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El ácido sórbico que funciona como monodí namo y como monobásico con la suficiente enérgía para descomponer los carbonatos alcalinos y alcalinotérreos, responde á la fórmula empírica CHO, según la cual resulta homólogo de los ácidos estearólico, palmitólico, etc.; en cuanto á su contitución, debe considerársele, según Menschutkine, como un ácido terciario, según las constantes de eterificación que presenta, y en opinión de Lagermark y Elteroff corresponde al ácido isopropilacetilenocarbónico

(CH,),=CH-C=C-CO.,H,

obtenido haciendo reaccionar anhidrido carbónico sobre el isopropilacetileno sodado. Esta opinión parece confirmada por la existencia del ácido sórbido diclorado CH2=CCI

CH3-CCI

C-CO2H,

preparado por Demarçay haciendo actuar el percloruro de fósforo sobre el éter diacetilacético. Calentado el cuerpo de que se trata con hidrato bárico produce carbonato de este metal á la vez que un hidrocarburo líquido y aromático, y sometido á la acción del hidrógeno naciente desprendido por la amalgama de sodio en presencia del agua se transforma con suma facilidad en otro ácido de fórmula C6H10O2, denominado hidrosórbico, que es isómero con el ácido etilcrotónico y quizá idéntico al piroterébico, pues las débiles diferencias que entre ambos se observan pueden proceder del estado de pureza, variable en los dos cuerpos.

Si se trata el ácido sórbico por el percloruro de fósforo, ó el sorbato potásico por el tricloruro del mismo metaloide, se obtiene el cloruro de sorbilo CH-O.Cl, descomponible por el agua con regeneración del ácido primitivo y por el alcohol, en cuyo caso se produce el éter sórbico ó sorbato de etilo. V. SORBATO

Tiene el ácido sórbico, de igual manera que sus homólogos los estearólico y palmitólico, la propiedad de fijar directamente dos ó cuatro moléculas de bromo formando el dibromuro y el tetrabromuro del compuesto primitivo; el primero, de la fórmula CH,Br2O2, se prepara humedeciendo el ácido sórbico con 10 veces su peso de sulfuro de carbono, y añadiendo poco a poco, á la vez que se enfría la mezcla, una molécula de bromo; desalojado el sulfuro de carbono por destilación queda un líquido oleaginoso de color amarillo, que se transforma al enfriarse en papilla cristalina, la cual se comprime y se hace cristalizar por disolución en la bencina. Se presenta este cuerpo en pequeñas láminas brillantes, fusibles entre 94 y 95°, y que pierden su lustre desecándolas sobre ácido sulfúrico; es soluble en el alcohol, el éter, el sulfuro de carbono y la bencina hirviente; en cambio es poco soluble en el agua caliente y forma sales que se disuelven con mayor facilidad que las correspondientes al compuesto tetrabromurado.

El tetrabromuro de ácido sórbico, CH,Br40, se forma triturando debajo del agua el ácido sórbico con bromo, disolviendo la masa semilíquida que se produce en alcohol caliente, y abandonando la disolución alcohólica á la evaporación lenta hasta que se produzca una materia oleaginosa y espesa que, separada del agua madre, se solidifica al cabo de algunos días. En lugar de tratar el ácido sórbico por el bromo en presencia del agua, es preferible verificar la operación sustituyendo este disolvente neutro por el sulfuro de carbono, para lo cual se impregna el ácido pulverizado con 10 veces su peso de dicho sulfuro y se añade por pequeñas por ciones, y enfriando, la cantidad de bromo que la teoría indica (cuatro moléculas de metaloide para una de ácido); al cabo de veinticuatro horas la mayor parte del cuerpo buscado se ha depositado en cristales, y puede obtenerse mayor cantidad evaporando las aguas madres. Puificado por expresión seguida de muchas cristalizaciones en el alcohol, preséntase el tetrabromuro sórbico en grandes cristales transparentes y bien formados, que parecen derivarse del prisma oblicuo romboidal (sistema clinorrómbico); es ligeramente soluble en agua hirviendo, de cuya disolución se deposita en agujas delicadas; se funde entre 178 y 179°, y tratado por la amalgama de sodio en presencia del agua pierde bromo primero, regenerándose el ácido sórbico, y después este último fija dos átomos de hidrógeno para dar origen al ácido hidrosórbico.

El tetrabromuro sórbico posee, como el cuerpo de que se deriva, las propiedades de ácido monobásico, y en su virtud es susceptible de producir sales cristalizables que se descomponen, cuando se hierve su disolución acuosa, con formación de bromuro metálico y ácido bromhídrico; si en esta descomposición se neutraliza el ácido bromhídrico, á medida que se forma, por carbonato bárico, se comprueba la producción de vapores acroleicos muy irritantes, que se condensan en un líquido neutro aún no estudiado: de estas sales la más importante es la de sodio CH-Br4O2. Na+ 2H2O, que se obtiene saturando el carbonato de sosa por el ácido, y se presenta en hermosas laminillas de color blanco de plata solubles en el agua y en el alcohol, pero casi insolubles en la disolución concentrada de carbonato sódico.

El ácido sórbico se disuelve fácilmente en el ácido bromhídrico fumante, produciendo ácido dibromocaproico C6H10Br2O2, isómero del hidrosórbico, y que se presenta en cristales fusibles á 68°; los reductores transforman á este cuerpo en ácido caproico normal, y el agua ó el carbonato sódico á la temperatura de la ebullición en ácidos hidrosórbico y oxicaproico (Stahl, Landsberg y Engelhorn).

- SORBICO (ALDEHIDO): Quím. Cuerpo descubierto por Kékulé y derivado del ácido sórbico por pérdida de un átomo de oxígeno; se forma haciendo reaccionar á la temperatura de 100° próximamente una parte de aldehido crotónico sobre dos de aldehido acético en presencia de corta cantidad de cloruro de zinc. Así se ob

172°, y que, como todos los cuerpos dotados de tiene un líquido que hierve á la temperatura de la misma función química, además de ser un reductor enérgico produce por oxidación un ácido cristalizable cuyas propiedades corresponden á las asignadas al ácido sórbico; el análisis de este cuerpo y la determinación de su peso molecular conducen á representar su composición por la fórmula CHO, que comparada con la del ácido sórbico se diferencia de ella en que el carboxilo CO2H se ha transformado, por pérdida de oxígeno, en el grupo COH, característico de la función de aldehido.

SORBINA (de sorbo): f. Quím. Materia azucarada isómera de la glucosa encontrada por Pelouze en el zumo fermentado de las bayas del serbal, vegetal conocido en Botánica con el nombre de Sorbus aucuparia. El zumo reciente de dichos frutos no contiene esta substancia, según resulta de las investigaciones de Byschl y de Delff's, habiendo demostrado este último que las bayas citadas no contienen sorbina, la cual se forma durante la fermentación expensas del ácido málico, que desaparece por la metamorfosis; en fin, Boussingault y Müntz no han encontrado esta substancia en el zumo fresco ni en el fermentado del serbal de los pajareros, pues en éste es sustituída por la sorbita; estas divergencias no han sido explicadas hasta el presente de una manera satisfactoria, pareciendo lo más probable que la formación de la sorbina tenga lugar precisamente por la acción de cierto y determinado fermento, al par que otros son capaces en cambio de destruirla, por lo cual los líquidos estudiados por Pelouze y los últimos químicos citados podían no proceder de fermentaciones idénticas, y por lo tanto contener los mismos productos.

El procedimiento por el cual obtuvo Pelouze el cuerpo de que se trata consiste en abandonar á sí mismo el zumo de las bayas del serbal durante trece ó catorce meses, en cuyo período se producen en diferentes épocas depósitos y vege taciones formados por microorganismos de distintas especies, y luego se aclara espontánea. mente; evaporado este líquido á calor suave hasta consistencia de jarabe espeso, se depositan cristales de color pardo obscuro fácilmente descolorables mediante dos tratamientos con carbón animal; las aguas madres concentradas producen nuevos cristales que se purifican de igual manera que los anteriores. La única incertidumbre que existe en este procedimiento es la referente á la fermentación que debe experimentar el zu. mo, siendo muy posible que en condiciones locales distintas los resultados sean variables, pues el sabio químico francés no determinó la naturaleza del fermento que origina la sorbina, lo cual es tanto menos de extrañar cuanto que en la época en que se realizaron estos estudios la

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ala m =164° 20'; a1p=108° 10′.

La sorbina se disuelve en la mitad de su peso de agua próximamente, formando jarabes algo más densos que los de sacarosa ó azúcar de caña, y el alcohol hirviendo sólo disuelve una corta cantidad. Por la acción del calor se funde sin perder nada de su peso, pero á una temperatura más elevada que la necesaria para que cambie de estado se transforma en una materia de color rojo obscuro que no es otra cosa que el ácido sorbínico; proyectada sobre las ascuas despide, como el azúcar ordinario, fuerte olor á caramelo.

Representada la composición de esta substancia por la fórmula CH12O6 es isómera con la glucosa, de la que se diferencia por no ser fermentescible ni aun después de someterla á la acción del ácido sulfúrico diluído; como todas las materias azucaradas, reduce á la temperatura de la ebullición las disoluciones de los tartratos

cuproalcalinos (líquidos de Fehling, Barreswill, Vogel, etc.); desvía el plano de polarización de la luz con un poder rotatorio hacia la izquierda de 35°,97 para los rayos rojos del espectro solar, y es vivamente atacada por el ácido nítrico, que la transforma en ácido oxálico. Sometida en disolución acuosa á la acción oxidante de una corriente de cloro, produce como la levulosa, ácido glicólico, según la ecuación

C6H12O6+ 3H2O+3Cl2 = 3C2H ̧¤ ̧+6HC1
Sorbina
Ac. glicolico

(Hlasiwetz y Habermann). Con los álcalis cáusticos se colora fuertemente de amarillo despidiendo olor á caramelo, siendo esta reacción tan sumamente sensible que basta añadir al agua 1/2000 de sorbina para que el color se manifieste, en presencia de la potasa, de una manera muy visible: disuelve una cantidad bastante considerable de cal ó de barita, formando líquidos que calentados se ponen amarillos, y de igual color es el que resulta de disolver en caliente en este azúcar el óxido de plomo. El hidrato cúprico también es disuelto con color azul intenso por la disolución acuosa de sorbina, pero si se abandona la mezcla por algún tiempo es reducido lentamente, precipitándose el óxido cuproso de color rojo; por último, se combina con la sal marina para formar un cuerpo cuyos cristales pare. cen pertenecer al sistema cúbico.

SORBÍN DE SAINTE-FOI (ARNALDO): Biog. Teólogo francés. N. en Montech-en Quercy en 1532. M. en Nevers en 1606. Hizo sus estudios en Tolosa, abrazó la carrera eclesiástica, y fué nombrado canónigo magistral de los cabildos de los arzobispados de Auch y de Tolosa. Su repu tación como predicador hizo que le llamara á París Catalina de Médicis, quien le nombró predicador del rey. Adversario declarado de la Reforma, se ha dicho que Sorbín debe ser considerado como uno de los autores de los asesinatos de la noche de San Bartolomé. Enrique III le conservó su título de predicador del rey y le confió el obispado de Nevers. Sus obras más importantes son: Descripción del verdadero manantial de riqueza; Advertencia apologética al pueblo francés, etc.

SORBÍNICO (ACIDO) (de sorbina): adj. Quím. Cuerpo de composición mal definida, descubier to por Pelouze, y que se produce cuando se somete la sorbina a la acción del calor. Para prepararle se mantiene esta materia azucarada durante algún tiempo á temperaturas comprendi das entre 150 y 180°, con lo que se transforma en una substancia de color rojo obscuro, despren

diendo al mismo tiempo vapor acuoso de reac ción ligeramente ácida; el residuo rojo se disuelve en potasa caustica ó en amoníaco, filtrando el líquido y sobresaturándole por ácido clorhídrico diluído, lo que determina la formación de un precipitado coposo de color rojo obscuro, el cual, lavado con agua, se deseca entre 120 y 150°.

represen

El ácido sorbínico es un cuerpo amorfo de color rojo tan obscuro que parece negro, insoluble en el agua, en el alcohol y en los ácidos débiles, pero fácilmente soluble en los álcalis y en el amoníaco, con los que forma líquidos de tinte sepia bastante intenso. Analizado este cuerpo ha resultado contener, en 100 partes, 57,96 de carbono, 5,51 de hidrógeno y 36,53 de oxígeno, números que, según Pelouze, conducen á tar su composición por la fórmula C3H6O15 El cuerpo en cuestión se combina con las bases formando sorbinatos, de los que son solubles tan sólo los alcalinos; las disoluciones de éstos forman precipitados voluminosos de color amarillo rojizo con las sales de cálcio, bario, aluminio, hierro, estaño, oro y platino; con el sulfato de cobre el precipitado es verde amarillento, y soluble en el amoníaco con coloración verde muy intensa.

SORBITA (de sorbo): f. Quím. Materia azucarada isómera con la manita y la dulcita, y descubierta por Boussingault en las bayas del serbal, pudiendo extraerse también del zumo procedente de éstas, al que se ha dejado experimentar la fermentación. Para prepararla se prensan dichas bayas y se abandona el zumo hasta que sufra la fermentación alcohólica, en cuyo caso se filtra, se precipita por el acetato básico de plomo y se elimina el exceso de este último me. tal, haciendo atravesar por el líquido filtrado corriente de hidrógeno sulfurado y separando el precipitado de sulfuro de plomo por una nueva filtración; la disolución resultante, evaporada hasta consistencia de jarabe espeso, se abandona en un frasco tapado durante muchos meses, al cabo de los cuales cristaliza en parte, convirtiéndose en una materia viscosa en la que existen infinidad de pequeños cristales circulares; esta materia, fuertemente prensada, lavada con alcohol frío y vuelta á prensar por segunda vez, se disuelve en caliente en alcohol absoluto, que abandona la sorbita durante el enfriamiento.

Así obtenida, preséntase esta substancia en mamelones cristalinos blancos ó en penachos sedosos que contienen media molécula de agua de cristalización; calentada á 65° comienza á fundirse, alcanzando la fluidez completa á 102°, temperatura á la que se deshidrata quedando anhidra, en cuyo caso no se funde más que entre 110 y 111. Soluble en el agua, forma con ella un líquido siruposo que no cristaliza sino al cabo de largo tiempo. La sorbita carece de acción sobre la luz polarizada, no reduce los tartratos cuproalcalinos, y se disuelve en caliente en ácido sulfúrico sin carbonizarse, aunque transformándose en un ácido conjugado cuya sal bárica es soluble; tratada por el ácido nítrico no produce ácido mucico, y su composición se representa por la fórmula CeH406

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redondeados, con la uña muy corta; dos ó cinco estilos que corresponden á un ovario de otras tantas celdas biovuladas; frutos pequeños, numerosos, coronados por las lacinias carnosas ó membranosas del cáliz, las cuales rara vez fal

tan.

Sorbus Chamamespilus Crntz. - Arbusto pequeño ramificado, con el tallo tendido ó ascendente, de medio à un centímetro, las yemas lampiñas, las hojas elípticas ó aovadas, de base redondeada ó cuneiforme y entera, con el resto del margen dentado ó aserrado, tomentosas cuando jóvenes por el envés, y las adultas lampiñas, algo coriáceas, brillantes por el haz, de 3 à 6 centímetros de longitud por 2 á 3 de anchura, casi sentadas; flores en corimbos pequeños, con los pedúnculos y cálices blanquecinotomentosos; pétalos oblongos casi conniventes; dos estilos vellosos en su base; frutos oblongos, de 8 á 10 milímetros, rojos ó rojizo-anaranjados. Florece en verano y madura sus frutos en otoño, existiendo en las regiones alpina y subalpina de las mon. tañas europeas, entre ellas en los Pirineos, Alpes, Jura, Vosgos y Apeninos.

SORBÓN (ROBERTO DE): Biog. Sabio francés, fundador de la Sorbona. N en Sorbón, cerca de Rethel, á 9 de octubre de 1201. M. en París á 15 de agosto de 1274. Obtuvo grandes triunfos por sus predicaciones y fué capellán de San Luis, pero algunos niegan que más tarde llegara á ser su confesor. Siendo canónigo honorario de Cambray, en 1251, trató de fundar una sociedad de eclesiásticos seglares que, viviendo en común y teniendo todas las cosas necesarias para la vida, se dedicasen solamente al estudio y á la enseñanza gratuita. A realizar este pensamiento dirigió todos sus esfuerzos, y la sociedad se fundó de 1252 á 1254, quedando legalmente constituída por cartas patentes del rey (1255), confirmadas por breves del Papa Alejandro IV (1259), Su primer título fué Congregación de los pobres maestros de la Sorbona. Como canónigo de París, en 1258, Sorbón fué provisor de la congrega ción. Por su testamento de 1270 legó á la Sorbona todos sus bienes, que eran muchos. De él quedan algunos pequeños tratados, á saber: De Conscientia, De Confessione, Iter Paradisi, que son tres obras insertas en la Biblioteca de los Padres; Sermones, Estatutos de la casa de la Sorbona, etc. Su mayor gloria fué la fundación de dicha casa, semillero de donde han salido los varones más doctos de Francia. V. SORBONA.

SORBONA: Hist. Escuela famosa de Teología, fundada en París durante el reinado de San Luis (V. SORBÓN (ROBERTO DE), y que dió su nombre á la facultad de dicha ciencia. Tenía habitaciones para 37 doctores, llamados de la sociedad de la Sorbona, para distinguirlos de aquellos que, sin habitar en la escuela, llevaban el título de doctores de aquel colegio, aludiendo á la circunstancia de haber tomado los grados requeridos en la Sorbona. Roberto Sorbón dió á la Sorbona sus estatutos, redactados después de dieciocho años de experiencia, y que no sufrieron el menor cambio hasta la supresión del establecimiento en 1790. El fin principal de la Sorbona era mantener en alto grado la importancia de los estudios teológicos. Desde 1252 á 1751 se fundaron sucesivamente cursos públicos, en número de siete. La congregación estuvo dirigida por un provisor, que tenía á sus órdenes un prior, encargado de la policía; cuatro doctores, elegidos entre los de más edad, para velar por la conservación del reglamento; y procuradores, que cuidaban de la administración de los bienes. Los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor sólo se concedían des

- SORBO: Porción de líquido que se puede to- pués de una preparación muy larga y de pruebas mar de una vez en la boca.

El doctor Eulemberg... emplea la tintura de iodo muy dilatada, prescribiendo durante el día tres gotas en un SORBO de agua. MONLAU.

SORBO: M. SERBO.

- SORBO: Bot. Género de plantas (Sorbus) perteneciente á la familia de la Rosáceas, tribu de las pomeas, cuyas especies habitan en las regiones montañosas de Europa y Asia, varias de ellas en el Himalaya y dos o tres en la América del Norte, y son árboles ó arbustos desprovistos de espinas, con las hojas sencillas ó compuestas y las flores dispuestas en corimbos largamente pedunculados; tubo calicinal urceolado; cinco pétalos patentes, rara vez erguidos, casi siempre

muy rigurosas. Así salieron de aquella institución innumerables hombres de saber profundo y mérito eminente. A la Sorbona perteneció la gloria de haber instalado los primeros talleres de la Imprenta en París. Incurrió en graves errores políticos durante las revueltas civiles del reinado de Carlos VI y también en los tiempos de la Liga; las intrigas y las cábalas la agitaron en las cuestiones de los jansenistas; pero fué el baluarte de la fe católica, luchó contra la Reforma, tuvo una reputación europea y mereció ser llamada el Concilio subsistente de las Galias. En 1808 el antiguo Colegio de la Sorbona fué donado á la Universidad, y en 1821 se le unieron las Facultades de Teología, de Letras y de Ciencias, donde se dieron cursos gratuitos, y fué declarada cabeza de la Academia universitaria de Paris.

Para más detalles, véase el articulo PARÍS (tomo XIV, pág. 932).

SORBY (ENRIQUE CLIFTON): Biog. Geólogo inglés. N. Sheffield en 1826. Hijo de un fabricante de cuchillos, y poseedor de una fortuna independiente, se dedicó al estudio de las Ciencias, de la Geología y Geografía física especialmente. Ha escrito gran número de Memorias sobre la estructura de las piedras, examinadas por medio de los procedimientos combinados de la Mineralogía, de la Química y de la Física, y solidades de Inglaterra. Estos trabajos se han pu bre la Geografía física primitiva de varias loca

blicado en las Transacciones de la Asociación lógica, Química y Microscópica de Londres, y en Británica, en los órganos de las Sociedades Geootros periódicos y revistas. La Sociedad Literaria y Filosófica de Sheffield, de la que era hace pocos años vicepresidente, le confió una cátedra en 1852, y desde 1857 fué Sorby individuo de la Sociedad Real de Londres.

SORCE (del lat. sõrex, soricis): m. ant. Ratón pequeño.

SORCIA (de Short, n. pr.): f. Bot. Género de plantas (Shortia) perteneciente á la familia de las Piroláceas, cuyas especies habitan en el Norte de América, y son plantas herbáceas, cespitosas, casi acaules, lampiñas, perennes, con las hojas largamente pecioladas, redondeadas ó casi acorazonadas, festoneado-aserradas, con las aserraduras cortamente mucronadas; escapos unifloros, desnudos, provistos en el ápice de bracteitas escuamiformes; cáliz de cinco sépalos empizarrados, escuamíferos, estriados, persistentes, los exteriores aovados y los interiores oblongos; corola de cinco pétalos hipoginos y aproximados formando un conjunto acampanado; 10 estambres hipoginos, erguidos ó ascendentes, con los filamentos aplanados, angostados en el ápice, y las anteras biloculares, fijas por el dorso, extrorsas, vueltas hacia dentro y dehiscentes por poros; el fruto es una cápsula más corta que el cáliz, casi globosa, con el estilo filiforme, persistente y terminal, trilocular, y que se abre con dehiscencia loculicida en tres valvas que llevan en sus líneas medias adheridos los tabiques, dejando en la parte central un gran trofospermo persistente; semillas numerosas pequeñas, con el embrión cilíndrico, casi recto y más corto que el albumien.

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Mientras esto pasaba en 1610, se preparaban SORDAMENTE nuevos embarazos para detener el efecto de la real cédula del año anterior. JOVELLANOS.

SORDÁN: Geog. Aldea de la ayuda de parroquia de Santa Rosa, ayunt. de Mieres, p. j. de Lena, prov. de Oviedo; 69 habits.

SORDARIA: f. Bot. Género de plantas perteneciente al tipo de las talofitas, clase de los hongos, orden de los ascomicetos, familia de los Esferiáceos, cuyas especies habitan sobre las materias orgánicas en descomposición, y se caracterizan por tener las peritecas en forma de cono truncado, coriáceomembranoso, ligeramente tomentolas esporas sencillas, sin cubierta gelatinosa y so al principio; las tecas cilíndricas ó mazudas y con la superficie provista de apéndices; la especie común se encuentra sobre los excrementos del ganado vacuno y de las liebres, y se caracteriza por tener los apéndices de la superficie de las escolor negro sucio y que se abren por medio de poras puntiagudos, las peritecas apretadas, de un poro, y dentro de éstas las tecas mezcladas con parafisos vejigosos. Aparece en otoño.

SORDAVALA: Geog. V. SERDObol.

SORDAVALITA (de Sordavala, n. pr.): f. Min. Silicato hidratado de alúmina, magnesia y hierro, conteniendo ácido fosfórico combinado; algunos la consideran como una verdadera asociación

química procedente de haberse combinado, en variables y mal conocidas proporciones, el doble silicato alumínico magnésico hidratado con el fosfato de hierro; de todas suertes trátase de un silicato bastante complejo en cuanto a su estructura molecular, el cual puede ser mirado como producto de alteraciones de otras substancias, en las que entra el ácido silícico como principal factor, cuyos cuerpos, al disgregarse mediante las más variadas influencias, llegan á formar especies mineralógicas tan perfectamente determinada como la que nos ocupa, asociándose siempre por vía química con otros compuestos, tales como fosfatos metálicos, y es el caso presente, aluminatos, boratos, cloruros, fluoruros, sulfatos y varias otras sales, constituyendo agregados particulares, muchos de ellos de escasa importancia y de curiosas aplicaciones, dentro del grupo de los silicatos y en general de aquellos minerales, de aspecto vítreo, clasificados por elementos cons. titutivos de rocas, ya que por lo menos gran número de ellos en las rocas se encuentran y determinan siempre. En tal sentido la sordavalita no puede ser tenida propiamente como mineral de roca en sentido estricto, y mejor, siguiendo á Pisani, ha de mirarse á modo de producto secundario, en cuanto está probado su origen y formación ó procedencia, modificándose de manera profunda y alterándose otros minerales silicatados de rocas bien determinadas.

Quizá una prueba, nada despreciable en verdad, de esta procedencia, hállase en el hecho de que la sordavalita jamás se encuentra en la naturaleza afectando formas geométricas; y no sólo no cristaliza en sistema alguno determinado, sino que ni siquiera afecta rudimentaria estructura cristalina, de donde infieren su cualidad de producto de transición, considerándola acaso como intermediario entre especies conocidas ó á manera de especie tránsito, representando una metamorfosis no acabada y un trabajo de formación sólo comenzado desde el punto de vista de la cristalización natural, y vienen en apoyo de ellos también otras consideraciones referentes á la composición química del mineral cuyo estudio y descripción nos ocupan; no es propiamente un sílicofosfato, á ejemplo de la enlitina, antes parece, atendiendo á los mejores análisis y más exactas determinaciones, que se trata, mirando que la cantidad de ácido fosfórico nunca llega á ser de 3 por 100, de una ingerencia de este cuerpo, si así vale decir, en la molécula de un triple silicato de alúmina, hierro y magnesia con bastante agua, y en tal argumento fúndase la consideración de la sorda valita en la categoría de los minerales de alteraciones generales, procedentes de fenómenos metamórficos de elementos de rocas, y resultado de disgregaciones moleculares, acaso los primeros términos para constituirse nuevas especies, dotadas de caracteres bien definidos y precisos y determinables atendiendo á ellos y la forma cristalina, aquí ni siquiera in

á

cipiente.

Hállase la sorda valita constituyendo masas amorfas, dispuestas formando hojas de muy poco espesor, siendo su estructura bastante compacta y uniforme, con la fractura concoidea bien marcada en todos los ejemplares; posee el mineral cuya descripción es objeto del presente artículo brillo resinoso marcado, el cual en ocasiones es muy semejante al peculiar del azabache, sobre todo en fractura reciente; su color es negro muy semejante al de la pez, sólo que a veces se aclara, y algunos ejemplares se tienen recogidos cuyo tono es pardo negruzco, siempre bastante obscuro y acentuado, y por excepción cítanse unos pocos cuyo color, à la continua dentro del pardo y el negro, presenta curiosos matices verdosos bien perceptibles y acentuados; en todos los casos es mineral opaco, y aun en láminas delgadas pocas veces llega á poder ser calificado de translúcido; su dureza, no muy considerable, corresponde al número 5,2 de la escala de Mohs, siendo el polvo obtenido mediante la raya de color pardo, pero con tonos mucho más claros que los notados en la masa del mineral; el peso especifico hállase comprendido entre los números 2,53 á 2,56, conforme à las determinaciones más precisas y comprobadas; á causa, sin duda alguna, del hierro que contiene, califícase la sordavalita entre los minerales magnéticos, aun cuando nunca son muy intensas sus acciones sobre la aguja inianada, observándose singulares variaciones en esta propiedad, dependientes de las cantida des de hierro en ella contenidas; porque aun te

niendo presentes muchos análisis del cuerpo que describimos, no es posible asignarle composición fija y determinada, en su calidad de producto de alteraciones, no definidas claramente á la hora presente; pero no es dable precisar cuáles son los minerales originarios á cuya transformación es debido este silicato hidratado de alúmina, magnesia y hierro, al cual se asocia el ácido fosfórico, ni por cuáles mecanismos pudo haberse producido una especie mineralógica tan interesante desde el punto de vista de la ciencia pura. El famoso sabio sueco Nordenskiöld, al cual son debidos los mejores estudios modernos acerca de la sordavalita, y el cual ha practicado el análisis de variados ejemplares, asigna la siguiente composición centesimal, tomando el promedio de los números hallados en muchas determinaciones: ácido silícico 49,40, sesquióxido de aluminio 13,80, óxido ferroso 18,17, óxido de magnesio 10,67, ácido fosfórico 2,68 y agua 4,38, sin que quepa representar semejante composición en una fórmula o símbolo dotado de cierto carácter de fijeza; esto no obstante, atendiendo á las cantidades relativas de cada uno de los componentes, parece que debe excluirse la idea de una asociación del doble silicato hidratado alumínico magnésico con el fosfato de hierro, definiendo la especie, conforme se hace al comienzo de este artículo, como un triple silicato hidratado alumínico, ferrosomagnésico, asociado al ácido fosfórico.

Cuanto á los caracteres químicos, en cuya virtud es reconocible la sordavalita, pudiendo manifestarse la presencia de los elementos metálicos en ella contenidos, importa decir cómo, apelando á la vía seca y calentando el mineral en el tubo empleado para este linaje de ensayos, pierde agua, la cual aparece condensada en la parte fría de dicho tubo; empleando el soplete y sosteniendo vivo su fuego algún tiempo, se funde el mineral que describimos y produce un glóbulo metálico de color negro intenso, en el cual, después de frío, pueden apreciarse, aunque muy débiles, cualidades magnéticas debidas al hierro conteni do en su molécula. Ensayando la vía húmeda resulta ser cuerpo poco atacable por los ácidos minerales enérgicos, así sólo el clorhídrico muy concentrado y caliente lo disuelve en parte, dejando un residuo formado por gelatina de ácido silícico, pudiendo ser determinados en el líquido el aluminio, el magnesio y el hierro, apelando á los reactivos particulares de cada uno de estos cuerpos, cuya presencia manifiestan sin la menor dificultad operando en la forma ordinaria, sobre todo si se concentran los líquidos, evaporándolos con cuidado.

Para completar la historia de la sordavalita añadiremos que el Sr. Naranjo dice en su obra de Mineralogía haberla encontrado en España y en las cercanías de Granada por el año de 1834; de ordinario sólo yace en rocas trápicas, y las localidades mejor indicadas son Bodenmais en Baviera y Sordawala en Finlandia, de cuyo lugar toma el mineral su nombre; hubo un tiempo en que se consideró variedad de la pinita ó micarela, colocándose por lo tanto al lado del jade. Aunque al principio se dijo que la sordavalita preséntase en masas dispuestas á modo de hojas, conviene añadir que el mineral de Baviera hállase formando riñones no muy grandes, y tiene por constante asociado la pirrotina en su variedad niquelífera, lo cual parece indicar cierto parentesco más o menos lejano con la pirita magnética. Bien escasas son, no obstante, las analogías, y no puede indicarse nada en cuanto á procedencias; sólo ha de tenerse en cuenta la rareza de formas cristalinas en la pirrotina y su facilidad para cierto linaje de metamorfosis, así como su condición de afectar la figura de otros minerales moldeándose en ella muy frecuentemente, y pudiera pensarse que alguno de los elementos de la sordavalita, el hierro siempre presente y en todos los ejemplares, proviene acaso de un mineral sulfurado, al término de toda una serie de modificaciones químicas, llevadas á cabo, según parece, con extremada lentitud. Tanto esta idea, como las anteriormente apuntadas á propósito del génesis de esta asociación del silicato hidratado de alúmina, magnesia y hierro en el ácido fosfórico, sólo se exponen á título de conjetura, y para demostrar de qué suerte, en su continuo mudar, de unas especies mineralógicas van formándose otras, que á su vez serán base para constituirse las más recientes y modernas.

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«Ensordecerse han las hijas del canto; esto es, las orejas, que son por donde entra la mú sica, que en los viejos siempre crece la SORDE RA; etc. MALÓN DE CHAIDE.

-SORDERA: Patol. y Med. legal. En su sentido estricto, la palabra sordera únicamente deberá comprender los grados de deficiencia del oído que empiezan por no oir la voz y terminan con la cofosis completa (stone-deaf, sordera de cañón). Entre esos límites, existe gran número de enfermos del oído que se hallan imposibilita dos en absoluto para relacionarse con la sociedad, pero que son capaces aún de percibir una cantidad mayor ó menor de sonidos y ruidos. Así, hay sordos á quienes, hablándoles directamente la oreja, oyen que se les habla, pero no comprenden lo que se les dice, y que sin em. bargo perciben bastante bien una pieza de música. En los grados más intensos de sordera sólo se aprecian algunos sonidos y ruidos aislados, hasta que, por último, en la sordera absoluta, relativamente rara, falta toda reacción acústica para los sonidos.

La sordera puede ser congénita ó adquirida. La primera lleva siempre consigo la sordomudez (V. SORDOMUDEZ). Lo mismo sucede con la sordera adquirida cuando se presenta en la pri mera infancia, antes de que el individuo apren da á hablar ó pocos años después. En este último caso el niño olvida hablar, porque no tiene aún seguridad suficiente para ello. Por lo general se admite que la época en que esta influencia de la sordera adquirida se marca sobre el lenguaje corresponde como último límite á los siete, y respectivamente á los ocho años; pero también se observa en casos excepcionales á los nueve y aun á los diez años, sobre todo en los niños que aprenden á hablar muy tarde.

También en los adultos se marca esa influencia de la sordera. No pierden la facultad de hablar, porque en ellos, por la práctica, se ha estable cido ya, tanto psíquica como físicamente, al hablar, al escribir y al leer; pero dada la falta de comprobación por el oído, pierden más o menos el timbre de su voz. El lenguaje resulta entonces algo mecánico, y se aproxima en los casos extremos á la voz artificial que aprenden los sordomudos. Esta alteración del lenguaje llama mucho la atención en los individuos que son atacados de sordera en un período prematuro de su vida ó repentinamente. Pero si se desarrolla en época ulterior ó de un modo muy gradual, sólo con gran atención puede percibirse cierta monotonía en su lenguaje.

No cabe duda alguna que la sordera completa únicamente puede tener su asiento por detrás de la caja del tambor, esto es, en el laberinto, en los nervios acústicos ó en el cerebro. No es tan segura la etiología de la sordera para la voz; según la experiencia, parece cierto, por lo menos, que un padecimiento periférico del oído por sí solo no puede ocasionar una sordera de este grado. Por lo tanto, si en uno de esos casos se encuentra una afección del oído externo ó del oído medio, indudablemente existe otra en el aparato nervioso del oído, puesto que la experiencia enseña que, aun en las afecciones más graves del aparato conductor de los sonidos (oclusión cartilaginosa congénita de ambos of dos, destrucción completa de la membrana del tambor con el martillo y el yunque, adherencia sólida de los huesecillos del oído), no trae consi.

go por precisión una sordera completa para la

Voz.

El diagnóstico de la sordera absoluta no ofrece dificultades especiales, pero no sucede lo mismo con la sordera para la voz. Es preciso tener en cuenta que sólo haciendo que el enfermo repita las palabras pronunciadas puede tenerse una prueba de que percibe la voz. Otros medios auxiliares acústicos tienen valor diagnóstico especial, pero nunca pueden sustituir á la voz.

Al reconocer el oído desde este punto de vista es preciso tener en cuenta algunos puntos importantes, cuyo desconocimiento puede traer consigo muchos errores. Ante todo debe cuidarse de que el enfermo no vea la boca del que habla. Conocida es la maestría con que muchos sordos, y especialmente sordomudos, llegan á leer las palabras de la boca, y muchas curaciones aparentes de la sordera son debidas á este hecho. Si el enfermo no puede repetir lo que se le ha dicho, quizás se debe á una alteración en la palabra, sin que exista afección profunda del órgano auditivo. Bajo este concepto figura en primer término la tartamudez, bastante generalizada, tanto en los niños como en los adultos. Sus grados intensos pueden ser causa de error en estos reconocimientos, pues puede ocurrir que el enfermo, para no tartamudear, se calle voluntariamente, circunstancia que, sin embargo, se descubre muy pronto con alguna atención. En los adultos puede también presentarse una complicacion con afasia atásica, siendo difícil distinguir en un caso dado la parte que debe atribuirse á la alteración auditiva y la que corresponde á la alteración del lenguaje.

Prescindiendo de estos casos excepcionales, hay, sin embargo, una circunstancia que muchas veces puede ofrecer grandes dificultades para el reconocimiento de los niños pequeños. En efecto, puede suceder que un niño que oye y habla perfectamente se asuste de tal modo al reconocerle que no llegue á hablar. Si se trata de un solo reconocimiento debe considerarse este caso como dudoso, porque los datos de los padres de que el niño habla en su casa deben siempre admitirse con reserva. Para evitar la confusión con la sordomudez, hay que tener en cuenta que los niños sordomudos se hallan caracterizados generalmente por su mirada viva é inteligente, lanzando gritos durante el reconocimiento; sin embargo, también se observa entre ellos niños menos vivos y más tranquilos, de modo que el diag. nóstico diferencial sólo puede hacerse con seguridad examinando repetidas veces á estos enfer

mos.

El tratamiento de la sordera variará según la enfermedad que sea causa de ella. Cuando ni por el tratamiento local ni por el general puede conseguirse un alivio en la dismi nución de la facultad auditiva, se emplean varios instrumentos que tienen por objeto reforzar los sonidos que llegan al conducto auditivo, ó conducirlos mejor á él. A pesar de los muchos aparatos construídos con ese destino, apenas hay uno que pueda considerarse como perfecto y que pueda ser al órgano auditivo tan útil como, por ejemplo, las lentes al ojo. La causa de esta diferencia consiste, como indica Rau, en que el pri mer objeto, esto es, el de facilitar la llegada de las ondas sonoras, concentrarlas y reforzarlas para que actúen sobre la membrana del tambor, se consigue de un modo bastante completo con muchos aparatos, pero con ninguno de ellos se llena el segundo objeto, cual es el de dar la mayor claridad posible á las impresiones acústicas.

Del gran número de instrumentos, de diversas formas y materiales, sólo se citarán aquí los más utilizables en la práctica. La forma más sencilla es el otáfono de Webster, de Londres, que debe su origen á la observación de que los sordos muchas veces doblan con la mano hacia adelante la oreja para aumentar de ese modo la superficie destinada á recibir las ondas sonoras. La utilidad de esta manipulación es á veces muy notable. Webster trata de sustituirla por el uso de su otáfono: consiste en una pinza de plata que se adapta á la parte posterior de la oreja, y que tiene por objeto separar á ésta de la cabeza, dirigiéndola hacia adelante. Muy poco se usan las placas auditivas que, fijas por detrás de la oreja ó sobre ella, sirven para reunir las ondas sonoras y dirigirlas al conducto auditivo.

Los más usados son los tubos acústicos, que consisten en un tubo estrecho que se introduce

en el conducto auditivo ó se aplica directamente á la oreja, terminando por un extremo más ancho, al cual aplica su boca el que habla. Estos tubos son de formas muy diversas (cáliz, trompeta etc.), y distintos materiales (madera, marfil, caucho, etc.), pero sin que pueda recomendarse como aplicable á todos los casos ninguno de estos instrumentos. Los menos utilizables son los de metal, porque la gran resonancia que producen y el ruido de oídos intenso que la acompaña son muy desagradables para la mayoría de los sordos. En muchos casos presta muchos servicios el tubo recomendado por Troeltsch, que es un tubo de 2 à 3 pies de largo, de piel, sostenido con alambres y con dos apéndices de cuerno; uno de estos apéndices, de la misma amplitud próximamente que el conducto auditivo, se introduce en éste ó se mantiene por delante de él, y el otro extremo, más ancho, sirve para que el sujeto que habla aplique á él su labio inferior, hablando con voz clara, pero sin esfor

zarse.

El deseo de la mayoría de los sordos de tener un tubo acústico que mejore su audición, pero que al mismo tiempo no sea percibido por los sujetos que les rodean, ha dado lugar á la construcción aparatos que llenan esta última necesidad, pero que no satisfacen la primera tan bien como los demás instrumentos. Tal sucede con los tubitos de plata ú oro, muy usados, de Abraham y Frankenstein, con una dilatación infundibuliforme que queda oculta en la oreja, entre el trago y el antitrago: estos instrumentos sólo son últiles cuando se trata de estrecheces ó depresiones del conducto auditivo, como las que se observan con frecuencia en sujetos de edad avanzada. En estos casos dilatan el conducto auditivo y favorecen la transmisión de los sonidos.

Modernamente Mac Keowrn, partiendo de la idea de que el oído, como las demás partes del cuerpo, músculos, articulaciones, etc., debe descansar alguna vez para poder funcionar bien, ha construído un aparato que tiene por objeto interrumpir todo ruido durante las ocupaciones del día: este aparato es el medio más apropiado para conservar la vibración necesaria en las partes rígidas del órgano auditivo enfermo.

Mientras que todos los aparatos descritos hasta el presente tienen por objeto facilitar la percepción de los sonidos por intermedio del aire, hay otros que utilizan la conductibilidad de los huesos de la cabeza para propagar los sonidos directamente á los nervios acústices. El aparato más sencillo es el de Forrisaen, quien recomienda que el sordo y el que le habla sostengan entre los dientes, por sus dos extremos, un listón de madera. En el mismo principio se fundan el audifono y el dentáfono. El primero, construído por Rhodes en Chicago, consiste en una placa de caucho, delgada, elástica y de un pie de extensión. En el borde inferior lleva un mango y en el superior unos hilos, por medio de los cuales puede ponerse tensa la placa, de modo que presente al que hable una superficie convexa y al que oye una superficie cóncava: fijando los hilos al mango puede darse á la placa la convexidad y la tensión que se quieran. La placa tensa se aplica á la superficie anterior de los incisivos superiores, descansando sobre ella el labio superior, y en esta posición se sirve del instrumento el sordo.

El dentifono se halla construído más con arreglo al teléfono, pero utilizando también la conductibilidad de los huesos de la cabeza. Consiste en una cajita parecida á la del teléfono, en la cual se halla fija una placa vibrátil sumamente tenue, que por medio de un alambre revestido de seda, y de diversa longitud, se une á otra pieza colocada entre los dientes. Para usarla coge con una mano el sordo el recipiente de los sonidos, de modo que la parte abierta se dirija al que habla, y coloca entre sus dientes el extremo terminal.

Para terminar el rápido estudio de la sordera, falta hablar de los métodos para reconocer las simulaciones.

Urbantschitsch recomienda uno muy sencillo para el diagnóstico de la sordera unilateral. Se tapa bien el oído sano y se coloca el diapasón en vibración sobre el oído; si el enfermo afirma que no oye en ningún lado es un simulador, porque debe oir en el oído sano.

Si no se consigue ningún resultado con el diapasón, alegando el sujeto una sordera total, debe recurrirse á la exploración por la voz. Uno

de los métodos más sencillos en este grupo es el siguiente: después de haber observado que la audición es normal en el oído que el sujeto confiesa como bueno, se tapa, y así cerrado se le somete á la exploración por la voz. Si el individuo dice que no oye las palabras á algunos pies ó algunas pulgadas se puede admitir la simulación, porque un buen oído no se torna nunca muy sordo con sólo taparlo, pues puede percibir todavía la voz murmurada á la distancia de algunos pies.

También se puede averiguar de la manera siguiente la simulación de una sordera incompleta: se ve la distancia á la cual el individuo percibe todavía distintamente las palabras pronunciadas, y á la cual las repite exactamente. Entonces se le hace cerrar los ojos, y el médico cambia, sin que aquél lo sepa, la distancia á que se le habla: mientras que un verdadero sordo no oye nada á una distancia superior al límite antes obtenido, el simulador se confunde con contradicciones evidentes; dice que no oye cuando se le habla cerca de la oreja, mientras que repite con facilidad las palabras pronunciadas á cierta distancia. Hay que tener en cuenta que sólo existe motivo fundado para sospechar la simula. ción cuando las contradicciones se refieran á una misma palabra. La debilidad del oído es más ó menos marcada según las palabras, y, por lo general, los números son los que se perciben mejor.

Otro procedimiento, indicado por Teuber, es este: el individuo en quien se sospecha la simulación recibe en cada oído la extremidad de un tubo de goma, que se continúa con otro metáli co; de los tubos de goma parten otros dos laterales que van al oído de dos testigos colocados cerca del simulador. Los dos tubos principales (metálicos) atraviesan las paredes de la habitación y penetran en otra contigua, donde se encuentra el médico. Si éste habla en uno de los tubos, las ondas sonoras penetrarán en un oído del enfermo, el derecho por ejemplo, y al mismo tiempo en el de un testigo, mientras que el segundo testigo no oye nada, porque está en relación con el oído izquierdo del sujeto. Teuber, en sus investigaciones hechas en individuos cuyo oído era normal, vió que pronunciando con rapidez palabras en uno y otro tubo se fatigaba muy pronto el individuo sometido al experimento, y era incapaz de decir en qué oído se le hablaba.

Prensse aplica el teléfono al diagnóstico de la sordera unilateral fundándose en una propiedad del oído descubierta por Purkinje, según la cual la sensación auditiva, reunida en imagen acústica, se refiere siempre al occipucio cuando dos teléfonos aplicados á los oídos están comprendidos en un círculo galvánico. Si, en los casos de sordera unilateral, la sensación sonora se refiere al occipucio, hay simulación, según Prensse; además, excluyendo rápidamente del circuito uno ú otro teléfono, se obtienen resultados que están en contradicción con una verdadera sordera lateral.

La sordera bilateral simulada es más fácil de descubrir por una observación constante. Los procedimientos que consisten en explorar la audición por la voz, al despertar del sueño natural ó clorofórmico, á los cuales se recurre algunas veces, sólo son necesarios en casos excepcionales. A me. nudo se usan ardides sencillos que dan excelentes resultados. Wilde, por ejemplo, dice que los individuos que pretenden estar sordos contestan con frecuencia cuando se les pregunta desde cuán do lo están. Un quinto parecía totalmente sordo, cuando un individuo del Consejo de Revisión le dijo que, siendo inútil para el servicio, podía retirarse; el simulado, lleno de alegría, hizo sus preparativos para abandonar el cuartel. Burkhlardt-Merian dice que en Suiza, mientras el médico examina al simulado, se habla de este en términos ofensivos en otra parte de la habitación; la rubicundez de la cara y los cambios en la fisonomía indican que oye.

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legráficas, se escucha con frecuencia, especial-
mente en los días de viento, un ruido sordo y
molesto que procede las más de las veces del
viento que hace vibrar los hilos en tensión, cu-
yas vibraciones se hacen sentir, reforzando el so-
nido el aislador mismo y el poste que le sostiene;
otras veces nace el ruido del rozamiento cons-
tante del alambre con el soporte (V. SOPORTE),
rozamiento que se produce de ordinario por la
misma vibración, y muchas veces por las dilata-
ciones y contracciones que los cambios de tem-
peratura hacen sufrir á los hilos de línea; es-
tos ruidos se refuerzan considerablemente si en
vez de un solo hilo son varios los que marchan
paralelos, y aún más si en lugar de hilos son
cables, como sucede en las redes telefónicas.
A parte de esto, el viento, al chocar con los alam-
lugar á un silbido especial, todo lo que hace que
bras y verse detenido por ellos en su paso, da

SORDIDINA: f. Quím. Substancia descubierta en 1876 por Paterno y encontrada á la vez que la zeorina y el ácido úsmico en el extracto etéreo del vegetal conocido en Botánica con la denominación de Zeora sordida. Aislada en este extracto por la acción de los disolventes neutros, y purificada por cristalizaciones sucesivas primero en el alcohol y después en la bencina, seguidas á su vez de lociones alternadas con éter y cloroformo, se presenta, ya en pequeñas agujas, ya en la minillas incoloras, fusibles á 210° y volátiles sin descomposición á temperaturas más elevadas; calentada en presencia de la potasa cáustica se combina con ella y produce un compuesto de sean muy molestas las líneas aéreas. Varios son estructura cristalina, susceptible de descomponerlar, al menos para atenuar estos sonidos; y como los medios que se han propuesto, si no para anuse sin experimentar la fusión alrededor de 250°. El análisis de la sordidina ha demostrado que su composición debe representarse por la fórmula C13H1008.

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parte de ellos nacen del soporte en contacto con
el hilo, y los otros se ven reforzados en el poste
que sostiene al aislador, han sido siempre las
tendencias á aislar el poste del resto de la línea,
problema que parece algún tanto difícil, pero
que se ha resuelto felizmente con la llamada sor-
dina que representamos en la figura siguiente.
Consiste el procedimiento en cortar el alambre

ESQUILACHE.

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Pero persuadir que en un cuerpo tan numeroso y distinguido y un gobierno tan liberal... cupiesen designios tan SORDIDOS y manejos tan vergonzosos,... es una especie de desvarío, etc. JOVELLANOS.

- SORDIDO: fig. Mezquino, avariento.

¡Oh tú, que tanto culpas la malicia De tu pobre mujer! ¿por qué primero No culpas, di, tu SORDIDA avaricia?

BRETÓN DE LOS HERREROS,

SORDILLO DE PEREDA (EL): Biog. V. ARCO (ALONSO DEL).

al que

SORDILLOS: Geog. Lugar con ayunt., está agregado el lugar de Mahallos, p. j. de Villadiego, prov. y dióc. de Burgos; 167 habits. Situado cerca de Villahizán, en la carretera á Melgar de Fernamental á Logroño. Terreno llano fertilizado por el río Odra; cereales y vino.

SORDINA (de sordo): f. Instrumento músico de cuerda, de hechura y forma de violín. Dife. rénciase en que no tiene más de una tabla, sin concavidad, por lo cual quedan las voces menos

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ó los alambres de línea cerca de los postes que
los sostienen, de modo que entre los dos cabos
quede una distancia de medio metro, en cuyo
centro se halle el poste, y sujetar cada cabo por
medio de una anilla hecha con el alambre y con
el cabo retorcido, en una pequeña argolla В y C
de porcelana, en cuyo centro lleva, llenando el
hueco, una placa de caucho, cuyo objeto es anu-
lar la vibración; un cable sólido y fuerte de hilo
de cobre, BC, envuelto en un tubo de caucho,
se fija también á los anillos de ambos cabos y
los une, haciéndose la tensión del hilo como si
fuera todo de una pieza, y obligando al cable á
pasar por la garganta ó por el gancho del sopor-

te aislador; mas como así, si bien se habrá con-
seguido el objeto de aislar las vibraciones, resul-
ta también cortada la línea, se unen los extre-
mos Dy E del hilo de línea por otro hilo suelto
de cobre recubierto de gutapercha, que se enlaza
por los medios ordinarios ó se suelda, con lo que
queda la línea independiente del poste y del
aislador; el hilo DE, que hace la unión, no debe
estar tirante, para que no roce con el aislador,
pero tampoco muy suelto, porque entonces que-
daría á merced del viento y golpearía contra el
poste, no habiéndose conseguido más que cam-
biar la índole del ruido producido; la longitud
de DE debe ser tal que en sus movimientos no
pueda llegar al poste ni al aislador.

SORDO, DA (del lat. surdus): adj. Que no
oye, ó no oye bien.

Yo soy SORDO, y no he podido
Escucharte.

CALDERÓN.

La una es mujer de un ciego,
La otra es hija de un SORDO,
Y la otra viuda de un tuerto.
RAMÓN DE LA CRUZ.

- SORDO: Callado, silencioso y sin ruido.

. perdidos, y caminando la tierra adentro, nos emboscamos en unos montes ásperos, intrincados, y llenos de SORDA confusion.

COSME GÓMEZ DE TEJADA.

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- SORDO: Que suena poco ó sin timbre claro. - SORDO: fig. Aplícase á las cosas incapaces de oir.

Con sus amargas lágrimas provoca Las SORDAS aguas al dolor que siente. ESQUILACHE.

- SORDO: fig. Insensible ó indócil á las persuasiones, consejos ó avisos.

Glorioso y valiente fué el rey don Sancho el Fuerte, y SORDO á las murmuraciones de sus vasallos, rehusó la batalla sobre Jerez. SAAVEDRA FAJARDO.

- SORDO: Arit. V. RAÍZ sorda. - SORDO: Mar. Aplícase á la mar ó marejada que se experimenta en dirección diversa de la del viento reinante.

- A LA SORDA, á lo sordo, ó Á SORDAS: modos advs. figs. Sin ruido, sin estrépito, sin sentir.

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- NO DECIRLO A SORDOS: fr. fig. y fam. Decir una noticia á quien la oye con gusto y se aprovecha de ella.

- NO HAY PEOR SORDO QUE EL QUE NO QUIERE OIR: ref. que explica que son inútiles los medios con que se persuade al que con tenacidad y malicia no quiere hacerse cargo de las razones de otro.

No me puedo persuadir
Que es seguro aqueste amor.
No hay, Carlos, SORDO peor
Que aquel que no quiere oir.
TIRSO DE MOLINA.

- Nos HAN DE OIR, Ó NOS OIRÁN LOS SORDOS: fr. fig, y fam. que se usa para expresar el propósito que uno tiene de explicar su razón ó su enojo en términos fuertes.

- Y usted, Niña, con ninguno me hable, O nos oirán los SORDOS.

RAMÓN DE LA CRUZ.

-- SORDO: Geog. Río de Méjico, en el cantón de Jalapa, est. de Veracruz y de Coatepec, donde forma la hermosa cascada de la Orduña, uniendose al Pixquiapa y después al de Jico, afluyendo, por último, al de Jalcomulco, conocido en su curso bajo con el nombre de río de la Antigua. En los terrenos de la hacienda de Mahuixtlán, y antes de unirse al río que baja de la Orduña con el Matlacoba forma el salto del Calichal.

SORDOMUDEZ: f. Privación de la facultad de oir y de hablar.

A veces se transmiten por generación los vicios y las monstruosidades primordiales, como la SORDOMUDEZ, la imbecilidad, etc. MONLAU.

- SORDOMUDEZ: Med. Puede depender este vicio congénito de una anomalía del sistema nervioso ó del órgano del oído, ó bien de una inflamación del oído durante la vida intrauterina; en otros casos el oído no presenta modifica ción alguna apreciable.

La herencia es muy importante en estos casos, pues la sordomudez puede transmitirse de padres á hijos y á veces saltar una ó dos generaciones. Según Wilde, con referencia á los sordomudos de Irlanda, de 123 niños hijos de 93 matrimonios de sordomudos sólo existía un sordomudo. En una familia la sordera congénita puede atacar exclusivamente á los varones ó á las hembras: Wilde cita familias en las cuales cada segundo ó tercer niño nace sordo.

En la etiología de la sordomudez hay que tener en cuenta la constitución paterna y materna. Hay mayor predisposición cuando los padres padecen una misma diátesis ó una anomalía constitucional: por eso los hijos de padres con

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