, según refieren algunos viajeros, hay pue-
blos cuyos habitantes llevan, sin excepción, el
mismo apellido. En realidad, cada municipio ó
agrupación es una especie de oligarquía; la mi-
tad de la población se compone de gentes pobres
del país y de los nuevos colonos faltos de todo
recurso, que trabajan sin regatear la cuantía de
la recompensa, y la otra mitad de los que en la
horrible explotación de los indígenas, en la in-
dustria minera, en el comercio poco escrupuloso,
en el contrabando ó en el crimen han hallado
medios de enriquecerse. Si el mejoramiento del
estado social y de cultura han progresado y pro-
gresan algo, no se debe ciertamente más que á
los desterrados políticos, dotados generalmente
de instrucción, inteligencia, y sobre todo de
asombrosa fuerza moral para no desistir de tan
noble empeño ante su espantosa situación ni
ante las dificultades y privaciones que las auto-
ridades locales les imponen. Los polacos han
conseguido introducir muchos cultivos nuevos y
reproductivos; han mejorado la raza caballar y
han instalado varias industrias que han llegado

dades físicas de la raza, las cualidades morales Gobierno general del Amur..
no han variado menos; son mucho más inde-
pendientes que los rusos de Europa, acaso más
igualitarios, pero les falta la bondad que distin-
gue á éstos: su espíritu de justicia, de solidari-
dad y de conmiseración. El deseo vehemente del
siberiano es enriquecerse pronto, sin reparar en
los medios; ha heredado la vista penetrante y el
oído fino de los indígenas, y la avaricia le hace
individualista, valiente, emprendedor y eminen-
temente práctico.

La población no está igualmente repartida en toda la Siberia; son muy numerosos en una faja de terreno entre los Urales y la frontera de Mongolia; la cuenca del Ienisei, en Transbaikalia, las orillas del Obi, del Lena y del Amur, están asimismo bien pobladas, pero en el resto del territorio los rusos forman una parte insignificante de la población.

Idioma y religión. - En el art. ASIA Se ha didicho todo lo concerniente al idioma de los diversos pueblos de la Siberia; resta añadir aquí tan solamente algunos datos respecto de las religiones que estos mismos pueblos profesan. Los rusos son, por regla general, ortodoxos, con algunos disidentes en el Altai, en la Transbaikalia y en el Amur; los polacos son casi todos católicos. La mayor parte de los indígenas se cuentan nominalmente entre los cristianos; sólo una pequeña parte son paganos; pero el cristianismo de los indígenas es muy convencional, puesto que no han renunciado del todo á sus ídolos, entre los que colocan la efigie de San Nicolás, cuidando de que no les haga sombra. Los hárbaros siguen siendo mahometanos, y el budismo hace grandes progresos, especialmente entre los buriatos, cuya mayoría reconoce la autoridad del gra lama. Eclesiásticamente la Siberia está dividida en cinco eparquías ó diócesis, que son las de Tobolsk, Tomsk, Ieniseisk, Irkutsk y Iakutsk, gobernada cada una por un obispo; en 1886 había 2801 iglesias, 21 conventos con 115 monjes, y seis con 103 monjas.

Estado social é instrucción pública. - La Siberia es un país demócrata é igualitario; el dinero es lo único que establece la distinción de clases; pero los ricos, lejos de avergonzarse de su humilde y en muchos casos vergonsoso origen, hacen alarde de él, lo cual no les impide explotar sin compasión á sus conciudadanos. No existe como en Rusia la es lavitud disimulada bajo la denominación de servidumbre, sólo poseen siervos, cedidos por el gobierno, los propietarios de

á adquirir verdadera importancia. Pero más que en este orden de cosas han hecho para la instrucción del pueblo, fundando numerosas escuelas y preparando con éxito aluninos para las escuelas superiores de San Petersburgo. Sin duda porque este avance en la civilización contrariase les planes del gobierno, á los desterrados en épocas más recientes se les trata con más severidad y se les impide seguir el ejemplo de aquéllos; sin embargo han prestado grandes servicios, y á ellos se deben documentos preciosos para el conocimento del país.

Organización política y administrativa. – La Siberia, como parte integrante del Imperio ruso, se rige política y administrativamente en igual forma que los demás territorios del tsar. Está dividida en dos gobiernos generales, cuyos jefes asumen el poder civil y militar; las provincias, divisiones administrativas secundarias, tienen igualmente gobernadores militares. Los gobier nos, que se diferencian de las provincias por tener una organización mejor definida, están administrados por gobernadores civiles, y los distritos y círculos por los ispravnik y sassiedatel.

Las comarcas mineras del Altai y de Nevchinsk dependen del Gabinete de Su Majestad Imperial.

En la Siberia oriental aún existe la antigua organización judicial (juicios sin debates); en la oriental se ha implantado la reforma según el Reglamento de 1864, pero sin el Jurado. La división administrativa de Siberia, frecuentemente alterada, en la actualidad (1896) es la siguiente:

Provincias del Litoral y del Anadir.
Distrito de Sajalin.

Provincia del Amur.
Provincia de Transbaikalia..

Gobierno de Irkutsk.

Gobierno general de Irkutsk. Provincia de Iakutsk..
Gobierno de Ieniseisk.

Gobierno de Tomsk..
Gobierno de Tobolsk.

Hasta 1883 todo el país estaba dividido en dos gobiernos generales: el de la Siberia oriental y el de la occidental, del cual formaban parte los gobiarnos de Tomsk y de Tobolsk; pero posteriormente éstos fueron organizados bajo la misma forma que los de Europa, y constituyen unidades administrativas civiles independien tes entre sí. Los gobiernos se dividen en distritos y las provincias en círculos. La capital del gobierno general de Irkutsk es la ciudad de este nombre; la del Amur es Vladivostok. Sus gobiernos y provincias han tomado el nombre de sus capitales, á excepción de las de Ieniseisk, Transbaikalia y Litoral y Anadir, que son respectivamente Krasnoiarsk, Chita y Vladivostok.

El ejército se compone de un pequeño contingente de tropas regulares y de los cosacos, colonos organizados militarmente y encargados con especialidad de la vigilancia de las fronteras.

Colonización, agricultura y ganadería. – Las guerras, los impuestos, las exacciones y el rigor de la esclavitud, obligaron al pueblo á buscar al otro lado de los Urales nuevos países que les ofrecieran más soportable existencia, ésta fué la causa del principio de la emigración. Inauguróla en 1582 Yermak, al frente de los bandidos cosacos que capitaneaba, y cuarenta años después el censo siberiano registraba 70 000 colonos, que en 1709 llegaban á 230 000. Esta gran corriente colonizadora estaba favorecida por la libertad de la emigración que hubo en un principio, aunque no siempre bien mirada por el go. bierno, que ya pensaba en la ocupación militar de la Siberia. El primer ensayo de colonización oficial se verificó hacia el año de 1590; se estableció el servicio de conductores encargados de los transportes, se construyeron y ocuparon fuertes

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sobre la frontera que incesantemente avanzaba hacia el E., y con tanta rapidez que en 1650 los rusos llegaron al Amur; pero la colonización libre, lejos de estar favorecida por el poder central, se restringía cada vez más, hasta el punto de que en 1683 se prohibió emigrar á los que no tuviesen un poder especial. Sin embargo el número de colonos aumentaba considerablemente, y poco a poco se iban poblando los espacios entre los puestos militares. A principios del siglo actual la administración de la Siberia se estableció en forma más regular y se hizo difícil á los emigrantes burlar la vigilancia de las autoridades, y á pesar de todo los siervos fugitivos ó enviados en castigo de alguna falta han suministrado buen contingente de colonos. La emancipación de los siervos contuvo algo el movimiento de la emigración, pero se reprodujo después con más fuerza; desde 1860 á 1880 el número oficial de inmigrantes en Siberia fué de 100 000, sin contar los que habían eludido el cumplimiento de los requisitos prevenidos. En 1891, año en que el hambre se dejó sentir en varios gobiernos de la Rusia europea, solamente por Tiumen pasaron 62 000 emigrantes. Su situación en Siberia es muy precaria, no sólo por la lucha que sostienen contra el clima y el desconocimiento del suelo que van á cultivar, sino también porque el gobierno, en lugar de concederles auxilios, les obliga á organizarse militarmente, y en este concepto prestan el servicio de cosacos y además tienen el deber de fundar nuevas colonias lejos de los antiguos establecimientos, de lo cual resulta que no pueden, por el aislamiento á que se les condena, utilizarse de los conocimientos que por la experiencia tienen sus predecesores fara apropiar los cultivos al clima del país y al suelo, tan distintos de los de Rusia.

Las estadísticas de Siberia son tan deficientes que no se pueden consignar datos numéricos sin dudar de su exactitud. Nordenskiold evalúa en 4 000 000 y medio de kms.2 la superficie de las tierras explotables; los datos oficiales la reducen á 2 587 000. Sólo en los gobiernos de Tobolsk y de Tomsk las tierras susceptibles de cultivo ocupan unos 15 000 000 de hectáreas. Las labores agrícolas se hacen del modo más primitivo y siguiendo el mismo sistema que en Rusia. Las tierras vírgenes producen durante algunos años abundantes cosechas que llegan hasta el 40 por 1, mas trabajadas sin descanso y sin el necesario abono, se esterilizan por completo; entonces los colonos las abandonan y van en busca de nuevos terrenos que roturar. La Siberia occidental produce anualmente unos 18 000 000 y medio de hectolitros de cereales y 200 000 de patatas; en la oriental se recolectan 7 000 000 y medio de hectolitros de cereales. En 1889 las plantaciones de tabaco ocupaban 749 hectáreas y han producido más de 1000 000 de kilogramos de hoja. La extensión de los bosques es tal, que sólo en los gobiernos de Tomsk y de Tobolsk cubren 65 000 000 de hectáreas; no se sabe cuánto ocupan los de la región oriental, pero por lo menos debe ser doble. La explotación destructora que de ellos se hace será causa de que desaparezcan las especies más apreciadas en beneficio de las inferiores; los cedros seculares y gigantescos serán sustituídos, andando el tiempo, por los ála

mos.

Las praderas y otros terrenos de pastos ocupan también grandes extensiones en las estepas de la Siberia occidental, en los contrafuertes del Altai y en los desiertos herbosos del Dauria; esta es la razón de por qué en Siberia hay tan considerable cantidad de ganados, que en cifras redondas se compone de 2 000 000 de caballos, 2150 000 cabezas de ganado vacuno, 2 800 000 carneros, 570 000 cerdos, 200 000 cabras, 150 000 renos y 3 600 camellos. Entre los animales domésticos el reno ocupa el primer lugar, sustituyendo al camello con grandes ventajas. Por estar tan extendida la zona fría en Asia el reno desciende más al S. que en Europa; algunos viajeros han visto grandes rebaños en las montañas que limitan la Mongolia, es decir, entre los 49 y 50 lat. N., de suerte que la región de los renos y de los camellos se tocan y aun se cruzan en la parte oriental del Antiguo Continente, mientras en la occidental las separa una distancia de 30°. Los caballos no ofrecen otra particularidad que la de una asombrosa resistencia para el trabajo y para soportar la falta de cuidados. El perro es empleado por algunos pueblos como animal de tiro. En el valle del Bujtarma, en el Altai, se crían algunos centenares de alces ó antes (marali), animal precioso; los cuernos del macho alcanzan hasta 250 ó más pesetas de pre

cio.

Los siberianos tienen sus ganados casi al aire libre todo el año; pero el rigor del clima, las tempestades de nieve, tan funestas hacia fines del invierno, la falta de alimentación y las epidemias causan numerosas víctimas, que se cuentan por centenares de miles.

Industria y comercio. La industria siberiana se concreta casi exclusivamente á la explotación de las minas, algunos establecimientos metalúrgicos, destilerías, tenerías, fundiciones de grasas, fábs. de tejidos ordinarios y manufacturas de tabacos; las pequeñas industrias no son casi conocidas. Según los cálculos de Iadrintsef, en 1873 existían 1262 establecimientos que producían por valor de 38 200 000 pesetas anuales, de las que la mitad ó más corresponden á las destilerías; desde aquella fecha no puede señalarse ningún progreso industrial notable.

La principal ocupación del siberiano es la caza y la pesca. Los productos de la caza, especialmente de los animales cuyas pieles son tan apreciadas, ha disminuido mucho, por haber hecho desaparecer las principales especies los procedi mientos bárbaros que emplean los cazadores; la marta cibelina y el zorro negro casi no existen ya en Siberia.

De la misma exterminación son objeto las especies marinas; en una gran extensión del litoral del país de los tehutkchis abundaban de tal suerte los cetáceos, peces y moluscos, que eran el principal alimento de los osos y otros animales de aquellas regiones; y sin embargo, el hombre ha conseguido que se pierdan varias especies muy útiles como la vaca y el león de mar

(Rhytina Stelleri y Otaria Stelleri), y si el oso marino (Otaria Ursina) no ha desaparecido se debe a que, habiendo adquirido el gobierno ruso el monopolio de la caza la ha reglamentado, y cuida, por decirlo así, de la cría de los animales.

En un país como Siberia en el que la población es escasa y muy esparcida, poco industriosa y menos civilizada, no es extraño que el comercio sea pequeño y no esté en relación con las riquezas naturales; además de no existir vías férreas, las ordinarias son pocas para favorecer el desarrollo de las operaciones mercantiles. Su falta de aduanas en la frontera rusa impide conocer el valor de las mercancías que Europa importa de Siberia; cálculos aproximados permiten apreciar en 250000000 de pesetas anuales el valor de los principales artículos: cereales, harina, te chino, nueces de cedro, pescados, etc. Aparte de esto, á la feria de Nijni-Novgorod envía Siberia mercancías por valor de unos 40000000 de pesetas. La exportación á China de metales preciosos, productos alimenticios, pieles, primeras materias para las industrias, objetos manufacturados y otros, representa una suma de 8 á 12000000 de pesetas anuales. En cambio de estos artículos Siberia importa de Europa manufacturas de todas clases, vinos, géneros coloniales, azúcar, etc., y de China te, azúcar, arroz, seda, etc. Los principales mercados del comercio interior son las ferias de Ichim, Irbit, Tomsk, Irkutsk y Iakutsk. La Siberia es por excelencia el país de los monopolios, de la usura ilegal y de la más escandalosa explotación de los indígenas por los negociantes, no siendo raro que éstos quintupliquen el capital en una sola operación; de aquí los precios fabulosos que alcanzan ciertos artículos de los más indispensables para la vida.

Vias de comunicación. - Los grandes ríos proporcionan á Siberia buen número de vías navegables, pero se hielan durante varios meses. Un canal une las cuencas del Obi y el Ienisei, pero sólo admite barcos de poco calado. El recorrido total de los llamados caminos postales es de unos 16000 kms. El principal es el camino de Moscú, gran carretera que pierde toda su importancia á causa de la construcción del f.c. transiberiano que se construye en varias secciones, cuyas dos líneas finales, la del O. 960 kms., y la del E., 408, están ya terminadas. El f.c. de Orenburg se bifurca en Samara, Rusia oriental, y la línea que toma dirección E. N. E. une la c. de Ufa y Slatust con Cheleabinsk. A fin de 1895 ó principios del 96 debía estar ya construída la línea hasta el río Obi, ó sea 1417 kms. desde Cheleabinsk. Esta parte se dirige primero hacia Omsk, recorriendo una campiña muy poblada, en la que predomina la admirable fecundidad de la tierra negra. Después empiezan las estepas Barabinski, que no dan material ninguno para la construc

De Cheleabinsk á Irkutsk.
De Irkutsk á Sretensk..
De Sretensk á Chabarouka..
De Chabarouka á Vladivostok.

Total.

Para el comercio en general, para el comercio y la política de Rusia en particular, el f. c. transsiberiano tendrá inmensa importancia. Cuatrocientos millones de chinos y 35 millones de japoneses se acercarán considerablemente à Europa. En trece días se irá desde San Petersburgo á Vladivostok; en quince al Japón; en veinte á Xangae. Hoy el viaje de Europa á Xangae por el Canal de Suez exige cuarenta y cinco días, y treinta y cinco por el f. c. del Pacífico-Canadá (Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, t. XXXVII).

Exploraciones. - Descritos ya en el artículo POLO los viajes marítimos á lo largo de las costas septentrionales de Asia en busca de la navegación directa entre la Europa occidental y el Mar Pacífico, resta ahora hacer una ligera mención de las exploraciones en el interior de la Siberia. Las excursiones científicas no empezaron verdaderamente hasta 1720, con el viaje, inspirado por Pedro el Grande, del eminente naturalista prusiano Nerchinsk y Turujansk; siguió á éste algunos años después el de Gmelin, Müller y Delisle de la Croyère, que formaban parte de

ción, ni madera, ni piedra, ni arena, materiales que hay que transportar desde lugares muy apar tados. Al otro lado del río de Obi empieza là línea central, que terminará en Irkutsk; pasa el río de Tom por terreno muy ondulado, que á poco viene á ser ya montañoso. Es región en que abundan los materiales de construcción y muy cerca de la línea. En esta parte del camino se trabaja con gran actividad, y á fines de 1894 estaban terminados 266 kms. ; se ha resuelto abrir la línea al tráfico hasta Krasnoiarsk á fin de 1896,

hasta Irkutsk antes de 1900. No lejos de Irkutsk encuéntrase el gran lago Baikal, sabana de agua 60 veces mayor que el lago de Ginebra, de 250 m. de profundidad media, 80 kms. de largo por 60 de ancho, con 200 afls., y que vierte en el Angara por ancha corriente sembrada de escollos. Un afl. del Baikal, el Selenga, de 1000 kms. de curso, abre camino hacia los mercados chinos, pero los hielos interrumpen la navegación en él desde noviembre á mayo. El Obi, en fin, reune las aguas de una cuenca de 3000000 de kms.2; el Irtich, su tributario, es navegable hasta Semipalatinsk; por el Tobol se puede llegar á Tiumen, c. de 25000 habits., al pie del Ural. Pero volvamos á la línea férrea. Desde Irkutsk la línea de 312 kms. continuará por el S. del lago Baikal, siguiendo luego, por país estéril y poco poblado, la sección ó línea transbaikalia de 1088 kms., comprendida entre Miskonskaia Sretensk. Állí comenzará la sección llamada IInea del Amur, de 2132 kms., la cual terminará en Chabarouka. Aún no hay acuerdo definitivo acerca del trazado de esta línea. Desde el punto de vista del terreno y de la densidad de la población, la cuenca del río Amur es el territorio más favorable para construir un f.c.; pero razones estratégicas y la vecindad de la China obligan á prescindir de este camino, y hay motivos muy fundados para suponer que tome la línea dirección más al N., á través de los bosques. La última parte de este gran f.c. se halla ya construída y abierta al servicio. A partir de Chabarouka el f.c. recorre el Amur, tan afamado por sus riquezas agrícolas y mineras, por sus hermosas flores y pintorescos paisajes, por sus altas hierbas de un metro de alt., que forman magníficas praderas naturales. A los 750 kms. se llega á la última estación, Vladivostok, c. y puerto en la bahía del Cuerno de Oro, ramificación del Golfo de Pedro el Grande, cuyas orillas sólo se hielan durante dos meses en el año. Este largo f.c. tiene que pasar necesariamente muchos ríos, y son varios los puentes de 400 m. de long. El puente sobre el Obi tendrá 850 m.; los trabajos han empezado ya, y se piensa concluirlo antes de que termine el año de 1896. El puente sobre el Tenisei tendrá 960 m., y el del Amur llegará á 2560. El cálculo de gastos es el siguiente:

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la expedición de Bering; durante nueve años, de 1733 á 1742, hicieron importantísimas observaciones sobre la geografía física del país, y aún es la obra de Gmelin un documento muy útil para el conocimiento y estudio de la Siberia, aunque se cree que su autor dejó de publicar el resultado completo de sus investigaciones por impedírselo el gobierno ruso; mas el secreto no estuvo tan guardado como debiera, por cuanto han desaparecido muchos itinerarios y otros apuntes que se custodiaban en los archivos del Estado. Gmelin y Müller hicieron objeto de su estudio la mitad occidental del país comprendi do entre los Urales, el Dauria, el Altai y las tundras del N. Kracheminnckof y Steller, que también formaban parte de la expedición, llegaron á Kamchatka y suministraron preciosos datos de esta comarca, hasta entonces desconocida. Los estudios de Gmelin y de sus compañeros se completaron notablemente durante el reinado de Catalina II. Con más libertad que su predecesor, recorrió el célebre Pallas, desde 1770 á 1773, una gran parte de la Siberia occidental, dedicándose preferentemente á investigaciones de

Historia Natural y etnológicas; el relato de este
viaje es uno de los más completos que han de-
jado los exploradores. La Revolución francesa
y las guerras de Rusia interrumpieron por largo
tiempo esta serie de viajes, reanudados á prin-
cipios del siglo actual por Klaproth, de nacio-
nalidad alemana, y agregado á la Biblioteca de
la Academia de San Petersburgo; en 1805 obtu-
vo permiso para acompañar al conde Golovkine,
que volvía á China á desempeñar su cargo de
embajador de Rusia; la expedición fué detenida
en Kiajta, pero Klaproth adquirió notas y docu-
mentos que le sirvieron para su libro Asia Po-
lyglotta. En 1828 el noruego Hansteen, y Er-
man, prusiano, emprendieron un viaje que fué
de grandísima importancia para el estudio del
magnetismo terrestre, y las observaciones astro-
nómicas de Erman sirvieron para trazar los ma-
pas de Siberia sobre puntos fijos, y no aproxima-
damente como hasta entonces se hacía; midió
también altitudes que luego han sido compro-
badas, pero no publicó más que una parte de
sus observaciones, que abarca todo el campo del
saber humano. Alejandro de Humboldt, Ehren-
berg y Gustavo Rose, que visitaron la Siberia
cuando Hansteen y Erman aún se encontraban
en ella, no hicieron más que una ligera excur-
sión, pero no sin fruto, puesto que bastó para
que Humboldt recogiera los datos necesarios pa-
ra escribir su obra sobre Asia central. Los viajes
de Middendorff en las regiones septentrionales
de Siberia tuvieron grande importancia, pudien-
do compararse á los de Gmelin, Erman y Pallas;
además de ser muy provechosos para el conoci.
miento de la etnografía y de la geografía física,

provocaron la atención del gobierno ruso sobre
las comarcas del Amur, é indirectamente prepa-
róse entonces la futura anexión. En 1854 Sch-
wartz, Schmidt, Glehn, Oussoltzel y Brylkin
realizaron la expedición que reconoció la región
inmensa que se extiende desde la Transbaikalia
al Lena y afls. septentrionales del Amur. La
cuenca de este río y la del Vilini fueron recono-
cidas por la expedición Maack en 1854-56; en
la misma época Schrenck en el país del Amur,
y Dithnar en Kamchatka, hacían interesantes
estudios sobre Etnografía é Historia Natural.
El viaje de Radde, de 1855 á 1859, tuvo por
teatro la Transbaikalia y el curso superior del
Amur. La alta meseta del Vitim y otras fueron
exploradas por Kropotkin en 1865-66. De 1873
á 74 Czekanowski y Müller recorrieron el Bajo
Ienisei y casi todo el curso del Olenek, recogien.
do interesantes datos sobre el magnetismo terres-
tre. Entre los viajes recientes pueden mencio-
narse el de Poliakof (1881-82) en la isla Saja-
lin; el de Martín, en 1886, á través de la cor-
dillera Stanovoi; y el del geólogo Obrontchef
en 1890, que recorrió las montañas del Olekma
y del Vitim. Las trazas de los itinerarios segui-
dos por los exploradores forma sobre el mapa
de Siberia una red bastante tupida; sin embar-
go, el país es aún muy poco conocido y queda á
los rusos mucho que estudiar en él.

Deportación. - Intimamente ligada con la de
invasión, colonización y exploraciones está la
historia de la deportación, que dió principio in-
mediatamente después de la conquista, si bien
no tuvo carácter gubernamental hasta después
del siglo XVII. Las condenas á trabajos forzados
en las minas de oro, salinas y fábricas se gene-
ralizaron a fines del siglo pasado, pero los datos
estadísticos, más ó menos exactos, que á ellas se
refieren, sólo datan del año de 1807, en el cual
el número de condenados fué de 2305; desde
aquella fecha hasta 1881 los individuos depor-
tados ascienden á 642 000, de los que unos
100 000 lo fueron voluntariamente para seguir la
suerte de sus parientes ó amigos; comparadas
por años las cifras desde principios del siglo ac-
tual, acusan una progresión considerable. Al sexo
femenino corresponde el 15% del número de
desterrados; en cuanto a las diversas categorías
de éstos, pueden clasificarse del siguiente modo:
12% condenados á trabajos forzados, 20% in-
ternados con pérdida de los derechos civiles,
13% internados sin otro castigo, 2, 4% que pue-
den vivir libremente en cualquier punto de Si-
beria, y 52% deportados por vía administrativa
sin que preceda juicio. Las condiciones de la de-
portación son tan duras, que más de la décima
parte de los desterrados mueren antes de llegar
al punto de su destino; muchos logran huir y
forman bandas de malhechores que infestan el
país y dejan señalado su paso por una serie de

delitos y de crímenes; la mitad de los que se co- marcas de la cuenca del Amur y del Usuri, rea-
meten en Siberia se atribuyen á los deportados, lizada en los primeros años del reinado de Ale-
aunque no forman más que un 5% de la pobla-jandro II. Por el tratado de Nerchinsk los ru-
ción. Las estadísticas oficiales consignaban en sos se obligaron á evacuar dichas comarcas, po-
1880 198 122 deportados, así distribuídos: 59000 sesión china, pero no renunciaron á poseerlas,
en Tobolsk, 45 000 en Ieniseisk, 40 000 en pretensión que han mantenido constantemente
Irkutsk, 29 800 en Tomsk, 21 335 en Transbai- durante ciento sesenta años, y sólo esperaban
kalia y 2987 en Iakutsk; estas cifras no son más ocasión favorable para realizarla, porque cada
que nominales, por más que las dos terceras vez se hacía sentir más la necesidad de abrir en
partes de los desterrados habían perecido ó des- Asia una ciudad comercial entre Rusia y el Mar
aparecido.
Pacífico. La oportunidad deseada la proporcionó
la guerra de Crimea; pues establecidos los rusos
en la orilla izquierda del Amur, el tsar, no des-
perdiciando circunstancia tan favorable, anun-
ció oficialmente la toma de posesión del territo-
rio, y la diplomacia se encargó después de obte-
ner pacíficamente de China la concesión de una
parte del litoral del Mar del Japón, anexionan-
dose, á la vez, al Imperio ruso la isla Sajalin,
que era japonesa. V. NUEVA SIBERIA.

-

Hist. La historia de Siberia realmente em-
pieza con las invasiones extranjeras. Fueron las
primeras las de los pueblos de raza turca, y tu-
vieron lugar en tres épocos sucesivas: del siglo II
al IV de la era cristiana los tungusos, proceden-
tes de Mongolia, penetraron por el valle del Ir-
tisch en las regiones que hoy forman parte de
la prov. de Semipalatinsk y del gobierno de
Tomsk. A esta invasión siguió, del siglo Iv al
XIII, la de los tu-kin ó tu-kiué, que fundaron un
poderoso reino, y en el siglo vi vencieron y so-
juzgaron á los ussun, otro de los pueblos turcos
que penetraron en la Siberia. La tercera y últi
ma invasión tuvo lugar entre los siglos VI y IX,
en que los uigurs y sus vecinos los hakas, des.
pués de penetrar en Mongolia y mezclarse con
los ieniscinses-tuba para formar el pueblo soyola,
continuaron su marcha á través de los montes
Sagansk, en los que se establecieron hasta fines
del siglo XIV

A su vez los turcos fueron vencidos por los
mongoles del terrible Gengis-Jan; la fundación
de la cap. del Irtisch, Isker de los indígenas,
Sibir de los rusos, se atribuye á la época de las
conquistas de Batu, sobrino de aquel Aunque
los rusos habían hecho desde el siglo XIV al xv
algunas incursiones en el territorio siberiano,
sólo fueron merodeos en busca de pieles y otros
productos del país, la primera expedición seria
se realizó en 1556, dispuesta por el tsar Juan el
Terrible en virtud de las noticias que de las
grandes riquezas de Siberia le suministró el tra-
ficante Strogonof. El ejército ruso llegó hasta el
Obi, é hicieron tributaria toda la región com-
prendida entre el Bajo Obi y el Irtisch, añadien-
do á sus títulos el monarca el de señor de Obdo-
ria, de Ubria y de Sibir. Sin embargo, la domi-
nación rusa no quedó definitivamente estableci-
da sino después de la invasión del bandido co-
saco Jermaks, que se apoderó de Sibir en 1582.
Sucumbió este aventurero, pero el envío sucesi-
vo de tropas rusas consolidó la posesión, y desde
1584 la nueva provincia formó definitivamente
parte del Imperio de los tsares La antigua capi-
tal tártara fué abandonada, y los rusos fundaron
á Tobolsk en 1587, Tomsk en 1604 y Kusnetsk
y leniseisk en 1618. Débiles y mal organizados
los pueblos indígenas la invasión avanzó rápida-
mente, llegando en treinta y seis años á las ori-
llas del Ienisei, en cuyas orillas se levantó Tu-
rujansk en 1607. Los barcos que descendieron el
río vieron por primera vez el Océano Glacial en
1610. Los expedicionarios que partieron del Ie-
nisci en 1636 llegaron al Lena en 1648, después

de fundar un establecimiento sobre el Kolima
inferior. Los promychlenniki, cazadores de pie-
les, pisaron el suelo de Kamchatka en 1694, es
decir, que bastó un siglo para atravesar la enor-
me extensión del Continente Asiático. En este
espacio de tiempo se realizaron los primeros des-
cubrimientos en el litoral N. de la Siberia, de-
bidos al arrojo de un puñado de cosacos y caza-
dores sin otros medios de exploración que unas
débiles chalupas fluviales (V. POLO). Los rusos
penetraron en la Dauria, al E. del lago Baikal,
en 1643; algunas plazas, guarnecidas por dauras
y chinos, se resistieron y dieron lugar á sangrien-
tos combates. Algunos años después se estable-
cieron relaciones comerciales entre Rusia y Chi-
na; y proseguidas, aunque lentamente, las nego-
ciaciones, concertóse al fin un tratado de comer-
cio que se firmó en 1689 en Nerchinsk, ciudad
siberiana de origen ruso, en cuyo distrito se des-
cubrieron, dos años más tarde, ricas minas de
plata, cuya explotación ha tomado gran impor-
tancia y fueron el cebo para que las exploracio-
nes en Siberia tomasen nuevo impulso, con gran
contentamiento de Pedro el Grande, quien con
un genio eminentemente práctico presentía la im-
portancia que para Rusia habían de tener los ma-
res del Oriente. Merced á las incesantes explora-
ciones los rusos han ido ensanchando su Imperio
asiático, pero una de las adquisiciones más im-
portantes, y muy reciente, ha sido la de las co-

SIBERITA f. Miner. Turmalina roja de Sibe-
ria, de cuya localidad viénele su nombre; inclú-
yese, siguiendo la clasificación de Rammelsberg,
en el grupo de las turinalinas manganesianas, y
tiene cierto interés porque sus mejores ejempla-
res son susceptibles de buena talla, se usan co-
mo adorno, y son objetos de bisutería fina. No
se puede precisar de una manera fija y concreta
la composición de la siberita y demás minerales
incluídos en el grupo á que pertenece, ya aten-
diendo á la complicación de la molécula, ya te-
niendo presente los análisis, sumamente difíci-
les en el caso que nos ocupa; sin embargo, he
aquí, en resumen, los datos dignos de mayor fe
las turmalinas rojas, en 100 partes, las siguientes
recogidos en prolijas observaciones. Contienen
substancias: ácido silícico 38 á 41, sesquióxido
de aluminio 36 á 44, sesquióxido de manganeso
0,5 á 4, sesquióxido de hierro 3 á 6, óxido fe-
rroso 0 á 3, óxido de magnesio 0,5 á 1,5, óxi-
do de calcio 0,2 á 1, óxido de sodio 0,5 á 2,
óxido de litio 0,5 á 1,5, óxido de potasio 0,3 á
2, ácido bórico 6,1 á 9,2, ácido fosfórico 0,1, á
0,2, fluor 1,75 á 2,5, y pérdidas al fuego de
2,5 á 3,7; y queriendo representar en una fór-
mula esta nada sencilla composición, que sería la
de un borosilicato fluorífero de alúmina y mu-
chas otras bases, sólo cabe adoptar el símbolo
(HLIK,Na, Mg. Ca, Mn), Al,Po,SiO45, el cual, si
no expresa la estructura de la molécula, indica
por lo menos las cantidades relativas de los ele-
mentos que entran á formarla y son reconoci-
bles por sus caracteres específicos. Procedente de
las pegmatitas, tiene la siberita la propiedad de
ser casi infusible, ya que no es dable llegar á
fundirla, si no es mediante muy continuada y
sostenida acción del más vivo fuego del soplete;
antes de que tal fenómeno acontezca se exfolia, y
perdiendo su marcado tinte rojo vuélvese blan
ca, experimentando, llegado el caso, un princi-
pio de fusión su peso específico, mayor que el
de otras variedades de turmalina, represéntase
sencillamente por el número 3, siendo á veces
un poco más elevado. En cuanto á la manera de

presentarse el mineral que describimos, en nada
se diferencia de la que es general para todas las
turmalinas; su cristalización es en el sistema
romboédrico, siendo la forma más común la que
resulta de la combinación de un prisma hexago-
nal y un prisma triangular, de tal modo dispuesto
el último, y por tal manera desarrollado, que de
su forma parecen los critales, terminados á la con-
tinua por uno ó muchos romboedros, y es curioso
ver cómo, por consecuencia de un fenómeno de
hemimorfismo, las dos cúspides están modifica-
das de diferente manera: estos cristales hállanse
dotados de la piroelectricidad, y á veces cada uno
presenta en sus terminaciones muy marcadas di-
rísimo aspecto. No es muy abundante la siberita,
ferencias de color, que dan al mineral singula-
y, fuera de la localidad al principio citada, sólo
indican los autores la isla de Elba: en ambos ca-
sos procede de las pegmatitas, y como la mayoría
de los silicatos de ellas accesorios es considera-
da la turmalina roja descrita.

SIBERUT Ó MENTAWEI: Geog. Isla principal
del Archip. Mentawei, Indias holandesas, Ar-
chipiélago Asiático.

SIBESI: Geog. V. SEBESI.

SIBI: Geog. Aldea del dist. de Tumkur, pro-
vincia de Mandidrug, reino de Maisur, India,
sit. al N. de Tumkur. Célebre templo de Nara-
sinha ó Vichnú, construído á principios del si-

glo y rodeado de alta muralla. En los días de fiesta ó romería, después del plenilunio de febrero, acuden miles de peregrinos. || C. del Beluchistán inglés, sit. al S. E. de Quetta, en el f. c. de Chikarpur al valle de Pichin. Desde 1887 es cap. de un dist. y ha aumentado su importancia.

SIBIA: f. Bot. Género de plantas perteneciente á la familia de las Litrariáceas, cuyas especies habitan en las regiones tropicales de Asia, y son plantas arbóreas, con las ramas tetragonales, las hojas opuestas ó las superiores alternas, enterísimas, y los pedúnculos axilares, dispuestos en panoja ó racimo terminal, provistos de dos bracteitas que se desprenden prematuramente, y terminados por flores purpúreas ó blancas; cáliz persistente, bibracteolado, con el tubo apeonzado, acampanado, liso, y el limbo partido en seis divisiones iguales, separadas por senos redondeados que carecen de todo vestigio de divisiones intermediarias; corola de seis pétalos insertos en el tubo del cáliz, alternos con las lacinias de éste, trasova lo-oblongos, cortamente unguiculados é iguales; 18 á 30 estambres insertos en la parte superior del tubo calicinal, largamente salientes, los seis exteriores mucho más largos y recios; filamentos filiformes y anteras introrsas, biloculares, oblongas, insertas por el dorso y longitudinalmente dehiscentes; ovario libre, sentado, con tres ó seis celdas, con óvulos aná tropos insertos sobre placentas situadas en los ángulos internos de las cavidades; estilo saliente, sencillo y estigma acabezuelado; el fruto es una cápsula ceñida por el cáliz, con tres ó seis celdas y que se abre por dehiscencia loculicida en otras tantas valvas que llevan los tabiques adheridos en sus líneas medias, dejando libre el eje y al cual quedan adheridas las placentas; semillas numerosas, oblongas, comprimidas, horizontales, son la testa membranosa por la parte superior por una aleta á modo de membrana y con el ombligo basilar; embrión sin albumen, con los cotiledones orbiculares y la raicilla aplicada y extendiéndose hasta el ombligo.

SIBIL: m. Pequeña despensa en las cuevas para conservar frescas las carnes, frutas, agua, vino y demás provisiones.

SIBILA (del lat. sibilla; del gr. oißvλa): f. Mujer sabia á quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.

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porque SIBILA (según la interpretación de algunos) quiere decir profetisa, ó intérprete de los consejos de Dios. FR. LUIS DE GRANADA.

-SIBILA: Mit. Las sibilas eran doncellas que habitaban en las grutas y poseían el don profético. Este don recibíanle del dios Apolo (véase esta voz), en cuyo santuario de Delfos estuvo aquel famoso oráculo que pronunciaba sus respuestas por boca de la Pitonisa (V. esta voz), sacerdotisa de existencia real que no debe confundirse con las sibilas. Vamos á ver lo que éstas fueron en el paganismo y en el cristianismo.

I La primera de ellas, cuyo nombre Sibila sirvió luego para designar á las demás privilegiadas con aquel don, fué una hija de Dardanos y de Neso. Por lo general los autores antiguos dicen que hubo 10 sibilas, pero algunos sólo mencionan cuatro En Troya, Eritrea, Claros, Delos y Delfos se conservó la tradición de la sibila Herófila, hija de una ninfa del monte Ida, primera sacerdotisa de Apolo, de la que nos habla Pausanias. Las sibilas personificaban en Grocia y en Cumas (Italia) las profetisas más antiguas de Apolo También se las creyó originarias del Asia Menor, donde el dios tuvo numerosos oráculos. Los tenía en Timbrea, Grinea, Claros, Patara (en Licia), y en el santuario de Didimos, cerca de Mileto. Los primeros oráculos que se establecieron en la Grecia propia estaban en Beocia, país cuyo suelo quebrado, lleno de cavernas y de manantiales, fué, como indica Otfried Mäller, teatro principal de la adivinación, á causa de los vapores que exhalaba la tierra y de la virtud de las aguas, pues á unos y otras atribuían los antiguos los principios misteriosos del don de profecía. Por eso las sibilas eran doncellas habitadoras de cavernas ó grutas, donde el espíritu del dios las inspiraba para que predijeran lo porvenir.

En Beocia estaban el oráculo de Apolo Ptoos; cerca de Acrefión; el de Tegira, próximo á Orcomene, y el de Apolo Ismeniano en Tebas,

cuya antigüedad atestiguan las ofrendas y los trípodes de oro, allí consagrados, según nos dicen Herodoto y otros.

Sibila de Cumas. - Fué la más famosa en la antigüedad; la que consultó Eneas antes de su bajada á los infiernos. Creíasela venida del Oriente. Aparece mencionada por los antiguos autores con los nombres de Herófila, Demo, Femonea, Deifobea, Demófila y Amaltea. La sibila de Cumas pasaba por ser la misma eritrea, la sibila troyana. Bajo las bóvedas y en las galerías subterráneas que se extendían bajo el templo de Apolo, y de las rocas sobre las cuales estaba la ciudad, dejaba oir la sibila un sordo murmullo. Virgilio dice que esas rocas y cavernas fueron teatro de las profecías de la inspirada doncella; allí tuvo ésta su residencia y escribió sus visiones en cifras y en palabras, sobre hojas de palmera que recogió y escondió en la caverna, pero que el viento arrancó de allí y las dispersó desdichadamente. Antes que Virgilio se ocupó de esta sibila Nævio en su poema sobre la guerra púnica, y la llamó cimmeriana por que, según la tradición, la raza mítica de los cimmerianos había habitado cerca de Cumas aquede Cumas se apareció al rey Tarquino bajo la llas galerías subterráneas Decíase que la sibila forma de una vieja, y que le ofreció primero nueve, luego seis y por último tres volúmenes, siempre por el mismo precio. Dicho rey fundó el culto sibilino y estableció una comisión encargada de guardar é interpretar aquellos preciosos libros, los libros sibilinos, que nadie podía consultar sin una orden del Senado romano

Sibila eritrea - Algunos autores han creído ver en el presente un nombre propio, pero sólo es geográfico, pues en la ciudad de Eritres, en bila troyana. Pero el nombre de eritrea se dió Asia Menor, era donde tenía su residencia la siá las profetisas de otros puntos, reivindicando á Eritres como patria de las mismas De la sibila propiamente eritrea se contaron peregrinas fábulas que recogió Pausanias, y de las que resulta que figura, ora como mujer, ora como hermana de Apolo; que pasa parte de su vida en Samos, viene luego a Claros, después à Delos, luego á Delfos, donde pronuncia sus oráculos sobre una roca, y acaba sus días en la Troade, donde se conservaba su tumba, en el bosque consagrado á Apolo Esminteo. Fué designada con diversos nombres, entre ellos el de Herófila y el de Atenais, que llevaba en tiempo de Alejandro. Conservábase de ella un resumen de sus predicaciones, cuya redacción se tenía por de los tiempos homéricos; pero los fragmentos de ellas que se conservan no parecen anteriores al siglo VI, que es la época en que se instituyó el Manteyón ó templo-oráculo de la sibila de Eritres.

Sibila de Gergis. - Aparece representada en las monedas de esta ciudad de la Frigia, donde los naturales la suponían nacida y la adoraban como á diosa. También fué designada con el nombre de Sibila frigia.

Sibila de Tibur 6 Sibila tiburtina. - Honráronla los romanos casi al igual que á una diosa. Cerca del lugar en que tenía su antro se ven las ruinas de un templo pequeño que se pretende le estuvo consagrado.

Como puede apreciarse por los anteriores datos, los antiguos, si no miraban á las sibilas como diosas, las creían de una naturaleza intermedia entre los dioses y los hombres. La obediencia á los oráculos sibilinos fué constante. Cicerón, en su noveno discurso contra Verres, para demos. trar la enormidad del sacrilegio cometido por este pretor contra la Ceres de Enna, representa el carácter esencialmente venerable de la diosa y recuerda que fué designada al culto de los romanos por los libros sibilinos, cuando fueron consultados después de la muerte de Tiberio Graco, bajo el consulado de P Mucio y de L. Calpurnio, ante los temores públicos más graves.

La Historia menciona frecuentemente los oráculos sibilinos. Uno de ellos anunció, según Pausanias, que el poder adquirido por los macedo. nios bajo Filipo, hijo de Amintas, debía ser destruído por otro Filipo que vendría detrás. Otra sibila, llamada Atenais, atestiguó el origen divino de Alejandro. La credulidad prestada á las profecías sibilinas duró hasta los últimos días del paganismo y persistió entre los primeros cristianos.

II Toda la antigüedad cristiana, dice Martigny, admitió como un hecho indudable que en el seno del paganismo existieron, ya una, ya

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varias mujeres, á las cuales había confiado Dios, hasta cierto punto, el espíritu profético, para predisponer al menos a los paganos á recibir la luz divina. Los Padres de la Iglesia diferencian, sin embargo, á las sibilas de los verdaderos profetas; éstos profetizaron por inspiración divina con plena conciencia de los oráculos, cuyos órga nos eran ellos; aquéllas, como todos los profetas del mismo género, anunciando cosas verdaderas obedecían ciegamente y sin conocimiento de causa, según confiesan en sus libros, á la inspiración divina.

Los libros sibilinos. - La colección conocida de los libros sibilinos, formada en 138 por un cris tiano cuyo nombre se desconoce, compónese de antiguos oráculos que circulaban entre los paga nos, y «de nociones, dice Martigny, que habían llegado á ellos por las tradiciones, y sobre todo de pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. >> A pesar de la mezcolanza de reminiscencias de cosas ciertas y cosas absurdas que contenían tales libros los Padres de la Iglesia los tuvieron en grande estima, y aun del modo incompleto y con las alteraciones con que han llegado hasta nos. otros son útiles para la buena inteligencia de los autores eclesiásticos de los primeros siglos. Los versos sibilinos más antiguos son anteriores á Jesucristo en unos doscientos años; otros son posteriores y alcanzan hasta el siglo III. La parte más antigua de los oráculos sibilinos subsistentes parece datar del tiempo de Ptolemeo Filopátor: atribuíanse á la ninfa eritrea, y por mediación de los judíos de Alejandría llegaron á los antiguos Padres. En las Bibliotecas de éstos publicadas en Colonia, Lyón y París, así como en la de Golland, impresa en Venecia en 1765, se encuentran ocho de los libros sibilinos. De un manuscrito de la Biblioteca del Vaticano

sacó el cardenal Moi los libros XI, XII, XIII y XIV (Script. vet. nov collect., t. III). La edición que mejor puede recomendarse por la pureza del texto y por las muchas disertaciones y comentarios que contiene es la de Alexandre (París, Didot, 2 vol., 1841-53).

Los antiguos Padres dieron importancia á tales oráculos, porque con su testimonio oponían argumentos á los errores de los paganos. El abate Martigny hace una exposición de los principales por el siguiente orden:

San Pablo, en un discurso que no se sabe con qué fundamento le atribuye Clemente de Alejandría, exhorta á sus oyentes á que lean los oráculos sibilinos en la seguridad de que en ellos hallarían muchas cosas relativas à un Dios único y á todo lo futuro; pero aparte de esto, el primer escritor que debe ser mencionado es Hermos, á quien se tiene por discípulo de San Pablo, y el cual en su libro del Pastor hace mención de una sibila, que debe ser la de Cumas.

Si hemos de creer al autor de las Cuestiones de los ortodoxos, que generalmente van impresas á continuación de las obras de San Justino, San Clemente Papa, martirizado á fines del siglo I, invoca, en su epístola á los corintios, el testimonio de una sibila sobre el juicio futuro por el fuego.

Bajo Antonino Pío, á mediados del siglo 11, escribió San Justino que la sibila autora de ciertos libros pareciendo apoyar al cristianismo era la de Cumas, á la cual supone hija de Beroso, y entiende que dicha sibila cantó por movimiento divino ó por lo menos sobrenatural. «Resulta, además, dice Martigy, del texto de este Padre, que estaba convencido de que en estos libros, que consideraba como sibilinos, se hallaba condenada la superstición de los paganos, y que contenían los testimonios más brillantes sobre la vanidad de las falsas divinidades en favor de la unidad de Dios y también de la divinidad de Cristo. Todo esto pertenece al libro VIII, párrafo segundo, de los oráculos sibilinos, libro donde la venida del Salvador, así como los principales hechos de su vida mortal, son referidos de una manera tan clara que se creería leer allí una página del Evangelio.» Tal era la convicción de San Justino, que la expresa también en otros pasajes de sus obras.

También hablan de la sibila Taciano, discípulo de San Justino, que la cree posterior á Moisés y anterior á Homero, y de las sibilas Atenágoras.

Teófilo de Antioquía es quizá el que más ha insistido sobre el valor de los libros sibilinos, cuyo Premium íntegro, compuesto de 80 versos, ha conservado en su obra Autolycus. Cree á la

sibila verdadera profetisa, de acuerdo con los profetas hebreos, en las producciones referentes á lo pasado, lo presente y lo porvenir. Por su parte, Clemente de Alejandría, aunque esta opinión que él debió hacer suya se encuentra en el mencionado discurso de San Pablo, dice que los paganos tuvieron profetas elegidos de Dios, que predecían realmente las cosas por inspiración divina, y pone entre estos profetas á las sibilas y á Histaspo, opinión en que abunda San Justino, su maestro. También se apropia el parecer de Heráclito de que la sibila contaba cosas que le eran reveladas de arriba. Difiere en cambio de la opinión de otros en la atribución de ciertos versós á la sibila, que tiene por más antigua que Orfeo, y después de analizar varias opiniones se inclina á creer que no hubo una sola sibila, ni un corto número de ellas, sino muchas. Los enemigos de la fe cristiana, entre ellos Celso y Juliano, tachando de falsos todos los argumentos tomados de los libros sibilinos, llamaron á los cristianos sibilistas, y á tales invectivas contestó San Clemente no presentándoles más á la sibila como pagana, sino más bien como judía.

Los Padres griegos posteriores nada dicen de la sibila, excepto San Gregorio Nacianceno. Aunque desde principios del siglo III los escritores griegos, á excepción de San Clemente, abandonaron por completo el argumento de las sibilas en favor del cristianismo, el vulgo continuó durante mucho tiempo consultando esos oráculos, que en el siglo III habían aumentado mucho.

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desigual por encima; el escudo en forma de triángulo rectilíneo; élitros poco convexos, anchos, gradualmente estrechados, ligeramente dehiscentes y escotados, algunas veces truncados por detrás y provistos de un surco que se prolonga hasta su extremidad; patas muy largas, sobre todo las posteriores; tarsos posteriores muy largos, con el primer artejo tan grande como el tercero y cuarto reunidos; el último segmento del abdomen muy largo y redondeado en su extremidad; el cuerpo medianamente alargado, cuneiforme, casi glabro.

Este género es propio de Chile, y sus especies, en número de tres (Sybilla cœmenterii Thoms., S. integra y S. flavosignata Germ.), son de gran tamaño, de color negro brillante, con los élitros adornados de manchas ó de fajas de color rojo muy vivo, muy expuestas á desaparecer completamente, sobre todo en las hembras; la cabeza y el protórax son muy rugosos, y los élitros casi lisos á simple vista.

- SIBILA (MONTES DE LA): Geog. Montaña del Apenino central, Italia, en la prov. de Macerata y frontera de las de Ascoli Piceno y Perusa, limitada al N. por el curso del Tenna y al S. por el del Aso. En realidad es un grupo de tres montañas: la más septentrional, el monte Priore ó Rotondo, se eleva á 2113 m.; el Sibila á 2392, y el Vettore, que es el más meridional, á 2458. Son las cimas más elevadas del Apenino romano, y su nombre procede de la sibila apenina, que se dice habitaba una gruta en la llanura de la vertiente occidental del monte Vettore.

-SIBILA DE ANJOU: Biog. Reina de Jerusalén. V. GUIDO DE LUSINAN.

SIBILADOR (del lat. sibilare, silbar): m. Zool. Género de aves del orden de los pájaros, sección de los dentirrostros, familia de los luscínidos. El género Sibbilatrix fué establecido por Macgillibray é incluído por todos los ornitólogos en el grupo de los luscínidos, sección de los silbinos. Tienen estas aves el cuerpo esbelto; pico punti agudo, ancho en la base; tarsos altos; dedos largos; uñas endebles, comprimidas y poco encorvadas; alas cortas, redondeadas y subagudas, con la segunda y tercera remeras más largas; cola de regular extensión, ancha, cuneiforme, de timoneras agudas y anchas; las cobijas inferiores de la cola son muy largas; el plumaje compacto y con mezcla de manchas oblongas.

Los latinos tardaron más que los orientales en conocer los libros sibilinos, y por eso tardaron también más tiempo en concederles confianza. Los escritores de la Iglesia latina que les dan crédito son: Tertuliano, «que (copiamos de Martigy) siguiendo en esto la exageración habitual de su genio, llegó hasta atribuirles la prioridad á toda otra producción del espíritu;» Arnobio, que medio siglo después los cita con no menos elogio; el africano Commodiano, que se atiene á su testimonio; Lactancio, que llega á atribuir á esos oráculos una virtud casi divina, por lo que se ha pretendido que se colocaba con tales razones del lado de los paganos, lo cual no es cierto, puesto que, como San Justino, Teófilo de Alejandría y Tertuliano, ha creído á las sibilas órganos del demonio, que en ciertas ocasiones, y por voluntad de Dios, fuera de sí mismas y como poseídas de furia, pronunciaban oráculos verdaderos; Constantino, que en su famoso discurso Ad cælum sanctórum, compuesto probablemente por Eusebio, invoca la autoridad de los oráculos sibilinos en favor del cristianismo contra la obstinación de los idólatras; San Jerónimo, que se muestra favorable á ellos; San Ambrosio, ó quizás Hilario el Diácono, en el siglo v, que sin rechazar su testimonio las cree inspiradas por el demonio; y San Agustín, que «se declara abiertamente en su favor, aunque ya en su tiempo eran raros los ejemplares de los oráculos, especialmente en Africa, lo que no impide que sea el autor que ha dado explicación más clara del acróstico IXOTC, pez, reproducido por el autor anónimo de los nuevos libros sibili nos, que datan de los años 170 al 180 de Jesucristo, del cual acróstico sacaron los cristianos cinco versos aplicables al Salvador, y en la úni-5 ca inscripción en que se encuentra créese que se alude á los versos sibilinos. También hablan favorablemente de las sibilas, pero por referencia, San Próspero, San Isidoro de Sevilla y otros.

- SIBILA: Astron. Asteroide núm. 168, descubierto por el astrónomo norte-americano Watson en el Observatorio de Ann Arbor (Estados Unidos) el día 27 de septiembre de 1876. Aparece en el campo del anteojo como estrella de 12." magnitud; efectúa su revolución alrededor del Sol en seis años y cuarto, y el plano de su órbita tiene, respecto del de la ecliptica, una inclinación de 4° 34'. Su órbita fué calculada por Groe ben.

- SIBILA: Zool. Género de insectos del orden de los coleópteros, familia de los cerambícidos, tribu de los espondilinos. Los insectos de este género se reconocen por presentar los caracteres siguientes: cabeza un poco saliente, surcada hasta la base de la frente, ligeramente cóncava entre las antenas; frente transversal, oblicua; an tenas de la longitud del cuerpo, con los artejos casi iguales y ligeramente angulosos en su vértice interno; protórax transversal, provisto de tubérculos en sus bordes laterales, más o menos

La especie tipo de este género es el Sibbilatrix Rayi, que tiene el lomo de color gris aceituna. do, cubierto de manchas ovales de un pardo negro; la garganta blanca; el pecho de un amarillo rojo, sembrado de manchas redondas de un gris obscuro; el vientre blanco ó blanco-amarillento, con los costados de un tinte más intenso; las cobijas inferiores de la cola rojo-amarillentas y sus tallos de un pardo claro; las remeras negruzcas, orilladas de gris aceituna; las timoneras de un pardo verdoso obscuro con filetes claros y rayas transversales de color mas intenso; el ojo es gris pardo; el pico rojo; las patas de un rojizo claro; el vientre es amarillo en otoño, y el pecho amarillo también, pero sin manchas.

Esta ave mide de 13 á 15 centímetros de largo y de 20 á 22 de punta á punta de ala; la cola de á 6 y el ala plegada 14. Habita toda la Europa central, desde Suecia y Noruega y el centro de Asia. En invierno emigra al Sur de Europa, á las Indias y al Sur de Asia hasta China, hasta que termina la estación fría.

Principalmente vive en terreno llano, no encontrándose nunca en las montañas. En Alemania aparece hacia mediados de abril y se marcha á fines de septiembre. Los parajes que elige para anidar son muy extensos y variados. Se la ve en los pantanos, en las praderas donde crecen matorrales de sauces, en los campos y en los bosques. En unos sitios no se aleja del agua; en otros le gusta un terreno seco; lo que primero busca es donde ocultarse. Cuando viaja no escoge el terreno; se encuentra bien donde está cubierto de vegetación.

Con su cuerpo recogido y su plumaje manchado se la ve correr por el suelo con agilidad, atravesar las charcas poco profundas, coger insectos acuáticos para llevarlos á sus hijuelos y saltar por las hierbas; un momento después se aleja cantando, con el cuello tendido la garganta y dilatada.

Naumann dice de esta ave: «No es fácil encontrar otra más aficionada al movimiento; tiene

rre sin cesar por las espesuras más enmarañadas, pasando de un matorral á otro y ocultandose siempre en medio de las hierbas pantanosas. Es preciso que la sorprendan bruscamente para que se decida á salir de su retiro, y aun así no se aleja mucho y vuela siempre rasando el suelo. Es tan ligera y vivaz como tímida y astuta; por tierra anda con la misma gracia y ligereza que el pipí, y si se la persigue corre con la rapidez del ratón. En caso de amenazarle un peligro se desliza á través de las ranias y desaparece instantánea. mente; anda con el cuerpo horizontal y el cuello tendido, y á menudo corie hacia atrás agitando la cola. Si ve algo sospechoso se detiene, agita las alas, las levanta y baja alternativamente, y abre y cierra la cola. Cuando está tranquila ejecuta todos los movimientos del hortelano, y lo mismo hace en el vuelo; no va por lo general muy lejos, y traza en los aires una línea recta ligeramente ondulada. Su vuelo, aunque parece vacilante é irregular, es rápido; para posarse se precipita en una breña y antes de saltar al suelo se deja caer.

El canto del macho es un trino uniforme compuesto de sonidos sordos; se asemeja tanto al rumor que produje el grillo, que es difícil distinguirle. Este ruido, muy débil cuando se escucha de cerca, se percibe desde lejos. En una tarde serena, y teniendo buen oído, se le reconoce á más de mil pasos; por lo regular emite sa trino de una sola vez por espacio de uno ó dos minutos: se detiene algunos segundos y vuelve á comenzar, durando algunas horas. Rara vez se le oye de día cerca del sitio donde se halla su nido; no canta hasta después de ponerse el sol, con un ardor que va en aumento hasta la media noche; luego se calla, y una hora después principia de nuevo hasta el amanecer. Cuando ha puesto la hembra permanece mudo todo el día, no cantando sino á la media noche y apenas comienza á rayar el día. El ave, mientras que el nido no está terminado, se desliza á través de las ramas, y al concluir su canto suele hallarse á 50 ó 60 pasos del sitio donde le comenzó. Muchas veces, y á todas horas, traté de sorprender á esta ave; he pasado noches enteras en el bosque, y siempre me producía su canto una profuda impresion; varias horas después de haber abandonado mi observatorio creía reconocerle en el ruido que producía una rama al romperse ó en el del céfiro que acariciaba las hojas. >>

Wodzicki dice que el nido de esta ave se asemeja al de la Sylvia hortensis, sólo que tiene más altura y solidez y sus paredes no son tan transparentes. La cavidad central, poco profunda, está cubierta de raíces y crines, y el interior se compone de musgo; esta es la regla general, pues el aspecto y estructura varían mucho según las localidades. Cada pareja se arregla lo mejor que puede, atendida la naturaleza de los parajes que habita; unas veces está el nido en medio de los cañaverales y otras en una mata de hierbas ó entre las raíces de un sauce; también se le encuentra en una breña espinosa ó en tierra. Dondequiera que exista se halla siempre cuidadosamente oculto, por lo cual es muy difí cil encontrarle, tanto más cuanto que el ave tiene la previsión de llevar los materiales, no volando, sino andando, por cuyo medio evita las miradas. La hembra pone de tres á seis huevos cada vez, de color blanco mate ó rosa claro, sembrados de manchas rojas ó de un pardo obscuro, dispuestas generalmente en forma de corona en la punta más gruesa. Ambos los cubren alternativamente y se ocupan de la enseñanza de sus pequeños. Cuando es favorable la estación tienen dos crías al año, una en mayo y otra á fines de junio

Se pueden criar con facilidad estas aves y conservarlas en cautividad siempre que se las ponga una jaula bastante espaciosa donde puedan recrear al aficionado con su viveza y lo cómico de sus agradables movimientos.

SIBILANTE (del lat. sibilans, sibilantis, p. a. de sibilare, silbar): adj. poét. Que silba, ó suena á manera de silbo.

Y á voces de instrumentos SIBILANTES
Desatan el confuso barbarismo,
Con acentos de quiebras penetrantes,
Responden las cavernas del abismo.
MIGUEL DE SILVEIRA.

SIBILIA DE FORCIÁ: Diog. Reina de Aragón. M. en 1406 en Barcelona. Era hija de un cabaalgo del hortelano, del troglodita y del pipí; co-llero del Ampurdán. Casó en primeras nupcias

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